lunes, 27 de junio de 2011

Exaltación realista tras la muerte de Fernando VII

El 29 de Septiembre de 1833 falleció Fernando VII de Borbón, dejando como heredera a su hija Isabel II de Borbón, bajo la regencia de su viuda María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Si embargo, los partidarios de Carlos María Isidro de Borbón, hermano del difunto rey, le proclamaron como heredero y sucesor a la Corona de España, como Carlos II, en Talavera de la Reina (Toledo) y Bilbao (Vizcaya) el mismo día, el 3 de Octubre de 1833, dando así comienzo a la que sería conocida como la Primera Guerra Carlista.
La sublevación Carlista llegó a Navarra de la mano de Santos Ladrón de Cegama, quien había proclamado a Carlos II en Tricio (La Rioja), el 6 de Octubre y, a continuación, se había dirigido hacia Pamplona, al frente de una tropa de voluntarios Realistas de Logroño. Pero cuatro días después fue derrotado en Los Arcos por el ejército que había salido a su encuentro desde la capital navarra, siendo fusilado en la Ciudadela de Pamplona el 14 de Octubre y acabando así el primer conato de la sublevación Carlista en Navarra. La Diputación del Reino de Navarra, presidida por el abad de Fitero, Bartolomé Oteiza, reconoció como heredera a Isabel II, oponiéndose a la sublevación Carlista. Mientras tanto, los partidarios de ésta se organizaron y, el 15 de Noviembre, constituyeron en Estella la Junta Carlista, habiendo proclamado a Tomás Zumalacárregui Imaz como general interino de Navarra, el día anterior, tal como publicó José María Mutiloa. Poco después, el 7 de Diciembre, las Diputaciones Carlistas de Vizcaya y de Álava le nombraron también jefe de sus tropas. 
La perseverante lealtad a la reina María Cristina de la Diputación del Reino de Navarra y de su Presidente, el abad de Fitero, ayuda a entender que en la Gaceta de Madrid, antecesora del Boletín Oficial del Estado, del 6 de marzo de 1834, se publicara una carta dirigida a la regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, escrita por un monje de Fitero en la que le exponía que Señora: Fr. Jacinto Yecora y González, monje del Real monasterio de Fitero en Navarra, a S. M. con el respeto debido expone: que poseído del más acerbo dolor al oír el triste anuncio de la muerte de nuestro buen Rey el Señor D. Fernando VII, vuestro muy caro y amado Esposo, enmudecí y quedé absorto largo rato; mas leyendo el testamento en que se nombra por Regenta a la Semiramis de nuestro siglo, no pude menos de exclamar: ¡dichosa España! al fin mereciste ser feliz; ¿feliz dije? sí; los talentos, las virtudes, el genio encantador de la inmortal CRISTINA conducirán nuestra nación al rango que la corresponde entre las demás del continente europeo. Hombres díscolos, almas viles, abortos del genio del mal, han introducido la tea de la discordia en algunas de nuestras provincias; pero gracias a nuestro valiente ejército, los rebeldes  [Carlistashan sido batidos en todas direcciones, y ya no queda sino tal cual gavilla que ocultándose de día en las asperezas de los montes, sale a la noche a buscar su presa. Así es como la mayoría de la nación ha acreditado que sus juramentos no son vanos, y que el trono de ISABEL será sostenido con vigor por todos los españoles, contándome yo el primero si es necesario.
Señora: como español y como ministro del Dios de los cristianos, no puedo menos de hacer una manifestación sincera de los sentimientos de lealtad y adhesión de que estoy animado, ofreciendo derramar hasta la última gota de mi sangre en defensa de tan sagrados como imprescindibles derechos de la REINA nuestra Señora Doña Isabel II. Dios guarde la preciosa vida de V. M. y de su augusta Hija tantos años como ha menester la felicidad de esta monarquía. Fitero, 10 de febrero de 1834. =Señora= A L. R. P. de V. M. =Fr. Jacinto Yecora y González.
Llama la atención que esta carta fuera escrita justamente el día anterior al que Tomás Zumalacárregui Imaz declarara traidores de lesa Majestad, condenando a pena de muerte y confiscación de bienes, a todos los diputados navarros. Amenaza que no arredró al abad de Fitero ni al resto de los diputados que, el 2 de Marzo, procedieron a proclamar públicamente a Isabel II de Borbón como reina de Navarra. Aunque el final de Bartolomé Oteiza como Presidente de la Diputación del Reino de Navarra fue algo triste y aún es algo confuso pues, tras presidir la sesión del 27 de Agosto de 1834, ya no volvió a participar en sus juntas, sin que fuera reemplazado por nadie en la Diputación. Perdiéndose entonces su pista ya que parece que no se reincorporó como abad de Fitero pues consta que este monasterio estaba a cargo de su prior, Fray Esteban Cenzano, cuando pasó a manos del tudelano Melchor Azcárate, en su calidad de Comisionado Subalterno de la Oficina de Arbitrios de Amortización para la Merindad de Tudela, el 11 de Noviembre de 1835, como consecuencia del decreto de desamorización dictado por el Primer Ministro, Juan Álvarez Mendizábal, el 11 de Octubre de 1835. Constando, eso sí, que  Bartolomé Oteiza fue enterrado en Buñuel, el 12 de Agosto de 1836.

sábado, 25 de junio de 2011

Abades de Fitero en la Diputación del Reino de Navarra

La Diputación del Reino de Navarra era la institución que mantenía la continuidad de sus Cortes, representándolas por delegación cuando éstas no se hallaban reunidas. En las Cortes del Reino de Navarra tenían representación tres estamentos o brazos: el eclesiástico, el militar o de la nobleza y el de las universidades ciudadanas. De ahí que el monasterio cisterciense de Fitero, a través de su abad, tuviera asiento en estas Cortes, como parte del estamento eclesiástico, con posterioridad a que se incorporara al reino de Navarra en 1374. Al margen de que cualquier legación esporádica o regencia medieval motivara la convocatoria de la Diputación, su carácter permanente data de la sesión de las Cortes de Navarra del 26 de Abril de 1576, constituyéndose entonces con sólo cinco diputados que, posteriormente, pasaron a ser un promedio de siete, distribuidos entre representantes de los tres brazos a través de un eclesiástico, normalmente uno de los abades de los monasterios con asiento en Cortes, dos señores y cuatro diputados de las Merindades. Siendo el eclesiástico, por lo general, el que presidía la Diputación del Reino de Navarra y, en su defecto o ausencia, uno de los militares o nobles, o finalmente uno de los diputados de universidades.
El cargo de diputado duraba tanto tiempo como el de la propia Diputación, es decir, desde que terminaban las Cortes y hasta que de nuevo se abría el solio. Los diputados eran nombrados por las propias Cortes antes de concluir sus reuniones. Los nombres de estos diputados se conservan de una manera fiable desde finales del siglo XVI y entre ellos se encuentran seis abades de Fitero: el pamplonés Ignacio Fermín de Ibero, el cordobés Plácido del Corral y Guzmán, el pamplonés Ignacio de Ostabat, el tudelano Ángel Ibáñez, el rinconero Martín Lapedriza y el fustiñanero Bartolomé Oteiza.
Ignacio Fermín de Ibero fue abad de Fitero entre 1592 y 1612, y participó en la Diputación  convocada por las Cortes el 21 de Noviembre de 1592 y disuelta hacia el 9 de Abril de 1593, así como en la convocada el 28 de Octubre de 1600 y en la del 10 de Enero de 1608.
Plácido del Corral y Guzmán fue abad entre 1625 y 1642, siendo el segundo y último abad perpetuo del mosnasterio de Fitero que participó en la Diputación convocada por las Cortes el 5 de Agosto de 1637. Aunque fue sustituido por Juan de Mutiloa, representante del brazo Militar, desde el 30 de Noviembre de ese mismo año, por lo que su actividad como diputado fue bastante breve.
Ignacio de Ostabat fue el primero que ocupó el puesto de diputado entre los abades cuatrienales de Fitero ya que fue abad de este monasterio entre 1700 y 1704. De ahí que tuviera que ser sustituido en la Diputación, el 2 de Junio de 1705, por el tudelano Ángel Ibáñez, que ya había sido abad de Fitero entre 1696 y 1700, al ser reelegido para ocupar esta dignidad eclesiástica entre 1704 y 1708.
Martín Lapedriza había sido abad de Fitero entre 1800 y 1804 y volvió a serlo entre 1826 y 1830, periodo en el que también participó en la Diputación convocada el 28 de Marzo de 1829, siendo reemplazado el 24 de Septiembre de 1830 por el nuevo abad fiterano, Bartolomé Oteiza, que también había sido abad entre 1819 y 1826. Dándose la circunstancia de que en el segundo abadiazgo de Bartolomé Oteiza, además de ostentar el honor de ser el último abad que tuvo el monasterio de Fitero antes de que se comenzara su desamortización final, cuya exclaustración definitiva acaeció el 21 de Diciembre de 1835, también tuvo el honor de presidir la Diputación hasta la sesión del 27 de Agosto de 1834. Si bien, el diputado Fermín Gaztelu, representante del brazo Militar y Realista no muy moderado que se había incorporado a la Diputación pocos meses antes, había pedido la dimisión del moderado Bartolomé Oteiza el 2 de Agosto de 1834. Pero no prosperó su solicitud y el abad de Fitero continuó, sin casi asistir a las reuniones de la Diputación, como publicó Reyes Berruezo Albeniz, hasta presidir la citada sesión del día 27 de ese mismo mes. Fecha en la que cesó como diputado sin que fuera reemplazado por nadie más en la que también sería la última Diputación del Reino de Navarra. Aunque ésta siguió ejerciendo sus funciones hasta que fue disuelta definitivamente el 6 de Septiembre de 1836.

