sábado, 30 de abril de 2011

La participación de Fitero en las primeras elecciones a las Cortes españolas que hubo en Navarra

Durante la prolongada ocupación francesa de Navarra, la Diputación del reino tuvo dos tipos de actuación muy diferentes. Inicialmente, desde mayo de 1808, el régimen foral se mantuvo estructurado y colaboró con las autoridades del rey José I Bonaparte hasta que, el 8 de febrero de 1810, su hermano, el emperador Napoleón I Bonaparte, decretó la imposición de un Gobierno Militar en el viejo reino, que acabó integrándolo en la zona ocupada por el Ejército del Norte, al margen de la corte madrileña. Mientras tanto, en enero de 1810, la Regencia del reino de España fue la institución que, representando a la soberanía nacional, había convocado en Cádiz a las Cortes Generales, que comenzaron su celebración el 24 de septiembre de ese mismo año. Cortes en las que Navarra estuvo representada por el corellano Francisco de Paula Escudero y Ramírez de Arellano, en calidad de diputado suplente ya que en el viejo reino no pudieron celebrarse elecciones por estar ocupado por los franceses.
El 23 de julio de 1813, como publicó Francisco Miranda Rubio, se produjo el primer contacto oficial entre la Regencia y los miembros de la extinta Diputación del reino, aún en el exilio, que había comenzado en agosto de 1809, para solicitarles a éstos que nombrasen un Jefe Político para Navarra y que se publicase y jurase la Constitución. Siendo escogido el también corellano Miguel Escudero y Ramírez de Arellano, seguramente arrepentido ya de haber firmado el 7 de julio de 1808 la afrancesada Constitución de Bayona o Acte Constitutionnel de l’Espagne que había jurado José I Bonaparte, para suceder a su hermano como Jefe Político de Navarra, en el mes de agosto de 1813.
En Fitero, la Constitución de Cádiz fue jurada el 11 de septiembre de 1813, y los vecinos de la Villa procedieron a elegir a los que, en su Parroquia, se encargarían de nombrar, a su vez, a los dos candidatos que les representarían en su Merindad, salvo en la de Olite que sólo designaba un elector, siendo en total nueve electores de Partido Judicial o Merindad, los que, el día 25 de ese mismo mes, acabarían reuniéndose en Estella, bajo la presidencia de Miguel Escudero y Ramírez de Arellano, y eligiendo, al día siguiente, a los tres diputados, más un suplente, para representar a Navarra en las Cortes Generales de España, así como a los diputados a provinciales, en sustitución a los que hasta entonces habían participado en la Diputación del Reino de Navarra. Todos debían ser, como señaló Fermín Miranda Rubio al describir este proceso, mayores de 25 años y vecinos o residentes en cada Partido Judicial.
Este proceso electoral también tuvo lugar en Fitero el 16 de septiembre de 1813, como citó Jesús Soria Magaña hace poco más de un lustro, cuando en la Casa Consistorial de la Villa se juntaron el alcalde Joaquín Val, el párroco Francisco Navascués y otros diferentes vecinos de la única Parroquia de Sta. [Mª.] la Real, que esta Villa, mediante aviso antediem a son de caja, voz de pregonero y repetición en la mañana de este día con expresión del fin, siéndolo para el efecto de proceder, con arreglo a la Constitución política de la Monarquía Española y en consecuencia a las órdenes recibidas, al nombramiento de dos Electores Parroquiales que caben a la única de esta Población en atención a tener pasados de cuatrocientos vecinos y no llegar al de quinientos, precediendo los requisitos y demás circunstancias que previene el artículo tercero de las mismas, en su cumplimiento después de haber asistido a la Parroquia, celebrado la Misa Solemne de Espíritu Santo por el Vicario D. Francisco Navascués que ha hecho en la misma un discurso dirigido al objeto, se ha procedido luego de su regreso a esta Casa Consistorial a la habilitación de dos Escrutadores y un Secretario, hecha entre los vecinos concurrentes, a puerta abierta, verificándolo para los dos primeros encargos en las personas de Bernardo Rincón y Florencio Hervide y por Secretario al Escribano de Ayuntamiento [Antonio] Celestino Huarte. En seguida se preguntó por el Sr. Alcalde, como Presidente, cuanto previene el artículo cuarenta y nueve de la Constitución y no ha ocurrido duda, ni dificultad alguna en el particular, pasando enseguida al nombramiento de veinte y un Compromisarios que caben los dos Electores que exige, ejecutándolo en la forma prescrita en el artículo cincuenta y uno. Practicada esta diligencia y reconocidas las vistas de Nombramientos por el Presidente, Escrutadores y Secretario, se publicó en alta e inteligible voz haber sido los nombrados los que constan en la relación siguiente: Joaquín Val, Vicente Rupérez, D. Tiburcio Asiain, D. Juan Antonio Medrano, Bernardo Bayo, Joaquín Muro, Emeterio Aliaga, Joaquín Alfaro, Ramón Gómez, Manuel Aliaga, D. Bernardo Val, Pablo Yanguas, Juan Aliaga, Francisco Jiménez, Marcos Huete, Bernardo Rincón, [Antonio] Celestino Huarte, Manuel Bayo, Baltasar Guarás, Antonio Jiménez y Manuel Aliaga Ibero.
Habiendo sido convocados los veinte y un compromisarios, se han separado para el Nombramiento de los dos Electores, según lo previsto, y ha recaído la Elección, con más de la mitad de votos, en D. Juan Antonio Medrano y Morales, y el Licenciado D. Tiburcio Asiain, abogado de los Tribunales Nacionales, la cual fue publicada en la citada junta de Parroquia, acordando se les provea de copia firmada por el Presidente, Compromisarios y Secretario para hacer constar su nombramiento en la Junta de Partido, que se ha de realizar en la ciudad de Tudela, para la que se haya designado el día de mañana, diez y siete de septiembre, a las diez de ella, presentándose a el Sr. Alcalde de la misma, D. Jose Arguedas, finalmente se acuerda que incontinenti se traslade a la Parroquia para efecto de celebrar en la misma el Te Deum, con la solemnidad correspondiente, asistencia de todos los individuos de la Junta Parroquial, precediendo las demás ceremonias prescritas. Y, en consecuencia a lo mandado, se sentó por diligencia que la firmaron dicho Alcalde, como Presidente, Compromisarios y Secretario. Joaquín Val, Alcalde y Compromisario, Manuel Aliaga, Emeterio Aliaga, Tiburcio Asiain, Juan Antonio Medrano, Juan Aliaga, Vicente Rupérez, Bernardo Rincón y Baltasar Guarás.
Sirvan estas líneas para recordar y dejar constancia de la participación de los fiteranos en las elecciones a las primeras Cortes constitucionales que hubo en Navarra. A pesar de que el regreso de Fernando VII de Borbón, en marzo de 1814, acabó con las aspiraciones constitucionales de todos los españoles, restituyendo el sistema de gobierno y las instituciones existentes antes de la Guerra de la Independencia.

viernes, 29 de abril de 2011

Río Alhama

La noticia más antigua que se conoce del río Alhama data de los primeros días de la primavera del año 914, pocos meses antes de que los musulmanes recuperaran Calahorra, en Julio de ese mismo año, y se encuentra en la crónica de Abderramán III an-Nasir, octavo emir independiente y primer califa Omeya de Córdoba. En ella se le cita como río al-Hamma, haciendo referencia a la existencia en su valle de establecimientos de baños o balnearios que explotaban las virtudes de sus aguas termales, como en Baños de Fitero, entonces baños de Tudején (despoblado de Fitero), cuyos restos de sus instalaciones termales son de origen romano, y se aclara que discurría por una región de la que entonces era la frontera septentrional del califato. Desconociéndose cuál era su denominación antes de la llegada de los árabes y musulmanes al valle del Ebro, que acaeció a principios del siglo VIII.
El río Alhama nace en Suellacabras (Soria) y pasa por Magaña, Valdeprado y Cigudosa, antes de penetrar en La Rioja, pasando por Aguilar (así como por la pedanía de Inestrillas) y Cervera (así como por la pedanía de la Venta del Baño), poblaciones que llevan el sobrenombre del Río Alhama. Justo antes de entrar en Navarra, se le unen, por su margen izquierda, las aguas del río Linares y, nada más entrar en el término navarro de Fitero, las fuentes de aguas calientes de los Baños de Fitero, también por la margen izquierda; aunque, a poco menos de un kilómetro aguas abajo, se le unen también las del río Añamaza por su margen derecha. En Fitero se le extraen varios canales, por ambas márgenes, que dan lugar a otros tantos ríos, como por ejemplo el de Piedra, el de la Huerta, el Molinar o el Llano, y algo parecido también ocurre en las siguientes poblaciones navarras por las que pasa, Cintruénigo y Corella, antes de volver a entrar en La Rioja para acabar desembocando en la margen derecha del río Ebro, en Alfaro, tras haber recorrido unos 84 kms en dirección Noreste. Lo que hace que al cauce principal del río Alhama se le conozca en Navarra como río Mayor que, no es tal, sino sólo el mayor de los cauces en los que aquél divide su curso por esta comarca.

