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viernes, 11 de noviembre de 2011

Los judíos y la fundación de la Orden Militar de Calatrava

Para enero de 1158, Sancho III el Deseado completó las negociaciones que le permitieron resolver los asuntos pendientes con su vasallo pamplonés. Por eso, no es de extrañar que Sancho VI el Sabio estuviese presente en Almazán y que figure confirmando la donación de la villa de Calatrava que hizo aquel rey de Castilla a Dios, la virgen María y la orden de Císter, y a San Raimundo de Fitero y a todos los monjes cistercienses, presentes y futuros, del Monasterio de Fitero, para que, con la ayuda de Sancho III la defendiesen de los enemigos de Cristo. Esta donación significó un gran avance en la evolución de las tareas políticas y militares asumidas por San Raimundo y su Monasterio cisterciense en la frontera castellana, hasta entonces con los reinos de Pamplona y Aragón y, a partir de este momento, con los almohades de al-Andalus que amenazaban el antiguo reino de Toledo.
A Sancho III ya sólo le quedaba resolver los asuntos pendientes con Aragón, por lo que pocas semanas después se reunió con su tío Raymond Berenguer IV el Santo, para poder dedicarse con total libertad a fortalecer la frontera de Toledo e intentar recuperar el terreno perdido en al-Andalus desde poco antes de la reciente muerte de su padre, Alfonso VII el Emperador. Por eso, una vez que Sancho III hubo resuelto los asuntos pendientes con ambos vasallos, es posible que se uniese temporalmente a las huestes que procedentes del Monasterio de Fitero iban camino de la estratégica villa de Calatrava, atravesando la antigua Extremadura Soriana. En cualquier caso, hay constancia de que en febrero llegó a Segovia y allí el rey de Castilla se interesó por afianzar el futuro de los defensores de Calatrava, ya que a éstos les donó la aldea toledana de Ciruelos, situada al sur del Tajo, en la retaguardia de Calatrava y en el camino entre ésta y el onasterio de Fitero. Esta donación se hizo únicamente a los monjes y a los cofrades de Calatrava, lo que muestra la rápida consolidación de las dos instituciones dispuestas para la defensa de Calatrava bajo el único mando de San Raimundo, esto es, los monjes cistercienses que desde su Monasterio de Fitero se desplazaron con él a Calatrava y la cofradía militar creada con el propósito de la defensa de esta estratégica villa. Es notable que en este documento no se cite para nada al Monasterio de Fitero ni a la orden de Císter, y que los monjes y los cofrades de Calatrava ya fuesen reconocidos por la cancillería del rey de Castilla como las entidades receptoras de esta donación. Por otra parte, como esta donación influía en las responsabilidades de quienes estaban a cargo de la Extremadura Castellana, no es de extrañar que Sancho III se desplazase hasta Ávila, donde estuvo a primeros de marzo y donde compensó al almojarife Bon Juda –que podría tratarse de Jehudá ha-Narí, por la pérdida de la mitad de la aldea de Ciruelos, y es muy probable que fuese entonces cuando se completara la estrategia defensiva de Calatrava a cargo de San Raimundo, que habría comenzado a fraguarse poco antes de enero de 1158.
Jehudá ha-Narí era hijo del magnate granadino Josef ha-Narí Ibn Ezra y perteneciente a una poderosa familia judía asentada en Castilla. Jehudá ha-Narí, desde su posición en el importante enclave económico de Calatrava, como Gobernador de Calatrava, de todos los ejércitos del rey, según se recoge en el epílogo de la crónica del filósofo e historiador toledano Abraham ha-Levi Ibn Daud, ofreció asilo y ayudó a que los judíos expulsados de Granada, tras haber pasado ésta a manos de los almohades, en 1154, pudiesen buscar refugio en los dominios de Alfonso VII el Emperador. Acabada esta misión, éste lo mandó llamar a su presencia y le nombró su Mayordomo, prosperando en su curia y llegando a ser uno de sus consejeros e importante miembro de su gobierno. No hay documentos que aporten más información y que clarifiquen lo ocurrido en Calatrava entre los meses de enero de 1147, tras su reconquista, y de 1158, cuando fue donada a San Raimundo. Excepto que, antes de finalizar el año 1147, el emperador Alfonso VII le otorgó fuero propio a Calatrava y que, en 1148, su tenencia ya estaba en manos del conde de Urgell, Armengol o Ermengaud VI el Castellano. Aunque es probable que en algún momento de este período, seguramente después de 1154, su gobierno y la responsabilidad de su repoblación y defensa pasase a los Templarios, con la aquiescencia del arzobispo de Toledo y la supuesta compensación que debió recibir el rabí Jehudá, pero no se conocen documentos coetáneos que así lo acrediten. Como tampoco los hay de su abandono por parte de los Templarios, exceptuando la obra literaria de Rodrigo Ximénez de Radaque podría no ser un fiel reflejo de la realidad histórica.

