martes, 31 de mayo de 2011

El personal de Tena en la final de la Copa de 1964

En el boletín de Julio de 1964 de la empresa Tena-Record, titulado TENA, se recoge la reseña del viaje que realizó su personal a Madrid para asistir al encuentro que disputaron el Real Zaragoza y el Atlético de Madrid y que acabó 2-1, el 5 de julio de 1964, diciendo: Las cinco de la mañana del domingo día 5 de julio, en la calle Alfonso, frente al edificio Tena-Record, una caravana, con cuatro vehículos de la empresa y un autocar, así como los turismos de la gerencia, esperaban a que los empleados de Tena-Record ocuparan sus asientos.
Todo se hizo con disciplina y orden y a las cinco y cuarto se emprendía la ruta. Madrid esperaba al personal Tena para que, allí, pudieran asistir a la final de la Copa de S. E. el Generalísimo, que después en el campo de Chamartín, conquistaría el equipo zaragozano.
Casi un centenar de empleados de Zaragoza fueron tragándose kilómetros hasta llegar a Medinaceli, donde la hoja de ruta preveía el encuentro de otra caravana que, partiendo de Fitero, llevaba también a Madrid al personal de aquella factoría Tena.
A media mañana se efectuó la reunión. Después, todos en grupo, formando una sola caravana, se emprendió la ruta hasta Madrid. Al llegar, y tras unos momentos de reposo, el obligado paseo por las calles de la capital y la visita a los lugares de interés. El parque del Retiro, Plaza de España, Puerta del Sol, Gran Vía, Plaza de la Cibeles, Nuevos Ministerios, Plaza de Cascorro, Plaza Mayor y cuantos lugares madrileños eran dignos de visitarse, fueron recorridos por la caravana Tena.
Tras la comida y la concentración en la Casa de Campo, unas horas de descanso y se emprendió la marcha hacia el Estadio Bernabeu. Allí, centenares de zaragozanos, se unieron al personal de Tena para aclamar al equipo que había de quedar campeón de la Copa de S. E. el Jefe del Estado.
Desde mucho antes del partido, los alrededores del estadio y después el graderío, se vió adornado por millares de banderines con los colores del Zaragoza, editados por Tena-Record y distribuidos en toda la capital de Aragón, así como en la ruta hacia Madrid. Fue una contribución de Tena a la victoria del equipo, y al propio tiempo el flamear de estos banderines puso la nota de calor en el campo madrileño y llevó a las calles de la capital zaragozana en una jornada deportiva de tanto relieve.
El partido terminó y la alegría desbordaba las localidades ocupadas por los aragoneses. El personal Tena se reunió, nuevamente, con orden, en torno a los vehículos, y formada la caravana se emprendió viaje de regreso.
Guadalajara fue la primera parada. Cena en el parador y otra vez la carretera fue perdiéndose bajo las ruedas para conseguir que al día siguiente, lunes, todo el personal estuviera en sus puestos.
El boletín TENA destacaba la participación del personal procedente de Fitero, muestra de la relevancia que los talleres allí instalados, desde el 20 de mayo de 1963, iban tomando poco a poco en el entramado empresarial de Nicolás Tena Tejero. Para algunos de aquellos fiteranos debió ser ésta una de las primeras veces que viajaron a Madrid y para todos debió ser una novedad el poder participar en un evento deportivo de la categoría y repercusión como era y sigue siendo el de la final de una Copa de fútbol.
Eran otros tiempos, llenos de ilusión, esperanza, trabajo y porvenir. Todavía estaba por llegar lo mejor, la construcción de la fábrica INITESA, que se inauguró en Fitero el 19 de septiembre de 1965. Ojalá pronto vuelvan a sentir estas sensaciones y emociones quienes han pasado toda una vida de trabajo dedicados a la industria textil fiterana. Pues entraron siendo niños, algunos con poco más de 14 años, y ahora, cerca de su edad de jubilación, atraviesan una difícil situación laboral.

domingo, 29 de mayo de 2011

La llegada de Tena a Fitero

La firma comercial Tena comenzó su actividad en el sector de la confección textil en 1870, a cargo del empresario zaragozano José Tena Trallero, llegando a destacar entre los sastres del país. En 1911 tomó el relevo al frente del negocio su hijo Nicolás Tena Díaz, también buen conocedor de la profesión, pues durante algunos años había estado trabajando como cortador en una importante firma de Bilbao, y también fue quien expandió la actividad de la firma por toda España. Tras el fallecimiento de éste, en 1930, fue sustituido por sus hijos: José y Nicolás Tena Tejero, que fueron los que dieron paso a la confección industrial, en una escala insospechada hasta entonces. Aunque la muerte de José Tena Tejero y las dificultades por las que atravesó el país durante la Guerra Civil Española y los primeros años de la postguerra condujeron a una paralización de la progresiva expansión industrial de la casa Tena. La recuperación de la normalidad vino de la mano de la incorporación de un miembro la cuarta generación familiar, Nicolás Tena Monzón, como director comercial, abriéndose al mercado internacional tras participar en los grandes certámenes de moda masculina de Paris, en 1960 y 1961. En las que sus magníficas gabardinas de Tena-Record lograron un clamoroso éxito que no pudo ser aprovechado comercialmente ya que toda la producción fue absorbida por la demanda nacional.
Hacia 1959 o 1960, Nicolás Tena montó un taller de confección en Cervera del Río Alhama, con la intención de ampliar el negocio y acabar construyendo una fábrica textil con la que dar soporte a la creciente demanda nacional e internacional pero el proyecto no se llevó a término. Por entonces, este licenciado en derecho y empresario zaragozano también suministraba paños a varios comercios fiteranos, entre los que se encontraba la sastrería de Emilio Mesa, a cuyo cargo estaba su hijo y heredero, Miguel Mesa González. Éste entabló muy buenas relaciones con el empresario zaragozano y le convenció para que abriera un taller en Fitero. De tal modo que, en 1963, Miguel Mesa cerró su empresa y pasó a trabajar como encargado de los negocios de Nicolás Tena en la Villa, abriendo un taller en la Calle Mayor, en el edificio del antiguo Centro Obrero. Las tres primeras fiteranas que empezaron a trabajar en las máquinas instaladas en dicho taller y por un sueldo de 25 pesetas diarias, la tarde del 20 de mayo de 1963, como pioneras de esta nueva etapa de la industria textil en Fitero, fueron: Remedios Alfaro Berdonces, Teresa Pérez Falces y Alicia Martínez Barea, sumándoseles buen número de fiteranas y fiteranos durante los días y semanas siguientes, hasta superar las dos docenas. Para ello contaron con el apoyo y la formación que les dio Azucena, la encargada que a tal efecto se desplazó desde Zaragoza, así como del ingeniero belga Willy Van Haeren que, desde un principio, asumió la dirección técnica del proyecto fiterano.
Las primeras prendas que se confeccionaron en este taller fiterano, auxiliar de la fábrica y comercio zaragozano de Tena-Recordfueron gabanes que, como después pasó con otras prendas: gabardinas, chaquetas, etc., cuya confección también se completó en Fitero, venían ya cortadas desde las instalaciones de Zaragoza. El material de cada prenda se encontraba en su correspondiente caja junto con el ticket que la identificaba, de modo que los operarios, que trabajaban a destajo durante toda la semana, a veces sábados y domingos incluidos, podían justificar el trabajo realizado presentando dichos tickets. Para incrementar la productividad, aquellos trabajadores que presentaran más tickets que los convenidos inicialmente tenían derecho a cobrar una prima. Aunque esta forma de trabajar no siempre fue satisfactoria y, en una ocasión, en 1964, propició un conflicto laboral por el que varios trabajadores de este taller prefirieron abandonar su puesto de trabajo, entonces no se podía hacer una huelga, que seguir aceptándolas. Si bien algunos de ellos no tuvieron otro remedio que volver a su puesto al cabo de pocos días, otros se fueron a otras fábricas o, en cualquier caso, nunca regresaron.
En otoño ya no cabían más operarios en el taller por lo que Mª. Jesús Pina Muro fue contratada en septiembre y su primera tarea fue la de formarse, durante el mes siguiente en Zaragoza, con objeto de regresar a Fitero como encargada del segundo taller o taller de apoyo al primero que Nicolás Tena abrió en Fitero. Este segundo taller estuvo operativo antes de final de año. El nuevo centro de trabajo también se encontraba en la Calle Mayor, concretamente en el bajo izquierda de la casi vecina Casa de los Maestros y su especialidad fue la de la confección de pantalones, llegando a trabajar en el también más de 20 personas.
Dado que siguió aumentando la carga de trabajo asignada a los talleres fiteranos, Nicolás Tena no tuvo más remedio que llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento para poder abrir un tercer taller, a mediados de febrero de 1964, en los bajos de la antigua Hospedería del monasterio cisterciense de Fitero, donde entonces estaban ubicadas las escuelas y ahora se encuentra el Centro de Salud. Su especialidad fue la de la confección de impermeables, llegando a trabajar en él otras 20 personas o más y siendo su encargada Natividad Fernández Calleja. Aunque este taller fue temporal y se desmanteló a los pocos meses, reubicándose esta sección con sus operarios en las dependencias del segundo.
Poco tiempo después Nicolás Tena abrió un cuarto taller en la Calle Angós, dedicando la bajera de la cochera, que era propiedad de Ángel Jiménez, a la plancha de vapor, a cuyo cargo estaban Calixto Fernández Yanguas y otro operario, mientras que en el granero se realizaban las labores de acabado, embolsado y control de calidad, bajo la responsabilidad de Monserrat Sabaté Calleja, con el apoyo de una o dos operarias. Finalmente, Nicolás Tena aún tuvo que abrir un quinto taller, en la Calle Mayor, estando separado del primer taller por la carpintería que entonces tenía allí Carmelo Fernández, quién también hacía labores de mantenimiento para estos talleres, al igual que Sixto Pérez Barea, bajo la supervisión de Inocencio Berrozpide. Este quinto taller incorporó tecnología de corte industrial que hasta entonces no había habido en Fitero y en él que trabajaron Joaquín González Alfaro, Pablo Bermejo Rupérez  y Luis Miguel Yanguas Yanguas.
Finalmente, hay que añadir a Marcos Artal Maculet, encargado de medir los tiempos y de hacer los pagos, tanto en los talleres fiteranos como en el de Cervera del Río Alhama, así como de transportar material con una antigua furgoneta que llevaba publicidad de la firma Manufacturas Fabregat, que era un establecimiento de confección barcelonés que había sido adquirido por Nicolás Tena.
La creciente actividad de estos talleres condujo a la construcción de la fábrica INITESA, inaugurada el 19 de septiembre de 1965, coincidiendo con el segundo domingo de las fiestas patronales en honor de la Virgen de la Barda, en cuyo programa el alcalde, Fausto Palacios Martínez, exponía en su saludo que está a punto de inaugurarse una Gran Factoría Textil destinada a la confección de prendas de caballero, de cuya Razón Social "INITESA", es promotor Don Nicolás Tena Tejero. En la citada factoría, han sido invertidos más de 30 millones de pesetas; ocupando 26.000 metros cuadrados de terreno y creando 400 nuevos puestos de trabajo de ambos sexos. Dicha factoría tendrá una producción de 2.000 prendas diarias, todas ellas ropa exterior de caballero, gran parte de ella exportada a otros países. Concluyendo su mensaje con estas esperanzadoras palabras: El porvenir, como véis, es brillante y todos nosotros para que lo sea más, debemos poner a contribución nuestro esfuerzo y deseo de triunfo. Aunque, como es natural, la puesta en funcionamiento de INITESA acarreó el cierre paulatino de los talleres auxiliares, incluido el de Cervera del Río Alhama, dando fin a esta primera fase de la segunda etapa de la industria textil en Fitero.