jueves, 28 de abril de 2011

La reconstrucción de la Ermita de la Soledad

Durante casi veinte años creo que nadie volvió por la ermita de Pedro Navarro hasta que, el 15 de Agosto de 1999, festividad de la Asunción de la Virgen, la Asociación de Amigos del Monasterio de Fitero organizó varios actos para conmemorar el 4º centenario del nacimiento de Juan de Palafox y Mendoza. Fue entonces cuando Jorge Fernández Díaz se interesó por ella y, tras conocer su historia, se unió a la comitiva que, el domingo 22 de Agosto, festividad de Santa María Reina o la Real, se había dispuesto para conocer la ubicación de las ruinas arqueológicas de aquella ermita. En el camino de subida desde el establecimiento Virrey Palafox, de Baños de Fitero, al pararnos a ver las excelentes vistas del valle del Alhama, concretamente del término de San Valentín, donde estuvo la villa de Tudején (despoblado de Fitero), su castillo, la nevera de los frailes, la casa del Soto, la Peña del Saco, etc, que ofrece la terraza natural que había encima de las instalaciones del otro balneario, Gustavo Adolfo BécquerJorge Fernández me preguntó en varias ocasiones acerca de cuál debió ser el motivo que pudo tener Pedro Navarro para decidirse a erigir en aquel paraje una ermita a la Virgen de la Soledad, de acuerdo con las explicaciones que poco antes le había dado Ricardo Fernández Gracia. No supe qué contestarle y tan sólo se me ocurrió responder que sería una persona muy devota a dicha Virgen, por lo que no es de extrañar que tan pobre argumento no le acabara de convencer y que continuara cavilando sobre esta cuestión mientras seguía guiando al grupo por la senda que subía entre las Peñas del Baño o de la Soledad hasta las cercanías del lugar en el que se encontraban los restos de la desconocida ermita.
Una vez que llegamos ante la entrada de la cueva, Jorge Fernández se llevó la mano a la frente y exclamó: ¡Ya sé por qué! ¡Ya sé por qué Pedro Navarro dedicó aquí una capilla a la Virgen de la Soledad! Fue porque aquí es donde debió estar sólo y desamparado el recién nacido Juan de Palafox, desde poco después de nacer hasta que, al atardecer, lo rescató Pedro Navarro y evitó así que la criada de su madre lo tirara al cercano río. Sólo y Soledad. Fue un milagro que Palafox, como él mismo escribió, salvara entonces su vida, de ahí que, en agradecimiento, le dedicaran esta ermita a la Virgen de la Soledad, ¿no?, pudo ser así, ¿no? De nuevo, sólo se me ocurrió decir que sí, que pudo ser así, claro, pero que no se podía saber y tampoco esta vez le satisfizo mi respuesta, de ahí que dijera que, al bajar, se lo iba a consultar a Ricardo Fernández, que le estaba esperando en el balneario Gustavo Adolfo Bécquer. Éste reaccionó exclamando ¡Eureka! ¡Eureka!, y como después escribió en el folleto que al año siguiente publicó como Recuerdo de la bendición de la Ermita de la Soledad, dijo que el citado Sr. Fernández Díaz, con gran lucidez, nos apuntaba algo de lo que no nos habíamos planteado al dictar la lección inaugural, y cuya conclusión era que Palafox había pasado sus primeras horas de vida, entre las ocho de la mañana y las diez de la noche de aquel veinticuatro de junio de 1600 en aquel solitario paraje. A lo que añadió que un análisis detenido de esta hipótesis lleva, sin lugar a dudas, a la mencionada conclusión, recordando, entre otros argumentos, el tantas veces citado testimonio de don Miguel de Lara que vino a Fitero y declaraba en 1667 "que el día que nacio este Venerable Prelado, a las ocho de la mañana, al tiempo que sacan a labar la ropa en el baño de la dicha villa de Fitero, de los que an sudado después de tomar el baño, llevaban al señor obispo, recién nacido, enbuelto en una cesta desta ropa y le encubrieron en parte donde no podía saverse del, por ser puesto muy breñoso y áspero y estuvo así hasta las diez de la noche y esto fue de orden de su madre, que queriendo resguardar su crédito, encargó a una criada suya le arroxase en el río". ¡Qué mejor sitio que una cueva alejada del establecimiento termal y en la altura del monte, por donde nadie pasaba, para ocultar el objeto del delito! Si además tenemos en cuenta que el lugar exacto de la habitación en donde nació el Venerable se correspondía con la capilla allí levantada hasta no hace muchas décadas y que su situación estaba en el extremo del edificio, justamente en la salida natural hacia el monte, observamos que los argumentos cuadran perfectamente.
Puesto en conocimiento de las novedades, el Consejero Delegado de Baños de Fitero, Francisco Huarte Goñi, tal como publicó Ricardo Fernández, propuso recuperar la ermita, iniciativa plausible que fue asumida por el Presidente de la Asociación de Amigos del Monasterio de Fitero [Fernando Seves Morentin] y otras personas que allí se encontraban y así, el 24 de Junio de 2000, se inauguró y bendijo la reconstruida ermita de la Virgen de La Soledad, de Baños de Fitero. Gracias al exquisito gusto y cuidado detalle que en ello puso el arquitecto Javier Sancho Domingo, así como a la aportación de la cerámica con la imagen de la Virgen de la Soledad, que hizo Fernando Seves Morentin y que, tras haberla rescatado del mercado de antigüedades, encajó perfectamente en el hueco rectangular que tenía la ermita original, y al interés con el que la empresa Baños de Fitero se tomó la iniciativa de preparar y adecuar como correspondía el camino que lleva hasta la ermita. A lo que cabe añadir que, el 22 de Agosto del citado año en el que se cumplía el 4º centenario del nacimiento de Juan de Palafox en Baños de Fitero, celebró misa en el ermita de la Virgen de la Soledad, el Cardenal Antonio Cañizares Llovera, amigo personal de Jorge Fernández. Ese mismo día pero de 2004, lo hizo el nuevo Párroco de Fitero José Javier Goitia Chasco, y ese mismo día pero de 2009, celebró Misa el nuevo Arzobispo de Pamplona y Tudela, Francisco Pérez González.

