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sábado, 21 de enero de 2012

Guy de Boulogne y la incorporación de Fitero a Navarra

Tras la muerte sin descendencia del último rey de Pamplona y Aragón, Alfonso Sánchez I el Batallador, en Septiembre de 1134, sus dominios se dividieron entre los dos antiguos reinos que lo formaban, ampliándose los territorios de ambos al sur del Ebro con los territorios que éste había reconquistado a los musulmanes, desde Diciembre de 1118 y entre los que se encontraba el valle del Alhama. La restauración de los reinos de Pamplona y Aragón tuvo lugar bajo el vasallaje que sus nuevos gobernantes rindieron al que se convirtió en el emperador de España, Alfonso Raimúndez VII el Emperador, desde Mayo de 1135, y su frontera común se estableció en el valle del Alhama, estableciéndose el hito o mojón de los tres reinos en lo que hoy es Fitero y que entonces era un término de la villa castellana de Tudején (despoblado de Fitero) colindante con los de Cintruénigo, por parte pamplonesa, y con los de la ciudad aragonesa de Tarazona.
En 1140, Alfonso VII hizo venir a Raymond de Saint Gaudens desde el otro lado de los Pirineos para que fundara en dicho valle, en la ya entonces villa desierta de Niencebas (Bienzobas, despoblado que hubo entre los actuales términos corellanos de Morterete y los alfareños de la Fuente de los Cantares), el que acabaría siendo el primer monasterio cisterciense que se fundó en la península Ibérica.
En 1152, el primer abad de este monasterio trasladó su cenobio a su definitiva ubicación fiterana, en la castellana villa de Tudején, lo que le procuró el sobrenombre de San Raimundo de Fitero, por encontrarse el monasterio en la mismísima frontera o hito entre los tres reinos. Cinco años después, Alfonso VII le donó a San Raimundo el señorío de la villa de Tudején, aunque ésta acabó despoblándose a principios del siglo XIII y el monasterio de Fitero quedó sólo, vigilando esta frontera castellana desde su estratégico y famoso castillo de Tudején. Por lo que, desde principios del siglo XIV, el reino de Navarra intentó apropiarse del extenso territorio del monasterio castellano de Fitero, dando lugar a diversos conflictos, como el de la famosa batalla de Tudela, de 1335, que desembocaron en un largo pleito.
El 3 de Octubre de 1373, el cardenal y legado papal Guy de Boulogne, que en marzo había sido designado como árbitro para dirimir éste y otros conflictos entre los reinos de Castilla y Navarra, sentenció torticeramente que Fitero (cuya villa no vería la luz hasta 1482) pertenecía a este último. Los castellanos recurrieron la injusta sentencia hasta que, cinco meses después de la muerte de Guy de Boulogne y una vez admitida la Sentencia por ambos Reyes quiso D. Carlos [II el Malo] de Navarra tomar posesión de lo que era suyo y para ello otorgó un despacho o Cédula Real (su fecha: Olite a 28 de Abril de 1374) por la cual mandaba a Mosén Rodrigo [de Uriz], duque y señor de Luesia, D. Pedro Álvarez de Rada, alcalde de Tudela, que en su nombre tomasen posesión del Monasterio de Fitero y su Castillo de Tudején, y recibiesen juramento de vasallaje y homenaje del Abad y convento, de los moradores y habitantes en el monasterio, y si fuese necesario, del alcaide que era o sería del Castillo de Tudején.

domingo, 8 de enero de 2012

El desconocido culto a las Ninfas en Baños de Fitero

Es curioso cómo algunas veces el desconocimiento de la geografía local, unido a una alta dosis de imaginación y de cierta desfachatez, lleva a confusiones tan graves como la de suponer que en Baños de Fitero existió un culto romano a las ninfas del que no hay ninguna noticia ni base histórica. Desafortunadamente, tal ocurrencia fue publicada hace más de una década en la prestigiosa revista Príncipe de Viana y eso está provocando que desde entonces se cite en la bibliografía académica el erróneo trabajo del cerverano José Manuel San Baldomero Ucar, titulado Las ninfas de Niencebas. Aproximación hermenéutica a la religiosidad romana del culto a las aguas en los Baños de Fitero, como referencia a un inexistente culto a las ninfas en las termas romanas de Fitero. Con el perjuicio que causa en el progreso del conocimiento de la Historia de Fitero, el vertido de información errónea o simplemente falsa como ésta.
La doble confusión en la que el autor basó su alucinante teoría consistió en suponer, por una parte, que la etimología de la antigua villa de Niencebas (despoblado de Alfaro) -en la que San Raimundo de Fitero fundó el primer asentamiento del primer monasterio cisterciense de la península Ibérica, una vez que esta villa había quedado desierta pocos años antes de 1140 y siendo también dicha villa el origen del apellido toponímico Bienzobas- procedía de Nymphae Aquae. Así como que, por otra parte, la villa de Tudején (despoblado de Fitero) al que pertenecían los Baños de Fitero, conocidos hasta 1973 como Baños de Tudején, también se despobló y, por tanto se convirtió en una villa desierta casi un siglo después de que lo hubiera hecho la de Niencebas, no era otra villa distinta de ésta sino la misma. Todo ello a pesar de que hay restos arqueológicos y documentales que ubican a una enfrente de Baños de Fitero, en la margen derecha del río Alhama, y a la otra en la falda meridional de Yerga y en la margen izquierda del Alhama, separados los núcleos urbanos de ambas por unos 7 kms. en línea recta. Nada de esto fue obstáculo para que San Baldomero identificara, quizá por arte de magia o por simple ignorancia, la villa de Tudején con la de Niencebas y que, de ahí, pasara a relacionar los Baños de Fitero o antiguos Baños de Tudején con los inexistentes Baños de Niencebas o, según él, Baños de las Ninfas del Agua.
Ojalá los historiadores y los interesados en la Historia de Fitero no sigan cayendo en el error provocado por este absurdo trabajo de San Baldomero, carente de toda base y que demuestra un gran desconocimiento de la geografía, historia y arqueología local.

sábado, 26 de noviembre de 2011

La ermita de la Virgen de Olmacedo

 A los pies del Moncayo y a las afueras de Olvega se encuentra la ermita de su Patrona, la Virgen de Olmacedo, que junto con su coto redondo pasaron a pertenecer al Monasterio de Fitero en 1252, siendo consagrada su iglesia el 15 de Mayo de 1269 por el obispo de Tarazona. Estos cistercienses mantuvieron su posesión hasta la Desamortización de 1835, figurando como una basílica entre los bienes que entonces se incluyeron en su inventario, junto con unas tierras contiguas, arrendadas al santero por 16 robos de trigo anuales, que se invierten en la conservación de aquella, tal como publicara Manuel García Sesma.
Mi amigo Ángel Almazán de Gracia publicó que en 1770, el párroco de Olvega afirmaba que la imagen mariana "es venerada con devoción de los pueblos circunvecinos, y en tiempo de calamidades de bastante concurso", así como que en 1865 consta que el Ayuntamiento [de Ólvega] la había reparado "luego que el Gobierno vendió las tierras y dejó abandonada la ermita y la casa (del santero)", tras la citada Desamortización. Además añadió detalles relativos a su romería, que aún se celebra el domingo anterior a la Ascensión, y también acerca de la leyenda que cuenta la milagrosa aparición sobre un olmo centenario de la imagen que hasta entonces parece que debía ser conocida como la Virgen de Calatrava, poco después de que los cistercienses de Fitero hubieran empezado a trasladarla hacia su monasterio, junto con el resto de bienes que tenían en Olvega. Una leyenda muy parecida a la del origen de la Virgen de la Barda, basada también en la tradición impulsada por los monjes de Fitero para relacionar a la Patrona de Fitero y de Olvega con su fundador y el de la Orden Militar de Calatrava.
El retablo del altar mayor data de 1657 y parece que procede del Monasterio de Fitero y, tras la rehabilitación del interior de la ermita que se llevó a cabo en 2006, ya no se conserva en la capilla del Cristo de La Vega los dos cuadros pertenecientes a su retablo barroco en los que figuraban a San Raimundo de Fitero y Diego Velázquez, pues fueron trasladados a las dependencias parroquiales.
No estaría nada mal que en el cuidado y agradable espacio en el que se encuentran la ermita de la Virgen de Olmacedo y la contigua casa del santero, hubiera un panel explicativo en el que se describiera la relación de esta basílica con el antiguo Monasterio de Fitero. Sería una buena forma de potenciar el turismo en ambos lugares a la vez que se podrían recuperar los perdidos vínculos debidos a su común pasado cisterciense.