viernes, 24 de junio de 2011

La primera epidemia de cólera morbo, 1834

El cólera morbo, enfermedad endémica del norte de la península del Indostán, de acuerdo con lo publicado por Esteban Orta Rubio, llegó a la península Ibérica a través de los puertos portugueses y entró en España por la ciudad gallega de Vigo, en Enero de 1833, y la pandemia causó unas 300.000 muertes, esto es, un 3% de toda la población española.
La primera noticia acerca del cólera en Navarra, de acuerdo con lo publicado por Esteban Orta, data del 2 de Agosto de 1834, cuando súbitamente apareció en la ciudad de Corella y produjo la muerte de 31 personas en sólo tres días, remontando el curso del Alhama para contagiar a los vecinos de Cintruénigo, donde fallecieron 3 personas en menos de 24 horas, y llegando a Fitero el día 7 de Agosto de 1833. Todo ello antes de llegar también a las localidades riojanas de Igea de Cornago y de Alfaro, a mediados de este mismo mes, así como a la cercana ciudad aragonesa de Tarazona y también a la navarra de Tudela a finales de Agosto. Si bien, en el valle del Alhama la enfermedad comenzó a remitir a partir de la segunda quincena de Agosto de 1833, rebrotó con fuerza el 2 de agosto del año siguiente y esta vez perduró hasta finales de Septiembre de 1834, tal como había publicado el fiterano Manuel García Sesma, con anterioridad a Esteban Orta. Además, Manuel García transcribió la nota que el vicario de la parroquia de Fitero, Fray Santos Leoz, junto con el párroco, Fray Miguel Arellano, añadieron en el libro de difuntos, el 17 de Octubre de 1834: Aunque en el asiento de las partidas, desde el principio de agosto hasta el día de la fecha, se advierta alguna equivocación, y que están tergiversadas sus fechas, no deberá causar admiración para lo sucesivo, teniendo presente que, en estos dos meses, acometió el cólera morbo a este pueblo, y por los muchos que morían, ni se traían a la iglesia ni las gentes cuidaban de avisar ni menos el obligarse, para después pagar los entierros; por lo que fue preciso salir por el pueblo, preguntando casa por casa quién había muerto; y a pesar de esta diligencia, no será extraño el que algún difunto haya quedado sin asentarse.
No obstante, los datos acerca de la mortalidad fiterana que recogió Esteban Orta dan muestras de la influencia que tuvo esta pandemia, especialmente, en 1834. Pues, frente a los 81 fallecidos en 1832, fueron 127 en 1833, 244 en 1834, lo cual supone un 11,6% del total de la población fiterana, 111 en 1835 y ya sólo 54 en 1836.

martes, 21 de junio de 2011

De INITESA a FITEX Sociedad Anónima Limitada

En 1986, Manuel García Sesma publicó una breve reseña de la evolución de INITESA, aclarando que esta marca quería decir Industrias Nicolás Tena, Sociedad Anónima y señalando que, en 1967, tenía 300 empleados (6 administradores, 4 técnicos, 12 encargados y 358 operarios, de los cuales 300 eran mujeres), y su producción del año anterior fue de 175.000 prendas. También añadió que su éxito fue completo, pues en 1971 tenía ya 500 empleados y su producción del año anterior alcanzó 370.000 prendas, ascendiendo el total de erogaciones en salarios, primas y gratificaciones a 54 millones de pesetas. El número de empleados de Fitero era, a la sazón, 250, siendo los restantes de Cintruénigo, Corella, Castejón, Tudela, Rincón de Olivedo, Inestrillas, Igea, Cervera del Río Alhama y las Ventas de los Baños. Para traer y llevar diariamente a estos forasteros, la fábrica disponía de dos grandes autobuses; y para el traslado de las mercancías, de tres camiones.
Así mismo, recogió que INITESA, el 1 de mayo de 1979, después que su propietario, D. Nicolás Tena, tras varios intentos fallidos de reestructuración de la empresa, presentó oficialmente suspensión de pagos, a finales de diciembre de 1978. La situación se puso crítica, pues el posible cierre de la fábrica amenazaba seriamente al vecindario fiterano en general y a no pocos trabajadores foráneos; pero, al final, se pudo resolver el conflicto positivamente, gracias a la intervención decisiva de la Diputación Foral de Navarra, la cual se comprometió, por de pronto, a pagar, a fondo perdido, el 20% de la deuda que tenía contraída el Sr. Tena, con sus acreedores de fuera y que ascendía a unos 107 millones de pesetas. Eso, sin contar la que tenía pendiente con los trabajadores de INITESA y que rondaba los 20 millones. A causa de esta segunda deuda, la fábrica pasó a ser propiedad de los obreros, los cuales constituyeron la nueva empresa FITEX, S. A. L. Para ponerla en marcha, se obtuvo entonces, por las gestiones de la misma Diputación, un préstamo reintegrable en 6 años, de 107.100.000 ptas., concedido, el 21 de febrero de 1980, por el Fondo Nacional de Protección al Trabajo.
FITEX se vio obligada a reducir paulatinamente su plantilla de personal y, en un principio, se dedicó a facturar mano de obra con cargo a terceros que la comercializaban; pero, poco a poco, fue incrementando su comercialización propia. Su facturación, en 1990, con una plantilla de 291 empleados, fue de 150 millones de pesetas; en 1981, con un personal de 250 fue de 255 millones, en 1982, con 228 operarios, de 320 millones; en 1983, con 214 trabajadores, de 350 millones; y en 1984, con 205 operarios, de 400 millones. habiendo sido su producción de 40.987 americanas y 119.000 pantalones.
En el 27 de noviembre de 1984, el ya citado Fondo Nacional de Protección al Trabajo hizo todavía a FITEX un préstamo de 41.680.000 ptas., para hacer nuevas inversiones de tecnología.

domingo, 19 de junio de 2011

La reliquia fiterana del Beato Palafox

Esta calurosa tarde primaveral ha llegado a Fitero la reliquia del Beato Juan de Palafox, procedente de la sede catedralicia del Burgo de Osma, como regalo de su obispo a la parroquia fiterana que así lo había solicitado hace poco más de un mes.
Algunos vecinos de las calles por las que luego iba a pasar la procesión habían engalanado sus balcones con sábanas blancas o con banderas españolas y también con alguna que otra de la Comunidad Foral de Navarra, según el gusto de cada cual. Eso sí, encima de ellas habían colocado sendos retratos del Beato Juan de Palafox, que a tal efecto había distribuido la parroquia de Fitero. ¿Qué menos para recordar y celebrar la subida a los altares de un paisano que nació accidentalmente en Baños de Fitero, el 24 de Junio de 1600?
Pasadas las 7 de la tarde, unos pocos vecinos esperaban en la Plaza de la Iglesia a que llegaran las autoridades civiles y religiosas, precedidas por la banda de música municipal, que habían salido minutos antes del edificio del Ayuntamiento de la Villa, antigua hospedería del desaparecido monasterio cisterciense de Fitero.
Una vez allí, dichas autoridades han acompañado a los vecinos que se han prestado a sacar en procesión las imágenes de sus patronos, San Raimundo de Fitero y la Virgen de la Barda, también engalanadas sus andas para la ocasión, desde la puerta de la iglesia parroquial hasta el templete del Cristo del Humilladero que aún sigue en pie, afortunadamente y a pesar del grave peligro que corre su maltrecha estructura y que viene empeorando durante los últimos meses. Tras el recibimiento de la reliquia palafoxiana y después de cubrirla bajo palio, la comitiva ha vuelto sobre sus pasos,
En la antigua iglesia abacial se ha celebrado un Te Deum en acción de gracias por la reciente beatificación de Juan de Palafox y Mendoza, en una ceremonia a la que han acudido buen número de fiteranos y también de vecinos del Burgo de Osma, y que ha sido agradablemente amenizada por el Coro de la Parroquia y también por el órgano del antiguo monasterio que, precisamente hoy, ha recuperado su rodante carrillón en el lugar en el que estuvo instalado antes de su desaparición.
Finalmente, cabe destacar que entre los anuncios hechos por el párroco de Fitero y el arzobispo de Pamplona y obiispo de Tudela se encontraba el de la próxima apertura del Año Jubilar Palafoxiano, que facilite la divulgación del nuevo Beato, así como que muy pronto, quizá antes de que acabe el mes de junio, el Papa Benedicto XVI firme el Decreto que reconozca las Virtudes Heróicas del fiterano Siervo de Dios José María García Lahiguera, que pasaría así a ser reconocido como Venerable.