miércoles, 27 de abril de 2011

La ermita de Pedro Navarro

A mediados del mes de Agosto de 1979, concretamente en la mañana del miércoles día 15, cuando andaba con los amigos, pasando el rato que queda entre las Misas de la mañana, por el Claustro del antiguo monasterio cisterciense de Fitero, y me llamaron la atención unas pequeñas andas que había apoyadas contra la pared del sobreclaustro, cerca de la entrada al balcón del órgano. Eran unas andas muy sencillas que, por lo visto, habían sido utilizadas por los niños para sacar en procesión a San Juanico y, en su cara inferior, alguien había pegado unas hojas arrancadas de unos libros impresos en castellano antiguo, que debían estar entre los que entonces aún se guardaban en el Coro, con objeto de que cubrir los huecos que dejaban entre sí las simples tablas con las que habían sido construidas estas sencillas andas.
En las andas se habían pegado varias páginas correspondientes a un pleito mantenido por el monasterio con los vecinos de la Villa, cuando éstos se querían independizar de aquél, formando una nueva población en el término fiterano del Olivarete, lugar que estaba enfrente del actual pantano del Olmillo. Entre estas páginas se encontraban las de la parte que recogía el informe hecho en 1655 por el pamplonés Jerónimo de Feloaga y Ozcoide, oidor del Consejo de Navarra, en la que se describía el estado en el que había encontrado la ermita que había construido el vecino de Fitero, Pedro Navarro, en las Peñas del Baño, cerca del actual balneario Virrey Palafox, de la empresa Baños de Fitero. Concretamente, enlazando los textos de varias de esas hojas, que por cierto estaban repetidas y con ello se complicaba más su lectura y transcripción, observé que se decía que hallé que el dicho sitio supuesto está en una peña sobre las Casas del Baño de dicho Monasterio, y el dicho sitio es una cueva o nicho que sale de la misma peña, y está debajo de ella, y tiene tres gradas cortadas de la misma peña, a modo de escalera estrecha, y habiendo medido lo ancho y concavidad que tiene el dicho puesto por estar las tres gradas, por ser todas iguales, hallé que tiene cuatro pies de ancho; y medí también lo ancho que hay de una a otra, está hecha de mampostería, a modo de pilares, y tiene seis pies y medio de ancho; y también medí lo largo, desde la primera grada, y escalera, hasta dos pilaritos que están hechos de mampostería, que es por donde se entra al dicho nicho, y tiene de largo nueve pies, y el dicho nicho está descubierto, y por la parte de arriba, le viene a cerrar, en parte, la misma peña; y en dicho sitio y puesto, según se denota al presente que ha habido altar, ni al presente hay cubierto, como se ha dicho, madera, teja, ni otra cosa más de lo referido. Lo que me movió a convencer a los amigos para hacer una excursión en busca de una cueva que, por fuerza, debía conservar las tres gradas que se habían excavado en su suelo de roca pero ese mismo día no la encontramos. Tuve que regresar el domingo 22, tras la Misa de doce, y entonces sí que tuve la fortuna de dar con los restos arqueológicos de esta ermita del siglo XVII. En ella se conservaban los tres escalones que aún pueden verse, la pared norte así como el hueco en el que debió haber un cuadro, en su pared este, siendo la propia cueva la que, en parte, hacía de pared meridional y quedando al poniente la entrada a la ermita, en la que un poco más afuera aún se conservaban los arranques de los citados pilares, ante una impresionante vista de la vega del río Alhama, tras recibir allí mismo el caudal del río Linares.
El verano siguiente también fue muy ajetreado, pues acompañé y ayudé a Manuel García Sesma, Ricardo Fernández Gracia y Jesús Bozal Alfaro a preparar la edición de la revista Fitero 80, en el que publiqué la noticia del hallazgo de esta ermita durante el año anterior. Hallazgo que interesó a Manuel García, a quien acompañé hasta los restos de la ermita para que pudiera conocerlos, siendo la única persona a la que entonces le pareció interesante este descubrimiento. Ya que aunque también le interesó a Ricardo Fernández, me dijo entonces, con cierta sorna supongo, que él no estaba para trotar por los montes como las cabras. Aunque tuvo la deferencia y la amabilidad, como recogí en aquél artículo de 1980, titulado Ermita de Pedro Navarro que, por cierto, fue el primero que escribí sobre asuntos relacionados con la Historia de Fitero, de facilitarme una copia de un legajo que él había fotocopiado recientemente en el Archivo General de Navarra, en el que se decía: Año de 1630, sacó el Monasterio inhibición de la sentencia de Urbano 8 en citación y compulsoria contra Pedro Navarro, que quería fabricar una ermita en las Peñas del Baño, y está suplicada en el fajo 4, número 41 del epítome que comenzó a trabajar nuestro padre [Ignacio de] Ostabat. Este Pedro Navarro fue el que crió a [Juan de] Palafox, quien escribía al Monasterio pidiendo que dejasen proseguir a dicho Pedro Navarro la fábrica de la ermita, otorgándole licencia para edificarla, y que, con esta licencia, no se perjudicaba al derecho del Monasterio, y esta carta está en el archivo eclesiástico pero el Monasterio no condescendió con esta súplica, no obstante, que se allanaba a pedir licencias, porque no sirviese de ejemplar para otras fábricas, y con ser que no se perfeccionó dicha ermita, no obstante, cuando el pleito de la nueva población, la Villa, para justificar que podía hacer edificios fuera del regadío, alegó por ejemplar la ermita de Pedro Navarro, y fue preciso al Monasterio presentar la inhibición de dicha ermita, presentando también un testimonio del estado en que entonces se hallaba dicha ermita, el que se dio en presencia del señor [Jerónimo de] Feloaga, cuando vino a la vista ocular, y por consta lo ancho, y lo largo que tenía, que estaba sin techo, ni imagen, y que parte estaba edificada debajo de una peña, y en el mismo ser parece que se halla hoy, y este testimonio se dio el año 1655 y se hallará al folio 105 al dorso de la ejecutoria de la propiedad del Olivarete. Información a la que añadí en aquél artículo que La ermita de Pedro Navarro es una ermita que quedó sin acabar de construir, por prohibición de Santa María la Real de Fitero. Este Pedro Navarro era un vecino de la villa de Fitero, y fue quien crió a D. Juan de Palafox y Mendoza; durante su estancia en la Villa ocupó el cargo de pocero de los balnearios.
La construcción de la ermita comenzó en el año 1628; pero, al enterarse el Monasterio de dicha construcción, entabló pleito y lo ganó en 1630. En 1638, Pedro Navarro se marchó al castillo de Ariza, que pertenecía a la familia de Palafox, donde fue muy bien acogido por el hermano de D. Juan, a instancias suyasAunque parece que en 1628 debió realizarse una reconstrucción o reforma de esta ermita ya que, entre las publicaciones del 4º centenario del nacimiento de Juan de Palafox y Mendoza, Ricardo Fernández recogió que Pedro Navarro debió haber concluido la construcción de la ermita de La Soledad para 1600 o 1602, y que después, el homónimo hijo de éste la mejoró, con el apoyo del propio Palafox. Así como que el Pedro Navarro que fue a Ariza fue el hijo homónimo de quien salvó a Palafox, recién nacido en Baños de Fitero.
Desafortunadamente las andas forradas con las hojas impresas ya no se conservan pues las mandó quemar el Párroco anterior al actual.

El juramento de la Constitución de Cádiz en Fitero: Septiembre de 1813

El 21 de Junio de 1813 se produjo la victoria aliada, de las tropas españolas, portuguesas e inglesas, bajo el mando de Arthur Wellesly, duque de Wellington, sobre las francesas que escoltaban a José I Bonaparte en su huida hacia Francia, en la famosa batalla de Vitoria. Cuatro días después, las tropas aliadas comenzaron el asedio de Pamplona, que duró hasta que se rindió la plaza el 31 de Octubre. Mientras que, el 26 de Junio, las tropas imperiales francesas del Ejército del Norte, mandadas por el general Bertrand Clausel, llegaron a Tudela procedentes de Calahorra y Alfaro, huyendo de la División de Navarra, que estaba comandada por Francisco Espoz y Mina. Al día siguiente, los franceses abandonaron definitivamente Tudela, dirigiéndose a Zaragoza mientras eran perseguidos por las tropas de Espoz. Situación que facilitó el que, el 23 de Julio de 1813, como recientemente publicó Francisco Miranda Rubio, se produjera el primer contacto oficial entre la Regencia española y los miembros de la extinta Diputación del reino, aún en el exilio al que se habían visto abocados en Agosto de 1809, para solicitarles a éstos que nombrasen un Jefe Político para Navarra y que se publicase y jurase la Constitución, a medida que las poblaciones se fueran liberando del dominio francés, habiendo sido la primera la ciudad de Estella, el 31 de Julio de 1812.
El 10 de Septiembre de 1813, el alcalde de Fitero, Joaquín Val, se reunió en la Casa Consistorial con sus regidores, Juan Antonio Medrano, Joaquín Alfaro, Manuel Andrés y Joaquín Muro, para despachar el oficio recibido desde Tudela, que incluía un ejemplar impreso de la Constitución de la Monarquía Española, promulgada en Cádiz, a diez y nueve de Marzo de mil ochocientos doce para que sea reconocida y jurada en todos los Pueblos de esta Merindad, resolviendo que el sábado once del presente se arme un tablado de suficiente altura con el ornato y decoro correspondiente en medio de la Calle Mayor, donde a las cuatro de la tarde se ha de celebrar la Publicación, así como que a esa hora deberán concurrir todos los vecinos al repique general de Campanas a la Casa Consistorial desde la que los Sres. Alcalde y Regidores, con toda la Comitiva, marcharán a dicha Calle Mayor y colocado el Ayuntamiento en el tablado, donde habrá un Solio de terciopelo carmesí, se leerá por el Secretario [Antonio Celestino Huarte] la Constitución, que la recibirá de mano del Sr. Alcalde, y que una vez realizado este acto se regresará con la misma formalidad a dicha Casa Consistorial y en la noche del mismo día haya iluminación y repique de campanas, así como que en el día siguiente, domingo, acudan todos los vecinos y el clero a su única Parroquia a la Misa mayor a jurar dicha Constitución y su observancia en la forma prevenida por las Cortes y el Te Deum que se cantará enseguida y que a la tarde haya regocijos públicos como lo exige un acto que merece la mayor satisfacción y que se publique por bando, para noticia de todos. Añadiendo que la Constitución en la Parroquia se leerá antes del ofertorio por el Cura Párroco [Francisco Navascués], quien hará una breve exhortación dirigida al objeto, de modo que después de concluir la Misa se recibirá el juramento por dicho Sr. Alcalde y Regidores bajo la fórmula prevenida en el decreto de las Cortes y se cantará el Te Deum. Disponiendo también que reunidos enseguida los Sres. Alcalde y Regidores, en la Sala mayor, presentarán el juramento particular con arreglo al mismo decreto recibiendo el Sr. Regidor preeminente al Sr. Alcalde y este al mismo Sr. Presidente y demás individuos de Ayuntamiento.
Estos actos se ejecutaron según lo previsto, con la solemnidad, ceremonia y demás circunstancias, de acuerdo con la certificación expedida por el citado secretario, el lunes siguiente; tal y como publicó Jesús Soria Magaña, hace poco más de un lustro. A pesar de las dudas que su artículo generó en algunos historiadores fiteranos, incluido el propio autor, acerca de que estos actos no habrían acaecido entonces sino bastantes años después, probablemente en 1820. Por lo que aprovecho la ocasión para dejar constancia de que el trabajo era correcto y que, efectivamente, la Constitución de Cádiz se juró en Fitero el sábado 11 de Septiembre de 1813. Si bien, el retorno del exilio del rey Fernando VII de Borbón, en Marzo de 1814, acabó dando al traste con la primera experiencia constitucional que hubo en España, restituyendo el sistema de gobierno y las instituciones existentes antes de la Guerra de la Independencia.