martes, 11 de octubre de 2011

El segundo intento de la Villa por su independencia

Ya señaló Manuel García Sesma que las guerras con Francia, Inglaterra y Portugal obligaron a la Corona a arbitrar recursos para mantener sus ejércitos y con tal motivo, el Monarca [Felipe IV de Austriadespachó una Cédula al Virrey de Navarra, Conde de Oropesa [Duarte Fernando Álvarez de Toledo], dándole facultad para otorgar cualquier tipo de mercedes a quienes aportaran cantidades de dinero.
De ahí que en los memoriales del antiguo monasterio de Fitero se recoja que, casi un siglo después de que la Villa hubiera intentado emanciparse del monasterio de Fitero, lo volviera a intentar: El año 1643 se hallaba Virrey de Navarra el Conde de Oropesa y Su Majestad se sirvió despacharle una Cédula, en la que le daba facultad para beneficiar cualesquiera gracias. Súpolo la villa de Fitero y luego acudió a Su Excelencia pidiendo 40 robos de tierra de medida de monte, en los que llaman de Cierzo y Argenzón para poder hacer una nueva villa y para facilitar esta gracia ofrecieron servir a Su Majestad con una cantidad considerable. Tuvo el Monasterio noticia de esta pretensión y acudió a Su Excelencia proponiéndole los inconvenientes y perjuicios que se seguían al Monasterio de conceder a la Villa la gracia que solicitaba y presentando los Privilegios y donaciones que el Monasterio tiene de los Señores Reyes de los términos de Turungen y Nienzebas, en cuyos sitios intentaban la Población los de Fitero, y ofreciendo en servicio a Su Majestad 2000 ducados de plata doble, caso no tuviese efecto la pretensión de la Villa y habiendo visto este negocio en el Consejo con asistencia del Señor Fiscal y los Abogados del Monasterio y Villa, sin hacer asunto de la pretensión de la Villa, con consulta del Consejo, el Señor Virrey otorgó en favor del Monasterio un privilegio para que la Villa de Fitero ni otro particular de ella o de fuera pueda hacer edificio ninguno, mayor ni menor, en los montes de Cierzo y Argenzón. Lo dio en Pamplona a 31 de Octubre de 1643 y se Sobrecarteó en Consejo a 3 de Abril del siguiente. Secretario Sebastián OlóndrizY habiéndose notificado el dicho Privilegio a la Villa y Vecinos, juntos en la casa del Concejo, en 24 de Agosto de 1644, pidieron traslado y acudieron a dicho Señor Virrey, presentando agravios, y pidiendo interpretación de dicho Privilegio, y con consulta del Consejo, en 24 de Octubre de 1644, el dicho Virrey dio otro despacho interpretando la merced que había hecho, que no se entendía de los Palomares, Abejeras, Pajares y Corrales, y de este despacho se pidió Sobrecarta por la Villa y se concedió a 23 de Octubre del mismo año, como todo consta por un traslado fehaciente que queda en el Número 3 de este Fajo.
Así acabó el segundo intento fallido de los fiteranos por independizarse del señorío abacial de Fitero pero no la historia de su lucha por su libertad.

domingo, 9 de octubre de 2011

El primer intento de la Villa por su independencia

Tal como recogen las memorias del antiguo monasterio cisterciense de Fitero, de forma algo sesgada, estuvo pues desierto el Monasterio con sólo un Barrio o Cortijo que hasta hoy guarda el mismo nombre, donde vivían los Criados, Pastores y Oficiales hasta el año 1482 en que se comenzó a reedificar la villa de Turungen, llamando el abad Peralta Moradores que viniesen a poblar y dándoles sitios contiguos al Cortijo para que fuesen fabricando casas en que vivir, con carga de un censo pequeño que hoy día pagan.
Pero duró en ellos poco la memoria de este beneficio pues el año 1548, 66 años después de su principio y pocos para haber podido formar lugar, acudieron al Príncipe D. Felipe 2º y obtuvieron de Su Alteza Cédula Real para hacer nueva Población en los montes de Turungen y Nienzebas, que son propios del Monasterio por donaciones reales. Consta de un traslado de dicha cédula que hay en el archivo y en este fajo, otorgada en Valladolid a 21 de Junio de 1548. Opúsose el Monasterio a la Sobrecarta de esta Cédula, que sólo dieron poder para ella 117 vecinos de más de 200 que entonces había, y estándose conociendo sobre la Sobrecarta, a 14 de Agosto de 1550, sacaron Sobrecédula del Sr. Príncipe para que el Consejo informase a Su Alteza de lo que había en este asunto; se otorgó en Valladolid como consta por una copia que también hay en el archivo y está en el fajo 1º, y habiendo alegado el Monasterio de todo lo actuado en esta razón, el Consejo de Navarra informó a Su Majestad de todo lo actuado, con cuya consulta de su Real Consejo de Castilla, víspera de Santiago del año 1563, de ésto Su Majestad [sentenció] No haber lugar a lo que pretendían los Vecinos de Fitero. No.
Así acabó el primer intento fallido de los fiteranos por independizarse del señorío del abad de Fitero pero no la historia de su lucha por su libertad.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Los orígenes de la villa de Fitero

Hay quien piensa que el antiguo monasterio cisterciense de Fitero fue un cenobio que hubo en la villa navarra de Fitero. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad.
Los monjes cistercienses edificaban sus monasterios en lugares despoblados y, una vez concluida su edificación, estos cenobios se convertían en ciudades autosuficientes, en la que sus habitantes hacían una vida volcada hacia el interior. Por tanto, cuando en 1152 San Raimundo de Fitero decidió trasladar la comunidad cisterciense, que presidía en el monasterio provisional que habían construido en la abandonada o desierta villa de Niencebas (despoblado de Alfaro), a la limítrofe villa de Tudején, en el lugar en el que hoy está el casco urbano de Fitero no vivía nadie ya que las casa y calles de Tudején se encontraban en el término fiterano de San Valentin, junto al monte Castillo, cerca del lugar donde el arroyo Añamaza desemboca en el Alhama, casi enfrente de Baños de Fitero.
A principios del siglo XIII, la villa de Tudején quedó deshabitada y aunque los monjes de Fitero intentaron repoblarla en varias ocasiones, no lo consiguieron. De modo que en todos los términos de las antiguas villas castellanas de Niencebas y Tudején solo quedó habitado el monasterio de Fitero, limítrofe entonces con las localidades navarras de Cintruénigo y Corella, las castellanas de Alfaro, Autol, Grávalos y Cervera del Río Alhama, así como la aragonesa de Tarazona
Finalmente, en 1482, el nuevo abad de Fitero, Miguel de Peralta, decidió fundar una villa junto al monasterio y así nació la actual villa del monasterio de Fitero o villa de Fitero. Los interesados en conocer qué pasó en Fitero desde el siglo XII hasta el XV o cómo fue la transición del monasterio a la villa de Fitero, pueden descargarse completa y gratuitamente este libro, por ejemplo.