El alumbrado doméstico de antaño

Hasta hace poco más de un siglo no había luz eléctrica en Fitero y en casi ninguna pequeña población de España, es más, tampoco había alumbrado púbico hasta hace siglo y medio.
En 1989, el fiterano Manuel García Sesma publicó que durante los siglos pasados, hasta mediados del siglo XIX, no hubo en Fitero alumbrado público, sino privado, a base de aceite o de cera. Los vecinos pobres se alumbraban por la noche con candiles y candilejas bastas de metal, alimentadas con aceites residuales de oliva y torcidas de algodón, acostándose temprano, para ahorrar aceite. Los vecinos más acomodados lo hacían con velas de sebo o de cera, plantadas sobre palmatorias o pequeños candeleros. Los monjes del Monasterio también usaban en sus celdas lámparas de una u otra clase, y en los claustros, en el refectorio, en la iglesia, etc. faroles o candelabros de varios brazos, ordinariamente de madera, colgados del techo. En las procesiones y entierros, se empleaban, aunque con parquedad, las hachas. En el curioso "Libro de recibos y gastos del espolio y rentas del Abad, D. Fr. Phelipe de Tassis el Bueno", nos tropezamos con un recibo de Miguel Sánchez, vecino de Corella, que importaba 131 reales, "por las mermas y comienzo de 12 hachas, llevadas en el entierro de dicho Abad, el 2 de junio de 1615. Y en los Estatutos de la Cofradía de Sta. Teresa de Jesús, Patrona del Gremio de los Alpargateros y Cordeleros, el nº 6 ordenaba la adquisición de "una arca con su cerraja y llave, en la que se guardarían 2 hachas para los entierros y una vela para cada cofrade".
A principios del siglo actual [XX], todavía se conservaba la costumbre de que algunos devotos más o menos acomodados acompañaran a los Viáticos, con hachas o velas encendidas, siendo alquiladas las hachas a la merma, como en el entierro del Abad Tassis. De todos modos, la mayoría de los vecinos continuaban alumbrándose en sus domicilios, con lámparas de aceite; y solo, a finales del siglo XIX, algunos ricos del pueblo usaban quinqués de petróleo, como los Balnearios Termales.
Es posible que el caso del funeral de Felipe de Tassis, abad del monasterio cisterciense de Fitero entre 1614 y 1615, donde falleció antes de cumplir los 39 años, que fue hijo del Correo Mayor de España y primer Conde de Villamediana, Juan de Tassis y Acuña, no sea un buen ejemplo de lo que ocurría entre los vecinos de la Villa o incluso entre los monjes del Monasterio de Fitero en el siglo XVII, sino más bien de cómo vivían y se enterraban las clases acomodadas en el Antiguo Régimen, incluidos sus miembros eclesiásticos. No obstante, parece mentira lo que ha cambiado la forma de hacer las cosas sencillas de la vida en tan sólo un par de siglos, especialmente tras la llegada de la electricidad y, con ella, de la luz eléctrica a Fitero en 1898.

sábado, 18 de junio de 2011

El monasterio de Niencebas bajo el obispado calagurritano de Sancho de Funes

El obispo calagurritano Sancho de Funes fue uno de los tres principales fundadores del Monasterio de Fitero, en su ubicación provisional de Niencebas (despoblado de Alfaro). Este funesino fue obispo de la diócesis de Calahorra, entre 1117 y 1146, año en que falleció, y como tal acompañó al rey de Aragón y Pamplona, Alfonso I el Batallador, en importantes episodios para la Historia de este reino, como fue la reconquista de la ciudad de Zaragoza, el 18 de Diciembre de 1118, primera que se reconquistó al sur del Ebro desde que los pamploneses recuperaran definitivamente Calahorra en 1045. Siendo muy probable que también asistiera a la reconquista de Tudela, el 23 de Febrero de 1119, tras la cual fue reconquistado todo el valle del Alhama y, después, el del Queiles, trasladando la frontera más allá de Calatayud, en 1120. Tras la muerte del monarca aragonés, acaecida en Septiembre de 1134, el obispo de Calahorra pasó a formar parte de la corte castellana de Alfonso VII el Emperador y los límites orientales de este obispado pasaron a ser muy parecidos a los de la nueva frontera de Castilla con los recién escindidos reinos de Pamplona y Aragón.
En el cartulario del Monasterio de Fitero Sancho de Funes sólo figura en dos diplomas: el manipulado de Octubre de 1140, que hace referencia a la fundación del Monasterio de Niencebas, en esta villa desierta, por el abad cisterciense Raymond y bajo el patrocinio de Alfonso VIIasí como en otro documento de Octubre de 1146, cuando este monarca visitó el monasterio provisional de San Raimundo de Fitero y se encontró en el castro castellano de Tudején (despoblado de Fitero) con su yerno, el rey de Pamplona, García Ramírez el Restaurador, y ambos acordaron que éste cesara su guerra con el conde de Barcelona y cuñado del emperador, Raymond Berenguer IV el Santo, por la herencia del rey de Aragón y Pamplona, para que ambos le acompañaran a reconquistar Calatrava y Almería, como así hicieron en 1147. Durante estas negociaciones previas debió ser cuando también pasó Cervera del Río Alhama de manos aragonesas a las castellanas.
En estos primeros años del Monasterio de Fitero, la prosperidad y relevancia de éste en la frontera de los tres reinos cristianos fue muy importante, especialmente tras la adquisición de los estratégicos lugares en los que fundó sendas granjas cistercienses que acabaron dando lugar a sus monasterios filiales de La Oliva y de Veruela. Además, desde 1144, al menos, su abad ya había comenzado la edificación del que sería el primer Monasterio de Fitero, conocido inicialmente como el Monasterio de Castellón.
La muerte de este obispo forzó su sustitución en la sede calagurritana por Rodrigo I de Cascante, que fue quien, en 1152, autorizó el traslado de la comunidad monástica de Niencebas a Fitero, que entonces era un término despoblado de la villa castellana de Tudején, limítrofe con los términos de Cintruénigo (Pamplona) y con Tarazona (Aragón).