martes, 26 de abril de 2011

Fitero y la División de Navarra

Francisco Espoz Ilundain, conocido como Francisco Espoz y Mina, comenzó su carrera militar en 1808, incorporándose al año siguiente al Corso terrestre de Navarra, que estaba bajo las órdenes de su sobrino, Francisco Javier Mina. De quien acabó tomando su apellido y a quien sucedió al frente de esta partida de guerrilleros de Navarra, una vez que éste fue hecho prisionero por los franceses, en Marzo de 1810. Pocos meses después, a primeros de Agosto, dio comienzo la gran persecución de las tropas del emperador Napoleón I Bonaparteentre las que llegaron a participar 20.000 hombres bajo el mando de seis generales franceses contra los guerrilleros de Espoz y Mina, que contaba con 3.000 soldados y que ya habían comenzado a autodenominarse como la División de Navarra.
José María Iribarren registró que esta implacable operación de caza, que había de durar mes y medio en Navarra y había de acabar obligando a las tropas de Espoz a atravesar el Ebro y meterse en Castilla, debió comenzar el 6 de agosto. Acosado por las tropas imperiales, Espoz y sus menguadas tropas ya que entre bajas, rezagados y dispersos tras haber recorrido 800 kms., se habían reducido a menos de la mitad: unos 1.200 de infantería y unos 80 de caballería, se retiraron a Fitero el 18 de Septiembre de 1810, haciendo acampar a su gente en las viñas del pueblo, mientras el enemigo, "cansado sin duda -dice el Historial del 2.º Regimiento- con las marchas y contramarchas que había hecho sin fruto alguno, cesó en su persecución, retirándose a la ciudad de TudelaSeguramente y como antes hicieran las tropas de Sertorioen el invierno del 77-76 a. C., las de Espoz también debieron acampar en la actual Dehesa de Ormiñén y después de pasar allí varios días, hasta final de septiembre, según escribió el propio Espoz en sus memorias, emprendieron un trayecto bastante similar al llevado a cabo por aquél, de acuerdo con la continuación del relato de esta campaña que hizo José María Iribarrendiciendo que dejamos a las tropas de la División durmiendo al raso en las cargadas viñas de Fitero. Al llegar a este pueblo navarro, Espoz recibió el aviso de que habían llegado a Tudela fuerzas de caballería francesas (eran las que mandaba Pannetier, las que no se atrevieron a cruzar el Ebro por Cadreita). Al día siguiente supo que estas fuerzas marchaban a buscarle. No tenía más remedio que huir. Pasó a la Rioja, descansó aquella noche en los montes rojizos de Cervera del Río Alhama, y al día siguiente se dirigió por las alturas de Aguilar, a Castel Ruiz (hoy Castilruiz), en la alta y pedregosa meseta soriana, a vista del Moncayo. Alejándose así el teatro de la guerra a otro escenario distinto y distante del valle del Alhama, a pesar de que Espoz no tardó mucho en regresar al viejo reino, con el grado de coronel y como Comandante General de las guerrillas de Navarra.
En la División de Navarra, como publicó Manuel García Sesmallegaron a participar 50 fiteranos, incluyendo dos oficiales: un Teniente Capitán de infantería, Benigno Jaso, y un Subteniente Capitán de infantería, Joaquín Navascués Huarte, que falleció a consecuencia de las heridas sufridas en una caída durante una acción de la guerrilla. Siendo un total de nueve los fiteranos fallecidos pues a este oficial hay que añadir los soldados: José Acarreta, José Duarte, Felipe Díaz y Bartolomé Blanco, que fallecieron en este tipo de acciones, Francisco Jiménez Bermejo y Celestino Zapater, que lo hicieron en el Campo del Honor, así como Andrés Jiménez y Juan Navarro, por causas desconocidas. Además otro fiterano quedó inutilizado a causa del frío soportado, Pantaleón Pina, otro resultó herido en una acción en el Carrascal, Manuel Aréjula, y otro cayó prisionero, Florencio Ramos. A los que hay que añadir los que volvieron a Fitero sin consecuencias, que fueron: Simón PinaGregorio Yanguas AliagaAtanasio GonzálezGregorioManuel AcarretaÁngel MorenoCosme LatorreCrispín GonzálezFermín PradoManuel AragónValentín GómezZendez SanzManuel Jiménez VitoriaJosé BermejoAntonio Sainz, LucasRafael BerrozpeJuan LacruzSebastián LuisJosé BeaAntonio GonzálezMariano JasoManuel MateoJusto JiménezEusebio BerrozpeJosé CordónManuel RodríguezJoséNolasco GómaraRafael JiménezJulián LasantaÁngel PinaMiguel Jiménez, Francisco SolaManuel Jiménez LozanoSaturnino MagañaPatricio Álvarez.
Por otra parte, José María Iribarren también recogió que con objeto de debilitar el apoyo popular a los guerrilleros, Napoleón I Bonaparte había declarado proscrita toda la División de Navarra, desde el 28 de Septiembre de 1810, ordenando que los padres, hermanos y parientes de los voluntarios serían despojados de todos sus bienes y encarcelados. Lo que explica las citas que también hizo Manuel García Sesma acerca de que Inés Pérez, mujer de Gregorio González, fue conducida presa a Tudela y puesta en la cárcel pública, donde permaneció veinte días por causa de tener un hijo sirviendo en la División de Navarra, y que lo mismo le ocurrió a Isabel González, mujer de Juan Blanco, que también estuvo presa siete meses en Tudela por ser la madre del citado Bartolomé.

lunes, 25 de abril de 2011

La Torrecilla de Grávalos

El primer y último mojón del coto redondo del antiguo monasterio cisterciense de Fitero, por eso era redondo el coto: porque empezaba y acababa su amojonamiento en el mismo hito, era La Torrecilla de Grávalos. Llamado así porque en la cima del monte gravaleño, que servía de mojón al monasterio desde 1168, aún se encuentran las ruinas de la pequeña torre, cuya presencia sigue dando el nombre al propio monte. Si bien ahora éste sirve de mojón entre Cervera del Río Alhama y Grávalos. Desde La Torrecilla continuaba el amojonamiento fiteriense por las cerveranas Peñas del Can hasta llegar a los antiguos baños de Tudején (despoblado de Fitero) o establecimiento antiguo de los Baños de Fitero, continuando el recorrido por unos linderos parecidos a los del actual término municipal de Fitero, adentrándose después por campos que ahora pertenecen a Cintruénigo, Corella y Alfaro, para acabar recorriendo toda la falda meridional de Yerga y llegar, por la gravaleña Cueva Ladrones, hasta el mojón de La Torrecilla.
Los potentes muros de la torre, de casi un metro de espesor, están bastante derruidos y no levantan más de un metro y medio de altura. Sin embargo permiten reconstruir su planta con cierta facilidad y se puede decir que era rectangular y que su interior estuvo dividido en tres estancias: la mayor o principal, que da al mediodía y cuyo ancho es como el de las otras dos habitaciones más pequeñas juntas, la mediana y lo que podría ser el hueco de la escalera que permitiría acceder al desaparecido segundo piso, dando ambas al norte, hacia el monte Yerga, cuya cima se ve al fondo. Cara septentrional en cuyo exterior también se encuentra adosada una estancia de dimensiones similares a la mediana pero cuyos restos de muros, de cerca de dos metros de altura, parecen indicar que su techo formaba una cúpula en forma de cuarto de esfera, por lo que debió servir de almacén o quizá de aljibe para quienes ocupaban esta fortaleza medieval. Pues no sólo se trata de una estratégica torre de vigilancia, con excelentes vistas, sino de unas estructuras algo más complejas ya que tanto hacia poniente, donde se ven los edificios de la villa de Grávalos a unos dos kilómetros de distancia, como también hacia el mediodía, se ven también restos de los arranques de varios muros de piedra, que debieron pertenecer a varias estancias auxiliares.
Al no haber observado la presencia de restos de cerámica entre la abundante vegetación que cubre la cima y las laderas de este monte, es difícil aventurar su antigüedad. Aunque dado que en su falda noroeste se encuentra el término gravaleño de La Torre, en el que, en 1929, fue hallada una necrópolis romana, de la que sólo se conserva una lápida funeraria con una inscripción latina que data de finales del siglo II d. C., cabe aventurar la posibilidad de que la fortaleza de La Torrecilla pudiera no sólo ser de época medieval sino quizá también anterior.
No estaría nada mal que el Ayuntamiento de Grávalos declarara este yacimiento arqueológico como Bien de Interés Cultural de carácter local, al menos. Sería un primer paso para protegerlo y para que comenzara su estudio. Así, algún día, los vecinos de Grávalos podrían contar también con un centro de interpretación en el que aflorara su Historia y, de paso, se promoviera la visita a lugares de interés también para quienes se acerquen a probar las propiedades terapéuticas de su recién reconstruido balneario de la Fon-podrida.
En cualquier caso, las magníficas vistas que ofrece la cima de La Torrecilla son más que un aliciente para acercarse hasta la cima de este monte y disfrutar de una buena excursión y, si como fue mi caso, encima es en compañía de un buen amigo, Miguel Álvarez Arévalo, y de su joven pero avispada y valiente hija, Paula Álvarez Bozal, mejor aún. Además, el tiempo de la lluviosa Semana Santa nos dio un respiro ayer y pudimos gozar de una tarde primaveral muy agradable. Tarde en la que, por cierto, tuvimos la suerte de ver tres magníficos corzos a los que creo que les estropeamos la siesta que debían estar echando entre los matorrales de la cima de La Torrecilla.