sábado, 28 de mayo de 2011

Los orígenes de la industria textil en Fitero

La industria textil o las manufacturas textiles comenzaron en la villa de Fitero a mediados del siglo XVI, como publicó Manuel García Sesma, recogiendo que entre sus pioneros se encontraban los Maestros Tejedores Sebastián y Juan Navarro, titulados en 1548; Miguel Navarro, en 1550; Pedro Gómara, en 1595, etc., así como los Maestros Pelaires Miguel Laín, titulado en 1583; Diego de Cuenca y Roque de Muro, en 1594; Miguel Gómez, Manuel Pérez y Pedro Gómez, en 1595, etc. En 1594, el Abad, Ignacio F. de Ibero dio licencia a Diego López para construir una tanería (curtiduría). Según una estadística de 1676, mandada hacer por el Virrey, Príncipe de Parma, a la sazón, había en Fitero "41 pelaires, 12 alpargateros, 10 tejedores de paño, 5 sastres, 4 carpinteros, 3 espadadores, 2 tuñidores, 2 yeseros, 2 zapateros, 1 soguero, 1 tejero, 1 molinero, 1 hornero, 1 albañil, 1 tapiador y un herrero. Así como que el siglo XVIII marca el apogeo de las manufacturas fiteranas, a cuya cabeza figuraban la de paños y la de la alpargata, las cuales rivalizaban con las mejores similares del país. También publicó que según el censo de 1797, registrado por el escribano, D. Joaquín Huarte, la industria pañera ocupaba entonces en la Villa a 65 pelaires puros (47 maestros, 9 mancebos y 9 aprendices), a 100 hilanderos de lana y a 17 tejedores (12 maestros, 1 mancebo y 4 aprendices); es decir a 182 operarios. Cinco años después, en 1802, el Diccionario de la Academia de la Historia escribía acerca de esta industria: "Aunque el gremio de pelaires empieza a decaer, por falta de oficiales, cuenta sin embargo, 20 maestros con 8 telares, y calderas para el tiente, que consumen anualmente unas 3.000 arrobas de lana (34.506 kilogramos) y mantienen 120 oficiales y 100 hilanderas. Los paños que se fabrican, sin llegar a la clase de finos, son de primera calidad entre los ordinarios. El número de piezas que cada año se trabajan, serán de 360 a 400 entre paños 18nos y 20nos, y de 6 a 8 bayetas". Medio siglo más tarde, corroboraba Pascual Madoz que los paños ordinarios que se elaboraban antes en Fitero, eran "de muy buena calidad y estaban bien acreditados", pero que ya habían desaparecido.
La desamortización definitiva del monasterio de Fitero, en 1835, y, sobre todo, los efectos de la Revolución Industrial acabaron con la industria manufacturera del sector textil fiterano. En palabras de Manuel García: La industria pañera fiterana se acabó hace siglo y medio, al introducirse en España las máquinas de hilados y tejidos, con las cuales no podía competir la manufacturera.
Desafortunadamente, este cambio tecnológico no llegó a Fitero hasta bastante más de un siglo después, cuando el industrial zaragozano Nicolás Tena Tejero construyó las instalaciones de la fábrica de confección textil INITESA o Industrias Nicolás Tena, S. A., conocida popularmente en Fitero como el Tena. El lugar escogido para este edificio fue el terreno que hasta pocos años antes había ocupado el campo de fútbol del Calatrava F. C., en el término de Los Abatores que está situado en el extremo oriental de la Villa, junto a la carretera local que conduce a Tudela, NA-160.
La fábrica INITESA fue inaugurada el 19 de septiembre de 1965, coincidiendo con el último domingo de las fiestas patronales en honor de la Virgen de la Barda, tras haber abierto previamente en Fitero varios talleres auxiliares de la empresa matriz zaragozana. El primero de éstos empezó su andadura el 20 de mayo de 1963 y se trató de un pequeño centro de trabajo o taller para el que se acondicionó el edificio del antiguo Centro Obrero, sito en la Calle Mayor y reconvertido actualmente en El Mesón de Nacho. En este taller auxiliar de Tena-Record comenzaron a trabajar, aquella misma tarde de primavera y por un salario de 25 pesetas diarias más primas, las tres primeras fiteranas que fueron las pioneras de esta nueva etapa de la industria textil en Fitero: Remedios Alfaro Berdonces, Teresa Pérez Falces y Alicia Martínez Barea, confeccionando los primeros gabanes que salieron de esta factoría fiterana, bajo la atenta mirada del sastre fiterano y encargado local, Miguel Mesa González, la encargada de la empresa zaragozana Tena-Record, responsable también de la formación de las nuevas operarias y recordada sólo por su nombre de pila, Azucena, así como la del belga Willy Van Haeren, director técnico del taller que dicha empresa tenía en Cervera del Río Alhama y, posteriormente, también de los talleres fiteranos y de INITESA.