viernes, 22 de julio de 2011

La bodega riojana del monasterio de Fitero

Hace casi una década tuve la oportunidad de localizar e interpretar correctamente los restos del antiguo lugar de La Noguera (despoblado de la localidad riojana de Tudelilla) en un amplio valle que limita, por el nordeste, con el Villar de Arnedo y, por el sudoeste, con Ocón y con el término de Tudelilla denominado el Torrejón.  Este valle está atravesado por el río Molinar, en cuya margen izquierda y sobre un cerro cercano al riachuelo, todavía son visibles las ruinas del pequeño Monasterio de San Bartolomé. Cenobio que, el 5 de abril de 1148 y tras haber permanecido abandonado durante algún tiempo (no mucho pues esta región de La Rioja Baja fue reconquistada en 1119), se transformó en una granja cisterciense dependiente del monasterio cisterciense de Niencebas (despoblado de Alfaro) y de su abad, San Raimundo de Fitero, como recompensa del emperador Alfonso VII por las buenas gestiones diplomáticas que aquel cisterciense había realizado durante la preparación de la campaña que en 1147 le había facilitado la reconquista de Calatrava y Almería.
En el último cuarto del siglo XV, los cistercienses castellanos del monasterio riojano de San Prudencio del Monte Laturce (Clavijo), sin razón alguna que se sepa, usurparon y reivindicaron la propiedad de la granja de San Bartolomé que el Monasterio de Fitero, ya ubicado en Navarra desde 1374, tenía en La Noguera. Tras un largo pleito de cerca de un siglo de duración, los monjes usurpadores acabaron logrando que así fuera, seguramente tras llegar a un acuerdo económico con el monasterio de Fitero que ya no estaba dispuesto a seguir pleiteando por su legítima posesión. En 1651, esta granja de San Bartolomé de La Noguera tuvo que ser reconstruida y, en 1684, pasó a depender de la parroquia de la nueva villa de Tudelilla, que acababa de independizarse entonces de Arnedo. Finalmente, con la desamortización de 1821 cesó la explotación de esta granja por parte del Monasterio de San Prudencio del Monte Laturce y se transformó en la ermita de San Bartolomé que entonces pasó a manos privadas y que acabó por desaparecer poco después. Aunque, en Tudelilla, todavía existe la cofradía de San Bartolomé que, sin duda, estuvo relacionada con las ruinas de este antiguo monasterio, posterior granja cisterciense y finalmente ermita.
Cuando localicé sus restos, era muy difícil identificar las posibles dependencias de la antigua granja de La Noguera debido al paso del tiempo y por haber sido reutilizadas como corrales para el ganado, tal como amablemente me explicó el que entonces era el alcalde de Tudelilla, Luis Cárdenas Argaiz, ciertamente sorprendido por mi interés en unas ruinas por las que, hasta entonces, no se había interesado nadie. Si bien había unas escaleras que bajaban a una antigua bodega subterránea, que se veía en muy buen estado, pero a la que no se podía acceder por estar cerrado su último tramo por medio de un candado que bloqueaba la verja de entrada. Por lo que decliné la invitación del animoso alcalde que, con la mejor intención por ayudarme, estaba muy interesado en que la investigáramos.
Casualmente, casi dos años después de publicar estas y otras noticias en el libro San Raimundo de Fitero, el monasterio cisterciense de la frontera y la fundación de la Orden Militar de Calatrava, la fundación Dinastía Vivanco anunció en la prensa riojana, en octubre de 2003, que esta bodega promotora del mayor museo del vino del mundo en Briones, lleva a cabo un proyecto de recuperación arqueológica en el cerro de La Noguera, de Tudelilla, donde hace dos años halló los restos de lo que fue una granja medieval adscrita al Monasterio de Fitero y, posteriormente, al de San Prudencio del Monte Laturce,  citando como fuente a María Pilar Sáenz Preciado, arqueóloga del proyecto, y añadiendo que el fin último es el acondicionamiento de la zona para uso turístico-cultural, como yacimiento arqueológico o museo de sitio. "La idea es hacer un pequeño museo, con algunas piezas añadidas traídas de Briones y enseñar al visitante como se elaboraba entonces el vino", así como que se trata de unos restos de extraordinario valor, dada su antigüedad y vinculación con los monjes cistercienses, auténticos impulsores de la plantación de viñedo en España a partir de la Edad Media.

martes, 19 de julio de 2011

La Oliva y Veruela, filiales del monasterio de Fitero

En mayo de 1145 seguían las disputas por definir la nueva frontera entre los recién escindidos reinos de Pamplona y Aragón, así como la de ambos con el imperio leonés, cuya posición oriental más avanzada se encontraba entonces en Tudején (despoblado de Fitero). En este contexto se enmarcan las negociaciones que entonces reemprendió el futuro rey de Castilla, Sancho III el Deseado, hijo de Alfonso VII el Emperador, para poder retomar sus campañas de reconquista en al-Andalus, con su tío Raymond Berenguer IV el Santo, conde de Barcelona y regente en Aragón, a quien también le interesaba emprender su propia campaña contra los musulmanes, una vez asegurada su frontera occidental con Pamplona.
Así se fraguó una nueva y efímera tregua entre los reinos de Pamplona y Aragón, en cuya gestión desempeñó un papel importante San Raimundo de Fitero y su fronterizo y estratégico monasterio cisterciense de Niencebas (despoblado de Alfaro), ya que, el 27 de mayo de 1145, pocos días después de que se firmasen estas paces, es cuando el futuro abad fiterano recibió en agradecimiento la donación de los fronterizos y estratégicos lugares en los que fundó las granjas cistercienses de La Oliva (Carcastillo) y de Veruela (Vera de Moncayo), en ambas márgenes del río Ebro.
Las granjas de La Oliva y Veruela continuaron su desarrollo hasta que, en septiembre de 1150, San Raimundo obtuvo la necesaria aprobación del Capítulo General de la Orden de Cister, en Borgoña, para que ambas se pudieran independizar y transformar en sendos monasterios afiliados a esta orden monástica a través del monasterio de Niencebas, por medio de los cuales se articulaba la frontera de los reinos de Castilla, Pamplona y Aragón bajo la supervisión arbitral de los cistercienses.
La Oliva y Veruela siguieron siendo monasterios dependientes de San Raimundo mientras éste también estuvo al frente del primer monasterio de Fitero, esto es hasta que su aventura en Calatrava, para cuya defensa organizó una milicia cisterciense que acabó dando lugar a la Orden Militar de Calatrava, propició la invasión turiasonense del monasterio de Fitero, la expulsión de sus monjes y la llegada de una segunda comunidad monástica, que como la primera también procedía del monasterio cisterciense de l'Escaladieu (Bonnemazon, Hautes-Pyrénées), a cuyo frente estuvo el que fue el segundo abad fiterano, Guillaume, desde 1160. Año en el que Capítulo General de esta orden debió aprobar la refundación cisterciense del monasterio de Fitero, que ahora se encontraba en la diócesis de Tarazona, mientas San Raimundo y el obispo de Calahorra reclamaban sus derechos ante el Papa. Con la salvedad de que las antiguas filiales de La Oliva y Veruela pasaban a depender directamente de la casa madre de Fitero: l'Escaladieu, en vez de seguir haciéndolo a través del monasterio que había fundado San Raimundo en el valle del Alhama.