domingo, 24 de abril de 2011

La rotonda de Mari Lobera

En 1714, según recogen los memoriales del antiguo Monasterio de Fitero, se destruyó el Puentecillo del Humilladero o de Mari Lobera, que estaba situado sobre el río de Piedra, justo delante del puente sobre el río Alhama, entonces conocido como Puente Mayor, que aún se conserva y que pronto se ampliará, con motivo de las obras que están a punto de comenzar en la carretera local NA-6900. El objeto de este puentecillo era el de facilitar el paso por encima de la acequia de sillares de piedra que daba nombre a este río, cuyo curso estuvo al descubierto hasta bien entrado el pasado siglo y cuyo cauce aún se extrae por la margen izquierda del Alhama, en la presa de Solosoto. La antigüedad de este río de Piedra es coetánea a la de la instalación de los cistercienses en la villa castellana de Tudején (despoblado de Fitero), que data de 1152, y su finalidad fue la de alimentar al salto hidráulico del desaparecido molino del Monasterio de Castellón o primer Monasterio de Fitero. Cenobio del que todavía se conservan algunas ruinas de lo que fue su primitiva iglesia antes de que fuera desacralizada, cuando se edificó el segundo y monumental Monasterio de Fitero, y transformada en parte del trujal que después se construyó allí mismo.
Para reedificar el recién destruido Puentecillo del Humilladero, los representantes de la Villa pidieron al monasterio que contribuyera con maderas y leña pero éste se negó, alegando que no tenía obligación de contribuir a los reparos de fuentes, puentes, etc. Por lo que los vecinos tuvieron que construirlo por sus propios medios, haciéndolo muy reducido y estrecho, de modo que no podían pasar las galeras del monasterio ni aún las yuntas uncidas. Situación que ocasionó grandes perjuicios a los cistercienses ya que las galeras del monasterio pasaban por la misma cequia pues estaba el sitio de modo que se podía pasar por la agua y en este estado estuvo muchos años, debido al pique que mantuvieron con la Villa. Esta enrarecida convivencia hizo que el monasterio no estuviera dispuesto a mejorar la situación de este puente, llegando a impedir por la vía judicial que la propia Villa lo ampliara. Aunque finalmente ambas partes se avinieron y el monasterio cedió una galera, durante dos días, para que con ella acarrearan los vecinos los materiales necesarios para la obra de ampliación.
Recientemente, cuando se hicieron las obras de la nueva rotonda o glorieta, que se inauguró el 14 de enero de 2010, se desvió un tramo del curso del río de Piedra. Precisamente el que discurre por el lugar en el que debió estar ubicado este puentecillo y que ahora ha quedado cubierto por dicha rotonda. Por lo que es una lástima que no se aprovechara la ocasión para haber llevado a cabo las correspondientes excavaciones arqueológicas que podrían haber aportado algún detalle más acerca de este canal del siglo XII y de los posibles restos del desaparecido Puentecillo del Humilladero. No obstante, como la rotonda del Humilladero aún no tiene nombre, quizá se le pueda denominar como la rotonda de Mari Lobera y así aprovechar para que se recuerde la historia del puentecillo que hubo en este lugar.

sábado, 23 de abril de 2011

El paso procesional del Santo Cristo de la Guía

La talla romanista del Cristo de la Guía es una de las mejores esculturas que alberga la iglesia del antiguo monasterio cisterciense de Fitero. Fue obra del escultor estellés Barnabé Imberto, realizada en los primeros años del siglo XVII. Inicialmente estuvo situada, sin retablo alguno, en el actual baptisterio. Después, el Cristo de la Guía fue trasladado a la actual capilla de la Virgen de la Barda, Patrona de la Villa, insertándolo en el retablo en el que se encuentra ahora y que entonces se convirtió en la capilla funeraria del abad fiteriense, de origen cordobés, fray Plácido de Corral y Guzmán (1625-1642). Aunque luego, cuando esta capilla se amplió y cambió su advocación vigente, el retablo se traslado a su ubicación actual, en el brazo norte del transepto de la iglesia parroquial de Fitero. Este retablo estuvo diseñado para el Cristo de la Columna y fue obra romanista del peraltés Jerónimo de Estaragán, datando de 1637 e incluyendo un lienzo del entierro del Cristo, que está en su ático y que data del siglo XVI, dos pinturas del siglo siguiente que representan a San Plácido y San Blas, junto con una pintura central que representa en la base, junto con el retrato del mecenas de este retablo: el citado abad fray Plácido de Corral y Guzmán, tres temas: la Expulsión de Adán y Eva del Paraísola Bajada de Cristo al Limbo, y la Resurrección de CristoAsí como unas esculturas de escasa relevancia artística, que representan a San Juan Evangelista y a la Virgen María, obra del escultor tudelano Juan Francisco de Peralta, que fueron colocadas en este retablo hacia 1735.
Uno de los momentos más delicados de la preparación de los pasos que salen en la procesión de Viernes Santo es el de la bajada del Cristo de la Guía de su ubicación habitual en el citado retablo. Desde hace ya algunos unos años esta tarea se hace a pulso, cayendo en desuso la polea móvil que, a tal efecto, puso el carpintero Carmelo Fernández Vergara, en 1954. Año desde el que este Cristo viene saliendo en procesión por las calles de la Villa, gracias a la iniciativa de este artesano y entusiasta fiterano. Del mismo modo que, una vez bajado de su posición habitual en el retablo, tampoco se le traslada ya en un carro hasta el brazo sur del transepto, donde se usaba la barandilla del balcón en el que se encuentra el órgano como punto de apoyo o polea con la que subirlo y bajarlo de sus andas procesionales. Actividad que, año a año y lamentablemente, fue dejando en la madera de dicha barandilla las marcas del desgaste ocasionado por el rozamiento del subir y bajar de las sogas utilizadas en esta operación. Bienvenido sea este cambio en el proceder de la preparación de estas andas procesionales.

viernes, 22 de abril de 2011

Las Tres Gracias de la Dolorosa

El paso procesional de la Virgen de la Soledad o de La Dolorosa porta una imagen-armazón de la Virgen María, que es el único elemento que queda expuesto en la iglesia parroquial de Fitero. Pues lo que queda de su retablo rococó, obra del polifacético escultor fiterano Juan Manuel Angós Sanz, que data de la segunda mitad del siglo XVIII, se conserva desmantelado en la galería que sirvió de nueva Sala Capitular del desaparecido monasterio cisterciense de Fitero. Esta imagen de candelero, que inicialmente fue donada por los cabezaleros de María de Urquizu y Uterga, viuda de Juan Jiménez de Vea, a la desaparecida cofradía de la Vera Cruz, data de 1659, como recogieron Ricardo Fernández Gracia y Manuel García Sesma.
Todavía se conserva la tradición popular de acudir el Viernes Santo al brazo norte del transepto de la iglesia de Fitero, para pedirle a La Dolorosa las Tres Gracias. Aún recuerdo como, siendo niño, acompañábamos a mi abuela Juana Bermejo Rupérez, más conocida como Juanita, a cumplir con esta tradición que tan importante era para ella y a la que acudía con tanta devoción. También recuerdo los nervios que había ese día en casa, a la hora de comer, ya que había que calcular bien la hora y no llegar tarde pues era importante hacerlo a la misma hora exacta en la que falleció en la cruz Jesús de Nazaretha las 3 en punto de la tarde, siguiendo el horario solar y no el horario vigente, que es como se hace ahora. Entonces éramos pocos, en comparación con el buen número de fiteranos que lo vienen haciendo los últimos años, los que acudíamos a la iglesia de Fitero sólo unos minutos antes y nos quedábamos esperando, ante su puerta cerrada, a que la abriera el párroco, para poder solicitar las Tres Gracias, con emoción y recogimiento. Hoy también acudiremos y, como siempre en estos casos, me volveré a acordar mucho más de mi abuela.