La leyenda de los orígenes de la Virgen de la Barda

En el Poemario Fiterano, Manuel García Sesma identificó, en 1969, la primera fuente escrita en la que, a finales del siglo XIX, había cristalizado la leyenda acerca de los orígenes de la Virgen de la Barda. A él se la hizo llegar un gran amigo fiterano, el P. Santos Bermejo, Provincial que fue dos veces de los PP. Agustinos Recoletos de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, quien le regaló, cuando vivía en México, una docena de cuartillas manuscritas, relativas a Fitero (en su mayor parte, apuntes sacados de [José] Moret y de [Pascual] Madoz), entre las que se hallaba una pretendida historia de la Virgen de la Barda, tomada de un sermón, pronunciado en nuestras Fiestas, por el Presbítero. Bonifacio García Morales -al parecer no fiterano-, el 10 de septiembre de 1882.
Pues bien, añadió Manuel García, en la tal historia -que es más bien un tejido de fantasías pueriles y de anacronismos-, se habla de una presunta escritura testimonial, extendida por un escribano, llamado Martín Muñoz, en la que daba fe de la donación de una imagen de la Virgen de los Remedios a San Raimundo y de la traída procesional de ella desde Toledo hasta Almazán, acompañada de varios magnates de la Corte y de los Obispos de Salamanca, Oviedo, León y Astorga. Según la misma historia, en Almazán se hicieron, a su vez, cargo de la imagen los monjes de Fitero, quienes la condujeron a su Abadía, acompañados por los cabildos de Tudela, Tarazona y Agreda, que habían venido hasta Almazán, con tal objeto. Relato que, bajo el título de Historia de nuestra querida Patrona María Santísima de la Barda, también recogió el secretario del Ayuntamiento de Fitero, Saturnino Sagasti Urriza, en su libro manuscrito de 1887, tras haber ocupado este cargo en su villa natal durante 40 años, cuya transcripción literal publicó recientemente Ricardo Fernández Gracia, señalando que dada la coincidencia de datos citados, debió estar inspirada en el citado sermón: En la primitiva Iglesia de Toledo, en una de sus capillas, estaba y veneraba una imagen denominada de Nuestra Señora de los Remedios, a la cual tenía particular devoción fray Raimundo, visitándola diariamente durante su estancia en la Corte.
Antes de partir con su pequeño ejército a la defensa de Calatrava, fue a dicha capilla con su Estado Mayor, se postró ante la Virgen y con la mayor devoción le suplicó en sus oraciones, le prestase apoyo para tan ardua tarea.
Cuando se levantó y salió de la capilla se halló tan aliviado, tan robustecido y tan valeroso, que no dudó del resultado de su empresa.
Concluida ésta, tan a satisfacción, lo primero que hizo fue al entrar en Toledo, ir a darle las gracias más expresivas por el buen resultado debido indudablemente a su intercesión, postrándose ante ella con la satisfacción del vencedor.
No contento con esto, y deseando tenerla siempre consigo, en la primera entrevista que tuvo con el rey, solicitó la concesión de esa sagrada imagen para su monasterio y casa parroquial de Fitero que indudablemente le fue concedida.
Al poco tiempo murió el señor rey don Sancho III de Castilla y fray Raimundo con su compañero P. Diego Velázquez, luego que se coronó el rey el señor don Alonso el Bueno pasaron a hacer su homenaje al nuevo rey y presentárosle la donación de Calatrava y de la Nuestra Señora de los Remedios, que recientemente había hecho su antecesor y las confirmó el mismo señor don Alonso el Bueno, dándole palabra que remitiría a su monasterio la mencionada imagen.
En el año 1159, cumpliendo su ofrecimiento se sirvió enviar a este monasterio el expresado rey a Nuestra Señora de los Remedios, viniendo con ella hasta la villa de Almazán los Ilustrísimos Señores don Juan de Toledo, el de Salamanca, León, Oviedo y Astorga.
De este monasterio salieron a recibirla doce monjes don Pedro Tizón, caballero de mucha distinción y algunos eclesiásticos de Tudela y Tarazona, dando testimonio de la entrega Martín Muñoz, padre del sacerdote cuyo santo fue monje y abad del real monasterio de Huerta y después obispo de Sigüenza.
No vino fray Raimundo con la santa imagen, por hallarse muy ocupado en la fundación de la orden de Calatrava, pero dio los avisos correspondientes al monasterio para que salieran a recibirla hasta Almazán y la venerasen con perpetuas alabanzas.
A pesar de la carencia de base histórica de esta leyenda que relacionaba en un mismo contexto a los dos patronos de la Villa: la Virgen de la Barda y San Raimundo de Fitero, pues la fábrica de la imagen de aquella data de alrededor de un siglo después de la muerte de éste, como ya señalara el P. Jacinto Clavería Arangua, en 1944, su romántico y místico relato arraigó entre las tradiciones populares de los fiteranos. El nulo valor histórico de esta leyenda de los orígenes de la Virgen de la Barda se mantuvo vigente hasta pocos años antes, como lo muestra la ilustración que de ella realizó en sendos cuadros pintados al óleo, en 1920, el corellano Marcelino García para la Parroquia de Fitero y que ésta cedió en préstamo al Ayuntamiento de la Villa cuando éste se trasladó a su actual emplazamiento, en 1985, donde ahora pueden verse. De hecho, cuando yo era niño, todavía se contaba a los turistas esta leyenda y la del origen del nombre de la Virgen de la Barda como si ambas fueran parte de la Historia de Fitero y muchos fiteranos las seguían teniendo como tal.

viernes, 27 de mayo de 2011

Resurgimiento y desaparición del Calatrava F. C.

El fallecimiento de José Luis Armas Mayor, en 1927, condujo a la desaparición del equipo Calatrava F. C., que había fundado en 1924. Bueno, para ser más precisos, provocó la reorganización de los fiteranos aficionados al fútbol alrededor del nuevo equipo, Atalaya F. C., fundado por Bonificacio Frías Moreno, en 1928. Aunque los problemas económicos de este segundo equipo también condujo a su desaparición tras sólo tres años de historia. Tal como publicó Manuel García Sesma, quien también recogió los avatares de la tercera etapa del fútbol fiterano, publicando que hacia 1932, reapareció el Calatrava F. C., iniciando su segunda etapa. Fue su promotor Amadeo Andrés (portero) y lo formaron con él los defensas, José Ochoa Grávalos y Joaquín Mustienes; los medios alas José Huarte, Castor Ruiz de Mendoza y José María Pina; los extremos derecho e izquierdo, Luis Jiménez y Florencio Jiménez Carrillo; el delantero centro y capitán, Cándido Pina; los delanteros derecho e izquierdo, José María Jiménez y Domingo Calleja; y el 2.º portero, Cirilo Andrés. Tampoco tuvo una vida larga, pues estalló la Guerra Civil de 1936-39 y el equipo se disolvió. Paréntesis tras el que empezó la tercera etapa del Calatrava F. C., en las postrimerías de la Guerra, de una manera lánguida y decadente, y en ella figuraron José Andrés Yanguas, José Andrés Calleja, Francisco Magaña, Miguel Mesa, los hermanos Ciriaco y Félix Guarás, Rafael Urbano, Ignacio Bermejo, Jesús Marco y Ramón Yanguas. Este último se rompió una pierna en Fitero, en 1938, al jugar un partido con el Vegetariano de Tudela.
El Calatrava F. C. conoció una etapa más interesante -la IV- entre 1944 y 1950. Figuraron en sus equipos Ángel Falces, los hermanos José y Marcos Artal, Ramón González, Cirilo Alfaro, Nabor Fernández, Jesús Fernández Gracia, los hermanos Jesús y José Ángel Yanguas Jiménez, José María Viscasillas Yanguas, los hermanos Cirilo y Andrés Yanguas, Fernando Luis, Miguel Yanguas Bermejo, Carmelo Fernández, Juan Burgos, Félix Zapater, Jesús Fernández Berrozpe, José Muro, José María Martínez y los hermanos Francisco y Enrique Díaz. Jugaron numerosos partidos en Corella, Cascante, Monteagudo, Tudela, Pamplona, etc. a los que eran trasladados en el camión de Felipe Forcada. Por cierto que en Pamplona sufrieron el más serio descalabro, pues habiendo salido de Fitero a las 4 de la madrugada, para jugar a las 11, se encontraron con que el campo estaba completamente encharcado y, como ellos habían jugado siempre en campo seco, fueron derrotados por 7 a 0. Por fin, el Calatrava F. C. desapareció al comienzo de la década de los 50, sufriendo un eclipse de 20 años.
Agradezco a Jesús Fernández Gracia que me haya facilitado la fotografía de la alineación del Calatrava F. C. que, en 1947, ganó por 1 a 0 al equipo tudelano Arenas de Educación y Descanso, señalándome también que el gol lo metió Falces a un centro del extremo izquierda. Jugamos solamente medio tiempo, les dominamos todo él y el motivo de no meter más goles fue el que no se podía chutar a puerta porque estaba encharcada la portería del Arenas. Aunque la fotografía es en blanco y negro, se observa que el equipamiento del Calatrava F. C. mantuvo los colores del Atalaya F. C., que son los del actual club fiterano también denominado Calatrava F. C. Si bien, en esta cuarta etapa del fútbol fiterano, el escudo del equipo había pasado a ser una simple pero gran Cruz de Calatrava.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El Atalaya F. C.: "Dejaime, que llevo botas"

