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sábado, 21 de enero de 2012

Guy de Boulogne y la incorporación de Fitero a Navarra

Tras la muerte sin descendencia del último rey de Pamplona y Aragón, Alfonso Sánchez I el Batallador, en Septiembre de 1134, sus dominios se dividieron entre los dos antiguos reinos que lo formaban, ampliándose los territorios de ambos al sur del Ebro con los territorios que éste había reconquistado a los musulmanes, desde Diciembre de 1118 y entre los que se encontraba el valle del Alhama. La restauración de los reinos de Pamplona y Aragón tuvo lugar bajo el vasallaje que sus nuevos gobernantes rindieron al que se convirtió en el emperador de España, Alfonso Raimúndez VII el Emperador, desde Mayo de 1135, y su frontera común se estableció en el valle del Alhama, estableciéndose el hito o mojón de los tres reinos en lo que hoy es Fitero y que entonces era un término de la villa castellana de Tudején (despoblado de Fitero) colindante con los de Cintruénigo, por parte pamplonesa, y con los de la ciudad aragonesa de Tarazona.
En 1140, Alfonso VII hizo venir a Raymond de Saint Gaudens desde el otro lado de los Pirineos para que fundara en dicho valle, en la ya entonces villa desierta de Niencebas (Bienzobas, despoblado que hubo entre los actuales términos corellanos de Morterete y los alfareños de la Fuente de los Cantares), el que acabaría siendo el primer monasterio cisterciense que se fundó en la península Ibérica.
En 1152, el primer abad de este monasterio trasladó su cenobio a su definitiva ubicación fiterana, en la castellana villa de Tudején, lo que le procuró el sobrenombre de San Raimundo de Fitero, por encontrarse el monasterio en la mismísima frontera o hito entre los tres reinos. Cinco años después, Alfonso VII le donó a San Raimundo el señorío de la villa de Tudején, aunque ésta acabó despoblándose a principios del siglo XIII y el monasterio de Fitero quedó sólo, vigilando esta frontera castellana desde su estratégico y famoso castillo de Tudején. Por lo que, desde principios del siglo XIV, el reino de Navarra intentó apropiarse del extenso territorio del monasterio castellano de Fitero, dando lugar a diversos conflictos, como el de la famosa batalla de Tudela, de 1335, que desembocaron en un largo pleito.
El 3 de Octubre de 1373, el cardenal y legado papal Guy de Boulogne, que en marzo había sido designado como árbitro para dirimir éste y otros conflictos entre los reinos de Castilla y Navarra, sentenció torticeramente que Fitero (cuya villa no vería la luz hasta 1482) pertenecía a este último. Los castellanos recurrieron la injusta sentencia hasta que, cinco meses después de la muerte de Guy de Boulogne y una vez admitida la Sentencia por ambos Reyes quiso D. Carlos [II el Malo] de Navarra tomar posesión de lo que era suyo y para ello otorgó un despacho o Cédula Real (su fecha: Olite a 28 de Abril de 1374) por la cual mandaba a Mosén Rodrigo [de Uriz], duque y señor de Luesia, D. Pedro Álvarez de Rada, alcalde de Tudela, que en su nombre tomasen posesión del Monasterio de Fitero y su Castillo de Tudején, y recibiesen juramento de vasallaje y homenaje del Abad y convento, de los moradores y habitantes en el monasterio, y si fuese necesario, del alcaide que era o sería del Castillo de Tudején.

domingo, 8 de enero de 2012

El desconocido culto a las Ninfas en Baños de Fitero

Es curioso cómo algunas veces el desconocimiento de la geografía local, unido a una alta dosis de imaginación y de cierta desfachatez, lleva a confusiones tan graves como la de suponer que en Baños de Fitero existió un culto romano a las ninfas del que no hay ninguna noticia ni base histórica. Desafortunadamente, tal ocurrencia fue publicada hace más de una década en la prestigiosa revista Príncipe de Viana y eso está provocando que desde entonces se cite en la bibliografía académica el erróneo trabajo del cerverano José Manuel San Baldomero Ucar, titulado Las ninfas de Niencebas. Aproximación hermenéutica a la religiosidad romana del culto a las aguas en los Baños de Fitero, como referencia a un inexistente culto a las ninfas en las termas romanas de Fitero. Con el perjuicio que causa en el progreso del conocimiento de la Historia de Fitero, el vertido de información errónea o simplemente falsa como ésta.
La doble confusión en la que el autor basó su alucinante teoría consistió en suponer, por una parte, que la etimología de la antigua villa de Niencebas (despoblado de Alfaro) -en la que San Raimundo de Fitero fundó el primer asentamiento del primer monasterio cisterciense de la península Ibérica, una vez que esta villa había quedado desierta pocos años antes de 1140 y siendo también dicha villa el origen del apellido toponímico Bienzobas- procedía de Nymphae Aquae. Así como que, por otra parte, la villa de Tudején (despoblado de Fitero) al que pertenecían los Baños de Fitero, conocidos hasta 1973 como Baños de Tudején, también se despobló y, por tanto se convirtió en una villa desierta casi un siglo después de que lo hubiera hecho la de Niencebas, no era otra villa distinta de ésta sino la misma. Todo ello a pesar de que hay restos arqueológicos y documentales que ubican a una enfrente de Baños de Fitero, en la margen derecha del río Alhama, y a la otra en la falda meridional de Yerga y en la margen izquierda del Alhama, separados los núcleos urbanos de ambas por unos 7 kms. en línea recta. Nada de esto fue obstáculo para que San Baldomero identificara, quizá por arte de magia o por simple ignorancia, la villa de Tudején con la de Niencebas y que, de ahí, pasara a relacionar los Baños de Fitero o antiguos Baños de Tudején con los inexistentes Baños de Niencebas o, según él, Baños de las Ninfas del Agua.
Ojalá los historiadores y los interesados en la Historia de Fitero no sigan cayendo en el error provocado por este absurdo trabajo de San Baldomero, carente de toda base y que demuestra un gran desconocimiento de la geografía, historia y arqueología local.