La Cofradía del Santo Cristo de la Columna

También publicó Manuel García Sesma que la cofradía del Santo Cristo de la Columna también databa de mediados del siglo XVII, como la del Santo Cristo de la Cruz a Cuestas. Aunque no pudo encontrar datos para precisar mejor la fecha de su fundación, señaló que el libro manuscrito de la cofradía, que se conservaba en el Archivo Parroquial, se inicia con los Estatutos del 8-I-1674, reformando las Constituciones primitivas, y en su preámbulo, se consigna que los fundadores de la Hermandad fueron Miguel de Sánchez Pina y su esposa, quienes donaron "la Santa hechura del Santo Cristo" y los primitivos estandartes. Así como que los miembros de esta cofradía, de carácter familiar tanto por su fundación como por la orientación con la que se asignaban las cuotas de entrada de sus cofrades era de 15 reales por marido y mujer, y de 9 por los hijos.
Al igual que en la cofradía del Santo Cristo de la Cruz a Cuestas, también se ocupaban sus cofrades de los que fallecían, dando los hermanos 1 real, y las hermanas, medio, para decir misas por el difunto. A los entierros de los cofrades, asistirían todos los demás, "haciendo tocar los Mayordomos la campanilla por las calles, para que todos asistan... y recen 30 paternostes y 3 Avemarías, en recuerdo de los 33 años que Cristo, Nuestro Señor, anduvo en el mundo", llevando encendidas 4 hachas que tiene la Hermandad en dichos entierros, "hasta que se le haya dado tierra al cuerpo". El Alcalde y los Mayordomos de la Hermandad serían nombrados cada año, el Domingo de Quasimodo (Octava de Pascua, esto es, el primer domingo después de Semana Santa, que se llama así por el introito de la misa - Quasi modo geniti infantes, rationabile, sine dolo lac concupiscite?). Además de estos datos, Manuel García recogió que, el 18-V-1763, la cofradía poseía las siguientes fincas: un tablar en la Nava Alta que anteriormente fue de 1 robo y medio, y "habiendo echado el camino o carretera de Madrid por medio", se quedó en 9 almudes y medio; una finca en Valdelafuente, con era y corral, de 19 robos; un corral con 16 robos y medio, en el término de las Aguas Saladas, "que hoy conserva el nombre del Corral del Christo"; una pieza de 4 robos en Vallas del Buey; y una era detrás de Las Tejerías, donde llaman el Olivarete, con 8 almudes. Así como que eran seis cofrades los que llevaban el Passo en la procesión de Semana Santa, de 1800, cuando sólo tenía un estandarte pues los 4 de los Mayordomos, que pintó posteriormente Julián Bayo: la Oración del Huerto, el Prendimiento, la Flagelación y el Ecce Homo, aún no constaban en 1885. 

La Cofradía del Santo Cristo de la Cruz a Cuestas

De las cofradías o hermandades penitenciales que salen en las procesiones de Semana Santa en Fitero, la más antigua es la del Santo Cristo de la Cruz a Cuestas, que fue fundada el 17 de mayo de 1650. Disponiendo sus estatutos que, en un principio, pudieran entrar en ella los vecinos que quisieran, pagando 8 reales fuertes, como publicó Manuel García Sesma. Quien también señaló que, en el primer libro de registro, que data del 15 de marzo de 1658 y que llegaba hasta 1946, consta que se nombrarían cada año 2 Mayordomos, el Domingo 1º de Cuaresma; que se pagarían de 6 reales fuertes; que la Hermandad tendría 4 hachas o cirios, para acompañar al Hermano o Hermana que muriese, "hasta que le den tierra"; y que no habría más de 100 cofrades, cuando entonces ya había 112. Así como que la imagen fue costeada por los cofrades, quienes eligieron el tipo de imagen-armazón, porque les salía más barato, encargándosela al escultor flamenco, Pedro Soliber y Lanoa, establecido en Corella, hacia mediados del siglo XVII. Concretamente estuvo más de una docena de años a partir de 1656, casándose con la corellana Teresa Pérez de Balanza, según publicó José Luis Arrese.
También añadió Manuel García que, con el tiempo, los Mayordomos aumentaron a 4, teniendo además un presidente, llamado Alcalde, siendo elegidos anualmente por mayoría de votos. Por Auto de la Hermandad, del 15 de marzo de 1885, se acordó que "habiendo traído tres estandartes, arreglado el viejo (llamado el Trapo) y 14 faroles, en representación de las 14 estaciones del Calvario", los estandartes se guardarían todo el año en casa del Alcalde de la Cofradía, y solamente del Miércoles al Viernes Santo, en las casas de los Mayordomos. Los estandartes representaban, como hoy, al Cireneo, la 1ª Caída de Jesucristo en el camino del Calvario, y sus encuentros con la Verónica y con la Virgen María.

jueves, 21 de abril de 2011

La mina de plata de las Peñas del Baño

Florencio Idoate publicó la noticia relativa a la existencia de un filón de plata en Fitero, citando las palabras del alcalde de la Villa, Gomez Calderón, acerca de los acontecimientos acaecidos en 1589: Ciertas gentes extranjeras estaban en los términos de la dicha villa de Ytero, donde llaman las Peñas del Baño, y había muchos días que iban y venían sin haber venido a noticia del dicho señor alcalde... Y cavaban tierra y llevaban hacia el reino de Castilla... Mandó poner guardas para ver qué gentes eran y qué hacían o para qué llevaban la dicha tierra. Guardando de día y de noche, prendieron a uno que estaba con otros dos, que trajeron presos a la cárcel de la villa... (Cárcel que se encontraba en la planta baja del desaparecido edificio del Ayuntamiento de Fitero, según se entraba en él, a mano derecha, siendo aún visibles los restos de los sillares y sillarejos de sus muros y la única ventana con barrotes de tan precario presidio, en el solar que ahora sirve de improvisado aparcamiento). Aclarando que se trataba de Pedro González, de Calahorra, y de dos peones suyos, según declaró aquél su interés en examinar la tierra era para que se viese de qué metal era, porque entendían que era de plata. Al parecer, hacía algún tiempo que éste había visitado el lugar en compañía del cura de Rincón de Soto y del alfareño Juan González el Indio, quien había asegurado que era la mejor plata que había visto en las Indias y en cualquier otra parte.
El cura rinconero procedió a registrar el filón solicitando al escribano de su localidad que redactara, en presencia del alcalde, un documento en el que constató que pareció el bachiller Francisco de Soria Medrano, cura del dicho lugar, y me pidió y requirió asentase y escribiese por registrada, una mina que dijo pretendía era de plata; la que se había hallado en el Reino de Navarra, cerca del dicho lugar, en el lugar de Fitero y su término, a donde dicen Las Peñas de los Baños, linderos de la parte de Cervera, del Reino de Castilla, con una senda y barranco que baja del Camino Real que va de Calahorra para Cervera; y de la parte de Agreda, linderos al río principal que se llama Alhama y el Camino Real que va del dicho lugar de Fitero para los Baños; y de la parte de la villa de Fitero, linderos la peña que llaman del Olivo o la Higuera
Por su parte, el calagurritano llevó una muestra a Sigüenza para que la examinaran los plateros, a quienes les pareció de metal y respondieron que ahondasen más en el dicho sitio. Animado, Pedro González se trasladó a la Corte con la misma muestra a ver si ciertos indios que están en Madrid conocerían mejor la tierra, obteniendo un consejo similar al de los plateros seguntinos. Lo que explica que su socio rinconero solicitara al rey Felipe II de Austria, declarando que ha muchos días, hubo mi parte noticia de unas minas de plata en las Peñas de los Baños, de los términos de la villa de Fitero en este Reino. Y para certificar y enterarse del metal de la dicha mina, ha hecho reconocer las piedras y tierra de ella, a plateros y otros hombres expertos en esta ciudad y en diferentes partes de Castilla. Y hecha la experiencia, se ha asegurado que la dicha mina es de metal de plata ... el cual, para acabar de enterarse si la dicha mina es abundante o pobre, y si labrándola será más el provecho que el gasto, tiene necesidad de enviar personas y obreros que caven y piquen la dicha peña, para hacer de propósito la experiencia. Y pido y suplico a V. M., le mande dar su real provisión, para que las justicias y vecinos de la dicha villa de Fitero ni otros, no le pongan impedimentos en ello, so graves penas, antes le den todo el favor necesario, atento que se le entiende que de ello ha de resultar grande provecho a V. M. y a su Real Patrimonio. Petición que, según Florencio Idoate, fue atendida, y se le permitió seguir sus ensayos en presencia de una persona puesta por el alcalde, debiendo enviar al Consejo una muestra de la tierra, "para que visto -dice la sentencia- se provea lo que convenga". Si bien no llegó a averiguar si el animoso cura y sus compañeros siguieron adelante o fracasaron en su empeño, como es lo más probable por una causa o por otra. Lástima que no haya más noticias acerca de esta mina de plata que parece ser que hubo en las Peñas del Baño o del La Soledad.