viernes, 17 de junio de 2011

La inauguración de INITESA

En el boletín Tena de Septiembre-Octubre de 1965, Manuel Heredia recogió la noticia de la inauguración de las nuevas instalaciones bajo el titular Brillante y emotiva inauguración de nuestras factorías de Fitero. Por toda la comarca, el acontecimiento revistió caracteres de jubilosa jornada, con estas palabras: Por fin, como ya habíamos anunciado repetidas veces, llegaron a feliz término nuestros sueños y así, en una jornada memorable para toda la comarca en la que está enclavada la villa de Fitero (Navarra), quedaron oficialmente inauguradas nuestras nuevas factorías, creándose la nueva firma comercial INITESA que ha sido preciso constituir dado el constante auge de nuestra industria confeccionista.
El día 19 del pasado mes de septiembre, numerosas personalidades se congregaron en la villa navarra, que celebraba sus fiestas patronales, entre la alegría de los habitantes de los pueblos cercanos que ven con la creación de estas fábricas y de los numerosos puestos de trabajo que en ella existen, así como en las futuras ampliaciones, no sólo una solución para el porvenir de las jóvenes de dichas localidades, sino también una fuente de ingresos para los mismos pueblos, ya que han de ser muchas las necesidades de la nueva industria que están llamados a cubrir. Y he aquí como vieron el acto los periódicos navarros:
"Resonaban en las calles de Fitero las notas alegres de las bandas formadas por los mozos del pueblo y las de las dulzainas y los tamboriles; en los balcones ondeaban al aire las colgaduras de la villa en fiestas y por los caminos todos que conducen a las factorías de INITESA, a pie, en carros, en bicicletas y en autocares y automóviles, llegaban los centenares y centenares de personas que querían mostrar así su alegría por estas fábricas que marcan el resurgir de un pueblo que si fue en otros tiempos emporio de cultura y arte encauza ahora su destino por las sendas de la industria, gracias al cariño que don Nicolás Tena Tejero tiene a dicha localidad desde que por primera vez llegó allí, encontrando clientes y amigos que siempre le han distinguido con su confianza.
Así, a las seis y media de la tarde, se efectuó el acto de bendición de los nuevos locales fabriles.
Se encontraban presentes, en el amplio vestíbulo donde los invitados habían sido recibidos por el consejero delegado, don Nicolás Tena Tejero; el director comercial, don Nicolás Tena Monzón; el director técnico, don Willy Van Haeren, y otros empleados de la empresa; el delegado regional de Comercio; el diputado por el distrito, don Julio Asiain [Gurucharri], que representaba a la Diputación de Navarra; el delegado provincial de Trabajo de Navarra, señor Elegido; el delegado provincial de los Sindicatos de Zaragoza, don Emilio de Pablos; el asesor técnico del Plan de Desarrollo de Navarra, don Luis Doria; los alcaldes de los pueblos de Fitero y Cintruénigo, así como la Corporación municipal en pleno de Fitero; el concejal del Ayuntamiento de Zaragoza, don Emilio Larrodé, que representaba al alcalde zaragozano; don José de Calasanz, presidente del sector confección del Sindicato Nacional Textil; una representación de la Caja de Ahorros Provincial de Navarra; el jefe provincial del Movimiento en funciones, don Miguel Arrechea, y numerosas personalidades y altos empleados de la casa TENA.
Ofició la ceremonia de bendición el excelentísimo y reverendísimo doctor don Francisco Javier Ochoa, obispo retirado de una misión china, auxiliado por el párroco de Fitero, reverendo Jesús Torrecillas y por el superior de los Padres Agustinos de Monteagudo, reverendo don Moisés López.
En primer lugar, hizo uso de la palabra el reverendísimo doctor Ochoa, quien tras manifestar su satisfacción por bendecir la casa que ha de ser escuela de industria, de hogar y de buenas costumbres, así como bendición para el pueblo de Fitero, al que tanto ha de beneficiar económicamente, se refirió a la visita que había realizado a una fábrica que considera empresa modelo, para deducir, por lo que había visto en las nuevas factorías de INITESA, que también ésta ha de llenar los sueños de todo buen cristiano, por lo que felicitó con todo cariño al señor Tena y a cuantos trabajan en estrecha colaboración con él, impartiéndoles después su bendición.
Tras unas palabras del párroco de Fitero, quien abundó en las pronunciadas por el obispo, el alcalde ejerciente del Ayuntamiento de Fitero agradeció la presencia de las autoridades eclesiásticas y civiles, y en nombre del pueblo al que representaba agradeció a don Nicolás Tena la creación de la factoría, que tanto ha de redundar en beneficio de Fitero deseando el mayor éxito en la empresa que INITESA inicia ahora en tierras navarras con tan magníficos auspicios.
El señor Calasanz también hizo uso de la palabra para significar la capacidad industrial de la casa TENA y su satisfacción al ver las nuevas y magníficas factorías que tan importante papel han de jugar en la economía española.
Por último, realmente emocionado, hizo uso de la palabra don Nicolás Tena Tejero, quien comenzó agradeciendo la presencia de cuantos honraban con su asistencia las nuevas factorías. A continuación trazó una breve historia del por qué de haberse elegido precisamente la localidad de Fitero, manifestando cómo desde que llegó hace más de treinta años a esta villa encontró en ella los brazos abiertos de los amigos y clientes que tuvo desde el primer momento.
Tras poner de relieve la íntima colaboración que debe existir entre el personal obrero y la empresa ya que desde la colaboración han de derivarse el auge de las factorías y el bienestar económico de los operarios, el señor Tena, que tuvo un recuerdo para sus mayores, fundadores de la empresa, aseguró su confianza en el porvenir, dado que cuenta ya con la presencia de su hijo y con los nietos, que han de seguir la línea de trabajo trazada ya por las generaciones anteriores, puesto que la inauguración de las nuevas factorías no marca la meta de llefada, sino el primer paso en la nueva época de industrialización que se ha propuesto INITESA.
Terminado tan brillante acto, con los aplausos resonando aún en nuestros oídos, las personalidades invitadas recorrieron detenidamente las distintas secciones que forman estas magníficas factorías, en las que no sólo se ha buscado el perfecto acondicionamiento de la moderna maquinaria, sino que se ha procurado por todos los medios dotar a los operarios del máximo de comodidades en su trabajo, dado el alto concepto que siempre han tenido los fundadores de la casa TENA de las atenciones que merece el personal que trabaja con ellos con la satisfacción no sólo de ver cubiertas sus necesidades materiales sino también de encontrar auténtico calor humano en sus relaciones con la empresa.
Constan estas factorías de 5.000 metros cuadrados, dejando 23.000 para futuras ampliaciones, con los correspondientes servicios higiénicos, sanitarios, de vestuario y oficinas, en las que el rítmico sonido de la maquinaria, en pleno funcionamiento, era como el más vibrante himno al trabajo. Los visitantes, que quedaron gratamente sorprendidos por la magnitud de la empresa, admiraron las distintas máquinas de corte, costura y planchado, presenciando las operaciones que con ellas se realizan y que, junto con la más depurada técnica para realizar las ideas emanadas de la dirección artística, son el secreto del perfecto acabado de las prendas que hacen que cada día aumente más el prestigio de la marca TENA.
Después, amablemente atendidos por el personal directivo, todos los invitados, fueron espléndidamente obsequiados con un vino MONTENA, durante el transcurso del cual reinó la más grata armonía, brindándose por los éxitos alcanzados por TENA-RECORD y por los que aguardan a INITESA, que con la inauguración de estas factorías de Fitero no ven cumplidos sus objetivos, sino que es ahora cuando emprende, en firme, el primer paso en esta batalla comercial en la que los nombres de Tena y España han de recorrer juntos los caminos del triunfo, por el que cuatro generaciones de Tena han luchado denodadamente desde hace ya noventa y cinco años, con ilusión de aportar mayores éxitos a la Patria y la satisfacción de ver cómo el crédito de su firma comercial va en aumento, de día en día, tanto en el mercado interior como en el exterior".
La noticia no sólo fue de ámbito provincial sino que interesó en toda España, recogiéndola, por ejemplo, la edición madrileña del diario ABC del 29 de Septiembre y la de La Vanguardia del 5 de Octubre.

jueves, 16 de junio de 2011

El escalafón fiterano de la Santidad

En el escalafón de la Santidad, la Iglesia Católica distingue actualmente cuatro niveles o grados canónicos o normalizados: Siervo de Dios, VenerableBeato y Santo. El postulador o promotor de cada Causa de Canonización junto con el correspondiente obispo diocesano son quienes inician el proceso de tramitación asociado a una Causa de Canonización. Para ello presentan ante la Congregación para las Causas de los Santos de la Santa Sede Apostólica de Roma un informe acerca de la vida del fallecido candidato y de los posibles milagros relacionados con él. Este informe, prospera si dicha Congregación reconoce y dicta el Decreto de que no hay obstáculo (nihil obstat), que impida iniciar la Causa de Canonización y que, por tanto, el citado obispo puede proceder a dictar el Decreto de Introducción de la Causa del que, a partir de entonces, pasa a ser reconocido con el título de Siervo de Dios.
Posteriormente, con el título de Venerable o digno de veneración, siempre que sea en privado y nunca en actos públicos, se reconoce que el fallecido candidato vivió las virtudes de la Fe, la Esperanza y la Caridad en grado heroico y, esta fase de la canonización la hace el cardenal correspondiente a la zona geográfica donde vivió esa persona, en la catedral más importante de esa zona. Además del reconocimiento de los atributos personales y de las virtudes heroicas del candidato, para alcanzar el titulo de Beato o Bienaventurado se requiere la realización de un posible milagro obtenido a través de la intercesión del Venerable, que ha de ser examinado exhaustivamente y probado ante una comisión de expertos en medicina y, después, de otra de teólogos. El milagro no es requerido si la persona ha sido reconocida como Mártir de la Iglesia Católica y, en cualquier caso, es el citado obispo de la diócesis respectiva quien, en compañía de un cardenal que actúa en nombre del Papa, procede a proclamar como Beato al Venerable, en la catedral más importante de su zona, de modo que ya puede ser objeto de pública veneración por parte de la Iglesia local.
Al concluir el proceso de la Causa de Canonización, para lo cual hace falta probar la realización de otro milagro atribuido al ya Beato y ocurrido después de la beatificación a no ser que el Papa decida que hay razones para obviar este paso, el Papa reconoce que al Beato le corresponde el título de Santo y que ya se puede ser objeto de culto público en toda la Iglesia Católica, asignándosele un día de fiesta y pudiéndosele también dedicar iglesias y santuarios.
En Fitero tenemos ahora mismo un Santo, un Beato y un Siervo de Dios: San Raimundo de Fitero, el Beato Juan de Palafox y el Siervo de Dios José María García Lahiguera.
Raymond, natural de Saint Gaudens (Haute Garonne, Midi Pyrénées, Francia), es el único de los tres fiteranos que no nació en la villa de Fitero. De hecho, fue el monasterio que él fundó a mediados del siglo XII el que, en 1482, acabó fundando y dándole su nombre a la actual villa navarra. Habiendo fallecido en 1163, en Ciruelos (Toledo, Castilla-La Mancha), su proceso de canonización no fue el actual y, aunque a comienzos del siglo XVII ya se le reconocía su santidad entre los cistercienese, éstos no obtuvieron el Decreto para rendirle culto público a San Raimundo de Fitero hasta el 21 de Enero de 1702. Solicitando, en 1718, que se celebrara su festividad los días 15 de Marzo (anteriormente, en España se venía celebrando el 1 o el 6 de febrero y, en Francia, el 30 de abril), cosa que se hizo a partir del año siguiente, asentándose así la fiesta del patrón de la Villa y dando pie a la afirmación de que: Mientras el Mundo sea Mundo, el 15 de marzo: San Raimundo. Si bien su culto no se generalizó en España hasta 1800 y en Francia también en el siglo XIX, Fitero tuvo en el olvido a San Raimundo hasta fines del siglo pasado [XIX], como publicó Ricardo Fernández Gracia, añadiendo que el 5 de septiembre de 1891 se presentó una instancia en el Ayuntamiento por Nazario Ochoa y otros fiteranos señalando que "sería conveniente que en la festividad de la Patrona se pusiese en el Altar mayor a San Raimundo y se sacase en la procesión de dicha patrona, a fin de arraigar más y más la fe". Del 9 de septiembre de 1916 data la inauguración del primer monumento al Santo en el Paseo o Plaza Magallón, que por entonces se llamó con el nombre del fundador de Calatrava. Este proceso de remembranza y festejos de todo tipo en memoria del santo cisterciense se ha venido acrecentando hasta nuestros días en nuestra villa, y curiosamente sin que, al parecer, medie acuerdo corporativo del Ayuntamiento, adelantándose una vez más la costumbre, la tradición y el alma popular al frío escrito oficial, que si existe no hemos localizado.  La mayor parte de los restos del Santo descansan en la catedral de Toledo, pues otros se han venido distribuyendo como reliquias a lo largo del tiempo, incluyendo Fitero desde 1590.
La Causa de Canonización del Beato Palafox, nacido accidentalmente en Baños de Fitero, el 24 de junio de 1600, y fallecido el 1 de octubre de 1659 en El Burgo de Osma, es una de las más complejas y longevas de la Iglesia Católica pues dio comienzo el 18 de septiembre de 1666 y el Venerable Siervo de Dios Juan de Palafox y Mendoza no ha sido proclamado Beato hasta el pasado 5 de junio, en la catedral de la citada localidad soriana, fijándose su festividad para el 6 de octubre. En esta sede episcopal descansa la mayor parte de sus restos, pues otros se han distribuido como reliquias tras su reciente beatificación.
Finalmente, la Causa de Canonización de José María García Lahiguera, nacido en nuestra Villa, el 9 de marzo de 1903, y fallecido en la de Madrid, el 14 de julio de 1989, dio comienzo el 11 de octubre de 1995, siendo reconocido como Siervo de Dios el 25 de enero de 2002. Sus restos descansan en el convento de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, en Madrid. Orden religiosa de la que fue cofundador junto con la Sierva de Dios Mª. Carmen Hidalgo de Caviedes Gómez.