domingo, 1 de enero de 2012

La Legión Cóndor en Fitero, hace 75 años

Cesáreo Oliver Monteso publicó, hace poco más de un año, un trabajo sobre la Legión Cóndor en Navarra y recogió la noticia de que la intervención de las unidades alemanas en la Guerra Civil española se inicia en el período comprendido entre el 15 de noviembre de 1936 y el 20 de marzo de 1937, siendo durante este espacio de tiempo, los desplazamientos de sus formaciones, distribuidas por diferentes frentes de batalla; Centro, Norte, Aragón y Andalucía, destacando en ello la participación de la Legión Cóndor. Desconocemos las causas o la procedencia, de dónde y cómo surgió la iniciativa en 1937, de establecer un campo de aviación en Buñuel y otro en Ablitas (Navarra). Quizás la causa fuese, a raíz del bombardeo que padeció la ciudad de Tudela el 13 de agosto de 1937, cuando tres aviones rusos Túpolev SB2 "Katiuska", de la aviación militar de la República, soltaron nueve proyectiles cerca de los puentes del Ebro y del Cuartel de la Guardia Civil de dicha ciudad, sufriendo las consecuencias 13 tudelanos que murieron [principalmente mujeres y niños, y otros 20 que resultaron heridos] en el ataque.
Lo que sí hemos podido corroborar es, que la Jefatura de Infraestructuras del Ejército del Aire Nacional, planeó el 10 de septiembre de 1937, un nuevo despliegue de la aviación, basado en aeródromos existentes y en otros de nueva creación que deberían estar terminados el 1º de octubre de 1937, cuyo despliegue previsto era: Legión Cóndor - Tudela Nº 3 (Alfaro) Aeródromo base Burgos; Aviación Hispana-Cóndor - Tudela Nº 14 (Buñuel); y Aviación Legionaria - Tudela Nº 8 (Ablitas) Aeródromo base Logroño.
Desafortunadamente, Cesáreo Oliver parece que desconocía que Manuel García Sesma, al tratar acerca de la historia de Baños de Fitero, ya había publicado detalles interesantes relacionados con la llegada de la Legión Cóndor a Navarra, como que durante la Guerra Civil de 1936-39, el Estado Mayor de la Legión Cóndor -tropas alemanas, enviadas por [Adolf] Hitler a España, para luchar contra la República- se instaló en el Balneario Nuevo, a principios de 1937, ocupándolo, por de pronto, en el invierno y la primavera del mismo año. Lo evacuó, al comenzar la tamponada oficial, trasladándose a Alfaro, donde se instaló en el Palacio Heredia [mandado construir por Gregorio Sáenz de Heredia, abuelo de José Antonio Primo de Rivera Sáenz de Heredia], volviendo al Balneario hacia mediados de octubre, donde permaneció hasta la primavera de 1938. Componían dicho Estado Mayor alrededor de un centenar de jefes, oficiales, subalternos y simples soldados, y fueron atendidos, en sus dos estancias, por dos poceros y media docena de camareras de la temporada, con la encargada Flora Fraile, de Grávalos. Al decir de uno de los poceros, los alemanes se portaron con la servidumbre correctamente. Pagaban los baños que tomaban y les daban buenas propinas. En la Nochebuena de 1937, les ofrecieron incluso un buen banquete, servido por los soldados; y en la Nochevieja, les hicieron sendos regalos.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Los realistas de Salaberri en su pueblo, Cintruénigo

Pocas semanas después de la derrota sufrida por la partida realista del faccioso cirbonero Fermín Echevarri Salaberri en Corella, ésta volvió a cruzar el Ebro, reapareciendo el 1 de Agosto de 1822 en Alfaro, donde secuestró a su alcalde, obligándole a que le acompañara a Cintruénigo. Allí llegó la partida realista de Salaberri con unos 100 hombres de infantería y caballería; y [a pesar de que éste era] natural de dicho pueblo, lo ha tratado con tan poca consideración, como pudiera haberlo hecho en un país enemigo.
Al día siguiente, tal como consta en el parte de guerra emitido el día 3, favorecidos por la obscuridad de la noche, se presentaron en Cascante a las cinco de la mañana en número de 60 de a caballo; se llevaron las armas sobrantes de los milicianos que se hallaban en su persecución; en seguida pasaron por Monteagudo con dirección a Tarazona, y a tiro de fusil de aquel pueblo [entre la Virgen del Camino y Novallas] fueron alcanzados a las 9 de la mañana por los milicianos de Tudela y de Cascante [bajo el mando de Manuel Martínez de Morentin], los cuales les hicieron un fuego vivísimo por espacio de media hora, poniéndose al cabo en una vergonzosa fuga.
Los facciosos se dirigieron hacia la Dehesilla [en la falda del monte Castillo, junto a Tudején (despoblado de Fitero) y enfrente de Baños de Fitero], en donde se reunieron con la infantería que les esperaba; y a las seis de la tarde volvieron a Cintruénigo, y maltrataron a un patriota hasta el punto de vendarle los ojos para arcabucearle. Por fin a las once de la noche se marcharon a la montaña [hacia Falces, donde estuvieron el día 4, antes de acabar incorporándose a las tropas del mariscal de campo Vicente Quesada [Arango], el día 9 de Agosto, en Alsasua] con unos 100 reclutas que hicieron en su expedición a la Ribera, y las armas de los milicianos que desarmaron.
El alcalde de Corella, que les había hecho resistencia cuando pasaban por dicho pueblo con dirección a Cintruénigo, pudo salvar su vida a costa de 19 duros.

martes, 29 de noviembre de 2011

La fallida entrada de los realistas en Corella

Francisco Alfaro Pérez publicó que la Milicia Nacional Local voluntaria en Cintruénigo se constituyó a finales de Noviembre de 1820, y aunque no hay constancia de cuándo se formaron las de Cervera del Río Alhama y Fitero, es de suponer que fueran coetáneas. En cualquier caso y en contra de lo que se creía, los voluntarios de Fitero participaron en la primera Guerra Civil Española.
Poco más de un mes después de la derrota sufrida por la partida realista de Martín José Balda en Buñuel y de su huida a través de la fiterana Venta del Pillo, la guerra reapareció en la Ribera. Según el parte del coronel que estaba al frente de la Columna Volante Expedicionaria contra FacciososAgustín Escribano, el 21 de julio de 1822, los facciosos [bajo el mando del realista cirbonero Fermín Echevarri Salaberri] perseguidos por los provinciales de Logroño al mando del comandante de armas de dicha ciudad, Egoaguirre, quien los llegó a picar en su retirada de Corella, habían repasado el Ebro, dirigiéndose a Villafranca. En este encuentro, que fue en las calles de Corella al entrar ya la noche, mataron a algunos facciosos de infantería, hirieron a otros, y prendieron también a tres o cuatro. Los voluntarios de Tudela, puestos ya en comunicación con el comandante Egoaguirre, marcharon en combinación en su alcance tomándoles un caballo; pero informados de que los facciosos habían salido con mucha anticipación a la llegada de los provinciales dejando una partida de sus mejores caballos y unos pocos infantes para entretener nuestras tropas, determinaron replegarse y hacer noche en Alfaro, cuyo alcalde sin más fuerza que la decisión de sus vecinos no temió a los facciosos, y los esperó a pie firme, sin que se atreviesen a penetrar en él. Es sabido que esta canalla no da la cara, ni presenta combate, ni se atreve a entrar en pueblos donde no son deseados.
Cuéntase que los partidarios de Corella, denominados serviles, han decaído de ánimo al ver la gavilla de que se componía aquella facción, su desorden y excesos, y hubo servil que exclamó: ¡estos son los que nos han de redimir! De aquí deduzco yo que los pueblos, aún los más fanatizados, se desengañarían en breve, y en esta clase de forajidos, perdida su mal adquirida opinión, se retirarán con sus rapiñas. Dícese también haber referido un arriero, que los encontró en su fuga, que le preguntaron aquellos por el espíritu público de Zaragoza, y que habiéndoles contestado no haber novedad, dijo uno de ellos: "¿no os digo yo que nos engañan? ..." Por fin se han ahuyentado, y se han tenido noticias del espíritu y decisión de la mayor parte de los pueblos inmediatos a Corella, como son Cervera, Fitero y Cintruénigo, de los que salieron un número considerable de voluntarios a hacerles frente, a quienes se incorporaron los voluntarios de infantería y caballería de Tarazona; me persuado no pisen más este país.
Debo advertir que el pueblo de Cervera se levantó en masa contra la canalla; y uniendo su fuerza a la de dichos pueblos, hizo su movimiento por aquella parte. Saco por cuenta que pasarían de mil hombres los que queríamos disputarnos la gloria de llegar a las manos con los facciosos. Es indecible la decisión y entusiasmo de todos. Los de mi columna tienen tal ansia por un lance, y es tal su ardimiento, que no reparan en fatigas. El primer día anduvieron más de 10 leguas por el deseo de llegar a tiempo, creyendo ser cierto el combate, y su espíritu es tal que irían a Rusia si fuese necesario. Me parece pues que se reunirá la fuerza que se quiera, y por descontado la columna de 300 hombres se completará muy presto, y su organización se verificará muy luego.