miércoles, 20 de abril de 2011

La Fuente de la Salud y la Cañada de Majarrasas

Recientemente, el 24 de enero de este año, el Gobierno de Navarra declaró la existencia de nuevas vías pecuarias, aprobando la reposición de los mojones correspondientes en las localidades de Murchante, Corella, Fitero, Cintruénigo, Cascante, Ablitas y Ribaforada, de acuerdo con lo previsto en la Ley Foral 19/1997, de 15 de diciembre, de Vías Pecuarias de Navarra. Concretamente, en Fitero: el Ramal 4 o ramal de la Heruela, ramal del Camino de Fitero a La Aldea [Nueva de Ebro], ramal de Majarrasas y ramal de la Nava. Iniciativa loable aunque sorprende cómo parece que se va a llevar a cabo. Al menos en lo que afecta al ramal de la cañada de Majarrasas ya que parece que se pretende hacer por el barranco que separa este término del de la Dehesa de Ormiñén, cuya desembocadura hacia el río Alhama hace varios siglos que está cortada por la canalización del Río Llano, derivándose su bajada hacia el Alhama por el camino que cruza el río a través del cercano paso de La Madera.
Además, en este tramo final del barranco, según el catastro: polígono 2, parcela rústica 1873, se encuentra la Fuente de la Salud, una de las pocas fuentes que aún mana de forma continua, en los alrededores de Fitero. Manantial que hasta finales del año pasado se encontraba oculto entre cañaverales y bardales, y que fue limpiado con sumo cuidado por un vecino de la Villa que, además, se entretuvo en comenzar la construcción de una fuente que podría llegar a convertirse en un agradable y atractivo rincón. A no ser que esta edificación sea considerada como incompatible con las características de las cañadas por las autoridades forales con competencias sobre estas vías pecuarias. Aunque dadas las circunstancias en las que se encuentra el supuesto final del ramal de la cañada de Majarrasas, quizá desde el Ayuntamiento de Fitero se podría solicitar a estas autoridades forales que reconsideraran su trazado, desafectando como tal al barranco en el que se encuentra la Fuente de la Salud y, ya puestos, que también autorizasen, supervisaran y subvencionaran la adecuada construcción de un recoleto rincón e incluso de un pequeño merendero a la sombra de algunos árboles, a partir de lo ya comenzado a construir por el voluntarioso y bienintencionado vecino de Fitero.
No estaría mal recuperar este espacio de las afueras de la Villa, cercano también a las instalaciones del Polígono Industrial de la Dehesa de Ormiñén, para solaz y disfrute de los fiteranos y de quienes visitan Fitero. Eso sí, analizando previamente la potabilidad y propiedades del agua de la Fuente de la Salud y señalizando adecuadamente el lugar, con las explicaciones e información correspondiente a esta fuente y al ramal de la cañada de Majarrasas.

martes, 19 de abril de 2011

Término Aranjuela (La Granjuela)

Por en medio de La Vega del río Añamaza, poco antes de que el curso de éste gire hacia el Este, internándose en el término de los Hortales y después en el de las Dehesillas Altas para acabar desembocando en el río Alhama por la margen derecha de éste, discurre el límite entre La Rioja y Navarra, o lo que es lo mismo, entre Cervera del Río Alhama y Fitero.
En el lado fiterano de La Vega hay un término que ahora se conoce como la Aranjuela o, como aún figuraba en los años 80 del pasado siglo: La Granjuela, relacionándolo con la existencia de una pequeña granja ya desaparecida. También da nombre este topónimo a la acequia que allí sale del río Añamaza para regar mejor los ricos cultivos de su margen derecha, así como a las ruinas del corral de la Aranjuela, que está en lo alto del monte que hay a su vera.
No debe ser casualidad que, justo en el lado cerverano de La Vega que hay enfrente de la Aranjuela, se denomine precisamente La Granja. Quizá porque todos estos nombres, los de uno y otro lado de la frontera, hagan referencia al recuerdo de una pequeña granja cisterciense con la que los monjes de Fitero debieron atender sus propiedades en La Vega, que así es como estos monjes denominaban a los prioratos rurales de los que se servían para poder desempeñar mejor las labores agrícolas en las propiedades ubicadas lejos del monasterio (como por ejemplo fue el de Niencebas (despoblado de Alfaro) después de que sus monjes se trasladaran a Fitero y lo convirtieran en granja, o como fue la granja de Yerga (Autol), desde sus orígenes ya que ésta nunca llegó a ser monasterio). Esta granjuela debió ser posterior a la despoblación de la villa castellana de Tudején (despoblado de Fitero) en el siglo XIII, a la que pertenecía este término, y debió quedar en desuso antes de la desamortización de 1835.
Convendría corregir el nombre Aranjuela por el de La Granjuela, así como centrar la ubicación de este topónimo todo el terreno de montes existente entre la acequia de La Granjuela, en La Vega, y Los Blancares, así como entre San Valentín y la Dehesa de los Cuévanos, tal como consta en un mapa de mediados del siglo XVII en el que se describen los términos del monasterio de Fitero. Aunque entonces, toda La Vega del Añamaza, hasta la acequia que discurre por la izquierda de este río, pertenecía al Monasterio de Fitero y era entera de Navarra, no como ahora.

domingo, 17 de abril de 2011

La Serna del Emperador o de Cervera del Río Alhama

La etimología de la palabra Serna delata su origen prerromano, concretamente celta, y hace referencia a un campo que se labraba aparte. Parece ser que así se designaba a un espacio agrario situado en el extremo o a las afueras de la población y cuyo uso original debió ser comunal. Lo que explica su amplia extensión, en oposición a la de los pequeños minifundios de carácter particular, y que, durante la Reconquista, su propiedad acabara estando destinada al señor principal a cargo de la correspondiente campaña militar que logró revertir este territorio bajo el dominio cristiano. A lo que hay que añadir que sus amplios límites no suelen estar referidos a otras sernas o a las propiedades de otros particulares sino que las sernas están delimitadas por accidentes naturales, como montes o ríos, o por el trazado de construcciones como las de los caminos o acequias.
Nos ha quedado constancia de la serna que, en la Edad Media y tras la reconquista del valle del Alhama por parte del rey de Aragón y Pamplona, Alfonso I el Batallador, en 1119, hubo en Cervera del Río Alhama, aunque no se sabe si existía con anterioridad a éste. Este serna estuvo ubicada en la margen izquierda de este río, entre su arenal y las faldas de los monte, aguas arriba del barranco al que desaguan las aguas termales de los Baños de Fitero, entonces conocidos como baños de Tudején (despoblado de Fitero), y aguas abajo de la desembocadura del río Linares en el Alhama. Esto es, la parte de terreno que entonces era cultivable en dicha región en la que ahora, por cierto, también se encuentra el barrio cerverano de la Venta del Baño al que pertenece el término que aún se conoce como la Serna, entre la carretera local LR-285 y la orilla izquierda del Alhama, tal como consta en un mapa de principios del siglo XVII en el que se describen los términos del Monasterio de Fitero.
Tras la muerte del citado rey aragonés, Cervera y Tudején se mantuvieron en manos aragonesas, pasando después ambas a las del rey de Castilla, Alfonso VII el Emperador, siendo éste quien, en 1146, en compañía de su esposa Berenguela, se reunió en su castro de Tudején con su yerno, García Ramírez IV el Restaurador del reino de Pamplona, para que éste hicieran las paces con el cuñado del emperador, el conde de Barcelona, Raymond Berenguer IV el Santo, y que así los dos parientes le ayudaran a reconquistar Calatrava y Almería al año siguiente. Entonces, concretamente el 15 de octubre de 1146, fue cuando también Alfonso VII se acercó al monasterio cisterciense de Niencebas (despoblado de Alfaro) y allí le donó la serna que poseía en Cervera, población que ya había pasado a estar en los dominios de Castilla, a su abad Raymond, que pocos años después acabó siendo conocido como San Raimundo de Fitero.
En 1374 y tras un largo litigio, el rey de Navarra tomó posesión del Monasterio de Fitero y así los términos del coto redondo de este cenobio pasaron a estar divididos entre los que permanecieron en el reino de Castilla, entre los que quedó la Serna del Emperador, y los que a partir de entonces pasaron a formar parte de Navarra y que acabaron dando lugar al actual término municipal de Fitero. Tras la desamortización de 1835 y la consecuente exclaustración definitiva de los cistercienses de Fitero, la Serna del Emperador siguió perteneciendo a Cervera del Río Alhama, concretamente al actual barrio cerverano de la Venta del Baño. Constando en el inventario de esta desamortización que, desde el 21 de marzo de 1815, el Monasterio de Fitero había dado a los vecinos de Cervera, José Zapatero y Manuel Moreno, a censo enfitéutico mancomunadamente las tierras de la Serna y que éstos no habían hecho ninguno de los pagos pendientes desde entonces.