domingo, 2 de octubre de 2011

La bandera de Fitero

En las grandes fiestas fiteranas, los hijos de esta Villa miramos con respeto y emoción nuestra bandera cuando ondea en el Ayuntamiento o recorre las calles con la Corporación. Algunos foráneos se admiran cuando los Concejales inclinan la cabeza al entrar en la Casa Consistorial, como lo hacían nuestros antepasados, o cuando algún anciano se descubre o se levanta a su paso. ¡Hermoso Homenaje! a diversos símbolos e imágenes, unos arraigados en la más noble tradición y otros más o menos olvidados, pero todos presentes en la historia local desde los momentos en que Fitero se constituyó en una villa a la sombra de su abadía, allá por el siglo XVI. Así comenzaba el texto sobre La Bandera de Fitero, que Ricardo Fernández Gracia y un servidor publicamos en el Programa de Fiestas de Fitero, de 1983.
A continuación explicamos por qué el Estandarte de la Vera Cruz fue la primera enseña municipal ya que a lo largo de la Edad Moderna y buena parte de la pasada centuria [el siglo XIX] la villa de Fitero no poseyó otra bandera que el pendón de la Cofradía de la Vera Cruz. Esta hermandad figura entre las más antiguas de Fitero, junto a las de San Miguel, Santa Lucía y Santísimo Sacramento, todas ellas fundadas en tiempo del Abad don Fray Martín Egüés y Pasquier, en la primera mitad del siglo XVI. El patronato municipal sobre esta cofradía correspondió al Regimiento (Ayuntamiento) que todavía en 1805 nombraba al abad y mayordomos de la misma "en conformidad del estilo y costumbre observada inviolablemente desde inmemorial".
Cuando el Concejo acudía en Corporación a los actos cívicos y religiosos lo hacía siempre acompañado del citado estandarte en el que figuraba una Cruz. En destacadas páginas de la historia local, como en 1675, con motivo del famoso amotinamiento de los vecinos contra el monasterio, se alude a la presencia del citado emblema "como símbolo de la amenazada libertad de los fiteranos".
De 1883 data el encargo de una bandera "para las procesiones y otros actos públicos por estar la vieja inútil", de la que no poseemos más detalles por ser así de escueta la referencia del libro de cuentas.
En plena etapa de la Restauración Monárquica, concretamente en la sesión del Ayuntamiento del 17 de julio de 1881 se tomó el acuerdo de confeccionar una bandera blanca y tapices para los balcones. De la citada bandera poseemos un testimonio gráfico de 1916.
Como dato significativo de esta época, señalamos la existencia desde fines del siglo XIX de dos banderas blancas, una para los días más señalados y otra para las fiestas simples.
Cuando hace unas décadas, en 1945, se procedió a bordar y pintar el pendón actual se puso especial cuidado en que sus motivos, colores y adornos fuesen los mismos que los de la bandera de 1881, que para estas fechas estaba muy deteriorada. En la copia fidedigna, realizada por las Hermanas de Santa Ana, campean sobre fondo blanco los siguientes motivos:
Virgen de la Barda, que figura de forma preferente, por ser la Patrona de la Villa, pintada en un óvalo en el centro de una cara; viste delantal blanco y manto azul.
Cruz de color madera en el centro de un óvalo en la otra cara, orleada con las inscripciones: In hoc signo vinces y Es de la Villa de Fitero. Este motivo responde al pendón secular de Fitero, concretizado, como hemos visto, en el estandarte de la Vera Cruz, y que el Ayuntamiento del siglo XIX no dejó perder, incluyéndolo en una zona destacada de la nueva bandera.
Escudo de la Villa localizado en dos ángulos de cada una de sus caras. En la [bandera] de 1881 aparece un escudo ovalado y cortado en cuyo campo superior hay Romero y en el inferior una Parra sobre campos diferentes, en tanto que en la actual [la de 1945] el Romero ha pasado de arbusto a un incipiente árbol por una mala interpretación del anterior. En el artículo también incluíamos una reseña de los orígenes del Escudo de Fitero, remontándose al primer escudo que fue impugnado por el monasterio en 1653 y su relación con la propiedad que la Villa tenía entonces en Ormiñén.
Cruz de Calatrava pintada en los dos ángulos contrarios a los del escudo de la Villa. El hecho de figurar estas cruces hay que relacionarlo con la memoria de San Raimundo, primer abad de Fitero y fundador de la Órden [Militar] de Calatrava. De este período entre siglos datan la dedicación de la Calle Calatrava, Paseo de San Raimundo y la erección de su primer monumento.
Adornos utilizados son unos rameados vegetales bordados a todo color que sirven para unir los escudos de la Villa y las Cruces de Calatrava. Los óvalos centrales se orlan por un simbólico laurel y se rematan por coronas reales.
En 1998, el Ayuntamiento encargó una nueva Bandera de Fitero para reemplazar al ya viejo y maltrecho ejemplar de 1945, manteniendo fielmente la reproducción de todos los motivos de su anverso aunque no así los de su reverso pues en éste sólo conservó la Vera Cruz del óvalo central y los motivos que había a su alrededor.
Aunque desde hace un par de legislaturas, la Bandera de Fitero que ondea en los edificios oficiales de la Villa ha quedado casi irreconocible pues el Ayuntamiento decidió reemplazarla informalmente o de facto, simplificando la Bandera de Fitero o, mejor dicho, sustituyendo ésta por una Bandera Blanca con el actual Escudo de Fitero en su centro en una cara y completamente lisa y blanca por la otra cara.
De modo que podemos decir que, hoy en día, casi no hay distinción entre la Bandera y el Escudo de Fitero, habiéndose sustraído así a los fiteranos el simbólico significado de cada uno de los motivos que formaban parte de la gloriosa Bandera de Fitero.