jueves, 29 de septiembre de 2011

El escudo del monasterio de Fitero

Inicialmente el antiguo Monasterio de Fitero careció de todo tipo de emblema o escudo heráldico propiamente dicho. Con el paso del tiempo fueron sus señores abades, que también eran señores de la villa de Fitero, quienes comenzaron a usar su propio escudo nobiliario durante su abadiazgo como escudo del Monasterio de Fitero. Al menos así consta a partir de principios del siglo XVI, pues se pueden ver en el claustro bajo del monasterio de Fitero diversas representaciones de los escudos nobiliarios de los dos abades Egüés, tío y sobrino, que gobernaron sucesivamente la abadía de Fitero entre 1503 y 1540, así como entre este año y 1580, respectivamente.
No se sabe cuándo fue cuando uno de los abades fiterienses decidió dotar al monasterio de Fitero de un escudo heráldico propio que, según Manuel García  Sesma, constaba de un cuartel único, con la apoteosis de San Raimundo, y en bordura, las cuatro cruces de las Órdenes Militares peninsulares: Calatrava, Alcántara, Cristo de Portugal y Montesa, y que, posteriormente fue sustituido por el que ya figura en la parte superior del retablo de San Miguel que se conserva en el crucero de la iglesia del antiguo monasterio de Fitero y que data del siglo XVII, concretamente, consta que la realización de este retablo le fue encargada al alfareño Juan Irigoyen Macaya en 1614. Así que no cabe duda de que este escudo tuvo que ser anterior a esta fecha, aunque los abades de Fitero también siguieron usando su escudo personal mientras ostentaban dicha dignidad.
De acuerdo con la descripción heráldica que hiciera Alberto Gómez González, en 1956, se trata de un escudo medio partido y cortado: el 1º ostenta la apoteosis de San Raimundo; el 2º las Cruces de Calatrava, Alcántara, Cristo y Montesa, puestas en cruz; 3º el típico brazo revestido de la cogulla cisterciense y empuñando báculo abacial. Todo el escudo está sostenido por una gran cruz de Calatrava. (Esmaltes ignorados por el autor). Nota ésta que hacía referencia a que este autor cisterciense desconocía los atributos cromáticos o el colorido usado en el escudo del monasterio de Fitero. Al menos, en el momento en el que hizo la citada descripción a partir del sello correspondiente a este escudo que aún se conserva en el museo del cercano monasterio de las religiosas cistercienses de Santa María de la Caridad de Tulebras, adonde llegó tras la desamortización de 1835. Seguramente porque no visitó la iglesia del antiguo monasterio de Fitero y, por tanto, no pudo observar la representación más antigua que se conoce de este escudo, ubicada en la parte superior del retablo del arcángel San Miguel, que data del siglo XVII. Escudo monacal de Fitero que se encuentra representado bajo la corona real que representa a su Patronato Real, como registré en el Tesoro del Patrimonio Histórico de Fitero, y, todo ello a su vez, bajo la mitra abacial que hace referencia al citado señorío ejercido entonces por el abad sobre el monasterio y la Villa.
Con el cambio del último milenio, la asociación cultural Amigos del Monasterio de Fitero recuperó una variante del escudo que figura en el sello conservado en Tulebras, luciéndolo en las capas color crudo con las que algunos de sus socios se revisten en algunas ocasiones destacadas en las que intervienen, como parte de sus actividades folclórico-culturales. Si bien el fondo del escudo que figura en las capas y en las publicaciones de esta asociación, a diferencia del que hay en el retablo de San Miguel, es un esmalte azur (azul).

domingo, 25 de septiembre de 2011

El paisaje de Fitero

Uno de los grandes atractivos que tiene Fitero es su paisaje: la frondosidad de las ya escasas arboledas del río Alhama, la variedad y riqueza de la vega del arroyo Añamaza, la llanura de algunos de los términos que llevan hacia el río Ebro, hacia Cintruénigo, Corella o Alfaro, o el mar de montañas que aquí comienza y que da paso al Sistema Ibérico o, si se prefiere, a la meseta del Duero, hacia Tarazona o Cervera del Río Alhama. Ninguna otra localidad de los alrededores ofrece esta diversidad ni el agradable y saludable microclima que contribuye a su disfrute.
El paisaje es algo más que simplemente lo que está ahí, donde vivimos o sobrevivimos, pues forma parte de nuestro Patrimonio, el de todos, y por eso conviene cuidarlo y protegerlo también entre todos, fomentando sus valores ecológicos, visuales y culturales.
Cuando viajamos para conocer lugares interesantes nos gusta disfrutar precisamente de eso, de lo que los hace interesantes y agradables de ver y conocer. El paisaje también refleja cómo son los que viven y habitan en él así como lo que éstos ofrecen a quienes les visitan. Es su tarjeta de visita y también lo que queda en el recuerdo de quienes se van y que regresaran, seguramente, si hay algo allí que les motive para hacerlo así.
En definitiva, el paisaje invita a pasear por él, a conocerlo y a disfrutar de las bondades que ofrece su naturaleza y, al mismo tiempo, su cultura. Por eso somos responsables del nuestro y es importante que participemos y que nos ocupemos todos de cuidar su calidad, en todos sus aspectos, ya que de este recurso también depende el desarrollo socioeconómico de la Villa. Más aún si en él se encuentra una de las instalaciones hoteleras más importantes y atractivas de Navarra, como son los famosos Baños de Fitero, y uno de los monumentos históricos de interés nacional más interesantes y atractivos a la vez que poco conocido, como es el antiguo monasterio cisterciense de Fitero.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Los orígenes de la villa de Fitero

Hay quien piensa que el antiguo monasterio cisterciense de Fitero fue un cenobio que hubo en la villa navarra de Fitero. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad.
Los monjes cistercienses edificaban sus monasterios en lugares despoblados y, una vez concluida su edificación, estos cenobios se convertían en ciudades autosuficientes, en la que sus habitantes hacían una vida volcada hacia el interior. Por tanto, cuando en 1152 San Raimundo de Fitero decidió trasladar la comunidad cisterciense, que presidía en el monasterio provisional que habían construido en la abandonada o desierta villa de Niencebas (despoblado de Alfaro), a la limítrofe villa de Tudején, en el lugar en el que hoy está el casco urbano de Fitero no vivía nadie ya que las casa y calles de Tudején se encontraban en el término fiterano de San Valentin, junto al monte Castillo, cerca del lugar donde el arroyo Añamaza desemboca en el Alhama, casi enfrente de Baños de Fitero.
A principios del siglo XIII, la villa de Tudején quedó deshabitada y aunque los monjes de Fitero intentaron repoblarla en varias ocasiones, no lo consiguieron. De modo que en todos los términos de las antiguas villas castellanas de Niencebas y Tudején solo quedó habitado el monasterio de Fitero, limítrofe entonces con las localidades navarras de Cintruénigo y Corella, las castellanas de Alfaro, Autol, Grávalos y Cervera del Río Alhama, así como la aragonesa de Tarazona
Finalmente, en 1482, el nuevo abad de Fitero, Miguel de Peralta, decidió fundar una villa junto al monasterio y así nació la actual villa del monasterio de Fitero o villa de Fitero. Los interesados en conocer qué pasó en Fitero desde el siglo XII hasta el XV o cómo fue la transición del monasterio a la villa de Fitero, pueden descargarse completa y gratuitamente este libro, por ejemplo.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Avenida de Pío XII o Calle del Cogotillo Bajo