Tras la breve trayectoria futbolística del Calatrava F. C., entre 1924 y 1927, la afición por el fútbol en Fitero no desapareció completamente tras la muerte de su principal promotor José Luis Armas Mayor sino que, hacia 1928, como publicó Manuel García Sesma, simplemente se reorganizó alrededor de un nuevo equipo, el Atalaya F. C., fundado por el aparejador de obras, Bonifacio Frías Moreno, el cual dibujó el escudo triangular de su equipo, que representaba el monte de la Atalaya de los Cascajos, con la Cruz de su vértice. Su traje era camiseta roja y pantalón azul.
Su capitán fue Víctor Alfaro González y los restantes jugadores, Javier Falces, Eugenio Sánchez, Secundino Andrés, Jesús Muro, Carmelo Pina, Ángel Mustienes, Carmelo Escudero, José María Pina, Jesús Jiménez, Serafín Magaña Huete, Castor Ruiz de Mendoza y Amador Maculet.
También el Atalaya tuvo una vida efímera, pues su equipo empezó a utilizar sin permiso el mismo campo del Calatrava y un día se lo encontraron labrado. Entonces convinieron con los propietarios en pagarles una renta anual anticipada de 60 pesetas. Pero como el número de socios no llegaba a la veintena y andaban más que escasos de dinero, al tercer año no pudieron pagarla y, un buen día, les quitaron los marcos de las porterías y feneció el Atalaya. El único recuerdo curioso que queda de él fue el grito de Amador Maculet: "Dejaime, que llevo botas", pidiendo que le dejasen lanzar un tiro de penalty, porque los demás llevaban alpargatas.
Al igual que José Luis Armas Mayor y Miguel Yanguas Lozano, promotores del primer equipo de fútbol que hubo en Fitero, el Calatrava F. C., también mereceía que los actuales miembros de este equipo así como su Junta Directiva y el resto de los socios, les recordaran y les reconocieran a aquellos dos pioneros y a Bonifacio Frías Moreno el mérito que tuvieron al sacar adelante estas dos primeras etapas de la historia del fútbol fiterano. Especialmente, en una época en la que el fútbol no tenía la repercusión mediática ni de masas que hoy tiene este deporte ya que, por entonces, ni siquiera se había organizado aún el primer Campeonato Mundial de Fútbol, que tuvo lugar en Uruguay, en 1930.
Además, cabe destacar que a esta etapa del fútbol fiterano se deben los colores del actual equipamiento del Calatrava F. C. y eso, en sí mismo, también es un hito histórico que merece ser recordado.

lunes, 23 de mayo de 2011

La ermita de San Sebastián en la "Lista Roja" de Hispania Nostra

Quiero agradecer a Carlos Morenés y Mariátegui, Vicepresidente de la asociación cultural Hispania Nostra, cuya presidencia de honor ostenta S. M. la reina D.ª Sofía de Grecia, desde 1978, su apoyo y colaboración para incluir, desde hoy mismo, a la ermita de San Sebastián, de Cintruénigo pero limítrofe con Fitero, en la Lista Roja del Patrimonio Histórico que esta asociación mantiene actualizada con objeto de recoger aquellos elementos del Patrimonio Histórico español que se encuentren sometidos a riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores. No me cabe duda de que el prestigio de esta asociación hará que la lamentable situación en la que se encuentran los restos de esta ermita cirbonera no siga pasando desapercibida para las autoridades competentes en la materia.
También aprovecho para agradecerle a mi buen amigo cirbonero, Salvador Remírez Vallejo, el apoyo y la información complementaria que ha aportado a Hispania Nostra para completar los datos relacionados con el contexto arqueológico en el que se encuentre la ermita de San Sebastián. Sin duda, sus aportaciones, fruto de las dos campañas de prospecciones arqueológicas realizadas en el último lustro, que pusieron de manifiesto la existencia de restos desde el siglo VI a. C. hasta poco antes de la reconquista cristiana del Valle del Alhama, acaecida en 1119, realzan el valor de estos restos arquitectónicos y arqueológicos que tanto el Ayuntamiento de Cintruénigo como la Institución Príncipe de Viana debieran preservar y poner en valor. Especialmente, teniendo en cuenta que próximamente se van a realizar obras de mejora y ampliación de la carretera local NA-6900, que pasa por las inmediaciones de este importante yacimiento arqueológico, que se extiende por terrenos de Cintruénigo y también de Fitero.

La fundación del Calatrava F. C.

La historia de los equipos de fútbol que ha habido en Fitero fue publicada por Manuel García Sesma, quien registró que solo data de 1924, [año] en que se fundó el Calatrava F. C., con el apoyo moral y material del entusiasta animador, José Luis Armas, y de Miguel Yanguas Lozano, el cual cedió temporal y gratuitamente el primitivo campo de juego, situado en el terreno en que se levantó más tarde la factoría INITESA [hoy conocida como Nueva Navarra S.A.]. Otros protectores iniciales fueron Ángel Francés, Manuel Pueyo y Pablo Larrea. El club tuvo su domicilio social en la hojalatería del Cursia, Calle de la Iglesia, n.º 2, donde está instalado actualmente el comercio de Javier Falces [hoy es la parte trasera de la Casa Rural La Hospedería del Monasterio]. El capitán del equipo fue Ángel Yanguas Aliaga (delantero centro), y los demás jugadores Isidro Magaña, Marino Falces, Francisco Muro, Luis Jiménez, Florencio Marco, Amadeo Yanguas, Cruz y Victoriano Martínez, Manuel Alfaro Santesteban, José Burgos, Jacinto Mesa, Tomás Ruiz de Mendoza Jr., Víctor Huarte (portero) y Carmelo Mustienes (árbitro). Los jugadores del Calatrava compitieron, en numerosas ocasiones, con los equipos de los pueblos más cercanos, siendo su partido más memorable y accidentado el que jugaron en 1925 con el Turiaso de Tarazona: partido que ganaron los fiteranos, en la misma ciudad, por 3 goles a 1. Los del Turiaso armaron ya un escándalo al principio, porque el Calatrava llevó a dos jugadores tudelanos: uno de ellos, Prudencio Remacha, el ferretero, y al perder, despidieron a los fiteranos a pedradas. Pero la pedrea no debió ser muy fuerte, porque ninguno volvió descalabrado. Tal triunfo exaltó a los "hinchas" del equipo local, que compusieron unas coplas, con este estribillo: En Tarazona hemos jugado, Por tres a uno hemos ganado.
En cambio, en Aguilar del Río Alhama, a donde fueron a inaugurar su campo, aunque también ganaron a los de allí, fueron obsequiados con cena y baile.
A pesar de todo, el club duró poco, pues entre la juventud fiterana no había cundido todavía el espíritu deportivo, y al morir José Luis Armas, en enero de 1927, el Calatrava se desmoronó en poco tiempo. Su escudo era de color rojo, con un balón de color cuero en el centro; y su traje deportivo, pantalón corto azul y camiseta rayada roji-blanca.
No estaría mal que en el actual club de fútbol fiterano se recordaran los orígenes del Calatrava F. C. y, particularmente, a sus principales promotores: el comerciante José Luis Armas Mayor, y Miguel Yanguas Lozano, verdaderos pioneros de este deporte en la Villa. Quizá otro buen detalle a tener en cuenta por el actual equipo de fútbol y por su Junta Directiva podría ser el de recuperar para el segundo equipamiento oficial del club rojillo actual los colores que lució este primer Calatrava F. C. Esto es, alternar la camiseta roja oficial, cuando no se pueda jugar con ella, por la camiseta roji-blanca, que pasaría así a formalizarse como segundo equipamiento oficial del Calatrava F. C. Ya que el pantalón corto azul permanecería invariable en ambos casos. Eso sí, habría que mantener el uso de las botas reglamentarias ya que no parece que sea una buena idea volver a jugar con alpargatas, como hacían los primeros jugadores del Calatrava F. C.