martes, 26 de julio de 2011

La Cruz de Calatrava

En 1158, San Raimundo de Fitero fundó la milicia cisterciense que colaboró con las tropas del rey de Castilla, Sancho III el Deseado, en la defensa de Calatrava (Carrión de Calatrava, Ciudad Real) y que, con el tiempo, dio lugar a la famosa Orden Militar de Calatrava.
Tradicionalmente, se viene adornando las imágenes que representan al Patrón de la villa de Fitero con la Cruz de Calatrava, una cruz griega de gules florliseada. Sin embargo San Raimundo de Fitero nunca conoció este emblema ya que el comienzo del uso de esta cruz por los calatravos, aún vigente, sólo data de finales del siglo XIV.
Así relató Fray Roberto Muñiz, en 1787, en el tomo VI de su obra titulada Médula histórica cisterciense, cómo era el hábito de los calatravos: La forma de habito, que asi los Freyles Caballeros, como los Freyles Clerigos usaron desde el año mil ciento sesenta y quatro hasta el de mil trescientos noventa y siete, queda ya mencionada en el capitulo tercero de este titulo; y aunque tan moderado como alli hemos visto, con todo considerandole incomodo y gravoso para el exercicio de la guerra, y de ningun distintivo de otras Ordenes Militares, solicitaron de la Santidad de Benedicto XIII, que en lugar de la Capilla de que usaban sobre el Escapulario negro, se les concediese una Cruz por divisa. Asintio su Santidad a esta petición y en su vista expidio una Bula, su data en Aviñon el año mil trescientos noventa y siete á veinte y seis de Junio, y tercero de su Pontificado, por la que les permitio el uso de la Cruz roxa ó encarnada, que el mismo delineo en la Bula, y es como la que hoy usan; sustituyendo por la Capilleta que antes traian asida al Escapulario, pero con la obligacion de no poder desnudarse de éste, que debian traer siempre ceñido baxo de las ropas exteriores. Este Escapulario debe ser blanco liso y llano con solo la Cruz encarnada en el medio.
Desde la segunda mitad del siglo XIX, esta Cruz de Calatrava adorna también el escudo de la Villa, así como previamente figuraba ya en varios lugares del antiguo monasterio cisterciense de Fitero y, con posterioridad, también figura en el emblema de diversas entidades culturales, deportivas y comerciales de Fitero, habiéndose convertido en parte indispensable de las señas de identidad de la Villa.