La única avenida que hay en Fitero era la vía de comunicación entre el casco urbano de la villa y las principales Carreras que pasaban por las cercanías de Fitero: la vieja Carrera de Calahorra, después renombrada como camino a La Aldea, esto es, a Aldeanueva de Ebro, por ser ésta la localidad por la que se pasaba antes de llegar a Calahorra, y que era una extensión de esta avenida, y la Carrera de Tudela a Cervera del Río Alhama, pasando por Baños de FiteroNA-160, que entonces discurría junto al pantano del Olmillo, que es el lugar donde esta carretera local se cruzaba con la citada avenida y Carrera de Calahorra. De hecho, la actual Avenida de Pío XII se prolongaba directamente por este último camino que, poco después de pasar por el cabezo del Olmillo y del desvío que ahora conduce a la Cruz de La Atalaya, se bifurca también en otro desvío que conduce al antiguo monasterio y granja cisterciense de Niencebas (despoblado de Alfaro), junto a la Venta del Pillo, y, después, a la ermita de Yerga (Autol). Pero que si no se toma ninguno de estos dos desvíos y se sigue el trazado de este camino se acaba llegando al corellano cabezo de Morterete, antiguo límite del Coto Redondo del Monasterio de Fitero, y de allí sigue el antiguo camino por la falda oriental de Yerga hasta Aldeanueva de Ebro y Calahorra, ya que ésta fue la principal vía de comunicación entre el cenobio de los primeros cistercienses que hubo en la península Ibérica y la sede episcopal de la que dependieron inicialmente.
El romano Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli (1876-1958) fue elegido Papa, siendo conocido como Pío XII, el 2 de Marzo de 1939, casi un mes antes de que acabara la Guerra Civil Española. De ahí que quienes gobernaban en el Ayuntamiento de Fitero, una vez acabada esta contienda fraticida, decidieran renombrar el antiguo Camino del Cogotillo Bajo como Avenida de Pío XII, tal como recogió Manuel García Sesma.
Pío XII fue declarado Venerable el 19 de Diciembre de 2009, por lo que el nombre de esta calle fiterana debería ser ahora el de la Avenida del Venerable Pío XII, de igual modo que las calles dedicadas a los fiteranos Juan de PalafoxJosé Mª. García Lahiguera deberían actualizarse como Calle del Beato Juan de Palafox y Calle del Venerable José Mª. García Lahiguera, respectivamente.
El nombre antiguo de la actual Avenida de Pío XII se debía a la ubicación del camino que pasaba por la parte baja del montecillo o pequeño cogote a cuyos pies se encuentra ubicado el casco urbano de la Villa. Existiendo también en dicho monte otro camino que, partiendo casi de la mitad de la actual Avenida de Pío XII, pasaba por su cima y se encontraba de nuevo con el que discurría por esta avenida a la altura del antiguo y hoy sepultado Pontigo, y que hoy en día aún se conoce como la Calle del Cogotillo Alto. Una vez que se comunicó la Calle Mayor con el cruce del Pontigo, los caminos que entraban por el Cogotillo y daban acceso a las cocheras y almacenes, que eran los únicos edificios existentes allí por entonces, dejaron la primacía de acceso a aquella calle y tanto la Avenida de Pío XII, que aún se sigue llamando Calle del Cogotillo Bajo, como la Calle del Cogotillo Alto quedaron relegadas a meras calles del interior del caso urbano de Fitero.

lunes, 25 de julio de 2011

Barnueva y la Serna: dos granjas de Fitero en Cervera

En 1374, el monasterio de Fitero y su castillo de Tudején (despoblado de Fitero) se incorporaron definitivamente al reino de Navarra. Como consecuencia de esta injusticia, casi la mitad del coto redondo del antiguo monasterio cisterciense de Fitero quedó en el reino de Castilla, dando lugar a graves conflictos con las poblaciones vecinas que antes eran aliadas y que ahora, por quedar en la otra margen de la frontera, habían pasado a ser adversarias, tal fue el caso de las riojanas Alfaro y Cervera del Río Alhama, y viceversa, en el caso de Cintruénigo y Corella, no afectando a la condición de la aragonesa Tarazona, última localidad limítrofe entonces con el monasterio de Fitero.
En 1414 concluyó el litigio mantenido entre Cervera y el monasterio de Fitero por la forma en que debían seguir explotándose las posesiones que éste tenía en los términos de aquella: Valnueva -reducido a un caserío que hoy se conoce como Barnueva-, en la vega del río Añamaza que desemboca en la margen derecha del río Alhama poco más adelante, y la Serna del Emperador, en la actual pedanía cerverana de las Venta del Baño, que, a su vez, hace referencia a Baños de Fitero, en la margen izquierda del Alhama.
Todavía se conserva en Cervera el topónimo de la Granja, en Barnueva y, concretamente, en la margen izquierda del Añamaza. Así como allí mismo pero en la margen derecha de este afluente del Alhama y ya en términos de la actual villa de Fitero, se conserva de Aranjuela o, mejor dicho, La Granjuela que, evidentemente, hacen referencia todos ellos a la citada granja de Valnueva que allí tuvo el antiguo monasterio de Fitero.
En los mapas del siglo XVII se mantiene la referencia a la Serna tal y como ha llegado hasta nuestros días, esto es, habiendo perdido ya el calificativo del sobrenombre que hacía referencia a la donación que de ella había hecho Alfonso VII el Emperador a San Raimundo de Fitero. Mientras que en dichos mapas ya no se menciona la granja pero sí el topónimo fiterano de La Granjuela al que aquella había dado lugar, antes de caer en desuso esta explotación agropecuaria.
Posteriormente, en Valnueva se asentó una población dependiente igualmente de Cervera que se denominó Pisalvos, según recogió Pascual Madoz Ibáñez en el tomo VI de su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, aunque de ella no quedan restos en la toponimia cerverana ni, claro está, en la historia fiterana. Permaneciendo hasta ahora, eso sí, el citado topónimo cerverano de Barnueva que, como el de la Serna, recuerda la forma en la que el antiguo monasterio de Fitero explotó estas propiedades una vez que cambió de reino como consecuencia de las intrigas políticas de la época.