domingo, 22 de mayo de 2011

La Sociedad de Cosecheros de Fitero

Esta Sociedad fue la primera cooperativa que hubo en Fitero ya que, como publicó Manuel García Sesma, fue fundada en 1912, por iniciativa de D. Vicente García Albericio, su primer presidente. Su objeto fue defender los intereses de los pequeños y medianos cosecheros contra los abusos caciquiles de los grandes. Empezó con unas seis decenas de socios, que fueron aumentando rápidamente, pues los hubo de dos clases: activos (los cosecheros) y honorarios (simpatizantes, no cosecheros). La cuota de los primeros era un pequeño tanto por ciento sobre las ventas de sus cosechas; y la de los segundos, 25 pesetas anuales, que les daba derecho a disfrutar de su café. Su domicilio social fue la casa n.º 5 de la Calle Mayor [actualmente alberga el único servicio de Taxi de Fitero], propiedad del Sr. Albericio, quien, tres años después, se marchó a Madrid a vivir allí con su familia. Entonces se instaló en ella el café de la Sociedad, llamado popularmente el "Vinícola", cuyo conserje fue el alpargatero Martín Aguirre. La Sociedad de Cosecheros, cuyo secretario fue el confitero Alejo Falces, duró hasta 1937, en plena Guerra Civil, siendo el último presidente Leocadio Yanguas. En 1917, obtuvo 100.000 Dls. de vino. Volumen que da idea de la importancia de la contribución de estos cooperativistas fiteranos al sector dedicado al cultivo y cosecha de la vid, así como al de la producción de vino que tradicionalmente hubo en la Villa.
Cabe destacar que el turiasonense Vicente García Albericio cursó estudios de Ciencias Físico-Químicas, en la Universidad de Zaragoza, y estuvo casado con la fiterana María Lahiguera Martínez y que el segundo de los cuatro hijos de este matrimonio fue el fiterano José María García Lahiguera, arzobispo de Valencia, cofundador junto con María del Carmen Hidalgo de Caviedes y Gómez de la congregación de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, en 1938, y actualmente en proceso de beatificación. Así como que, el primogénito de los hijos de este matrimonio, el también fiterano Antonio García Lahiguera, llegó a ser cónsul de España en varias capitales de Europa y América, siendo nombrado, en 1964, Director General de Asuntos Consulares.
Finalmente, señalar que el periódico ABC, en su edición madrileña del 9 de septiembre de 1914, publicó entre las felicitaciones de diversas localidades y entidades de toda España que iban dirigidas al Gobierno, por su política de neutralidad ante la que después fue conocida como la Primera Guerra Mundial, la del presidente de la Junta General de la Sociedad de Cosecheros de Fitero. Quién, por cierto, debido a la plaga de filoxera que arruinó sus viñas en las campañas de 1914 y 1915, tuvo que emigrar a Madrid para ganarse la vida dando clases en el Colegio Libre de Segunda Enseñanza que allí tenía su hermano, Atilano García Albericio, hasta que falleció pocos años después, el 13 de mayo de 1919.

sábado, 21 de mayo de 2011

El Paseo del Barranco de los Palomares

El pamplonés Pascual Madoz Ibáñez, al tratar acerca de la voz Fitero, en el tomo VIII de su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, recogió la noticia de la reconstrucción del puente fiterano sobre el río Alhama que se realizó en 1843, añadiendo que con este motivo, se ha hecho a su bajada opuesta [esto es, la margen derecha del Alhama], un hermoso paseo [del Barranco] de 4 hileras de árboles y 400 pasos de largo que progresa extraordinariamente y que hace la delicia de la población que lo frecuenta. Pues bien, el barranco que dio nombre al actual Paseo del Barranco era el que antiguamente se llamaba el Barranco de los Palomares. Al menos así figura en un mapa de mediados del siglo XVII en el que se describen diversos términos y propiedades del desaparecido monasterio cisterciense de Fitero. Debiéndose el nombre de los palomares a las construcciones que con esta finalidad y con permiso del Sr. Abad debieron construir en este barranco los fiteranos del citado siglo. Si bien, cuando en 1903 se renombró como Paseo de San Raimundo a la Plaza de Magallón, que había sido abierta e inaugurada en 1883, junto a las dependencias del Palacio del Abad y la Hospedería del desamortizado monasterio cisterciense de Fitero, también se provocó que al Paseo del Barranco se le pasara a conocer coloquialmente como Paseo Viejo.
Recientemente, hace tan sólo unas semanas, han comenzado las obras de ampliación de las instalaciones de la Bodega Cooperativa San Raimundo Abad, adquirida a mediados de 2010 por la empresa riojana Bodegas Ontañón. Entre las primeras fases de este ambicioso proyecto de mejora y modernización que afectan a esta bodega fiterana se ha realizado ya el desmonte de buena parte del tramo final de la margen derecha del Barranco de los Palomares, construyéndose en la nueva y amplia explanada recién abierta los cimientos de las nuevas dependencias de esta bodega, junto al muro trasero del edificio principal de la citada bodega cooperativa que fue construido en la margen izquierda del barranco. Bodega cuyos silos de acero externos limitaban con el extremo oriental del Paseo del Barranco, justo donde el paseo lindaba con el que hasta ahora era un estrecho barranco. Por lo que cuando estén acabadas estas obras, cambiará la fisonomía y el paisaje del Paseo del Barranco de los Palomares y, si no se pone cuidado en ello, dejará de ser uno de los rincones más atractivos para disfrutar de la Naturaleza para, con el tiempo, ser una especie de parque urbano anexo a un polígono industrial.

viernes, 20 de mayo de 2011

Desaparición de dos ruedas de Molino de Sangre

A  veces pensamos que las cosas que vemos o tenemos a nuestro alrededor, concretamente las que tienen un valor histórico, artístico o incluso sentimental, van a estar ahí para siempre, que son firmes como una roca, que forman parte del paisaje y que, poco a poco, también lo son de nuestros recuerdos. Pero si nadie se preocupa por ellas, un buen día nos despertaremos, decidiremos dar un paseo y acabaremos descubriendo que ese pasado, esa historia que nos legaron nuestros antepasados, ya no está y no lo podemos seguir disfrutando nunca más y, lo que es peor, tampoco lo harán nuestros descendientes.
Hasta no hace muchos meses se podían ver dos grandes ruedas de molino abandonadas en Ormiñén, al comienzo de la entrada del camino que conduce a la Fuente de la Salud. Las había visto ahí desde que guardo memoria pero ya no están. Tampoco sé de qué molino fiterano procedían ni de qué época eran pues tampoco nadie les había dedicado el tiempo e interés que seguramente merecían. Ahora, estas dos grandes ruedas de molino que hace muchos años que ya no giraban, estarán adornando el jardín de algún vecino, quizá ni siquiera de un vecino de Fitero pues probablemente se hallen en alguna localidad cercana o puede que incluso se hayan ido más lejos, perdiéndose su pista para siempre. Por lo que si algún día aparece en algún archivo la documentación que vuelva a traernos su recuerdo, función y lo que fue de ellas, ya será tarde para poder interpretar su historia, nuestra historia, como se podría haber hecho si hubiéramos sido algo más cuidadosos con estas dos ruedas de molino, en particular, y con todo el rico Patrimonio Histórico que aún posee la villa de Fitero. Aunque no sé por cuánto tiempo ni qué dirán las futuras generaciones que se decidan a interesarse por él y sacarle provecho, si es que aún les queda algo y en qué estado lo encuentran.
En la fotografía aún se aprecia que las dos ruedas desaparecidas formaron parte de sendos molinos, de los denominados Molinos de Sangre, porque se movían por tracción animal, en lugar de hacerlo por medio de la energía hidráulica o eólica. De cada una de ellas debió tirar un mulo o un asno que, con los ojos tapados para que no se mareara mientras trabajaba, daba vueltas sin cesar, parando sólo para descansar o para comer y, a veces, ni eso. Esta clase de molinos es conocida desde la antigüedad aunque los de Fitero debieron ser de época medieval o incluso moderna. Pero sin tener más información no se puede concretar pues este tipo de máquinas estuvo en funcionamiento hasta que se empezó a utilizar la energía eléctrica, a finales del siglo XIX.
Los Molinos de Sangre se usaron en trujales o molino de aceite y también para producir harina de semillas, principalmente de trigo, en el correspondiente molino harinero, cambiando la configuración de la maquinaria del molino según el propósito al que estuvieran destinados. Por lo que tampoco podemos saber si las dos ruedas desaparecidas en Fitero procedían del antiguo trujal en el que reconvirtieron los cistercienses los restos del primer monasterio que construyeron en Fitero y que aún pueden verse en el Barrio Bajo, o de algún otro trujal o molino harinero  que también hubo en la Villa, tanto dependiente del antiguo monasterio como de los vecinos de Fitero.