miércoles, 15 de junio de 2011

Los voluntarios realistas

Manuel García Sesma recogió la noticia relativa a la milicia cívica realista creada para defender el régimen absoluto de Fernando VII: los Voluntarios Realistas. En Fitero se formó un Tercio de esa milicia en 1825, "con objeto de contribuir a las Reales Intenciones, manifestadas por S. M. en Reales Órdenes". Se compuso de 55 individuos, que, con los reclutados en Cintruénigo y en Corella, formaron un Batallón, el cual fue inspeccionado por el brigadier D. Santos Ladrón [de Cegama], por comisión del Virrey y Capitán General de Navarra, Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza, marqués de Venadito. El acta de la sesión del Ayuntamiento del 15-VII-1825 nos suministra pintorescos detalles acerca de los recursos a que tuvo que acudir, para equipar a aquellos Voluntarios.
Como de costumbre, el Municipio estaba a la cuarta pregunta, sobre todo después del Donativo de los Tres Millones que exigió el Rey a Navarra, pisoteando sus Fueros.
Los uniformes de los flamantes Voluntarios costaron 6.000 reales y el Ayuntamiento decidió pagarlos en dos años. Para abonar la mitad en 1825, vendió un horno de la Cruz de la Calleja, fuera de servicio, que había sido construido a expensas del pueblo, por 2.500 reales v., añadiendo 500 de los fondos propios. Y para pagar los otros 3.000 en 1826, recurrió a la venta por arriendo del jabón a la menuda; esto es, de media arroba en bajo; y de la sal, de robo en bajo, cuyos arriendos producían cada año 1.500 reales vellón. El Procurador de la Villa en Pamplona, D. Andrés Iguzquiza, se encargó de obtener del Real Consejo la autorización necesaria. Por lo demás, ignoramos la actuación de estos Voluntarios fiteranos, aunque es sabido que los de otros pueblos navarros engrosaron más tarde las filas de los Carlistas, al morir Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833.
La Calleja figura ya en un plano del monasterio de Fitero que data de mediados del siglo XVII, se corresponde con la Calle Lejalde, desde el puente o la actual rotonda de María Lobera, y su continuación por la Calle Mayor hasta la Costerilla del cementerio y la salida hacia el Cogotillo Bajo o Avenida de Pío XII por la actual Calle Díaz y Gómara, esto es, con lo que entonces era la calle principal que atravesaba lateralmente la Villa, comunicando ambas entradas y salidas principales, de una forma muy parecida a como ocurre hoy mismo. Al menos en lo que a la salida por el puente  a la del puente o de la rotonda de María Lobera se refiere, ya que ahora la entrada principal no pasa por la Costerilla que conducía a la Carrera de Tudela a Baños de Fitero y Cervera del Río Alhama, actual y precaria circunvalación de la Villa. En el plano también se ven la Pieza de la Orden, las Huertas y el Olivar del Monasterio, así como los huertos que había entre el río de Piedra, que pasa por el Barrio Bajo y por detrás de la Calle de Los Charquillos, y la margen izquierda del río Alhama, esto es, las fincas que rodeaban el conjunto de edificios que formaban el monasterio de Fitero y la propia Villa, señalada como el lugar, atravesada por La Calleja.

domingo, 12 de junio de 2011

Los fundadores del monasterio de Fitero

La fundación de un monasterio medieval requería la participación de tres partes principales: los monjes que iban a formar la nueva comunidad que se regiría por una determinada Regla o forma de vida, el obispo de la diócesis en la que se fundaba el monasterio y el patrocinador que promovía y que, en buena medida, sufragaba los gastos de esta fundación.
Hasta hace no muchos años venían prevaleciendo las leyendas sobre los datos aportados por la documentación que se conserva acerca de los primeros años de vida del monasterio de Fitero, lo que dificultaba enormemente su estudio. Afortunadamente, poco a poco se ha venido arrojando luz acerca de este oscuro proceso y ya no cabe duda de que la sede provisional del primer monasterio cisterciense de la península Ibérica estuvo ubicado en la ya entonces despoblada villa castellana de Niencebas (despoblado de Alfaro limítrofe con Corella, ubicado en el valle por el que discurre el arroyo de la Fuente de los Cantares, en las cercanías de las ruinas de la Venta del Pillo, entre aquella y el cabezo de Morterete), en la falda meridional del monte Yerga, en Octubre de 1140.
El fundador y también su primer abad fue Raymond, natural de Saint Gaudens (Haute-Garonne, Midi-Pyrénées) y que acabó siendo conocido como San Raimundo de Fitero, patrón de esta villa navarra, quien cruzó los Pirineos al frente de una comunidad procedente del monasterio cisterciense de l’Escaladieu o Scalæ Dei (Bonnemazon, Hautes-Pyrénées), que entonces se encontraba en su sede original de Cabadur (Gripp, Campan, Hautes-Pyrénées). El promotor y patrocinador fue el rey de Castilla y León, Alfonso Raimúndez, más conocido como Alfonso VII el Emperador, con el objeto de que esta comunidad cisterciense desempeñara una labor similar a la que en nuestros días realizan los Cascos Azules de la organización internacional de las Naciones Unidas, en lo que entonces era la incipiente frontera de Castilla con los recién escindidos reinos de Pamplona y Aragón. Finalmente, añadir que la diócesis en la que se instaló este primer monasterio cisterciense ibérico fue en la de la sede episcopal de Calahorra, bajo la mitra del obispo Sancho de Funes.
La localización inicial del Monasterio de Fitero, tanto desde el punto de vista político como religioso, nada tiene que ver con su ubicación actual: Comunidad Foral de Navarra y Arzobispado de Pamplona y Tudela o con la previa del reino de Navarra y Tarazona. Lo que quizá ayuda a explicar el por qué los orígenes del Monasterio de Fitero ahora no ineteresan casi nada a los navarros, por hallarse en La Rioja, ni tampoco a los riojanos, por tratarse de un monasterio que, en 1374, pasó a depender del rey de Navarra y tampoco lo sienten como algo suyo. Como se suele decir: Unos por otros, la casa sin barrer.

sábado, 11 de junio de 2011

La victoria de Chapalangarra en Fitero, 1823

Tras la sublevación realista de junio de 1822, los pueblos navarros se encontraron inmersos entre dos fuegos durante el resto del año. En la Ribera las cosas no estaban bien, como publicó Ramón Del Río Aldaz, añadiendo que así era hasta el punto que el 2 de febrero el ayuntamiento de Tudela había pedido al gobierno tener relaciones con Zaragoza por estar incomunicados con Pamplona. Aunque también señaló la posibilidad de que los tudelanos, a raíz de los enfrentamientos, prefiriesen tratar con el de Zaragoza. Para estas fechas, ya había un nuevo ayuntamiento -elegido por las urnas-, que era plenamente liberal. Por entonces, George Bessières, al frente de un ejército realista formado por unos 5000 hombres, atacaron los Arrabales de Zaragoza, donde fueron rechazados por su corta guarnición y Milicia, como publicó Manuel Pando Fernández de Pinedo. De allí, los realistas se dirigieron hacia la villa navarra de Fitero, donde se enfrentaron a la partida del ejército liberal mandada por el lodosano Joaquín Romualdo de Pablo y Antón, más conocido como Chapalangarra, e hicieron que el escenario bélico de Fitero figure de forma destacada como la última acción de importancia en la Merindad de Tudela en esta guerra, casi olvidada y que algunos consideran como la Primera Guerra Civil Española.
Desconozco los detalles acerca de esta batalla y, por tanto, el lugar concreto de Fitero en el que se produjo, sólo que el día 26 [de febrero de 1823] Chapalangarra derrotaba a Bessières en Fitero, haciéndole 85 presos. Si bien éste, al frente de su ejército realista, logró escapar y continuar camino de Guadalajara y fuera ya de Navarra, Bessières fue perseguido por [el Capitán General portorriqueño Demetrio] O'Dali y [Juan Martín Díez] el Empecinado -según el parte-, después de que había estado trayendo de cabeza tanto a los generales como a todo Madrid durante un mes, como señaló Ramón del Río. No obstante, ésta y otras victorias que los liberales obtuvieron entonces en Navarra carecieron de importancia militar, pues poco después, el 7 de abril de 1823, se produjo la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, ejército francés que estaba encabezado por Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema, que por encargo de la Santa Alianza repuso a Fernando VII de Borbón al frente otra vez de su régimen absolutista, dando fin al Trienio Liberal.
En esta guerra no parece que los vecinos de Fitero se vieran afectados, aunque los términos de la Villa fueron protagonistas de sendos episodios bélicos, tanto al principio como casi al final de la misma.