domingo, 10 de julio de 2011

El Códice Calixtino y sus posibles orígenes

Manuel Cecilio Díaz Díaz señaló que el Liber Sancti Iacobi (LSI) o Libro de Santiago, cuya versión más completa se conoce como Códice Calixtino, una obra maestra de las más originales y difundidas de la Edad Media, parece ser el resultado de un proyecto acaso concebido por Diego Gelmírez desde antes de 1120, cuando pasó a ser el primer arzobispo de la sede gallega de Santiago de Compostela. Año en el que el Papa Calixto II (Guy de Borgoña, tío paterno del futuro Alfonso Raimúndez VII el Emperador) le concedió esta dignidad a su diócesis, siendo encargada su confección, con gran probabilidad, a algún canónigo francés, acaso de formación monástica, que estuvo relacionado de alguna forma con Santiago de Compostela. También parece indiscutible que la acumulación de materiales para su confección debió iniciarse hacia 1130 y que no fue rematada, con toda seguridad, antes de 1145, año en el que falleció el patriarca Guillermo I de Malinas, en Jerusalén, destinatario junto con el propio Gelmírez (fallecido en 1140) de la Epístola introductoria, atribuida a Calixto II. Siendo probable que la composición final del recién robado Códice Calixtino fuera realizada en Santiago de Compostela y que date de la década de 1140 o, con mayor probabilidad, de la de 1150. Época que coincide con la de la llegada de los cistercienses, Orden monástica de origen borgoñón, a la Península Ibérica, concretamente a Fitero (Niencebas-Castellón).
La colección de textos jacobeos recogidos en el LSI está distribuida en cinco libros independientes en su temática pero conectados a través de su intención jacobea. El Libro I, que es con mucho el más extenso pues ocupa bastante más de la mitad de la obra, contiene todo lo relacionado con el culto de Santiago en su Catedral. El Libro II es el que contiene una recopilación de 22 Milagros del santo apóstol, atribuidos a diversos autores y localizados en todas partes de la ecúmene. El Libro III recoge dos textos que tratan acerca de la Traslación del cuerpo del Apóstol Santiago, desde Jerusalén a España, algunas celebraciones litúrgicas y otros asuntos menores. El Libro IV relata la fantasiosa Historia de Turpín, arzobispo de Reims, y, por último, el Libro V comprende la descripción pormenorizada de la ruta de peregrinación conocida como el Camino Francés, con una visión muy particular y en muchos casos despectiva de los pueblos ibéricos que atravesaba el camino, reflejada en gran cantidad de detalles anecdóticos, descripciones de pueblos, avisos de peligros, etc.; con una segunda parte dedicada a la catedral de Santiago. Todo el contenido de este magnífico códice es de gran importancia porque proporciona gran información sobre los distintos aspectos que trata, destacando la trascendencia que para la Cristiandad atribuye al descubrimiento de la tumba del santo apóstol y dando a conocer la universalidad de la peregrinación y sus costumbres, a la vez que describe a Compostela como gran centro de milagros europeo. Siendo considerado este códice, además, como la primera guía turística de la historia de EuropaPor ello no es de extrañar que, aunque la villa de Fitero no figure en la ruta del camino francés de Santiago, sus destacados antecedentes históricos sí que estén relacionados con la vía compostelana desde el siglo XII, por ser Tudején (despoblado de Fitero) la única referencia de toda España que, junto con otras dos localidades de Francia, al parecer, habría seleccionado y citado el Papa Calixto II en su sermón acerca de cómo debía respetarse y celebrarse dignamente la festividad del apóstol Santiago. Tal y como figura en el primer libro del Códice Calixtino, concretamente, en su capítulo II, donde se dice explícitamente:
He aquí prodigios memorables que acontecieron en otros tiempos a los que no celebraron las fiestas de Santiago, por obra de la venganza divina. En España, en Tudeliono (Tudején), cierto labrador estuvo majando trigo en la era todo el día de Santiago. Al atardecer se metió en un baño que está junto al Castillo y es sabido que es una antigua y admirable obra de moros. Y al sentarse en él, en seguida la piel de la espalda, desde los hombros a las piernas, se le pegó a las paredes del baño [Baños de Fitero] y a la vista de todos exhaló su espíritu, por haber transgredido festividad tan grande. Esto fue realizado por el Señor y es admirable a nuestro ver”.
José María Anguita Jaen dijo que del análisis de los datos que crean el contexto en que se realiza este milagro, nos quedamos con la verosimilitud de los mismos: la existencia de un castillo y de unos baños, que seguramente eran de fábrica arábiga. Da la impresión de que nuestro autor  [el del LSI, se entiende] conoció Tudején de primera mano, o al menos de fuentes bien informadas. El “como es bien sabido” nos remite a alguien que conoció la zona, o que estaba al tanto de las andanzas de Alfonso el Emperador, añadiendo que este ejemplo no le venía del todo bien para su estudio sobre la presencia navarra en el LSI ya que, en aquella época, el castillo de Tudején no era navarro, de ahí que el autor del LSI lo situara apud yspanos, lo que demostraría que el autor conocía la sujeción del castillo por parte del rey de León, y que fuera escrito después de la muerte del rey aragonés Alfonso Sánchez I el Batallador. A este dato se puede añadir el que se deduce de que se cite un balneum, quod iusta castrum idem miro opera Sarracenico antiquo constat ese factum” pues esto sería consistente con que el autor del LSI hubiera estado en la biblioteca del monasterio de Fitero y hubiera visto, entre sus documentos más antiguos, el del famoso acuerdo de 1073, entre los reyes de Pamplona y Zaragoza, acerca del fronterizo castillo cristiano de Caparroso y el musulmán de Tudején, respectivamente, que también dio lugar a la leyenda fiterana de La Cueva de La Mora, que escribió Gustavo Adolfo Bécquer en Baños de Fitero.
Quizá el conocimiento del autor de este relato del LSI acerca de Tudején y de sus termas de orígen romano, no sólo se deba a su glorioso pasado sino que esté relacionado con la vinculación de los cistercienses que fundaron el monasterio de Fitero con la casa de Borgoña, con la que estaban emparentados tanto Alfonso VII como el Papa Calixto II, y con el lugar escogido por aquellos para fundar su primer cenobio en la Península Ibérica, controlando el paso del valle del Ebro a la meseta del Duero que, por su valor estratégico había sido donado por Alfonso I al obispo Gelmírez de Santiago de Compostela. Por lo que es posible que todos estos datos inconexos junto con otros que se puedan aportar más adelante, arrojen luz no sólo sobre quién, dónde y por qué fue escrito el Códice Calixtino, sino también por qué San Raimundo de Fitero, bajo el patrocinio de Alfonso VII, fundó su monasterio precisamente en Fitero y de cuáles fueron las conexiones que pudieron existir entre un espíritu que dio lugar a la fundación de la Orden Militar de Calatrava, para defender a la Cristiandad, con el hecho de que el monasterio del que surgió esta milicia estuviera en un lugar vinculado con Santiago y con la espiritualidad cristiana de la Europa que caminaba por el Camino de Santiago.

domingo, 3 de julio de 2011

El asesinato de la romería de Yerga

Hasta principios de este siglo, en que demostré que el primer monasterio cisterciense de la península Ibérica fue fundado en Niencebas (despoblado de Alfaro), en la falda meridional del monte Yerga, y que, cerca de la cima de éste, el monasterio de Fitero lo que tuvo fue sólo una pequeña granja o priorato, estuvo vigente en la memoria colectiva la mítica leyenda, que se había creado en el siglo XVII, acerca de que antes de asentarse en Niencebas, los cistercienses de Fitero habían estado en dicha granja de Yerga. De hecho, uno de los mejores trabajos realizados acerca de los orígenes del monasterio de Fitero, de la Orden Militar de Calatrava y del fundador de ambos, San Raimundo de Fitero, fue el de las Memorias del Monasterio de Fitero que escribió en 1770 el cisterciense Manuel Calatayud y Amasa, natural de Fuenterrabía (Guipúzcoa), que fue abad de Fitero en dos cuatrienios, el de 1736 y 1740 así como en el de 1752 y 1756.
Manuel Calatayud realizó una detallada descripción de cómo estaba entonces el lugar en el que se encontraba esta mítica fundación cisterciense de Yerga: El sitio que mereció recibir las primacías de los cistercienses, se halla en un pequeño monte, que se llama Yerga. Su figura es casi redonda y su mayor diámetro pasa de una legua de cuatro mil pasos geométricos, en la cima, y frecuentes pero muy angostos valles que (cría digo) forma, [en los que] se crían muchos árboles de diferentes especies y gran copia de arbustos, de los cuales hay algunos que producen bellotas. La iglesia y casa está situada en la mitad o medio de la cuesta que mira al occidente, a poca distancia se hallan dos fuentes, la una al septentrión de la casa, distante de ella como 150 pasos comunes. La otra a mediodía, que tendrá como 50 pasos de distancia. Muy cerca de esta fuente hay dos nogales, el uno de ellos muy grande y hermoso. Creo que vendrían otros muchos árboles de esta especie si se plantasen. Un poco más debajo de la misma fuente, hay un reducido huerto, porque lo angosto y quebrado del valle o barranco, no permite más. En él se crían avellanos y algunos otros árboles frutales y excelente hortaliza. Tiene, el monte, abundantes pastos para ganado mayor y menor, y tierras laborables en las laderas y cuestas, que se cultivan y que rinden trigo limpio y de buena calidad. De estas tierras algunas son del monasterio de Fitero, que tiene, también, su era para trillar. Las demás, en mucho mayor número, son de los lugares convecinos. Estos lugares son Grávalos y Autol. El primero está al austro o mediodía de la iglesia de Yerga, con una legua de distancia. Autol dista dos leguas de la misma iglesia, entre el occidente y septentrión.
Manuel García Sesma publicó que en memoria de tal fundación y en honor de la Patrona de la basílica, Nuestra Señora de Yerga, los pueblos circunvecinos hacían todos los años una romería hasta ella: costumbre que duró hasta finales del primer tercio del siglo XIX y que, seguramente, habría comenzado en el siglo XVII o, como mucho, en el anterior. Añadiendo Manuel García que debía haber decaído ya bastante, a juzgar por una licencia concedida a los corellanos por el Obispo de Tarazona, el 18-VI-1813. Era para celebrar dos misas en la ermita del Villar, pagando 10 reales y 1 libra de cera, en lugar de ir a Yerga, que estaba a 3 horas de camino. Alegaban los peticionarios que esta larga distancia, unida a las muchas discordias y a la Guerra contra Napoleón [I Bonaparte], habían enfriado la devoción de los corellanos.
En efecto, el alegato de las discordias era cierto, pues dichas peregrinaciones fueron, en más de una ocasión, motivo de riñas, de tumultos y hasta de crímenes. En el Libro I de Difuntos de la Parroquia de Fitero, nos tropezamos casualmente con esta trágica partida: "Joseph de Cuenca murió el 7 de junio de 1628, de una puñalada que le dieron en la procesión de Nuestra Señora de Yerga y fue enterrado en Nuestra Señora de Yerga, entre el altar de Nuestra Señora de la Soledad y la Reja".
Con todo, los fiteranos devotos, continuaron haciendo esta romería más de medio siglo, después de la expulsión de los monjes en 1835. Al ocurrir ésta, el Monasterio poseía todavía "en la Basílica de la Virgen, con 5 yugadas de tierra y 2 piezas pequeñas, arrendadas unas y otras por 10 robos de trigo anuales".