lunes, 16 de mayo de 2011

El Patrimonio Histórico y el Turismo en el Programa Electoral Municipal

Pensaba esperar a que pasaran las elecciones del próximo domingo para comentar cómo habían recogido los programas electorales de las candidaturas municipales las sugerencias que vengo haciendo a través de estas líneas, así como de los comentarios y mejoras que éstas han venido y vienen generando en las redes sociales, tanto en las virtuales como en las reuniones presenciales. Sin embargo, como sólo se presenta un partido político, está claro quiénes van a ser los que van a formar la nueva Corporación Municipal y, por tanto, no se puede decir que este comentario forme parte de ninguna campaña electoral. De ahí que me haya decidido a publicarlo ahora.
Vaya por delante mi agradecimiento a quienes hayan preparado el programa electoral de quienes van a gobernar en el Ayuntamiento de Fitero pues hay que reconocerles que, de alguna forma, se han hecho eco de varias de la propuestas que he venido exponiendo a través de este medio. Así como animarles a que, una vez que tomen posesión de sus nuevos cargos, lo lleven a cabo pues contarán para ello con el apoyo de todos los fiteranos.
La más importante es la de la redacción de un Plan Director, esperando que no se quede sólo en las tareas de recuperación del Patrimonio Histórico de Fitero, como se dice explícitamente, sino que vaya más allá y también contemple su puesta en valor para que contribuya al desarrollo social, económico y cultural de los fiteranos y de quienes nos visitan. Plan que debería contemplar todos los elementos con valor histórico y artístico, estén físicamente pegados a la iglesia del desaparecido monasterio cisterciense de Fitero y su claustro, cuyas obras de restauración esperamos que terminen lo antes posible, o se encuentren dispersos por el casco urbano de la Villa o en su término municipal. Lo que sin duda conllevará realizar acuerdos con sus actuales propietarios, como también se dice que ya se va a empezar a tratar con los dueños del antiguo Palacio Abacial e, igualmente, se podría hacer con los de la nevera de San Valentín, la casa del Soto, el castillo de Tudején, las termas romanas que hay en el balneario Virrey Palafox, en Baños de Fitero, etc, etc. Así como, por ejemplo, preparar un plan para que éstos puedan acogerse a las ayudas que el Gobierno de Navarra ofrece anualmente para la mejora y conservación del Patrimonio Histórico que está en manos de propietarios particulares. Sin olvidar que también hay parte de las dependencias del antiguo monasterio de Fitero que son de propiedad pública, bien sea municipal, como por ejemplo el Teatro-Cine Calatrava, que se encuentra ubicado en el refectorio del monasterio y que, por lo visto, también está previsto en el programa electoral intervenir en él, o del Gobierno Foral, como es el caso de la reconstruida biblioteca que, por fin y tras más de una década, parece que también se le va a dar un uso, concretamente como Museo.
La clave está en que el Plan Director sea un plan, algo planificado, con resultados esperados en determinados plazos y con su correspondiente presupuesto, en contraposición al suceso casual de ciertos acontecimientos que favorezcan la conservación del rico Patrimonio Histórico de Fitero y la explotación de la fuente de riqueza que debiera ser para los fiteranos. Si la solución pasa por generar un producto turístico de Fitero, como se propone en el citado programa electoral: hágase. Aunque, personalmente, esa denominación me suena a algo orientado al consumo, no se si masivo o de mayor calidad pero, desde luego, no es algo que parezca muy atractivo. En cualquier caso, como vengo diciendo hace mucho, mucho tiempo: mejor que se haga algo positivo frente a que no se haga nada o, lo que es peor, que veamos como se van estropeando o perdiendo los recursos culturales que hemos heredado de nuestros antepasados. Para muestra un botón: la pérdida del rico patrimonio del recientemente desaparecido convento de las Clarisas de Fitero o, como las conocíamos coloquial y cariñosamente: las Monjillas.
En realidad, si se consulta el libro del Tesoro del Patrimonio Histórico de Fitero (se puede descargar una versión digital completa a través de la página web del Ayuntamiento de Fitero), se podrá ver que con muy poco trabajo se podrían tener las fichas de un verdadero inventario de los bienes muebles e inmuebles que lo componen, pasar a declararlos como Bienes de Interés Cultural, en la categoría que le corresponda a cada uno de ellos y, a partir de ahí, planificar cómo gestionar estos recursos culturales por medio del citado Plan Director. En lugar de seguir con actuaciones puntuales y aisladas, por muy buenas que sean, como por ejemplo la de la creación de un museo parroquial en las dependencias de la antigua iglesia abacial para albergar el Tesoro del Monasterio de Fitero, esto es, la magnífica colección de arquetas, reliquiarios, etc. Eso sí, esperemos que sean los objetos originales y no simples reproducciones por muy bien hechas que estén, claro.
También es de agradecer que se esté promoviendo la realización de excavaciones arqueológicas, como las que ahora están en curso en el claustro o las que se hicieron en las dependencias del primer monasterio cisterciense, el de Castellón que luego fue conocido como el de Fitero y en el que habitó San Raimundo de Fitero, o las que se hicieron hace más de un lustro en Pañetero o las que podrían realizarse en algunos otros importantes yacimientos que alberga también el término municipal. Sin embargo, si los resultados de estas excavaciones no se publican, ni se hace partícipes de sus resultados a los fiteranos Plan Director, no serán mas que nuevos ejemplos de cómo no deberían seguir haciéndose las cosas.
Finalmente, quiero reiterar mi agradecimiento por la sensibilidad que el programa electoral también muestra por la rehabilitación del templete del Humilladero y esperemos que el proyecto se haga público pronto pero, sobre todo, que se lleve a cabo antes de que haya que reconvertirlo en un proyecto de reconstrucción. Sin duda, los artículos publicados en este medio, así como los trabajos previos y especialmente, la repercusión y la movilización ciudadana que ha generado y siguen generando estas líneas en las redes sociales comienzan a dar sus frutos: Enhorabuena y gracias a todos los que se han sensibilizado y movilizado por la mejora y el progreso de Fitero pues entre todos estamos consiguiendo que las autoridades también hagan de estos valores algo tan importante como para que los incluyan en sus programas electorales, esto es, en lo que nos prometen que van a hacer por nosotros para que les demos nuestros votos: ¡Ahí es nada!