domingo, 17 de abril de 2011

La Serna del Emperador o de Cervera del Río Alhama

La etimología de la palabra Serna delata su origen prerromano, concretamente celta, y hace referencia a un campo que se labraba aparte. Parece ser que así se designaba a un espacio agrario situado en el extremo o a las afueras de la población y cuyo uso original debió ser comunal. Lo que explica su amplia extensión, en oposición a la de los pequeños minifundios de carácter particular, y que, durante la Reconquista, su propiedad acabara estando destinada al señor principal a cargo de la correspondiente campaña militar que logró revertir este territorio bajo el dominio cristiano. A lo que hay que añadir que sus amplios límites no suelen estar referidos a otras sernas o a las propiedades de otros particulares sino que las sernas están delimitadas por accidentes naturales, como montes o ríos, o por el trazado de construcciones como las de los caminos o acequias.
Nos ha quedado constancia de la serna que, en la Edad Media y tras la reconquista del valle del Alhama por parte del rey de Aragón y Pamplona, Alfonso I el Batallador, en 1119, hubo en Cervera del Río Alhama, aunque no se sabe si existía con anterioridad a éste. Este serna estuvo ubicada en la margen izquierda de este río, entre su arenal y las faldas de los monte, aguas arriba del barranco al que desaguan las aguas termales de los Baños de Fitero, entonces conocidos como baños de Tudején (despoblado de Fitero), y aguas abajo de la desembocadura del río Linares en el Alhama. Esto es, la parte de terreno que entonces era cultivable en dicha región en la que ahora, por cierto, también se encuentra el barrio cerverano de la Venta del Baño al que pertenece el término que aún se conoce como la Serna, entre la carretera local LR-285 y la orilla izquierda del Alhama, tal como consta en un mapa de principios del siglo XVII en el que se describen los términos del Monasterio de Fitero.
Tras la muerte del citado rey aragonés, Cervera y Tudején se mantuvieron en manos aragonesas, pasando después ambas a las del rey de Castilla, Alfonso VII el Emperador, siendo éste quien, en 1146, en compañía de su esposa Berenguela, se reunió en su castro de Tudején con su yerno, García Ramírez IV el Restaurador del reino de Pamplona, para que éste hicieran las paces con el cuñado del emperador, el conde de Barcelona, Raymond Berenguer IV el Santo, y que así los dos parientes le ayudaran a reconquistar Calatrava y Almería al año siguiente. Entonces, concretamente el 15 de octubre de 1146, fue cuando también Alfonso VII se acercó al monasterio cisterciense de Niencebas (despoblado de Alfaro) y allí le donó la serna que poseía en Cervera, población que ya había pasado a estar en los dominios de Castilla, a su abad Raymond, que pocos años después acabó siendo conocido como San Raimundo de Fitero.
En 1374 y tras un largo litigio, el rey de Navarra tomó posesión del Monasterio de Fitero y así los términos del coto redondo de este cenobio pasaron a estar divididos entre los que permanecieron en el reino de Castilla, entre los que quedó la Serna del Emperador, y los que a partir de entonces pasaron a formar parte de Navarra y que acabaron dando lugar al actual término municipal de Fitero. Tras la desamortización de 1835 y la consecuente exclaustración definitiva de los cistercienses de Fitero, la Serna del Emperador siguió perteneciendo a Cervera del Río Alhama, concretamente al actual barrio cerverano de la Venta del Baño. Constando en el inventario de esta desamortización que, desde el 21 de marzo de 1815, el Monasterio de Fitero había dado a los vecinos de Cervera, José Zapatero y Manuel Moreno, a censo enfitéutico mancomunadamente las tierras de la Serna y que éstos no habían hecho ninguno de los pagos pendientes desde entonces.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Calatrava y las señas de identidad de Fitero