domingo, 12 de junio de 2011

Los fundadores del monasterio de Fitero

La fundación de un monasterio medieval requería la participación de tres partes principales: los monjes que iban a formar la nueva comunidad que se regiría por una determinada Regla o forma de vida, el obispo de la diócesis en la que se fundaba el monasterio y el patrocinador que promovía y que, en buena medida, sufragaba los gastos de esta fundación.
Hasta hace no muchos años venían prevaleciendo las leyendas sobre los datos aportados por la documentación que se conserva acerca de los primeros años de vida del monasterio de Fitero, lo que dificultaba enormemente su estudio. Afortunadamente, poco a poco se ha venido arrojando luz acerca de este oscuro proceso y ya no cabe duda de que la sede provisional del primer monasterio cisterciense de la península Ibérica estuvo ubicado en la ya entonces despoblada villa castellana de Niencebas (despoblado de Alfaro limítrofe con Corella, ubicado en el valle por el que discurre el arroyo de la Fuente de los Cantares, en las cercanías de las ruinas de la Venta del Pillo, entre aquella y el cabezo de Morterete), en la falda meridional del monte Yerga, en Octubre de 1140.
El fundador y también su primer abad fue Raymond, natural de Saint Gaudens (Haute-Garonne, Midi-Pyrénées) y que acabó siendo conocido como San Raimundo de Fitero, patrón de esta villa navarra, quien cruzó los Pirineos al frente de una comunidad procedente del monasterio cisterciense de l’Escaladieu o Scalæ Dei (Bonnemazon, Hautes-Pyrénées), que entonces se encontraba en su sede original de Cabadur (Gripp, Campan, Hautes-Pyrénées). El promotor y patrocinador fue el rey de Castilla y León, Alfonso Raimúndez, más conocido como Alfonso VII el Emperador, con el objeto de que esta comunidad cisterciense desempeñara una labor similar a la que en nuestros días realizan los Cascos Azules de la organización internacional de las Naciones Unidas, en lo que entonces era la incipiente frontera de Castilla con los recién escindidos reinos de Pamplona y Aragón. Finalmente, añadir que la diócesis en la que se instaló este primer monasterio cisterciense ibérico fue en la de la sede episcopal de Calahorra, bajo la mitra del obispo Sancho de Funes.
La localización inicial del Monasterio de Fitero, tanto desde el punto de vista político como religioso, nada tiene que ver con su ubicación actual: Comunidad Foral de Navarra y Arzobispado de Pamplona y Tudela o con la previa del reino de Navarra y Tarazona. Lo que quizá ayuda a explicar el por qué los orígenes del Monasterio de Fitero ahora no ineteresan casi nada a los navarros, por hallarse en La Rioja, ni tampoco a los riojanos, por tratarse de un monasterio que, en 1374, pasó a depender del rey de Navarra y tampoco lo sienten como algo suyo. Como se suele decir: Unos por otros, la casa sin barrer.

jueves, 5 de mayo de 2011

El Espinaz de Can

El territorio que, entre 1168 y 1835, correspondió al coto redondo o término del antiguo monasterio cisterciense de Fitero, daba comienzo y ponía fin a su amojonamiento en la gravaleña cima de La Torrecilla, que hoy sirve de mojón entre las localidades riojanas de Grávalos y Cervera del Río Alhama.
El siguiente hito fiterano era el Espinaz de Can, llamado así porque la forma de las puntiagudas rocas que hay en la cima de su monte hacían que éste pareciera un can o perro dormido cuyo espinazo o columna vertebral lo marcaran dichas rocas, como aún puede observarse, especialmente si se hace desde el barranco en el que nace la alfareña Fuente de los Cantares. Aunque el topónimo ya no se conserva como Espinaz de Can, se sigue denominando como Peñas del Can en la toponimia correspondiente al término municipal de Cervera del Río Alhama, en un lugar que esta muy cerca del que ahora es también su límite nororiental con Grávalos, que discurre paralelo al barranco y arroyo de Valdeladrones así como a la carretera local LR-385, y también cerca del fronterizo monte de La Torrecilla y que, como la cima de éste, en las estribaciones suroccidentales del monte Yerga, hace que la suya también sea una cumbre fácilmente reconocible desde la distancia. A partir de aquí, el amojonamiento cisterciense giraba en dirección sureste y se dirigía hasta el desagüe de los baños de Tudején (despoblado de Fitero), que ahora forman parte del balneario Virrey Palafox, de Baños de Fitero, en el fronterizo barranco de la Cañueca o del Agua Caliente por el que desemboca en la margen izquierda del río Alhama.
Las vistas existentes desde el curioso Espinaz de Can hacen que valga la pena subir a la cima de las Peñas del Can, pues desde ella se divisa tanto un paisaje parecido al que se veía desde La Torrecilla, aunque, debido a su posición, se amplia la vista hacia oriente, tanto hacia el alfareño barranco de la Fuente de los Cantares, en el que se encuentran la Venta del Pillo así como el lugar en el que estuvo la primera sede del monasterio de Fitero: Niencebas (despoblado de Alfaro) y las ruinas romanas y prerromanas de sus alrededores, como hacia Baños de Fitero y el propio valle del Alhama.