domingo, 15 de mayo de 2011

La Cofradía de San Isidro Labrador

Fueron 15 los labradores que fundaron esta cofradía el 22 de abril de 1806, encabezados por el alcalde ordinario de la Villa: Félix Latorre y llegando ese mismo año a tener 78 cofrades, como publicó Manuel García Sesma. Quién también destacó de sus estatutos que los cofrades asistirían a las funciones del día de San Isidro (Misa Mayor, procesión y vísperas) "con capa, zapatos y corbatín". Llevarían en la procesión "vela encendida a sus propias expensas". Cuando muriese un cofrade, se daría un doblón (moneda de oro equivalente a 4 duros) de los fondos de la Cofradía, para su entierro. La cofradía tendría 1 Alcalde y 4 Mayordomos, nombrados por sorteo, al día siguiente de la fiesta del Santo. El primer Alcalde de la Cofradía fue Gabriel Yanguas y el primer Mayordomo, Nicolás Atienza. Señalando también que, inicialmente y según figura en su libro de cuentas de los años 1806-1807, esta cofradía fiterana sólo disponía de un pendón o estandarte realizado por el sastre Fermín Carrillo, en el que el reconocido pintor cascantino, avecindado en Tudela, Diego Díaz del Valle había pintado una estampa del Santo, sobre cuya vara colocaron una hoz de plata, que había labrado el platero Manuel de Ochoa; habiendo realizado los encargos relacionados con su preparación entre Tudela y Cascante. Aunque no hay constancia de ello, es probable que en 1818 se hubiera encargado una talla de San Isidro pues ese año se hizo una suscripción voluntaria "a beneficio del Santo y su culto".
En 1998 fue colocada por los cofrades la imagen de San Isidro así como la de la pequeña yunta de bueyes conducida por un ángel, que le acompaña a sus pies, en la hornacina, que a tal efecto se dispuso en la calle Domingo Huarte. Celebrándose también desde entonces, en las cercanías del lugar donde se ubica esta hornacina, una merienda popular a la que los cofrades invitan a todos aquellos que, la víspera del 15 de mayo, se acercan a Fitero para celebrar con ellos la festividad San Isidro, patrón de los agricultores.
Igualmente se sigue manteniendo la tradicional procesión, encabezada por el portador de la citada enseña de la cofradía, los cofrades que llevan las andas, con las que se transporta la imagen del santo, finalizando ésta por el párroco y los monaguillos, así como por el acompañamiento de la Banda de Música de Fitero; y la Misa con la que se celebra esta festividad religiosa de gran raigambre entre los fiteranos. Si bien hay que aclarar que la hoz que va encima del pendón de la cofradía ya no es de plata sino de hojalata y que, seguramente, tampoco el estandarte es el original.

viernes, 13 de mayo de 2011

Baños de Fitero y los Extramuros de Alfaro

En el amojonamiento del coto redondo del antiguo Monasterio de Fitero, que estuvo vigente entre 1168 y 1835, figura como tercer hito del recorrido, que empezaba y acababa en la Torrecilla de Grávalos, el pequeño caño o cañuelo del desagüe de las aguas termales del actual balneario Virrey Palafox, de Baños de Fitero, que antiguamente era conocido como baños de Tudején (despoblado de Fitero), al barranco que ahora separa La Rioja de Navarra. De hecho, este barranco se denominaba de La Cañuecla, en referencia a dicho cañuelo, o también como el barranco del Agua Caliente, debido a las aguas termales que desaguaban y aún desaguan allí confluyendo unos metros más abajo con las del río Alhama, por la margen izquierda de éste. A pesar de que, en la actualidad, este fronterizo barranco carezca de un nombre específico, habiéndose perdido el uso de los citados topónimos.
Una vez que, en 1374, se hizo efectiva la incorporación del Monasterio de Fitero al reino de Navarra casi la mitad de sus términos quedaron en Castilla, esto es, su coto redondo quedó dividido por la nueva frontera entre estos reinos y este tercer hito, el del desagüe de este viejo balneario fiterano, siguió cumpliendo su función. 
Hasta que, tras la desamortización definitiva del Monasterio de Fitero, buena parte del trozo del coto redondo que había quedado en Navarra dio lugar al actual término municipal de Fitero. A partir de entonces, este mojón no sólo separa los antiguos reinos hispanos sino que también sirve de hito común entre Fitero, Alfaro y Cervera del Río Alhama. Habiendo perdido Fitero la propiedad del barranco de La Cañuecla o del Agua Caliente, debido a la laxa interpretación que entonces hicieron los castellanos y que ahora mantienen los riojanos. Como lo prueba el cartel que marca los actuales límites de los Extramuros de Alfaro, a pie mismo del balneario Virrey Palafox y junto al desagüe de sus aguas en dicho barranco.
Es una pena que, poco a poco, se hayan ido perdiendo parte de los derechos y los límites del término municipal de Fitero, sin duda debido a la desidia y el desinterés de las autoridades municipales y forales, y no sería de extrañar que, en un futuro no muy lejano, acabaran estando todas las instalaciones del balneario Virrey Palafox en La Rioja. De hecho, el ayuntamiento alfareño no ceja en su empeño por ir haciéndose, poco a poco, con un territorio que históricamente jamás le perteneció pero que quizá acabe incorporándose a su término municipal, uno de los más grandes de España.
Si alguien se molestara en revisar la documentación existente, desde el siglo XII hasta nuestros días, quizá podría restaurar los límites y las fronteras a sus correspondientes hitos, como se ve en el mapa del siglo XVII, por ejemplo. En cualquier caso, deberían ser fronteras que unieran y enlazaran los intereses de sus vecinos y no como, a veces parece, abismos tras los cuales parece que se acabara el mundo o que ya no existiera nada más allá de los límites de las actuales Comunidades Autónomas.

miércoles, 11 de mayo de 2011

La segunda desamortización del monasterio de Fitero

La primera desamortización, decretada por José I Bonaparte el 18 de Agosto de 1809, conllevó la exclaustración de los monjes cistercienses del monasterio de Fitero pero no ocasionó cambios en la propiedad de sus incautados bienes. Su retorno al monasterio y, sobre todo, el regreso a España de Fernando VII de Borbón, en Marzo de 1814, devolvió la situación a un estadio similar al existente antes de la Guerra de la Independencia, poniendo fin al breve período constitucional subsiguiente y volviendo al sistema de gobierno absolutista del Antiguo Régimen.
El levantamiento militar que puso en marcha el Teniente Coronel Rafael del Riego acabó forzando el apoyo a la Constitución de 1812 por parte de Fernando VII, el 10 de Marzo de 1820. En Navarra la reacción fue desigual pues el Ayuntamiento de Pamplona se adhirió a la causa constitucional y propició la elección de un Jefe Político interino de la provincia, que se encargó de enviar circulares a los pueblos para que juraran la Constitución, mientras que la Diputación del Reino, fiel a sus principios forales, prefirió el destierro y la autodisolución. En cualquier caso, el triunfo del constitucionalismo en 1820 ocasionó una nueva desamortización civil y eclesiástica. El 26 de Agosto, como recogió José María Mutiloa Poza, circuló en Navarra la Real Orden que declaraba suspensa toda profesión religiosa, la venta de los bienes de la extinguida Inquisición y los de la Compañía de Jesús, incorporando sus respectivos bienes al Crédito Público  y, el 1 de Octubre de 1820, la ley por la que quedaron extinguidos los monasterios y suprimidos los regulares. Sin embargo, los monjes no abandonaron sus monasterios hasta que se presentaba la autoridad y les intimaba la orden de evacuar. Para ello, como señaló José María Mutiloa, el Secretario de Hacienda dispuso de 55 delegados, uno por cada provincia, cada uno de los cuales, a su vez, delegaron para cada uno de los monasterios en un subdelegado que, en presencia del abad o superior y la del delegado del comisionado del Crédito Público de la provincia, pusieron en práctica las órdenes recibidas, tras realizar escrupulosamente los cinco inventarios en cada monasterio: el primero comprende los títulos de pertenencia, censos, foros, diezmos, prestaciones de toda clase, juros, efectos de villas, etc. El segundo cataloga los bienes muebles y efectos "semovientes", vales reales, créditos contra el Estado y particulares. El tercero está formado por las fincas rústicas y urbanas con expresión de sus arriendos. Un cuarto inventario anota los cuadros, libros y efectos de biblioteca. En el quinto figuran los vasos sagrados, alhajas, ornamentos y demás pertenencias del culto.
Manuel García Sesma citó a Mutiloa, quien recogió la fecha del 4 de Noviembre de 1820 como la correspondiente a la supresión del Monasterio de Fitero, precisando que su abandono tuvo lugar el 22 de Febrero de 1821 y destacando que tampoco esta desamortización cambió sensiblemente la tenencia de la tierra aunque mejoró bastante la condición de los censatarios, al quedar suprimidos de hecho los diezmos y primicias, el luismo, la fadiga y demás pechas monacales, y copió los datos ofrecidos por éste acerca del arriendo realizado por el Crédito Nacional de ciertos bienes de Fitero: un horno, un trujal de aceite, 45 robadas de viña, varias dehesas, corralizas y yerbas, así como diversas huertas y la nevera de San Valentín. Sin citar que parte de las fincas quedaron incultas y sin arrendar, bien por deficiencias de la tierra misma o de su emplazamiento, o por falta de personal, aparte de los bienes incautados que fueron subastados en Tudela, como también expuso Mutiloa, entre los que se encontraban: la Casa de Baños, el Trujal, el Batán de paños, situado sobre el río Molinar, y 13 casas pertenecientes al monasterio de Fitero, siendo su importe total en el remate 922.960 reales de vellón, descontada la venta del Horno que se mandó suspender. Pedro Barrera de Tudela se hizo con la Casa de Baños por 738.000 reales de vellón, valuada la venta en 663.961, mientras el resto lo adquirió Bernardo Bayo, vecino de Fitero al mismo precio que el de venta, el 27 de diciembre de 1820.
Acabado el Trienio Liberal, como registró Mutiloa, por la ley de 11 de junio de 1823, todos los monasterios fueron repuestos y por la ley de 13 de agosto se ordena la devolución de bienes muebles e inmuebles y demás efectos a dichos regulares, lo que permitió a los cistercienses volver a su convento diez días después. Sin embargo, no acabaron aquí las penurias de los monjes fiteranos pues, tras la fallida Desamortización, la Santa Sede siempre hábil en resolver problemas tan complicados como los que surgieron en la España decimonónica, concede a Fernando VII como remedio a su erario exhausto, un subsidio de 10 millones anuales a cargo del clero regular y secular.