viernes, 10 de junio de 2011

El comienzo de la Rebelión Realista de 1822

Tras el pronunciamiento militar del Teniente Coronel Rafael del Riego, el rey de España, Fernando VII de Borbón, acabó jurando la Constitución de 1812, dando lugar al periodo histórico conocido como el Trienio Liberal o Constitucional (1820-1823). En Fitero, la consiguiente desamortización, ordenada el 1 de Octubre de 1820, conllevó la supresión del monasterio el 4 de Noviembre y la exclaustración de los cistercienses, el 22 de Febrero, así como la incautación y subasta de buena parte de los bienes del monasterio de Fitero. A pesar del triunfo inicial de los libreales en el reino de Navarra, que pasó a ser una provincia del estado español, el primer alzamiento realista ocurrió en 1821, aunque con escaso eco fuera de Pamplona; por el contrario, el segundo fue preparado más concienzudamente y supuso el comienzo de la lucha armada en Navarra. Aconteció tras la proclama de la Junta Interina el 10 de junio de 1822, formada por Lacarra, Eraso, Ariz y Mélida, cuya finalidad era incitar a los navarros a la sublevación contra las instituciones liberales, como señaló Francisco Miranda Rubio.
Aunque, según publicó Ramón del Río Aldaz, no existe un corte brusco entre la situación anterior y posterior al 10 de junio, sino más bien una continuidad. Lo que cambia es que entran algunos exiliados [desde Francia] y que las partidas ya existentes comienzan a repartir proclamas contra la Junta Interina de Navarra -impresas, pero con el día de la fecha a mano- incitando a la rebelión. Añadiendo en su descripción de cómo fueron los comienzos de la rebelión realista en Navarra que, durante la noche del día siguiente, las proclamas comenzaron a llegar a los pueblos y a Pamplona durante la mañana del 12, y que así mismo, circuló un oficio de "un tal Balda", cabecilla recién entrado de Francia. El oficio de Martín José Balda -enviado a varios alcaldes- ordenaba la leva forzosa y general de mozos desde la edad de 17 años hasta los de 40, con la obligación de concentrarse, armarlos y proveerles de munición, en Larraga, al día siguiente. Pero que, sin embargo, el pamplonés Balda no tuvo más remedio que desconvocar la concentración dadas las penosas circunstancias en las que se encontraba con la mayor parte de la gente reclutada a la fuerza y las armas entrando aún por Roncesvalles, para no caer en manos de las tropas que habían salido de Estella en su busca, como también publicó Ramón del Río. Quien señaló que, aunque las tropas de Balda continuaron distribuyendo las proclamas y siguieron forzando las levas realistas por diversas localidades navarras, dejando a un lado las pequeñas partidas que existían con anterioridad, la nueva incorporación en la primera quincena de junio sólo supuso algo más del 15% del total de incorporados durante 1822, y en la segunda quincena no se alcanzó más que la cuarta parte. Así como que el marco geográfico de la rebelión se centró en la merindad de Estella y el norte y noroeste de la de Pamplona y que dejando a un lado la que estaba formando en Roncesvalles Juan Manuel Sarasa, la partida realista más importante en estas fechas era la capitaneada por Balda y el Pinto, que estaba recorriendo la Ribera robando raciones, armas y caballos por los pueblos, por lo que el Jefe Político [de Navarra] solicitó a los absolutistas moderados del ayuntamiento de Tudela la colaboración de la Milicia. Dándose la circunstancia de que el 16 de junio, a la altura de Buñuel, 45 voluntarios tudelanos derrotaron completamente a la partida realista [formada por un centenar de hombres], comunicando posteriormente el alcalde de Fitero que Balda, [el día 19], el Pinto y el cascantino Navarro "pasaron azorados por la Venta del Pillo con dirección a pasar el Ebro por Azagra". Noticia que parece ser que fue recogida con particular agrado en las Cortes, según señaló Ramón del Río.
La Venta del Pillo (sus ruinas están en Niencebas, despoblado de Alfaro) se encontraba ubicada  en el centro del coto redondo del antiguo monasterio cisterciense de Fitero, por algo estuvo en sus inmediaciones el primer asentamiento cisterciense de la península Ibérica: Niencebas. De ahí que al haber sido exclaustrado los monjes, señores de la Villa, las autoridades avisaran entonces a su alcalde de que el cabecilla realista, Martín José Balda, y su acompañante cascantino habían salido de la provincia, repostando sus monturas en la fiterana Venta del Pillo, para seguir camino por Aldeanueva de Ebro hacia Calahorra, esto es, por una de las Carreras Generales de Postas, concretamente, la que comunicaba Madrid con Bayona y que permitía también desviarse hacia Calahorra, para, a continuación, cruzar el río Ebro en Calahorra y proseguir así su camino de huida por Azagra.

martes, 7 de junio de 2011

La Venta del Pillo y el itinerario de Madrid a Bayona

En 1761, Pedro Rodríguez Campomanes, primer conde de Campomanes, publicó el Itinerario Real de Postas, bajo los auspicios del rey Carlos III de Borbón y por disposición del Secretario de Estado y del Despacho, y Superintendente general de Correos, Postas y Caminos. Esta información era muy útil para conocer los medios de transporte de la época y también resultaba de gran valor estratégico de carácter militar, como lo prueba el hecho de que, en 1810 y durante la invasión de la península Ibérica por las tropas del emperador Napoleón I Bonaparte, que fue la última que ha sufrido la península Ibérica, se publicara en Paris una guía de postas de España, anónima, con el título Livre des postes d'Espagne et du Portugal, en espagnol et en français.
Hay que tener en cuenta que entonces no se podía viajar como ahora. Para poder viajar en posta, en cualquier provincia de España, había que solicitar un permiso por cada viajero a la Dirección de Correos y Postas de Madrid. Estando obligados los viajeros a pagar los correspondientes impuestos de portazgos y barcas, así como una tarifa por el uso de los caballos en cada relevo y/o por los carruajes, según su tipo, así como por el coste del servicio de los mozos o postillones que les acompañaban. A no ser, claro, que los viajeros dispusieran de sus propios caballos o carruajes. Existiendo una detallada casuística con la que se normalizaban las posibles variantes que pudieran darse en cada uno de estos viajes.
Francisco Javier Cabanes Escofet, en su Guía general de correos, postas y caminos del reino de España, recogía en 1830 que, desde la Edad Media al menos, el sistema de postas funcionaba por medio de casas situadas a cortas distancias, y postillones, siempre con el pie en el estribo, las órdenes caminaban a razón de doscientas cincuenta millas al día. También señaló que entonces existían 34 Administraciones de Correos principales en toda España, siendo las más cercanas a Fitero las de Pamplona, Logroño, Zaragoza y Guadalajara. De cada una de éstas dependían otras de menor entidad: Corella y Tudela de Pamplona; Alfaro y Calahorra de Logroño; Tarazona de Zaragoza; así como Cervera del Río Alhama, Ágreda y Soria de Guadalajara. Mientras que sólo existían 6 Carreras Generales de Postas: de Madrid a Francia, por Irún; de Madrid a Barcelona, por Zaragoza; de Madrid a Cartagena; de Madrid a Cádiz; de Madrid a Portugal, por Badajoz; y de Madrid a La Coruña; existiendo también 9 Carreras de Segunda Clase de Postas, alguna de las cuales pasaba por las cercanías de Fitero. Así, entre las de segunda clase, estaban las dos que desde Logroño iban tanto a Calahorra como a Tudela, estando esta última ciudad también unida con Pamplona; las dos de Guadalajara que iban a Soria y a Tudela, respectivamente; y la de Zaragoza que también iba a Tudela. Hasta aquí, poca diferencia hay entre las Carreras de Primera y Segunda Clase de Postas con las actuales carreteras nacionales. Especialmente, si se tiene en cuenta que cada una de las 6 Carreras Generales de Postas contemplaban varios itinerarios y que el segundo de la que iba de Madrid a Bayona pasaba por Almazán, Ágreda y Pamplona, esto es, por las inmediaciones de Fitero pues de Ágreda iba a la Venta de la Nava (Valverde de Ágreda) y de ésta a la Venta del Portazguillo (Valverde de Cervera del Río Alhama), donde abandonaba Castilla para entrar en Navarra por Cintruénigo, con objeto de cruzar el río Ebro con la barca que había en Castejón, siguiendo una trayectoria muy parecida al de la actual N-113. Esto es, atravesando parte del actual término municipal de Fitero. Si bien esta carrera también permitía la comunicación de Madrid con ciudades ubicadas en las cercanías de este itinerario por medio de carreras auxiliares, como por ejemplo era el caso de la que facilitaba el acceso de Madrid a Tarazona, a la que se llegaba por Ágreda y la Venta de la Nava.
Una vez en Tarazona también se podía continuar el viaje desde Madrid a otras localidades cercanas a esta ciudad aragonesa, como por ejemplo a Arnedo y a Calahorra, compartiendo en ambos casos parte del camino pues de Tarazona la carrera iba por la Venta del Portazguillo y de ésta a la Venta del Pillo (Alfaro), donde se bifurcaba para seguir por Autol a Arnedo o por Aldeanueva de Ebro a Calahorra. Lo que hacía que Fitero también figurase indirectamente en estos itinerarios locales de las inmediaciones de la carrera de Madrid a Bayona ya que una de sus postas se realizaba en la Venta del Pillo y ésta se encontraba dentro de los términos pertenecientes al monasterio cisterciense de Fitero hasta su desamortización de 1835.
Aparte de esta carrera que, para desgracia de La Rioja Baja y de la Ribera de Navarra, quedó en desuso entre finales del siglo XIX y principios del XX y que tenía una posta en Fitero, también existía en los términos de esta Villa la carrera local de mucha menor entidad que, como ahora, unía Fitero tanto con Cintruénigo y Corella como, a través de Baños de Fitero, con Cervera del Río Alhama, Igea y Grávalos, estando ubicada la posta y Venta de Fitero en la cochera que aún puede verse en la esquina de la Cuesta del Cementerio con la actual circunvalación de la Villa que, entonces, no era tal sino que era el trazado de esta carrera local. Además de existir en esta carrera local que pasaba por Fitero las ventas conocidas como Venta del Baño, que fueron las que dieron su nombre a este barrio cerverano.