domingo, 17 de abril de 2011

La Serna del Emperador o de Cervera del Río Alhama

La etimología de la palabra Serna delata su origen prerromano, concretamente celta, y hace referencia a un campo que se labraba aparte. Parece ser que así se designaba a un espacio agrario situado en el extremo o a las afueras de la población y cuyo uso original debió ser comunal. Lo que explica su amplia extensión, en oposición a la de los pequeños minifundios de carácter particular, y que, durante la Reconquista, su propiedad acabara estando destinada al señor principal a cargo de la correspondiente campaña militar que logró revertir este territorio bajo el dominio cristiano. A lo que hay que añadir que sus amplios límites no suelen estar referidos a otras sernas o a las propiedades de otros particulares sino que las sernas están delimitadas por accidentes naturales, como montes o ríos, o por el trazado de construcciones como las de los caminos o acequias.
Nos ha quedado constancia de la serna que, en la Edad Media y tras la reconquista del valle del Alhama por parte del rey de Aragón y Pamplona, Alfonso I el Batallador, en 1119, hubo en Cervera del Río Alhama, aunque no se sabe si existía con anterioridad a éste. Este serna estuvo ubicada en la margen izquierda de este río, entre su arenal y las faldas de los monte, aguas arriba del barranco al que desaguan las aguas termales de los Baños de Fitero, entonces conocidos como baños de Tudején (despoblado de Fitero), y aguas abajo de la desembocadura del río Linares en el Alhama. Esto es, la parte de terreno que entonces era cultivable en dicha región en la que ahora, por cierto, también se encuentra el barrio cerverano de la Venta del Baño al que pertenece el término que aún se conoce como la Serna, entre la carretera local LR-285 y la orilla izquierda del Alhama, tal como consta en un mapa de principios del siglo XVII en el que se describen los términos del Monasterio de Fitero.
Tras la muerte del citado rey aragonés, Cervera y Tudején se mantuvieron en manos aragonesas, pasando después ambas a las del rey de Castilla, Alfonso VII el Emperador, siendo éste quien, en 1146, en compañía de su esposa Berenguela, se reunió en su castro de Tudején con su yerno, García Ramírez IV el Restaurador del reino de Pamplona, para que éste hicieran las paces con el cuñado del emperador, el conde de Barcelona, Raymond Berenguer IV el Santo, y que así los dos parientes le ayudaran a reconquistar Calatrava y Almería al año siguiente. Entonces, concretamente el 15 de octubre de 1146, fue cuando también Alfonso VII se acercó al monasterio cisterciense de Niencebas (despoblado de Alfaro) y allí le donó la serna que poseía en Cervera, población que ya había pasado a estar en los dominios de Castilla, a su abad Raymond, que pocos años después acabó siendo conocido como San Raimundo de Fitero.
En 1374 y tras un largo litigio, el rey de Navarra tomó posesión del Monasterio de Fitero y así los términos del coto redondo de este cenobio pasaron a estar divididos entre los que permanecieron en el reino de Castilla, entre los que quedó la Serna del Emperador, y los que a partir de entonces pasaron a formar parte de Navarra y que acabaron dando lugar al actual término municipal de Fitero. Tras la desamortización de 1835 y la consecuente exclaustración definitiva de los cistercienses de Fitero, la Serna del Emperador siguió perteneciendo a Cervera del Río Alhama, concretamente al actual barrio cerverano de la Venta del Baño. Constando en el inventario de esta desamortización que, desde el 21 de marzo de 1815, el Monasterio de Fitero había dado a los vecinos de Cervera, José Zapatero y Manuel Moreno, a censo enfitéutico mancomunadamente las tierras de la Serna y que éstos no habían hecho ninguno de los pagos pendientes desde entonces.

sábado, 9 de abril de 2011

El origen del nombre de Fitero

La palabra Fitero significa hito o mojón y su etimología procede del latín vulgar fictu que, a su vez, tiene su origen en la palabra latina fixum, que quiere decir fijo o fijado y que es precisamente la función que tienen los mojones como elementos delimitadores de una frontera o término. Sin embargo, no es esta función la que dio el nombre a la villa navarra de Fitero ya que ésta, al ser fundada por el abad cisterciense fray Martín de Peralta, en 1482, lo heredó del sobrenombre que varios siglos antes había adoptado el monasterio cisterciense que fundó San Raimundo en la margen izquierda del río Alhama. Así que para conocer los orígenes del nombre de la villa de Fitero hay que remontarse a los del nombre del monasterio de Fitero.
En 1140, fray Raymond, al frente de la comunidad monástica con la que vino de allende los Pirineos, se instaló provisionalmente cerca de las ruinas de la villa castellana de Niencebas (despoblado de Alfaro, limítrofe con Fitero), que se había quedado desierta recientemente. Poco después, Raymond empezó a adquirir terrenos en la limítrofe villa castellana de Tudején (despoblado de Fitero), en el lugar denominado entonces como Castellón (Barrio Bajo de la actual villa de Fitero) y al que su comunidad se trasladó en 1152. Así Raymond comenzó a dejar de ser citado como abad de Niencebas, para empezar a ser conocido como abad del Monasterio de Castellón.
En octubre de 1146, Alfonso VII el Emperador vino a su castro de Tudején para entrevistarse con su yerno, García Ramírez IV el Restaurador del reino de Pamplona, con objeto de convencerle de que cesara la guerra que éste mantenía con el conde Barcelona, Raymond Berenguer IV el Santo, que era cuñado del rey castellano, por la herencia del reino de Aragón y Pamplona, que ambos se disputaban desde la muerte de Alfonso I el Batallador, acaecida en 1134. El emperador además de buscar la paz entre sus vasallos y vecinos, buscaba el apoyo de ambos parientes para emprender la reconquista de Almería, cosa que efectivamente hizo en 1147. Seguramente, fue entonces, en aquél mes de octubre de 1146, cuando Alfonso VII fijó el mojón de Castilla con Pamplona y Aragón en el actual cabezo fiterano de Pañetero o Peña de Fitero, donde se juntaban los términos de Tudején, Cintruénigo y Tarazona. Lo que concuerda conque sea precisamente el año 1147, en el que por primera vez consta la adquisición, por parte del abad Raymond, de un terreno ubicado en el término de Fitero.
Este Fitero, trifinium o Mojón de los Tres Reyes fue trasladado en 1168 a su actual ubicación, señalada en el hito con forma de prisma triangular que hay en el arcén de la carretera nacional N-113, donde ahora se juntan las Comunidades Autónomas de La Rioja, Navarra y Aragón (aunque todavía constan las provincias de Logroño, Navarra y Zaragoza), con motivo de la dotación del coto redondo que hizo el rey de Castilla, Alfonso VIII el Bueno, a su Monasterio de Fitero a partir de los términos de las villas de Tudején y de Niencebas, verdadero antecedente del actual término municipal de Fitero. Confirmándose, también ese mismo año de 1168, el nuevo y definitivo nombre que había venido adquiriendo el monasterio fundado por Raymond como el Monasterio de Fitero o de la frontera. Nombre con el que, poco a poco, había comenzado a ser denominado, en detrimento de sus apelativos previos de Monasterio de Castellón y de Niencebas, que acabaron siendo olvidados.
Por cierto, el nombre de la villa navarra de Fitero nada tiene que ver con el de la homónima villa que existía a orillas del río Pisuerga, desde el siglo X, que fue hito o mojón entre los reinos de León y Castilla, y que acabó dando lugar a las localidades fronterizas de Itero de la Vega (Palencia) e Itero del Castillo (Burgos), que están unidas por el famoso y simbólico Puente Fitero del Camino de Santiago. Siendo a aquella villa de Fitero del Río Pisuerga, que ya existía mucho antes de que Raymond y sus compañeros cistercienses acabaran asentándose en la también villa castellana de Tudején, cuando aún no se había fijado el Fitero de Castilla con Pamplona y Aragón, a la que se hace referencia en el famoso cantar castellano: Harto era Castilla / menguado rincón / cuando Amaya era corte / y Fitero el mojón.
No estaría nada mal que las autoridades de los tres ayuntamientos limítrofes, en colaboración con las de las tres autonomías a las que pertenece cada uno de ellos, se decidieran a recuperar este espacio, dotándolo de una infraestructura en la que podría haber una zona de descanso y de recreo, además de un panel informativo. De modo que pueda volver a convertirse en un rincón de interés turístico y cultural, como lo fue en el pasado, antes de que fuera asfaltada la actual carretera N-113, cuando junto al hito había un monumento que distinguía su ubicación. Ya que ahora, dada su inalcanzable situación para los transeuntes y las dificultades existentes para poder aparcar en sus inmediaciones, hace que difícilmente lleguen a fijarse en el extraordinario Mojón de los Tres Reyes los conductores que pasan junto a él, en sus vehículos, y menos aún a darse cuenta de su significado.