Fue en un mes de enero, sólo que del año 1158, cuando los destinos de Fitero y Calatrava quedaron entrelazados para siempre. Entonces, la corte itinerante del rey de Castilla, Sancho III el Deseado, se encontraba en Almazán (Soria). Allí fue donde el ultra-pirenaico Raymond, primer abad del primer monasterio cisterciense que esta Orden fundó en la Península Ibérica, recibió la villa de Calatrava (Carrión de Calatrava, Ciudad Real), con objeto de que, junto a sus compañeros cistercienses, ayudara al rey de Castilla a defenderla de “los paganos enemigos de Cristo”.
No es de extrañar la confianza que depositó este rey en aquellas cogullas blancas pues los cistercienses, como si de Cascos Azules se tratara, ya habían demostrado durante casi dos décadas su valía como mediadores de la Paz en el Fitero, frontera o mojón en el que, desde 1134, Castilla lindaba con los nuevos reinos de Pamplona y Aragón.
De hecho, el 15 de abril de 1157, estando la corte del susodicho rey en Toledo y contando éste con el consentimiento de su padre, el emperador Alfonso VII, ya había recompensado a Raymond y a su monasterio con el señorío del castro castellano de Tudején (antecesor de la moderna villa navarra de Fitero), por la labor diplomática y pacificadora llevada a cabo entre los más importantes reinos cristianos. Trayectoria vital que contradice las míticas leyendas bélicas que aún distorsionan la hagiografía del Patrón de Fitero. Ya que, en vida de San Raimundo (fallecido hacia 1163 y enterrado en la villa toledana de Ciruelos, aunque sus restos descansan en la catedral de Toledo), no hay noticias de que la milicia cisterciense que él fundó (dirigiendo la multitud de seglares que le acompañaron desde Fitero a Calatrava) entablara ninguna batalla. Con el tiempo, esta milicia evolucionó hasta convertirse en la Orden Militar de Calatrava que, varios siglos después, adoptó como signo distintivo la cruz acolada que aún se conoce como Cruz de Calatrava y cuyo vivo color gules, desde mediados del siglo XX, adorna y forma parte del escudo y, por tanto, de las señas de identidad de Fitero. Por lo que aprovecho para felicitar al Ayuntamiento de Fitero porque siga manteniendo dicho símbolo a pesar de que recientemente se haya podido poner en cuestión.

lunes, 11 de agosto de 2008

Fitero pierde parte de sus señas de identidad

En 1992, los vecinos de Autol decidieron relacionar la leyenda fiterna de Gustavo Adolfo Bécquer, El Miserere, con la falsa leyenda de que el monasterio de Fitero tuvo su primer asentamiento cerca de la cima del monte Yerga y, a partir de esta carambola sin base histórica alguna, desarrollaron la puesta en marcha anual de una representación teatral de esta leyenda en las ruinas de la ermita de Yerga. Bien es verdad que esta representación está muy bien realizada y que es de gran interés turístico.
Lo malo es que estos vecinos de Autol, para justificar lo injustificable, le han añadido a la leyenda de Bécquer un preámbulo que ayuda a justificar con retorcidos hechos históricos la localización del monasterio que dio lugar al Miserere de la Montaña con la ermita/granja de Yerga. Hasta aquí, para los fiteranos poco tendría que afectarnos a excepción de que esta tergiversación de la Historia contribuye a enturbiar la de los orígenes del monasterio de Fitero, perjudicando a los alfareños ya que el primer asentamiento cisterciense en el que, temporalmente, se instaló San Raimundo de Fitero, tras cruzar los Pirineos procedente del monasterio de l'Escaladieu, fue el de Niencebas (despoblado de Alfaro), en la falda meridional de Yerga.
Además, los vecinos de Autol han decidio apropiarse de una de las principales señas de identidad de la villa de Fitero, como es la de su Patrón: San Raimundo. En su tergiversación histórica se inventaron que el fundador de la Órden Militar de Calatrava fue abad de Yerga antes de trasladar su comunidad desde la cima de este monte a su falda, esto es, a Niencebas. No hay ningún documento que diga que, como pretenden estos falsarios de la Historia, acredite que San Raimundo fuese abad de Yerga, entre otras cosas porque en Yerga jamás hubo un monasterio y menos aún un abad.
Lo peor no es esto sino que con ello Fitero pierde sus señas de identidad pues, poco a poco, se diluye su Historia y se pierde la relación entre el primer abad y fundador del monasterio de Fitero, San Raimundo, y la villa que lo honra como su Patrón. Al que, por cierto, los autoleños no lo citan como San Raimundo de Fitero sino como San Raimundo, abad de Yerga, donde éste nunca llegó a estar en toda su vida.
Ahora bien, dado que al Ayuntamiento y a la Parroquia de Fitero no les preocupa deshacer este entuerto y reivindicar su gloriosa Historia sin que otros se la usurpen, ¿por qué debería importarle a los fiteranos que los de Autol hayan dicho y hecho lo que han hecho con El Miserere y con San Raimundo?