viernes, 22 de julio de 2011

La bodega riojana del monasterio de Fitero

Hace casi una década tuve la oportunidad de localizar e interpretar correctamente los restos del antiguo lugar de La Noguera (despoblado de la localidad riojana de Tudelilla) en un amplio valle que limita, por el nordeste, con el Villar de Arnedo y, por el sudoeste, con Ocón y con el término de Tudelilla denominado el Torrejón.  Este valle está atravesado por el río Molinar, en cuya margen izquierda y sobre un cerro cercano al riachuelo, todavía son visibles las ruinas del pequeño Monasterio de San Bartolomé. Cenobio que, el 5 de abril de 1148 y tras haber permanecido abandonado durante algún tiempo (no mucho pues esta región de La Rioja Baja fue reconquistada en 1119), se transformó en una granja cisterciense dependiente del monasterio cisterciense de Niencebas (despoblado de Alfaro) y de su abad, San Raimundo de Fitero, como recompensa del emperador Alfonso VII por las buenas gestiones diplomáticas que aquel cisterciense había realizado durante la preparación de la campaña que en 1147 le había facilitado la reconquista de Calatrava y Almería.
En el último cuarto del siglo XV, los cistercienses castellanos del monasterio riojano de San Prudencio del Monte Laturce (Clavijo), sin razón alguna que se sepa, usurparon y reivindicaron la propiedad de la granja de San Bartolomé que el Monasterio de Fitero, ya ubicado en Navarra desde 1374, tenía en La Noguera. Tras un largo pleito de cerca de un siglo de duración, los monjes usurpadores acabaron logrando que así fuera, seguramente tras llegar a un acuerdo económico con el monasterio de Fitero que ya no estaba dispuesto a seguir pleiteando por su legítima posesión. En 1651, esta granja de San Bartolomé de La Noguera tuvo que ser reconstruida y, en 1684, pasó a depender de la parroquia de la nueva villa de Tudelilla, que acababa de independizarse entonces de Arnedo. Finalmente, con la desamortización de 1821 cesó la explotación de esta granja por parte del Monasterio de San Prudencio del Monte Laturce y se transformó en la ermita de San Bartolomé que entonces pasó a manos privadas y que acabó por desaparecer poco después. Aunque, en Tudelilla, todavía existe la cofradía de San Bartolomé que, sin duda, estuvo relacionada con las ruinas de este antiguo monasterio, posterior granja cisterciense y finalmente ermita.
Cuando localicé sus restos, era muy difícil identificar las posibles dependencias de la antigua granja de La Noguera debido al paso del tiempo y por haber sido reutilizadas como corrales para el ganado, tal como amablemente me explicó el que entonces era el alcalde de Tudelilla, Luis Cárdenas Argaiz, ciertamente sorprendido por mi interés en unas ruinas por las que, hasta entonces, no se había interesado nadie. Si bien había unas escaleras que bajaban a una antigua bodega subterránea, que se veía en muy buen estado, pero a la que no se podía acceder por estar cerrado su último tramo por medio de un candado que bloqueaba la verja de entrada. Por lo que decliné la invitación del animoso alcalde que, con la mejor intención por ayudarme, estaba muy interesado en que la investigáramos.
Casualmente, casi dos años después de publicar estas y otras noticias en el libro San Raimundo de Fitero, el monasterio cisterciense de la frontera y la fundación de la Orden Militar de Calatrava, la fundación Dinastía Vivanco anunció en la prensa riojana, en octubre de 2003, que esta bodega promotora del mayor museo del vino del mundo en Briones, lleva a cabo un proyecto de recuperación arqueológica en el cerro de La Noguera, de Tudelilla, donde hace dos años halló los restos de lo que fue una granja medieval adscrita al Monasterio de Fitero y, posteriormente, al de San Prudencio del Monte Laturce,  citando como fuente a María Pilar Sáenz Preciado, arqueóloga del proyecto, y añadiendo que el fin último es el acondicionamiento de la zona para uso turístico-cultural, como yacimiento arqueológico o museo de sitio. "La idea es hacer un pequeño museo, con algunas piezas añadidas traídas de Briones y enseñar al visitante como se elaboraba entonces el vino", así como que se trata de unos restos de extraordinario valor, dada su antigüedad y vinculación con los monjes cistercienses, auténticos impulsores de la plantación de viñedo en España a partir de la Edad Media.

martes, 19 de julio de 2011

La Oliva y Veruela, filiales del monasterio de Fitero

En mayo de 1145 seguían las disputas por definir la nueva frontera entre los recién escindidos reinos de Pamplona y Aragón, así como la de ambos con el imperio leonés, cuya posición oriental más avanzada se encontraba entonces en Tudején (despoblado de Fitero). En este contexto se enmarcan las negociaciones que entonces reemprendió el futuro rey de Castilla, Sancho III el Deseado, hijo de Alfonso VII el Emperador, para poder retomar sus campañas de reconquista en al-Andalus, con su tío Raymond Berenguer IV el Santo, conde de Barcelona y regente en Aragón, a quien también le interesaba emprender su propia campaña contra los musulmanes, una vez asegurada su frontera occidental con Pamplona.
Así se fraguó una nueva y efímera tregua entre los reinos de Pamplona y Aragón, en cuya gestión desempeñó un papel importante San Raimundo de Fitero y su fronterizo y estratégico monasterio cisterciense de Niencebas (despoblado de Alfaro), ya que, el 27 de mayo de 1145, pocos días después de que se firmasen estas paces, es cuando el futuro abad fiterano recibió en agradecimiento la donación de los fronterizos y estratégicos lugares en los que fundó las granjas cistercienses de La Oliva (Carcastillo) y de Veruela (Vera de Moncayo), en ambas márgenes del río Ebro.
Las granjas de La Oliva y Veruela continuaron su desarrollo hasta que, en septiembre de 1150, San Raimundo obtuvo la necesaria aprobación del Capítulo General de la Orden de Cister, en Borgoña, para que ambas se pudieran independizar y transformar en sendos monasterios afiliados a esta orden monástica a través del monasterio de Niencebas, por medio de los cuales se articulaba la frontera de los reinos de Castilla, Pamplona y Aragón bajo la supervisión arbitral de los cistercienses.
La Oliva y Veruela siguieron siendo monasterios dependientes de San Raimundo mientras éste también estuvo al frente del primer monasterio de Fitero, esto es hasta que su aventura en Calatrava, para cuya defensa organizó una milicia cisterciense que acabó dando lugar a la Orden Militar de Calatrava, propició la invasión turiasonense del monasterio de Fitero, la expulsión de sus monjes y la llegada de una segunda comunidad monástica, que como la primera también procedía del monasterio cisterciense de l'Escaladieu (Bonnemazon, Hautes-Pyrénées), a cuyo frente estuvo el que fue el segundo abad fiterano, Guillaume, desde 1160. Año en el que Capítulo General de esta orden debió aprobar la refundación cisterciense del monasterio de Fitero, que ahora se encontraba en la diócesis de Tarazona, mientas San Raimundo y el obispo de Calahorra reclamaban sus derechos ante el Papa. Con la salvedad de que las antiguas filiales de La Oliva y Veruela pasaban a depender directamente de la casa madre de Fitero: l'Escaladieu, en vez de seguir haciéndolo a través del monasterio que había fundado San Raimundo en el valle del Alhama.

sábado, 9 de julio de 2011

Los fondos del 1% Cultural y la restauración del Batán

Por las cercanías del Batán de Angós pasa el gasoducto cuyas obras han comenzado esta semana. El conducto para el gas viene desde Yela (Brihuega, Guadalajara), en La Alcarria, y tiene que llegar hasta el riojano Villar de Arnedo, de acuerdo con la resolución que adoptó el 10 de Diciembre de 2010 la Dirección General de Política y Minas, del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio del Reino de España, por la que aprobó el proyecto de ejecución y reconocimiento, en concreto, de utilidad pública para la construcción de las instalaciones del gasoducto denominado Yela-Villar de Arnedo, incluido en la Planificación de los sectores de electricidad y gas 2008-2016. Desarrollo de las Redes de Transporte.
El trazado del gasoducto discurre por los términos municipales de Brihuega, Ledanca, Argecilla, Bujalaro, Jirueque, Cendejas de Enmedio, Negredo, Angón, Rebollosa de Jadraque, Riofrío del Llano, Sigüenza y Sienes, en la provincia de Guadalajara; Miño de Medinaceli, Yelo, Alcubilla de las Peñas, Adradas, Morón de Almazán, Coscurita, Almazán, Viana de Duero, Borjabad, Cubo de la Solana, Los Rábanos, Alconaba, Candilichera, Arancón, Aldealpozo, Villar de Campo, Pozalmuro, Matalebreras, Ólvega y Ágreda, en la provincia de Soria; Fitero y Corella en la provincia de Navarra; y Cervera del Río Alhama, Alfaro, Aldeanueva del Ebro, Autol, Quel, Arnedo y El Villar de Arnedo, en la provincia de La Rioja. En el tramo fiterano el gasoducto presentará válvula de seccionamiento telemandada, caseta de control, acometida eléctrica en alta tensión y centro de transformación intemperie.
La Ley de Patrimonio Histórico establece la obligación de destinar en los contratos de obras públicas una partida de al menos el 1% a trabajos de conservación o enriquecimiento del Patrimonio Histórico Español o al fomento de la creatividad artística, con preferencia en la propia obra o en su inmediato entorno. Por eso, ojalá sea ésta una buena ocasión para que las autoridades competentes en la materia aprovechen, si no lo han hecho ya, la realización de tan importante obra civil para explorar la posibilidad de recabar fondos del Ministerio de Cultura, correspondientes al "1% Cultural", para presentar el correspondiente proyecto de restauración y reconstrucción del Batán de Angós, en el que también se podría recuperar la agradable y desaparecida chopera que existía entre la acequia que alimentaba a éste y el cauce del río Alhama, adecuando esta zona para solaz y disfrute de los fiteranos y de quienes nos visitan, al igual que, de paso, poner en marcha un agradable parque fluvial.
Así, con cargo a estos fondos ministeriales, Fitero podría recuperar el paseo de Las Minas, del que hablaba Pascual Madoz Ibáñez, al tratar acerca de la voz Fitero en el tomo VIII de su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, diciendo que otro paseo poco menor [además del que hay en el Barranco de los Palomares] se está formando un poco más lejos, en el sitio llamado Las Minas, que es más a propósito para el invierno, por el abrigo en que está. Estando este paraje de Las Minas ubicado en las proximidades del lugar por el que el gasoducto cruza la acequia del Batán, como se ve en el plano de éste que hizo Pedro Angós, en 1640. Segundo paseo o parque fluvial que por su cómoda situación, a las afueras de la Villa, facilitaría el acceso a un paraje con gran interés histórico, cultural y medioambiental.