domingo, 5 de junio de 2011

La Ruta Quetzal visitará Fitero el 6 de julio

Al finalizar la ceremonia de beatificación del fiterano Juan de Palafox y Mendoza, nos hemos encontrado en la catedral del Burgo de Osma con Miguel de la Quadra-Salcedo, quien nos ha comentado que se había alegrado mucho de este reconocimiento público que, por fin, ha recibido nuestro paisano, añadiendo que, en cierto modo, también lo es suyo pues Aurora Yanguas, abuela de su esposa,  también era natural de Fitero. Así que se puede decir que Miguel de la Quadra-Salcedo Gayarre, director y fundador del programa de estudios y aventura Ruta Quetzal, también tiene alguna relación con nuestra villa.
Este año, la Ruta Quetzal está dedicada a La aventura de Martínez Campañón en Perú. Del desierto Moche a la selva amazónica, siendo Baltasar Martínez Campañón también navarro, concretamente, de Cabredo, en la Merindad de Estella. A mediados de este mes la expedición partirá hacia Perú y regresará el 1 de julio a Madrid, donde permanecerán hasta el día 6, fecha en la que llegarán a Fitero con objeto de pasar el día visitando el antiguo monasterio cisterciense y conociendo mejor la biografía del Beato Juan de Palafox, especialmente, su etapa como obispo de Puebla de los Ángeles (México) y como virrey de Nueva España, justo antes de continuar su camino en dirección a Cabredo.

El Beato Juan de Palafox

Esta mañana fría de primavera hemos salido de Fitero un poco antes de las 7, cuando los dos autobuses que ha organizado el Ayuntamiento de Fitero para dar facilidades a los fiteranos que quisieran acudir a la ceremonia de beatificación del Venerable Juan de Palafox y Mendoza, en la catedral soriana del Burgo de Osma, comenzaban a llenarse. Como hemos llegado muy pronto al Burgo, nos ha dado tiempo de desayunar en un café de la porticada Calle Mayor, antes de dirigirnos al sinuoso callejón del Caracol, que conduce directamente a la puerta del claustro de la catedral. Cuando hemos llegado allí nos hemos encontrado conque las cuatro crujías del claustro estaban repletas de sillas, con un pasillo central, y numerosas pantallas de televisión de buen tamaño, con objeto de que el pueblo llano pudiera asistir con cierta comodidad a la celebración de la citada beatificación. El interior de la catedral, aunque quedaba mucho espacio libre, principalmente estaba reservado para distintos representantes del clero así como de numerosos políticos de México, Castilla y León, Aragón y Navarra, destacando entre estos últimos la presencia del alcalde de Fitero, Pachi Yanguas Fernández. Cuando hemos llegado al claustro, poco antes de las 9, ya había fiteranos ocupando las primeras filas y no es de extrañar el madrugón pues no en vano se esperaba la asistencia de 3.000 personas procedentes de diversas partes de España y de México, especialmente, de Puebla de los Ángeles.
La ceremonia ha empezado poco después de lo previsto, que era a las 10 de la mañana, destacando por su calidad y buen hacer tanto el coro como los músicos que la han amenizado de principio a fin, esto es, hasta las 12 del mediodía. El prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y Legado Papal para el acto, cardenal Angelo Amato, ante 40 obispos, 5 de ellos cardenales, ha leído la Carta Apostólica mediante la cual el Papa Benedicto XVI ha declarado que el fiterano Juan de Palafox puede ser venerado con el nombre de Beato a partir de ahora, concluyendo así un proceso que había comenzado en 1666. Seguramente, una de las causas de beatificación más longevas de la Historia de la Iglesia Católica, por lo que esperemos que el paso que falta para que declaren Santo al nuevo Beato sea mucho más breve. Aunque ya se puede visitar el monumento en el que ahora descansan los restos de Juan de Palafox, en la capilla de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, de la catedral del Burgo de Osma, y ya se puede tocar, como hoy han hecho muchos después de asistir a la ceremonia de beatificación, la cara de la urna funeraria que tiene una placa en la que destacan el escudo episcopal de este ilustre fiterano, cuyo lema fue Amor meus Crucifixus est, junto al reconocimiento que hoy, finalmente, se le ha rendido públicamente al nuevo Beato Juan de Palafox.

sábado, 4 de junio de 2011

La fiesta de la Juventud era la del Barranco

El origen de la celebración del día del Barranco no está nada claro, Ricardo Fernández Gracia lo relacionó con la conmemoración de la puesta en funcionamiento de la acequia de los Cascajos, cuya inauguración se haría coincidir con el tercer día de las letanías (Vísperas de la Ascensión). Noticia que, como después publicó Manuel García Sesma, debía basarse en un artículo, titulado El Barranco, inserto en el número 7 de La Voz de Fitero, correspondiente al 19 de mayo de 1912, y firmado por Z (tal vez, el doctor José Zalabardo), en el que se afirmaba que las meriendas y el juego de las Chapas con que se celebra tal rogativa [la Rogativa del Miércoles], eran muy antiguos y que "más tarde, y coincidiendo con esta fiesta, se ejecutó en Fitero la grandiosa obra de la construcción de la Acequia de Cascajos" y que, "cuando el pico del cantero daba los últimos toques en la perforación del tunel que había al nivel del Corral del Morril, en esa época, coincidió la celebración de estos tradicionales cultos, y con este motivo, y con el fin de dar mayor realce a obra tan grandiosa, se celebró un almuerzo al que asistió el Clero y el Ayuntamiento, y desde esa fecha ha venido celebrándose cada vez con más solemnidad y algazara". Añadía Z que ese día era "la fiesta de la juventud; era el día tradicional del estreno de las galas de verano; era el día en que niños y viejos, hombres y mujeres reunidos en corrillos, más o menos numerosos, lanzaban al aire las famosas Chapas, que, al día siguiente, eran las causantes de más de cuatro disgustos de familia, que venían, en ocasiones, por jugarse las mujeres hasta los colchones de la cama". Si bien Manuel García precisó que esta afirmación no podía tomarse literalmente ya que las obras a las que se refería en realidad no eran a las de la acequia de los Cascajos sino a las de su ampliación, que dieron lugar a la acequia y el pantano de Los Abatores. Obra que finalizó en 1843, habiéndose comenzado en 1820, a diferencia de la construcción de la acequia de los Cascajos que no atraviesa ningún túnel y que, como recogió Ricardo Fernández, data de los siglos XVI-XVII, concretamente, entre el 12 de enero de 1574 y el 22 de enero de 1603. Acertando éste, con gran probabilidad según el criterio de Manuel García, en que, tras de definitiva desamortización del antiguo monasterio cisterciense, en 1835, el Ayuntamiento, "siempre dispuesto a eliminar todo lo que recordase a sus antiguos señores, hubiese sustituido la subida a Yerga (que se celebraba todos los años en el mes de Mayo) por el día del Barranco".
Manuel García creyó que el nombre de la fiesta del Barranco debía proceder de que el túnel de la acequia de Los Abatores se encuentra en una zona algo abarrancada y a que fuera allí, junto al corral del Morril, cuyas ruinas aún son visibles, donde el año que acabó esta obra se realizara la citada romería, si bien después pasó a realizarse de forma alternativa en la Dehesa de la Villa, esto es, la Dehesa de Ormiñén. Dada la proximidad de ésta a lo que entonces sólo era el Arenal del Río pero que desde 1843, año en el que se inauguró el actual puente sobre el Río Alhama y con él también se arreglaron sus alrededores, concretamente, se acondicionó el Paseo del Barranco de los Palomares sobre el citado arenal, creo más probable que la romería y festividad acabaran adquiriendo la denominación del Barranco al desplazarse el lugar de su celebración a este paseo, tal como hoy, esta misma tarde, se sigue haciendo. A no ser que llueva y, entonces, la celebración se traslade al frontón municipal, que para algo está cubierto.
Si bien Manuel García también recogió que en la primera década del siglo actual [el XX], como insinúa el mismo cronista, no se celebró la Fiesta del Barranco, sin duda, a causa de la catástrofe económica producida por la invasión de la filoxera; pero se reanudó el segundo decenio, y añadió información acerca de que la comida clásica, por entonces, del Día del Barranco era la empanada, o sea, un gran pan de aceite en cuyo interior se metían trozos de chorizo, de pollo, de conejo, huevos duros, lo que se quería. O mejor dicho, lo que se podía, pues nos imaginamos que más de un pobre -que constituían la mayoría- tendría que contentarse con meter caracoles asados, ajos cocidos y alguna sardina frita de mataburro previamente desalada.