viernes, 8 de abril de 2011

La conexión de Fitero y Borgoña: el Cister

En 1098, el monje benedictino Robert abandonó el Monasterio cluniacense de Molesmes (Borgoña) que había fundado en 1075, en compañía de otros 21 monjes, entre los que destacaban el prior Alberic y Etienne Harding, para fundar un nuevo monasterio en el que vivir de una forma más pura o con una estricta observancia de lo estipulado en la Regla de San Benito de Nursia. Así se fundó el Monasterio de Cîteaux o de Cister (Saint Nicolas les Cîteaux, Cöte dOr, Francia), en el ducado de Borgoña.
San Roberto de Molesmes regresó a éste monasterio en 1099 y San Alberico le sucedió al frente de Cister, consiguiendo la dependencia del Papa. Tras la muerte de Alberic, en 1108, fue reemplazado al frente de la comunidad monástica por Etienne Harding, posteriormente conocido como San Esteban, y durante su abadiazgo estuvieron a punto de abandonar este proyecto religioso y desaparecer. Así parece que habría sido de no ser porque, en 1113, ingresó Bernard de Fontaine con varios familiares y amigos de la nobleza borgoñona que ayudaron a la revitalización de Cister. Ese mismo año comenzó la expansión por el ducado de Borgoña con la fundación del Monasterio de La Ferté en Grosne (St. Ambreuil, Saône et Loire) y, en 1114, la del Monasterio de Pontigny (Yonne). En 1115 los cistercienses cruzaron la frontera del vecino condado de Champagne, donde fundaron el Monasterio de Morimond (Fresnoy en Bassigny, Haute-Marne) y también el de Clairvaux (Ville-sous-Laferté, Aube) o de Claraval, que es también el sobrenombre por el que se conoce a su fundador y primer abad, el citado santo Bernardo de Claraval. A su vez, cada uno de estos cuatro monasterios se convirtió en una Casa Madre y junto con la de todos ellos, Cister, comenzaron a fundar sus propias filiales por toda Europa.
Uno de los casi 30 monasterios filiales que Morimond fundó a lo largo de su historia, fue el que estos cistercienses consagraron en 1131, en la vertiente francesa de los Pirineos. Concretamente en Cabadur (Gripp, Hautes-Pyrénées), en el condado de Bigorra. Aunque, en 1148, esta comunidad se trasladó a su ubicación definitiva, renombrando su monasterio como l’Escaladieu (Bonnemazon, Hautes-Pyrénées), estando ambos lugares muy cerca de Saint Gaudens (Haute-Garonne), de donde era natural Raymond. El cual, tras haber profesado como monje en Cabadur, cruzó los Pirineos al frente de otros doce cistercienses para fundar el monasterio de Niencebas (despoblado de Alfaro), en 1140, que acabó trasladándose a su ubicación definitiva de Fitero, en 1152. Dando así este sobrenombre tanto al primer monasterio cisterciense de la Península Ibérica, como a su primer abad y fundador: San Raimundo de Fitero, que también fue el fundador de la Orden Militar de Calatrava.
Largo trayecto el que recorrieron estos monjes para llegar desde el antiguo ducado de Borgoña hasta Fitero, a mediados del siglo XII. Recorrido que entusiasmó a mi amigo José María Yanguas Garraleta, más conocido como "Chema", con el que disfruté muy buenos ratos y, especialmente, cuando le ayudé a preparar la excursión que realizó con su moto, en 2004, por éstas y otras rutas cistercienses, pocos meses antes de fallecer de manera absolutamente inesperada. Aún recuerdo su emocionante llamada telefónica de aquella tarde del sábado 22 de mayo, cuando yo iba conduciendo, camino de Logroño, para disfrutar en el teatro Bretón del magnífico concierto que entonces ofreció María Bayo, justo después de que acabara de caer una tremenda pedregada entre Alfaro y Rincón de Soto. Chema me llamó desde Morimond, a dónde acababa de llegar, y fue lo primero que hizo, para decirme: “Está atardeciendo y la puesta de Sol aquí es preciosa. No sabes lo feliz que me siento a las puertas de este monasterio, tan importante para los fiteranos. Aunque ya no quedan restos de la época de San Raimundo, da igual. Pues me parece sentir la presencia de los abades que se reunieron aquí, en Capítulo General, en 1158, y decidieron defenestrar a nuestro Patrón, expulsando del Cister al Monasterio de Fitero y a la Orden de Calatrava”. Qué buena persona era Chema y ¡qué buen fiterano! Aún recuerdo su sonrisa perenne y su continua intención de agradar y de hacer el bien a todo el mundo. Ojalá sirvan estas líneas como un humilde homenaje en recuerdo de Chema.

jueves, 24 de marzo de 2011

Cinco fechas para recordar, en la Historia de la Villa

Lo más conocido de Fitero es su antiguo Monasterio cisterciense y los Baños de Fitero. De ahí que no sea extraño que se suela mezclar y confundir la historia del Monasterio con la de la villa y eso haga que ésta no acabe de encontrar su propia identidad. Quizá sea hora de ir sentando las bases de una Historia de la Villa de Fitero y, para ello, nada mejor que empezar por seleccionar cinco fechas para recordar: 1157, 1168, 1374, 1482 y 1835.
1157 es el año en el que San Raimundo de Fitero fue nombrado señor del castro de Tudején, por el futuro rey de Castilla, Sancho III el Deseado, con permiso de su padre, Alfonso VII el Emperador. En 1140, Raymond, junto con otros doce monjes cistercienses, vino de allende los Pirineos para instalarse provisionalmente en la villa desierta de Niencebas (despoblado ubicado en Alfaro), mientras construían el Monasterio de Castellón. Llamado así por ser el nombre del término de la villa castellana de Tudején, en la que se instalaron en 1152. Muy cerca del lugar donde estaba la frontera o el Fitero de Tudején con el pueblo pamplonés de Cintruénigo y la ciudad aragonesa de Tarazona. De ahí que esta circunstancia acabara dándole el nombre definitivo al Monasterio cisterciense y a su fundador y primer abad: San Raimundo de Fitero, con lo que el nombre de Fitero entró en la Historia.
1168 es el año en el que el rey de Castilla, Alfonso VIII el Bueno, dotó a su Monasterio de Fitero del coto redondo o término que, tras diversas reducciones territoriales acaecidas a lo largo de la Historia, acabó dando lugar al territorio correspondiente al actual término municipal de la villa de Fitero. En una época en la que ésta no existía y era el Monasterio de Fitero el que estaba ubicado dentro del territorio de la villa castellana de Tudején (despoblado ubicado cerca de Baños de Fitero, aunque en la margen derecha del río Alhama, que los cistercienses intentaron repoblar sin éxito desde principios del siglo XIII).
1374 es el año en el que el reino de Navarra, tras una larga disputa de más de dos siglos, se hizo con la posesión del Monasterio castellano de Fitero y su estratégico castillo de Tudején. No así la villa de Fitero pues ésta aún tardaría más de un siglo en surgir.
1482 es el año en el que fray Miguel de Peralta, poco después de ser nombrado abad de Fitero, tuvo éxito al hacer valer el derecho del Monasterio para repoblar su antigua villa de Tudején, haciéndolo en las propias dependencias del cortijo del cenobio. En vez de hacerlo a poco más de media milla al oeste, que es donde están las ruinas del castillo y de la villa de Tudején, así como de la iglesia parroquial de San Valentín. Naciendo así la villa de Fitero, como una villa perteneciente al señorío abacial del que tomó su nombre.
1835 es el año en el que definitivamente fueron exclaustrados los cistercienses que hubo en Fitero, como consecuencia de la famosa Desamortización de Mendizábal. Concretamente, el 21 de Diciembre fue el día en el que los últimos monjes abandonaron las dependencias del Monasterio y éste dejó de existir, pasando sus propiedades a formar parte de la Parroquia, del Ayuntamiento y, sobre todo, de unos pocos y avispados potentados que supieron sacar provecho de la ocasión, adquiriendo a muy buen precio la mayoría de las fincas rústicas y urbanas que había pertenecido al desaparecido Monasterio de Fitero.
A partir de esta fecha, la Historia de la villa de Fitero cambió radicalmente y comenzó a asemejarse a la de otras poblaciones vecinas. De ahí que vaya siendo hora de que los fiteranos empecemos a conocer y a asumir la Historia de la Villa, sabiendo distinguirla de la del Monasterio que la fundó.