domingo, 20 de julio de 2008

San Raimundo necesita una restauración

Es triste que en el nuevo panel informativo que han puesto junto al monumento  al Patrón de la Villa se olvidasen de citar el autor de esta escultura que representa a San Raimundo de Fitero: Fausto Palacios Martínez (1899-1967), que se inmortalizó a sí mismo poniéndole al santo su propia cabeza, pero más aún lo es que alguien le partiese la cara a la imagen del Patrón de Fitero y que su Ayuntamiento no haga nada por restaurar una de las pocas estatuas que decoran las calles de Fitero.
Ojalá pronto le pongan remedio, le restauren la cara al fundador de la Órden Militar de Calatrava y, de paso, citen al autor de esta escultura si, con suerte, aprovechan para cambiar el citado cartel por otro con información verídica.
Además, se podría aprovechar para que conste en un acuerdo municipal el nombramiento de San Raimundo como Patrón de Fitero, que lo es de hecho aunque no de derecho, según publicó en 1983 Ricardo Fernández Gracia.

miércoles, 16 de julio de 2008

Desinformación y Turismo en Fitero

Recientemente ha aparecido un cartel en el Paseo de San Raimundo de Fitero en el que se recoge el disparate histórico de que el Patrón de la villa de Fitero, antes de ser abad en su ubicación temporal de Niencebas (despoblado de Alfaro), pudo haber sido canónigo de la catedral de Tarazona.
Conviene recordar que San Raimundo de Fitero no fue canónigo del obispado que le usurpó su monasterio de Fitero, como ya demostrara hace casi dos décadas el investigador fiterano Manuel García Sesma, y que con este texto se oculta el asalto armado realizado en 1159 por parte de las tropas que para ello envió el obispo de Tarazona, que robaron y apalearon a los monjes que allí había dejado San Raimundo, mientras estaba en Calatrava (despoblado en Carrión de Calatrava), y que forzaron a los pocos cistercienses que allí habían quedado a huir campo a través y solicitar el asilo y auxilio de su obispo, en Calahorra.
También se oculta que, como resultado de este asalto, San Raimundo y sus monjes no pudieron regresar a su monasterio de Fitero, viéndose obligado el santo a morir en su exilio toledano de Ciruelos, mientras reclamaba que le devolviesen su monasterio y veía cómo se había instalado en él una segunda comunidad cisterciense que, como la que él presidía, procedía de allende los Pirineos (l'Escaladieu).
El rey de Castilla, Alfonso VIII el Bueno, apoyó a San Raimundo, al igual que hizo el obispo de Calahorra, que pleiteó con el de Tarazona por recuperar para su diócesis el monasterio de Fitero, incluso ante el Papa, hasta que, en 1187, se dio por vencido y así quedó impune este atropello.
También es más que dudosa la presencia de los templarios en Calatrava que se cita en este cartel y mucho más que los templarios la abandonasen por miedo a un posible ataque musulmán. Esta leyenda parece tener su base en la propaganda que hizo el arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada, para enaltecer la valentía demostrada por los calatravos desde los orígenes de la primera Órden Militar de la península Ibérica.
¿Por qué se le da ahora pábulo a estas leyendas que carecen de base histórica alguna?
¿A qué viene la promoción institucional de esta desinformación y desorientación para los turistas que puedan visitar Fitero y que se interesen por sus orígenes y por los de la fundación de la Órden Militar de Calatrava?
¿No es posible fomentar el turismo con información lo más verídica posible, en vez de hacerlo con falsos mitos y leyendas que, además de desinformar, faltan a la realidad histórica y manchan el buen nombre del Patrón de la villa de Fitero?