El Plan Municipal de Urbanismo y el Plan Director que necesita Fitero

En agosto de 1994 se promulgó la Orden Foral correspondiente al Plan Especial de Protección y Restauración Interior (PEPRI) del área 2 de las Normas Subsidiarias de Urbanismo de 1987, de Fitero (BON 95/1994), por medio del cual se definió, recuperó, restauró y reguló la gestión urbanística del entorno al antiguo Monasterio de Fitero inmediatamente anejo a éste. Esto es, el que comprende la manzana en la que se encuentran tanto el barrio del Cortijo como gran parte del antiguo monasterio. Habilitando el paso que comunica la Plaza de la Iglesia tanto con la de San Raimundo, a través del Cortijo, por el antiguo corredor de los Conversos, como con la Plaza de los Ábsides y su nueva salida por la Calle Alfaro, así como la reconstrucción del claustro nuevo o Plaza de las Malvas y de las antiguas dependencias situadas en ella. Con esta definición del entorno conexo del Monasterio de Fitero se ampliaba el Patrimonio Arquitectónico de Fitero que, desde 1931, sólo consideraba ambiguamente al desaparecido Monasterio de Fitero como Monumento Nacional. Redefinido en 1985 como Bien de Interés Cultural sin por ello haber aclarado su descripción.
En mayo de 2005 se promulgó el Plan Municipal de Urbanismo de Fitero (BON 61/2005), que había sido aprobado provisionalmente en octubre de 2002, y en él se distinguían tres niveles de protección del Patrimonio Arquitectónico: Integral, Estructural y Medioambiental. Acogiéndose al primero de ellos el propio Monasterio de Fitero, haciendo referencia a lo reglamentado para éste y su entorno conexo, en el citado PEPRI, y tan sólo a uno de los varios elementos pertenecientes a su entorno disperso, de los que actualmente se encuentran dentro del término municipal de la villa y que hasta entonces carecía de cualquier tipo de protección: el Cristo del Humilladero, dejando a los demás elementos dispersos del antiguo Monasterio de Fitero desamparados. Aunque mencionando a dos de ellos, la casa del Soto y a la nevera de San Valentín, entre los candidatos a formar parte de una futura propuesta de normativa de protección del Patrimonio Arquitectónico de FiteroAdemás, este plan municipal también aumentó el número de inmuebles que debían conservarse, acogiéndose todos ellos sólo al nivel de protección medioambiental, admitiendo en esta categoría trece construcciones que, en vez haberse protegido y asegurado su futuro, poco a poco han ido desapareciendo de la Villa. Fin al que parece que también están destinados el Cristo del Humilladero y la nevera de San Valentín, si sus respectivos propietarios no lo remedian o si las Administraciones Públicas no asumen sus competencias y responsabilidades acerca de la conservación del patrimonio de los fiteranos.
Dado el rico Patrimonio Histórico de Fitero resulta evidente la pobreza de alcance y de futuro que recoge el actual Plan Municipal de Urbanismo de la Villa. Sin duda, la apertura del entorno del antiguo Monasterio de Fitero supuso un gran avance para recuperar la riqueza arquitectónica de éste, como parte nuclear de su Patrimonio Arquitectónico, además de contribuir a la reordenación de us urbanismo. Sin embargo, va siendo hora de que las autoridades se tomen la molestia de hacer que afloren todas las joyas del rico Patrimonio Histórico de Fitero y de que preparen un Plan Director que haga de él un verdadero motor para el desarrollo socio-económico y cultural de Fitero.
No cabe duda de que si se promocionara más y mejor el Patrimonio Histórico de Fitero y si se cuidaran más los detalles que podrían hacer aún más atractivos cada uno de los interesantes rincones de la Villa, el turismo que podría venir, atraído por los Baños de Fitero y por todas las dependencias que un día pertenecieron al antiguo monasterio cisterciense, podría ser una verdadera fuente de riqueza para todos, los fiteranos y los que nos visitan. Para lograr este objetivo, el turismo debería dejar de ser algo ocasional o accidental y Fitero no debería seguir siendo un gran desconocido incluso en Navarra. Va siendo hora de que se planifiquen las medidas necesarias para que relumbren como merecen sus atractivas joyas, va siendo hora de disponer de un Plan Director que nos conduzca a destacar como merecen las virtudes de Fitero. Ojalá, por el bien de todos los fiteranos, las próximas elecciones municipales hagan reflexionar a los candidatos y que éstos incluyan un Plan Director como un elemento destacado de sus programas electorales.

sábado, 16 de abril de 2011

La casa del Soto

La casa del Soto es una de las construcciones más antiguas de la Villa pues data de mediados del siglo XVII, destacando por su aislada ubicación en medio del Soto, término del que tomó su nombre. Su misión inicial fue la de apoyo para los trabajos agrícolas que los cistercienses de Fitero realizaban en sus inmediaciones, así como la de servir como casa de descanso y salud ya que, junto a ella, manaban dos fuentes, una de agua normal y otra de aguas sulfurosas cuyas propiedades medicinales parece que no han sido analizadas todavía.
Su construcción la realizó el fiterano Pedro Angós Mañero, entre 1671 y 1673. Dándose la circunstancia de que los monjes de Fitero entablaron un pleito con él, a la hora de pagarle la obra que le habían encargado, siendo necesaria la intervención de tasadores que mediaran y arbitraran entre ambas partes para poder ajustar el pago de los costes correspondientes.
El edificio consta de dos plantas, la baja de sillares de piedra y las superiores de ladrillo, así como un ático, destacando en su interior su impresionante escalera que sólo se puede visitar si se habla con sus actuales propietarios particulares. Las últimas obras que éstos realizaron hace un lustro, poco más o menos, eliminaron las ruinas de los corrales y cobertizos que había en su parte posterior y reforzaron el sobremuro que rodea el piso inferior de la casa. También repararon los alrededores del nacedero de la fuente cuyas escaleras de piedra y acceso al acueducto-desagüe que, sorprendentemente, pasa por debajo de la misma casa, atravesándola de lado a lado para comunicarse, quizá, con el estanque o pesquera que había en medio de la finca hasta 1835, aún son los originales.
Como bien recogió Ricardo Fernández Gracia, Pedro Angós Mañero, nacido en Fitero en noviembre de 1625, fue el segundo miembro de una dinastía de artistas: albañiles, arquitectos y escultores que progresó en Fitero, desde la llegada del homónimo padre de éste a la villa navarra, procedente de la limítrofe ciudad aragonesa de Tarazona, poco tiempo antes, hasta mediados del siglo XIX. Siendo Juan de la Cruz Angós Aliaga, el último miembro de esta dinastía de artistas, a quien la Villa le dedicó la calle que aún lleva su primer apellido, como también señaló Manuel García Sesma. Quién, por cierto, publicó que en 1835 el Soto tenía 90 robos y estaba poblado de árboles, con un estanque en medio de la finca y cuya casa tenía derruida la parte del fondo.
Sería muy de agradecer que las autoridades municipales lo señalaran adecuadamente, documentando algunas noticias relacionadas con su historia, para mayor disfrute de quienes visiten nuestra Villa y paseen por sus agradables contornos, y que también lo declararan como Bien de Interés Cultural, al menos de carácter local, a esta magnífica construcción rural cuya impresionante presencia en mitad del Soto alegra la vista de los que disfrutamos al pasear por estos parajes. Sin duda, uno de los más bonitos de Fitero o, por lo menos, uno de mis preferidos.

viernes, 15 de abril de 2011

Crónica de un hundimiento anunciado

Esta semana ha movido algo el aire en Fitero y se han desprendido varias tejas del Humilladero de las que, por cierto, nadie se ha molestado aún en retirar sus cascotes de sus inmediaciones.
Dentro de lo que cabe, se puede decir que ha habido suerte pues no han causado daños materiales a ningún transeúnte ni tampoco a ninguno de los vehículos que, lamentablemente, suelen aparcar tan cerca de las columnas del propio monumento popular que, de haber estado ahí estos días, no hay duda de que le habrían ocasionado un mal trago a las respectivas compañías de seguros.
Miedo da pensar qué habría ocurrido si alguna de estas tejas le hubiera caído a algún niño o a algún anciano que, movido por la curiosidad, se hubiera acercado a ver el interesante Cristo del Humilladero.
Los desperfectos cada vez son mayores. Las grietas del arco se que sustenta el templete por la cara norte, la más cercana a la carretera que pasa junto a él, se han abierto un poco más. Así como también lo ha hecho el agujero del falso techo que hay en el interior del templete del Humilladero.
Es posible que, si mueve un poco más de Cierzo, no sólo se caigan algunas tejas más sino que acabe por desplomarse este monumento del siglo XVI y que sus escombros también se lleven por delante la escultura que hizo Fausto Palacios Martínez, en 1948.
Ya que estamos resignados a esperar el hundimiento de este templete, creo que, al menos, las autoridades, que parece que ni sienten, ni padecen por el devenir del patrimonio de los fiteranos, y, menos aún, por desarrollar su potencial, haciendo de Fitero una villa con rincones cada vez más atractivos, tanto para los que vivimos en ella como para los que nos visitan o podrían llegar a visitarnos, debieran poner algunas señales que advirtieran del peligro de hundimiento del Humilladero. De paso, quizá podrían también acordonar la zona para evitar posibles desgracias materiales o incluso personales pues cada vez parece más probable que estemos escribiendo la crónica de un hundimiento anunciado.
Ni qué decir tiene que mejor que todas estas medidas sería de agradecer la urgente y responsable intervención que evitara la pérdida de este monumento, que llevara a cabo su restauración, que acondicionara su entorno, dotándolo de una zona ajardinada, y que, para evitar futuros desperfectos y para asegurar su disfrute por generaciones venideras, fuera declarado Bien de Interés Cultural. Aunque sólo sea de carácter local, cosa para la que, por cierto, tiene potestad y competencias el propio Ayuntamiento de la Fitero.