jueves, 24 de febrero de 2011

Excursión de Corella a Yerga, donde está el monasterio que nunca existió

El pasado domingo nos hizo un día precioso, muy soleado y con un cielo azul intenso. La organización de la excursión por parte del Ayuntamiento de Corella, con el apoyo del Grupo de Montaña Seioa, no pudo ser mejor ni estar más atenta con los participantes. Fuimos algo más de 330 personas, de todas las edades, las que nos reunimos en el polideportivo a eso de las 8 de la mañana para recoger nuestro dorsal e, inmediatamente después, comenzar la marcha. No todos éramos de Corella o de los pueblos vecinos como Cintruénigo o Fitero, sino que hubo mucha gente que había venido de diversas partes de toda Navarra, La Rioja, Aragón y también del País Vasco.
El primer avituallamiento tuvo lugar ya en La Rioja y poco después de pasar junto a la balsa de Portillo de Lobos. Después continuamos por el camino de Valdearañón hasta subir a la mitad de la falda de Yerga y aquí tuvo lugar la segunda parada y la división en dos grupos: los que siguieron por el camino que bordea el monte en dirección a Grávalos (esto es, los que desde el Portillo de Lobos siguieron parte de la muga del coto redondo del monasterio de Fitero, que hasta esta región llegaba por el noreste) y los que seguimos subiendo por el camino hasta llegar a la cima de Yerga para disfrutar de una preciosa vista, con el Moncayo nevado al fondo.
Tras dejar atrás el punto geodésico más alto de los alrededores del curso medio-bajo del Alhama, antes de su desembocadura en el Ebro, en Alfaro, empezamos a bajar por la cara norte de Yerga hasta llegar al merendero que hay junto a la fuente de Santa María y las ruinas de la ermita que los cistercienses de Fitero tuvieron allí. Por cierto que, aunque los vecinos de Autol representen con mucha ilusión y buen hacer la leyenda que Gustavo Adolfo Bécquer escribió durante su estancia en el balneario de Fitero, que hoy lleva su nombre, y en la que el poeta sevillano inmortalizó el mito de que el primer monasterio cisterciense de la península Ibérica tuvo su primera sede en dicha ermita (El Miserere, 1862); no nos queda más remedio que recordar que eso es una leyenda cuya base mítica también embaucó a Bécquer. Pues, en 1200, cuando los monjes de Fitero fundaron en Yerga la pequeña granja cisterciense, que les perteneció hasta la desamortización de Mendizábal, ya llevaban instalados en el valle del Alhama más de medio siglo, primero en el territorio alfareño donde estuvo la villa de Niencebas o Bienzobas (1140-1152) y después en Fitero, que entonces pertenecía a la también desaparecida villa de Tudején.
Este tercer y último avituallamiento nos dio fuerzas para continuar bajando por el camino que conduce hasta Grávalos, donde estaba previsto el final de la excursión (25,9 Kms). En el parking que hay junto a su recién reconstruido balneario –magnífica obra e instalaciones, que recomiendo visitar, por cierto- nos esperaba el autobús que nos llevó de regreso a Corella y así, a eso de las 2 de la tarde, concluyó una magnífica jornada en la que disfrutamos de las maravillas que la Naturaleza nos ofrece tan cerca de casa, aunque a veces nos parezca que están tan lejos y por eso, quizá, no las apreciemos como merecen.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Los orígenes del apellido Bienzobas

En 1140 cruzó los Pirineos Raymond, al frente de una comunidad de doce monjes. Procedían del monasterio de Cabadur, que después fue conocido como l’Escaladieu, y se trataba de los primeros cistercienses que se instalaron en la península Ibérica. Concretamente, en la falda meridional del monte Yerga, en el valle de la riojana Fuente de los Cantares, esto es, en el lugar de Niencebas (despoblado de Alfaro).
Hacía poco que la villa de Niencebas se había quedado desierta, seguramente, como consecuencia del conflicto bélico resultante de la escisión de los reinos de Pamplona y Aragón. Desafortunadamente, no sobrevivió a las luchas fraticidas entre los que pugnaban por la herencia de Alfonso I el Batallador, rey aragonés que, en 1119, había reconquistado Niencebas, como había hecho con todo el resto del valle del Alhama, repoblándolo en 1126 con mozárabes que trajo consigo de su expedición a Granada. Así acabó la historia de una villa cuyo pasado se pierde en sus raíces romanas y prerromanas, como así lo indican su propio nombre y los importantes restos arqueológicos que en sus alrededores aún se pueden apreciar.
Tampoco duró mucho la estancia provisional de los monjes cistercienses instalados en Niencebas, pues en 1152 ya habían acabado de edificar el monasterio de Castellón-Fitero, en el límite de la vecina villa castellana de Tudején (predecesora de la actual villa navarra de Fitero). A partir de entonces, la explotación del priorato o granja cisterciense de Niencebas fue puesta en alquiler por el monasterio de Fitero y su abad Raymond (San Raimundo de Fitero). Su riqueza motivó la codicia de los vecinos castellanos de Alfaro, quienes a finales del siglo XV y al ver cómo se acababa de formar la villa de Fitero, en torno al monasterio que le dio su actual nombre, la asaltaron y reivindicaron para sí. Dando lugar a actos de violencia y a largos pleitos en cuya documentación se aprecia cómo, en un par de siglos, fue degenerando el nombre de Niencebas hasta convertirse en el definitivo de Bienzobas.
El monasterio de Fitero siguió manteniendo la granja de Bienzobas hasta que los monjes fueron exclaustrados como consecuencia de la desamortización de 1835. Por lo que es más que probable que los vecinos de la cercana ciudad de Corella que aún llevan este apellido toponímico sean descendientes de quienes allí habían vivido y trabajado como colonos de esta granja cisterciense.
Los términos que pertenecieron a la antigua villa de Niencebas están repartidos entre los que ahora pertenecen a las vecinas localidades de Alfaro, Corella, Cintruénigo y Fitero. Lamentablemente, en el fértil valle de la Fuente de los Cantares no se aprecian los restos del provisional asentamiento del monasterio de Fitero, ni de las dependencias correspondientes a la granja en que acabó transformándose Bienzobas. Tan sólo se ven los restos de la Venta del Pillo, en cuyos sus muros presenta grandes sillares que quizá sean de origen cisterciense o, con mayor probabilidad, de época romana. Pero estas dudas no serán despejadas hasta que los arqueólogos rescaten del olvido la Historia de los pueblos que pasaron por este estratégico y fronterizo lugar, situado en el camino natural entre la meseta del Duero y el valle del Ebro.

lunes, 11 de agosto de 2008

Fitero pierde parte de sus señas de identidad

En 1992, los vecinos de Autol decidieron relacionar la leyenda fiterna de Gustavo Adolfo Bécquer, El Miserere, con la falsa leyenda de que el monasterio de Fitero tuvo su primer asentamiento cerca de la cima del monte Yerga y, a partir de esta carambola sin base histórica alguna, desarrollaron la puesta en marcha anual de una representación teatral de esta leyenda en las ruinas de la ermita de Yerga. Bien es verdad que esta representación está muy bien realizada y que es de gran interés turístico.
Lo malo es que estos vecinos de Autol, para justificar lo injustificable, le han añadido a la leyenda de Bécquer un preámbulo que ayuda a justificar con retorcidos hechos históricos la localización del monasterio que dio lugar al Miserere de la Montaña con la ermita/granja de Yerga. Hasta aquí, para los fiteranos poco tendría que afectarnos a excepción de que esta tergiversación de la Historia contribuye a enturbiar la de los orígenes del monasterio de Fitero, perjudicando a los alfareños ya que el primer asentamiento cisterciense en el que, temporalmente, se instaló San Raimundo de Fitero, tras cruzar los Pirineos procedente del monasterio de l'Escaladieu, fue el de Niencebas (despoblado de Alfaro), en la falda meridional de Yerga.
Además, los vecinos de Autol han decidio apropiarse de una de las principales señas de identidad de la villa de Fitero, como es la de su Patrón: San Raimundo. En su tergiversación histórica se inventaron que el fundador de la Órden Militar de Calatrava fue abad de Yerga antes de trasladar su comunidad desde la cima de este monte a su falda, esto es, a Niencebas. No hay ningún documento que diga que, como pretenden estos falsarios de la Historia, acredite que San Raimundo fuese abad de Yerga, entre otras cosas porque en Yerga jamás hubo un monasterio y menos aún un abad.
Lo peor no es esto sino que con ello Fitero pierde sus señas de identidad pues, poco a poco, se diluye su Historia y se pierde la relación entre el primer abad y fundador del monasterio de Fitero, San Raimundo, y la villa que lo honra como su Patrón. Al que, por cierto, los autoleños no lo citan como San Raimundo de Fitero sino como San Raimundo, abad de Yerga, donde éste nunca llegó a estar en toda su vida.
Ahora bien, dado que al Ayuntamiento y a la Parroquia de Fitero no les preocupa deshacer este entuerto y reivindicar su gloriosa Historia sin que otros se la usurpen, ¿por qué debería importarle a los fiteranos que los de Autol hayan dicho y hecho lo que han hecho con El Miserere y con San Raimundo?