viernes, 24 de junio de 2011

La primera epidemia de cólera morbo, 1834

El cólera morbo, enfermedad endémica del norte de la península del Indostán, de acuerdo con lo publicado por Esteban Orta Rubio, llegó a la península Ibérica a través de los puertos portugueses y entró en España por la ciudad gallega de Vigo, en Enero de 1833, y la pandemia causó unas 300.000 muertes, esto es, un 3% de toda la población española.
La primera noticia acerca del cólera en Navarra, de acuerdo con lo publicado por Esteban Orta, data del 2 de Agosto de 1834, cuando súbitamente apareció en la ciudad de Corella y produjo la muerte de 31 personas en sólo tres días, remontando el curso del Alhama para contagiar a los vecinos de Cintruénigo, donde fallecieron 3 personas en menos de 24 horas, y llegando a Fitero el día 7 de Agosto de 1833. Todo ello antes de llegar también a las localidades riojanas de Igea de Cornago y de Alfaro, a mediados de este mismo mes, así como a la cercana ciudad aragonesa de Tarazona y también a la navarra de Tudela a finales de Agosto. Si bien, en el valle del Alhama la enfermedad comenzó a remitir a partir de la segunda quincena de Agosto de 1833, rebrotó con fuerza el 2 de agosto del año siguiente y esta vez perduró hasta finales de Septiembre de 1834, tal como había publicado el fiterano Manuel García Sesma, con anterioridad a Esteban Orta. Además, Manuel García transcribió la nota que el vicario de la parroquia de Fitero, Fray Santos Leoz, junto con el párroco, Fray Miguel Arellano, añadieron en el libro de difuntos, el 17 de Octubre de 1834: Aunque en el asiento de las partidas, desde el principio de agosto hasta el día de la fecha, se advierta alguna equivocación, y que están tergiversadas sus fechas, no deberá causar admiración para lo sucesivo, teniendo presente que, en estos dos meses, acometió el cólera morbo a este pueblo, y por los muchos que morían, ni se traían a la iglesia ni las gentes cuidaban de avisar ni menos el obligarse, para después pagar los entierros; por lo que fue preciso salir por el pueblo, preguntando casa por casa quién había muerto; y a pesar de esta diligencia, no será extraño el que algún difunto haya quedado sin asentarse.
No obstante, los datos acerca de la mortalidad fiterana que recogió Esteban Orta dan muestras de la influencia que tuvo esta pandemia, especialmente, en 1834. Pues, frente a los 81 fallecidos en 1832, fueron 127 en 1833, 244 en 1834, lo cual supone un 11,6% del total de la población fiterana, 111 en 1835 y ya sólo 54 en 1836.

viernes, 13 de mayo de 2011

Baños de Fitero y los Extramuros de Alfaro

En el amojonamiento del coto redondo del antiguo Monasterio de Fitero, que estuvo vigente entre 1168 y 1835, figura como tercer hito del recorrido, que empezaba y acababa en la Torrecilla de Grávalos, el pequeño caño o cañuelo del desagüe de las aguas termales del actual balneario Virrey Palafox, de Baños de Fitero, que antiguamente era conocido como baños de Tudején (despoblado de Fitero), al barranco que ahora separa La Rioja de Navarra. De hecho, este barranco se denominaba de La Cañuecla, en referencia a dicho cañuelo, o también como el barranco del Agua Caliente, debido a las aguas termales que desaguaban y aún desaguan allí confluyendo unos metros más abajo con las del río Alhama, por la margen izquierda de éste. A pesar de que, en la actualidad, este fronterizo barranco carezca de un nombre específico, habiéndose perdido el uso de los citados topónimos.
Una vez que, en 1374, se hizo efectiva la incorporación del Monasterio de Fitero al reino de Navarra casi la mitad de sus términos quedaron en Castilla, esto es, su coto redondo quedó dividido por la nueva frontera entre estos reinos y este tercer hito, el del desagüe de este viejo balneario fiterano, siguió cumpliendo su función. 
Hasta que, tras la desamortización definitiva del Monasterio de Fitero, buena parte del trozo del coto redondo que había quedado en Navarra dio lugar al actual término municipal de Fitero. A partir de entonces, este mojón no sólo separa los antiguos reinos hispanos sino que también sirve de hito común entre Fitero, Alfaro y Cervera del Río Alhama. Habiendo perdido Fitero la propiedad del barranco de La Cañuecla o del Agua Caliente, debido a la laxa interpretación que entonces hicieron los castellanos y que ahora mantienen los riojanos. Como lo prueba el cartel que marca los actuales límites de los Extramuros de Alfaro, a pie mismo del balneario Virrey Palafox y junto al desagüe de sus aguas en dicho barranco.
Es una pena que, poco a poco, se hayan ido perdiendo parte de los derechos y los límites del término municipal de Fitero, sin duda debido a la desidia y el desinterés de las autoridades municipales y forales, y no sería de extrañar que, en un futuro no muy lejano, acabaran estando todas las instalaciones del balneario Virrey Palafox en La Rioja. De hecho, el ayuntamiento alfareño no ceja en su empeño por ir haciéndose, poco a poco, con un territorio que históricamente jamás le perteneció pero que quizá acabe incorporándose a su término municipal, uno de los más grandes de España.
Si alguien se molestara en revisar la documentación existente, desde el siglo XII hasta nuestros días, quizá podría restaurar los límites y las fronteras a sus correspondientes hitos, como se ve en el mapa del siglo XVII, por ejemplo. En cualquier caso, deberían ser fronteras que unieran y enlazaran los intereses de sus vecinos y no como, a veces parece, abismos tras los cuales parece que se acabara el mundo o que ya no existiera nada más allá de los límites de las actuales Comunidades Autónomas.