Poblanos en la ermita de la Virgen de la Soledad

Continúa la estancia que el arzobispo de Puebla de los Angeles, D. Víctor Sánchez Espinosa, acompañado de su obispo auxiliar D. Eugenio Lira Rugarcía, está realizando en Baños de Fitero, concretamente, en el balneario Virrey Palafox, y, tras la bendición de la arqueta en la que desde mañana se conservarán las reliquias del futuro Beato Juan de Palafox y Mendoza, que viajarán a México tras la ceremonia de beatificación que se celebrará mañana en la catedral soriana del Burgo de Osma, hoy han completado otra etapa más en su peregrinaje palafoxiano.
Los obispos poblanos han concelebrado, a mediodía de hoy, a las 12 de la mañana, una misa en honor y recuerdo del fiterano que mañana dejará de ser Venerable para pasar a ser Beato, en la reconstruida ermita de la Virgen de la Soledad (Baños de Fitero). Entre el poco más de medio centenar de personas que hemos asistido al entrañable acto destacaban el Consejero Delegado y el Director de Baños de Fitero, así como el alcalde de la Villa, Pachi Yanguas Fernández, y el Vicepresidente Tercero del Congreso de los Diputados del reino de España, Jorge Fernández Díaz, y buen número de socios de la asociación cultural Amigos del Monasterio de Fitero.
Me ha llamado la atención que buena parte de los asistentes se hayan parado a leer el cartel que describe la historia de esta ermita al comienzo de la senda que, entre pinos, conduce a ella desde el balneario Virrey Palafox. Por lo que aprovecho para agradecerle a mi amigo Iñigo Beldarrain Iraola que, cuando estuvo al frente de la Oficina de Turismo de Fitero, se preocupara por integrar esta ermita en la red de ermitas de la Ribera de Navarra así como que tuviera la amabilidad de recordar que fue un servidor quien, en 1979, descubrió las ruinas arqueológicas de esta ermita, reconstruida en 2000, con motivo del cuarto centenario del nacimiento de Juan de Palafox y Mendoza en Baños de Fitero, gracias al interés e impulso que durante la última docena de años, ha venido dedicando ininterrumpidamente Jorge Fernández, vallisoletano con raíces fiteranas y buen palafoxiano donde los haya.

viernes, 3 de junio de 2011

Bendición de la arqueta para las reliquias de Palafox

En esta oscura tarde de primavera, con tan sólo unos minutos de retraso sobre el horario previsto, que era a las 19:15, han llegado a la plaza de la iglesia del antiguo monasterio cisterciense de Fitero el arzobispo de Puebla de los Ángeles D. Víctor Sánchez Espinosa, acompañado de su obispo auxiliar D. Eugenio Lira Rugarcía, con objeto de concelebrar una misa junto al párroco de la Villa, Javier Goitia Chasco, en la capilla de la Patrona de Fitero, la Virgen de la Barda, en honor del todavía Venerable Juan de Palafox, que fue obispo de Puebla de los Ángeles, antes de serlo del Burgo de Osma, donde falleció el 1 de octubre de 1659.
Los poblanos han llegado acompañados del Consejero Delegado y del Director de Baños de Fitero, pues se hospedan en este balneario, y a su llegada han sido recibidos por el alcalde de la Villa, Pachi Yanguas Fernández, varios concejales, entre los que se encontraba Celestino Alvero Yanguas, secretario local del Partido Socialista de Navarra, agrupación que por primera vez en la Historia de la Democracia española no concurrió a las últimas elecciones municipales del pasado día 22, miembros de las asociaciones culturales de los Amigos del Monasterio de Fitero, revestidos con sus capas y birretes blancos, y de la Banda de Música, con su uniforme azul habitual, así como de un puñado de fiteranos pues la mayoría de los vecinos que han asistido al acto se encontraban ya en la abarrotada capilla de a Virgen de la Barda.
Durante la solemne eucaristía, el arzobispo poblano ha procedido a la bendición de la arqueta de madera que, según la tradición que amablemente me ha comentado el presidente de la asociación cultural de los Amigos del Monasterio de Fitero, Fernando Seves Morentin, perteneció a la madre del fiterano Juan de Palafox y Mendoza, y que ahora está destinada a contener en Puebla de los Ángeles, las reliquias del próximo Beato, cuya ceremonia de beatificación se celebrará en la catedral soriana del Burgo de Osma el domingo que viene.
Poco después de iniciar el acto, la plomiza tarde se transformó en una suave tormenta primaveral y la lluvia comenzó a caer plácidamente en Fitero de forma intermitente y cada vez con mayor intensidad. Poniendo así un broche atmosférico al comienzo de este fin de semana histórico para la Villa pues uno de sus hijos más ilustres, Juan de Palafox, que nació el 24 de junio de 1600, en Baños de Fitero, concretamente, en el balneario que hoy lleva su nombre: Virrey Palafox, va a dejar de ser Venerable para pasar a ser reconocido por la Iglesia Católica como Beato.

El primer Taller Mecánico

La evolución que la mecanización industrial produjo en Fitero fue objeto de estudio en la obra de Manuel García Sesma, quien señaló que la aparición de las máquinas industriales dio lugar a una nueva clase de artesanos: los Mecánicos; es decir, los trabajadores dedicados a la construcción, manejo y reparación de las máquinas. Los primeros mecánicos, avecindados en Fitero, fueron forasteros y estuvieron al servicio de las fábricas de D. Manuel María Alfaro, abiertas en la segunda mitad del siglo XIX y explotadas, a la muerte de éste, ocurrida en 1900, por su hijo y sucesor, D. Gervasio Alfaro. Recordamos a dos mecánicos de ellas: a Martín Ormazábal, un guipuzcoano de Beasain, y a Simón Muñoz, un aragonés de Zaragoza. En realidad, este cambio tecnológico formó parte de otro cambio más importante que también afectó a Fitero en el siglo XIX: el de la redistribución de la riqueza y de las propiedades que se produjo en 1835, cuando fueron exclaustrados definitivamente los monjes cistercienses de Fitero, principales propietarios del lugar y para quienes habían trabajado la mayoría de los artesanos. Éstos, a partir de entonces, pasaron a orbitar alrededor de los nuevos grandes propietarios que progresaron e industrializaron los talleres artesanos y las dependencias que habían pertenecido al principal propietario y antiguo señor de Fitero: el abad del monasterio que fundó y dio su nombre a la Villa desde 1482.
Manuel García también publicó que, a principios del siglo XX, se abrió en Fitero el primer Taller Mecánico, para el servicio del vecindario en general, fue iniciativa de otro forastero: Lorenzo Fernández Vega, un riojano de Galilea, que había emigrado a la Argentina y su taller estuvo en la casa n.º 25 (hoy 31) de la Calle Lejalde. Lorenzo tenía un hermano, llamado Severiano, quien, a su vez, había emigrado a Francia, donde trabajó como mecánico, antes y aún después de la Guerra Europea 1914-18, llegando a ser contramaestre de la empresa Motobloc de Burdeos. Lorenzo se marchó de Fitero en 1920 y entonces se hizo cargo de su taller su hermano Severiano, quien, más tarde, trasladó su taller al actual n.º 10 de la misma calle. Murió en Fitero el 20-X-1978, heredando su taller sus hijos Manuel y Ángel Fernández Carrillo. El taller de los Fernández se dedicó y dedica a toda clase de trabajos de su oficio: construcción de maquinaria y de herramientas industriales, reparación de automóviles, trabajos de torno, fresa, forja y soldadura, etc.
Cabe destacar que Manuel y Ángel construyeron el reloj que, desde 1990, hay en la fachada del actual Ayuntamiento de Fitero, ubicado en la Hospedería del antiguo monasterio de Fitero, siendo éste uno de los últimos trabajos de mayor repercusión que realizaron para la Villa. Pues, a principios de este siglo, ambos hermanos decidieron no continuar con la actividad industrial de este taller con lo que su cierre supuso el final de la historia del primer taller mecánico que hubo en Fitero. Desafortunadamente, ambos mecánicos fiteranos fallecieron pocos años después, Manuel Carrillo en Mayo de 2004 y Ángel en Junio de 2009.
En la actualidad ya no quedan vestigios de ninguno de las instalaciones de los dos talleres que tuvo la familia Fernández Vega en la Villa pues en el lugar en el que estuvo ubicado el primero de ellos se construyó un edificio de viviendas y en el que estuvo ubicado el segundo de estos dos talleres mecánicos sólo queda el solar y la parte de la fachada que ahora forma parte del muro que da a la Calle Lejalde.