jueves, 5 de mayo de 2011

El Espinaz de Can

El territorio que, entre 1168 y 1835, correspondió al coto redondo o término del antiguo monasterio cisterciense de Fitero, daba comienzo y ponía fin a su amojonamiento en la gravaleña cima de La Torrecilla, que hoy sirve de mojón entre las localidades riojanas de Grávalos y Cervera del Río Alhama.
El siguiente hito fiterano era el Espinaz de Can, llamado así porque la forma de las puntiagudas rocas que hay en la cima de su monte hacían que éste pareciera un can o perro dormido cuyo espinazo o columna vertebral lo marcaran dichas rocas, como aún puede observarse, especialmente si se hace desde el barranco en el que nace la alfareña Fuente de los Cantares. Aunque el topónimo ya no se conserva como Espinaz de Can, se sigue denominando como Peñas del Can en la toponimia correspondiente al término municipal de Cervera del Río Alhama, en un lugar que esta muy cerca del que ahora es también su límite nororiental con Grávalos, que discurre paralelo al barranco y arroyo de Valdeladrones así como a la carretera local LR-385, y también cerca del fronterizo monte de La Torrecilla y que, como la cima de éste, en las estribaciones suroccidentales del monte Yerga, hace que la suya también sea una cumbre fácilmente reconocible desde la distancia. A partir de aquí, el amojonamiento cisterciense giraba en dirección sureste y se dirigía hasta el desagüe de los baños de Tudején (despoblado de Fitero), que ahora forman parte del balneario Virrey Palafox, de Baños de Fitero, en el fronterizo barranco de la Cañueca o del Agua Caliente por el que desemboca en la margen izquierda del río Alhama.
Las vistas existentes desde el curioso Espinaz de Can hacen que valga la pena subir a la cima de las Peñas del Can, pues desde ella se divisa tanto un paisaje parecido al que se veía desde La Torrecilla, aunque, debido a su posición, se amplia la vista hacia oriente, tanto hacia el alfareño barranco de la Fuente de los Cantares, en el que se encuentran la Venta del Pillo así como el lugar en el que estuvo la primera sede del monasterio de Fitero: Niencebas (despoblado de Alfaro) y las ruinas romanas y prerromanas de sus alrededores, como hacia Baños de Fitero y el propio valle del Alhama.

lunes, 2 de mayo de 2011

Río Añamaza y Término de La Vega

Antes de que desecaran la antigua laguna soriana de Añavieja, a mediados del siglo XIX -con la oposición de las poblaciones afectadas, como por ejemplo: San Felices, Cervera del Río Alhama, Fitero, Cintruénigo, Corella, Alfaro y Tarazona, por su influencia en el riego aunque, hoy en día, la oposición sería generalizada y basada en la defensa del Medio Ambiente-, se consideraba que ésta era el lugar en el que nacía el río Añamaza.
En realidad, como escribió el pamplonés Pascual Madoz, en 1845, se creía que el río Añamaza tenía su origen en la laguna de Añavieja, de la que se desprenden dos acequias o ramales; el uno que se dirige a Dévanos y toma este nombre; da movimiento a dos molinos harineros antes de llegar a dicho pueblo; en las inmediaciones de él impulsa las ruedas de otro y un batán, sigue su curso fertilizando varias labores; y pasando por los barrancos de los Cubos, sale del Partido de Ágreda y entra en el de Cervera [del Río Alhama], donde se le reúne al instante el riachuelo titulado de la Virgen del Butar, y el otro ramal de Añavieja, que con el nombre de Canal de San Salvador riega la vega de Valverde [pedanía de Cervera del Río Alhama] y sus ventas [derivándose también una acequia hacia los términos fiteranos del Tolco y de la Nava]; desde la confluencia de los repetidos ramales, [otra vez] toma el nombre de río Añamaza, riega la hermosa vega de este pueblo, de más de dos leguas de longitud, y siguiendo su curso en dirección Norte, va a desaguar en el río Alhama, a unos 400 pasos más abajo de los Baños de Fitero.
Sin embargo, tras desecar la laguna de Añavieja, se considera que es el río Manzano, que nace en la cercana villa de Trébago y que antiguamente desaguaba en ella, el origen del río Añamaza que sigue desembocando por la margen derecha del río Alhama delante de las ruinas de Tudején (despoblado de Fitero).
Todavía se conserva en Fitero el término de La Vega, esto es, La Vega del río Añamaza, que ya figuraba así en un mapa de principios del siglo XVII, mientras que el hidrónimo Añamaza figura en la documentación del cartulario del antiguo monasterio cisterciense de Fitero, desde 1153. Este término de La Vega hace referencia a la parte llana del valle del Añamaza, desde que entra en Fitero hasta que llega al paso o Vadillo, donde comienza a bordear el término de San Valentín de Tudején, antes de acabar entrando por Los Hortales en el propio valle del Alhama.

viernes, 29 de abril de 2011

Río Alhama

La noticia más antigua que se conoce del río Alhama data de los primeros días de la primavera del año 914, pocos meses antes de que los musulmanes recuperaran Calahorra, en Julio de ese mismo año, y se encuentra en la crónica de Abderramán III an-Nasir, octavo emir independiente y primer califa Omeya de Córdoba. En ella se le cita como río al-Hamma, haciendo referencia a la existencia en su valle de establecimientos de baños o balnearios que explotaban las virtudes de sus aguas termales, como en Baños de Fitero, entonces baños de Tudején (despoblado de Fitero), cuyos restos de sus instalaciones termales son de origen romano, y se aclara que discurría por una región de la que entonces era la frontera septentrional del califato. Desconociéndose cuál era su denominación antes de la llegada de los árabes y musulmanes al valle del Ebro, que acaeció a principios del siglo VIII.
El río Alhama nace en Suellacabras (Soria) y pasa por Magaña, Valdeprado y Cigudosa, antes de penetrar en La Rioja, pasando por Aguilar (así como por la pedanía de Inestrillas) y Cervera (así como por la pedanía de la Venta del Baño), poblaciones que llevan el sobrenombre del Río Alhama. Justo antes de entrar en Navarra, se le unen, por su margen izquierda, las aguas del río Linares y, nada más entrar en el término navarro de Fitero, las fuentes de aguas calientes de los Baños de Fitero, también por la margen izquierda; aunque, a poco menos de un kilómetro aguas abajo, se le unen también las del río Añamaza por su margen derecha. En Fitero se le extraen varios canales, por ambas márgenes, que dan lugar a otros tantos ríos, como por ejemplo el de Piedra, el de la Huerta, el Molinar o el Llano, y algo parecido también ocurre en las siguientes poblaciones navarras por las que pasa, Cintruénigo y Corella, antes de volver a entrar en La Rioja para acabar desembocando en la margen derecha del río Ebro, en Alfaro, tras haber recorrido unos 84 kms en dirección Noreste. Lo que hace que al cauce principal del río Alhama se le conozca en Navarra como río Mayor que, no es tal, sino sólo el mayor de los cauces en los que aquél divide su curso por esta comarca.

miércoles, 27 de abril de 2011

El juramento de la Constitución de Cádiz en Fitero: Septiembre de 1813

El 21 de Junio de 1813 se produjo la victoria aliada, de las tropas españolas, portuguesas e inglesas, bajo el mando de Arthur Wellesly, duque de Wellington, sobre las francesas que escoltaban a José I Bonaparte en su huida hacia Francia, en la famosa batalla de Vitoria. Cuatro días después, las tropas aliadas comenzaron el asedio de Pamplona, que duró hasta que se rindió la plaza el 31 de Octubre. Mientras que, el 26 de Junio, las tropas imperiales francesas del Ejército del Norte, mandadas por el general Bertrand Clausel, llegaron a Tudela procedentes de Calahorra y Alfaro, huyendo de la División de Navarra, que estaba comandada por Francisco Espoz y Mina. Al día siguiente, los franceses abandonaron definitivamente Tudela, dirigiéndose a Zaragoza mientras eran perseguidos por las tropas de Espoz. Situación que facilitó el que, el 23 de Julio de 1813, como recientemente publicó Francisco Miranda Rubio, se produjera el primer contacto oficial entre la Regencia española y los miembros de la extinta Diputación del reino, aún en el exilio al que se habían visto abocados en Agosto de 1809, para solicitarles a éstos que nombrasen un Jefe Político para Navarra y que se publicase y jurase la Constitución, a medida que las poblaciones se fueran liberando del dominio francés, habiendo sido la primera la ciudad de Estella, el 31 de Julio de 1812.
El 10 de Septiembre de 1813, el alcalde de Fitero, Joaquín Val, se reunió en la Casa Consistorial con sus regidores, Juan Antonio Medrano, Joaquín Alfaro, Manuel Andrés y Joaquín Muro, para despachar el oficio recibido desde Tudela, que incluía un ejemplar impreso de la Constitución de la Monarquía Española, promulgada en Cádiz, a diez y nueve de Marzo de mil ochocientos doce para que sea reconocida y jurada en todos los Pueblos de esta Merindad, resolviendo que el sábado once del presente se arme un tablado de suficiente altura con el ornato y decoro correspondiente en medio de la Calle Mayor, donde a las cuatro de la tarde se ha de celebrar la Publicación, así como que a esa hora deberán concurrir todos los vecinos al repique general de Campanas a la Casa Consistorial desde la que los Sres. Alcalde y Regidores, con toda la Comitiva, marcharán a dicha Calle Mayor y colocado el Ayuntamiento en el tablado, donde habrá un Solio de terciopelo carmesí, se leerá por el Secretario [Antonio Celestino Huarte] la Constitución, que la recibirá de mano del Sr. Alcalde, y que una vez realizado este acto se regresará con la misma formalidad a dicha Casa Consistorial y en la noche del mismo día haya iluminación y repique de campanas, así como que en el día siguiente, domingo, acudan todos los vecinos y el clero a su única Parroquia a la Misa mayor a jurar dicha Constitución y su observancia en la forma prevenida por las Cortes y el Te Deum que se cantará enseguida y que a la tarde haya regocijos públicos como lo exige un acto que merece la mayor satisfacción y que se publique por bando, para noticia de todos. Añadiendo que la Constitución en la Parroquia se leerá antes del ofertorio por el Cura Párroco [Francisco Navascués], quien hará una breve exhortación dirigida al objeto, de modo que después de concluir la Misa se recibirá el juramento por dicho Sr. Alcalde y Regidores bajo la fórmula prevenida en el decreto de las Cortes y se cantará el Te Deum. Disponiendo también que reunidos enseguida los Sres. Alcalde y Regidores, en la Sala mayor, presentarán el juramento particular con arreglo al mismo decreto recibiendo el Sr. Regidor preeminente al Sr. Alcalde y este al mismo Sr. Presidente y demás individuos de Ayuntamiento.
Estos actos se ejecutaron según lo previsto, con la solemnidad, ceremonia y demás circunstancias, de acuerdo con la certificación expedida por el citado secretario, el lunes siguiente; tal y como publicó Jesús Soria Magaña, hace poco más de un lustro. A pesar de las dudas que su artículo generó en algunos historiadores fiteranos, incluido el propio autor, acerca de que estos actos no habrían acaecido entonces sino bastantes años después, probablemente en 1820. Por lo que aprovecho la ocasión para dejar constancia de que el trabajo era correcto y que, efectivamente, la Constitución de Cádiz se juró en Fitero el sábado 11 de Septiembre de 1813. Si bien, el retorno del exilio del rey Fernando VII de Borbón, en Marzo de 1814, acabó dando al traste con la primera experiencia constitucional que hubo en España, restituyendo el sistema de gobierno y las instituciones existentes antes de la Guerra de la Independencia.

lunes, 25 de abril de 2011

La Torrecilla de Grávalos

El primer y último mojón del coto redondo del antiguo monasterio cisterciense de Fitero, por eso era redondo el coto: porque empezaba y acababa su amojonamiento en el mismo hito, era La Torrecilla de Grávalos. Llamado así porque en la cima del monte gravaleño, que servía de mojón al monasterio desde 1168, aún se encuentran las ruinas de la pequeña torre, cuya presencia sigue dando el nombre al propio monte. Si bien ahora éste sirve de mojón entre Cervera del Río Alhama y Grávalos. Desde La Torrecilla continuaba el amojonamiento fiteriense por las cerveranas Peñas del Can hasta llegar a los antiguos baños de Tudején (despoblado de Fitero) o establecimiento antiguo de los Baños de Fitero, continuando el recorrido por unos linderos parecidos a los del actual término municipal de Fitero, adentrándose después por campos que ahora pertenecen a Cintruénigo, Corella y Alfaro, para acabar recorriendo toda la falda meridional de Yerga y llegar, por la gravaleña Cueva Ladrones, hasta el mojón de La Torrecilla.
Los potentes muros de la torre, de casi un metro de espesor, están bastante derruidos y no levantan más de un metro y medio de altura. Sin embargo permiten reconstruir su planta con cierta facilidad y se puede decir que era rectangular y que su interior estuvo dividido en tres estancias: la mayor o principal, que da al mediodía y cuyo ancho es como el de las otras dos habitaciones más pequeñas juntas, la mediana y lo que podría ser el hueco de la escalera que permitiría acceder al desaparecido segundo piso, dando ambas al norte, hacia el monte Yerga, cuya cima se ve al fondo. Cara septentrional en cuyo exterior también se encuentra adosada una estancia de dimensiones similares a la mediana pero cuyos restos de muros, de cerca de dos metros de altura, parecen indicar que su techo formaba una cúpula en forma de cuarto de esfera, por lo que debió servir de almacén o quizá de aljibe para quienes ocupaban esta fortaleza medieval. Pues no sólo se trata de una estratégica torre de vigilancia, con excelentes vistas, sino de unas estructuras algo más complejas ya que tanto hacia poniente, donde se ven los edificios de la villa de Grávalos a unos dos kilómetros de distancia, como también hacia el mediodía, se ven también restos de los arranques de varios muros de piedra, que debieron pertenecer a varias estancias auxiliares.
Al no haber observado la presencia de restos de cerámica entre la abundante vegetación que cubre la cima y las laderas de este monte, es difícil aventurar su antigüedad. Aunque dado que en su falda noroeste se encuentra el término gravaleño de La Torre, en el que, en 1929, fue hallada una necrópolis romana, de la que sólo se conserva una lápida funeraria con una inscripción latina que data de finales del siglo II d. C., cabe aventurar la posibilidad de que la fortaleza de La Torrecilla pudiera no sólo ser de época medieval sino quizá también anterior.
No estaría nada mal que el Ayuntamiento de Grávalos declarara este yacimiento arqueológico como Bien de Interés Cultural de carácter local, al menos. Sería un primer paso para protegerlo y para que comenzara su estudio. Así, algún día, los vecinos de Grávalos podrían contar también con un centro de interpretación en el que aflorara su Historia y, de paso, se promoviera la visita a lugares de interés también para quienes se acerquen a probar las propiedades terapéuticas de su recién reconstruido balneario de la Fon-podrida.
En cualquier caso, las magníficas vistas que ofrece la cima de La Torrecilla son más que un aliciente para acercarse hasta la cima de este monte y disfrutar de una buena excursión y, si como fue mi caso, encima es en compañía de un buen amigo, Miguel Álvarez Arévalo, y de su joven pero avispada y valiente hija, Paula Álvarez Bozal, mejor aún. Además, el tiempo de la lluviosa Semana Santa nos dio un respiro ayer y pudimos gozar de una tarde primaveral muy agradable. Tarde en la que, por cierto, tuvimos la suerte de ver tres magníficos corzos a los que creo que les estropeamos la siesta que debían estar echando entre los matorrales de la cima de La Torrecilla.