domingo, 8 de mayo de 2011

Las atalayas de los Cascajos y de Olmiguete

Atalaya es una palabra de origen árabe con la que se designaba al vigía y, por extensión, a las torres desde la que se ejercía esta función que, en el pasado y hasta que fueron sustituidas por otros medios más tecnológicos, formaban parte de las actividades de la inteligencia militar. A diferencia de otras torres, en las atalayas no había espacio suficiente para posibilitar las funciones propias de u refugio, vivienda o  permanencia estable y, mucho menos aún, las de carácter defensivo. Aunque como éstas solían tener la entrada a media altura para que, una vez retirada la escala por la que se accedía a su interior, fuera difícil penetrar en ellas incluso para alguien montado a caballo. Otra de la diferencia entre las torres y las atalayas es la de que su planta solía ser circular pues se buscaba la optimización y el ahorro de los materiales de construcción que normalmente eran de mampostería, mientras que la planta de las torres solía ser cuadrada o rectangular. Dada la altura de las atalayas conservadas, como la de la imagen que está en Rello (Soria), se puede considerar que estaban formadas por planta baja, dos pisos y una terraza, separados por sus correspondientes suelos de madera.
La función de vigilancia de las atalayas requería que estuvieran ubicadas en lugares de amplia visibilidad, normalmente, en la cima de los montes y, sobre todo, cabe destacar que no eran elementos aislados sino que eran los nodos que formaban parte de una verdadera red de comunicaciones ópticas, bien fuera por medio de la transmisión de señales de humo, resultantes de la quema de leña almacenada para la ocasión, o de señales luminosas que se comunicaban por medio de espejos. Empleando el primer medio principalmente en las horas de oscuridad y el segundo durante el día.
En Fitero hubo dos atalayas, la de los Cascajos, ubicada cerca de la cima del monte de las Navillas, y la de Olmiguete, que aún da nombre al monte Atalaya, el segundo más alto del término municipal de la Villa y en el que hay una instalación de los guardas forestales pues no en vano es uno de los puntos con mayor visibilidad de toda Navarra, tal como publiqué hace más de una década. En ambos casos quedan restos de la planta circular que tuvieron estas atalayas si bien en la de los Cascajos han quedado cubiertos en buena medida por la Cruz de la Atalaya, mientras que los de la atalaya de Olmiguete se conservan junto con el montón que forma el buen número de piedras que debieron formar parte de ellas. Restos de los que también habló Pascual Madoz Ibañez, publicando que en la Atalaya, cabezo el mas avanzado hacia Navarra, desde donde se descubre un gran horizonte de este ant.  reino y el de Aragon, están todavía los cimientos de la torre que la formaban.
La primera noticia acerca de la atalaya de los Cascajos data de 1870, cuando Tomás Lletget y Caylá, siendo el director del actual balneario Virrey Palafox, de Baños de Fitero, al tratar acerca de las antigüedades e historia de los primitivos Baños de Fitero y de la villa en cuya jurisdicción radican publicó que de la época de la dominación árabe, además de la Atalaya, torre ruinosa situada en un monte no lejano del establecimiento, se conservan tres baños de construcción caprichosa y bella, aunque tosca. Por lo que se puede considerar que aún se conservaba buena parte del alzado de la atalaya de los Cascajos hasta que, el 3 de mayo de 1908 y con motivo del recuerdo que la sección local del Apostolado de la Oración quiso dejar de unas Misiones celebradas en la Villa durante el año anterior, sus restos fueron derruidos sin mayor miramiento para instalar sobre ellos la que fue la primera Cruz de la Atalaya, que fue obra del carpintero fiterano Patricio Alfaro, hecha con una tonelada de madera de los álamos de Hospinete. Cruz que las inclemencias del tiempo acabaron erosionando y destruyendo hasta que fue necesario reemplazarla, el 14 de septiembre de 1973, por la que ahora existe, obra del polifacético carpintero fiterano Carmelo Fernández Vergara, hecha de hormigón y sufragada por suscripción popular, y que es una reproducción a escala, diseñada por Román Magaña Morera, de la madrileña Cruz de los Caídos de San Lorenzo de El Escorial, como publicaron Manuel García Sesma, Ricardo Fernández Gracia y Jesús Bozal Alfaro.
Manteniéndose la tradición popular de acudir en romería, algunos andando y otros en coche, el primer domingo después del 3 de mayo, festividad de la Invención de la Santa Cruz, para poder celebrar una Misa a los pies de la Cruz de la Atalaya, como ha ocurrido hoy mismo, a las 18:00. Tradición a la que hay que añadir la costumbre que también profesan algunos vecinos de la Villa, que suelen acudir a este mismo lugar emblemático cada 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz.
En una prospección que realicé hace un par de veranos con mi buen amigo Salvador Remírez Vallejo, arqueólogo cirbonero, encontramos fragmentos de cerámica musulmana de los siglos VIII y IX, indicio que la atalaya de los Cascajos estuvo en uso en dicha época de dominio musulmán del valle del Alhama. Si bien pudo haberlo estado también con anterioridad, en caso de que hubieran existido antecedentes de una construcción más sencilla y quizá hecha de madera, de la que no tenemos constancia arqueológica, parece que, poco a poco, fue cayendo en desuso y que no debió tener la misma utilidad a partir de la reconquista del valle del Alhama, en los primeros meses de 1119, si es que todavía estaba activa. Seguramente, aunque aún no hemos tenido ocasión de realizar la proyectada prospección en los restos arqueológicos de la atalaya de Olmiguete, ésta debió formar parte de la misma red de atalayas que la atalaya de los Cascajos, enlazando ambas con las existentes en el somontano del Moncayo, la serranía de Yerga y la meseta soriana del Duero, además de servir de apoyo al estratégico castillo de Tudején (despoblado de Fitero) en su control del valle del Alhama como magnífico corredor que comunica el valle del Ebro con la meseta del Duero desde tiempos prehistóricos.
Ojalá algún día se puedan estudiar y poner en valor estos restos arqueológicos, haciendo de ambos lugares otros dos rincones de extraordinario interés turístico por su valor cultural y por las vistas que se pueden disfrutar desde cualquiera de ellos.

El primer Ayuntamiento Constitucional, 1813

Los fiteranos vivieron unos acontecimientos históricos en Septiembre de 1813. Todo comenzó el sábado 11, cuando los vecinos de la Villa juraron la Constitución de Cádiz. Cinco días más tarde habilitaron a los dos electores que representaron a la única circunscripción electoral o Parroquia de Fitero en las primeras elecciones constitucionales para las Cortes Generales españolas que hubo en el reino de Navarra y se dispusieron para llevar a cabo las elecciones municipales para el primer Ayuntamiento Constitucional que hubo en la Villa. Poco más de una semana después, el domingo 19, los fiteranos escogieron a los 9 electores que podrían habilitar o designar a los miembros de dicha corporación municipal. Electores a los que se les notificó su selección para que pudieran cumplir la elección conforme al Espíritu de la Constitución, tal como lo registró al día siguiente, el que entonces era el Secretario del Ayuntamiento y Escribano Real, Antonio Celestino Huarte, y como recientemente lo extractó Jesús Soria Magaña. Que fue quien, hace poco más de un lustro, resumió muy sucintamente tanto estas noticias como la de que, en la villa de Fitero, a veinte y uno de septiembre de mil ochocientos y trece. Juntos y congregados en la Sala de la Casa Consistorial de la misma Joaquín Val, D. Juan Antonio Medrano, D. Tiburcio Asiain, Manuel Aliaga, Vicente Rupérez, Emeterio Aliaga, Vicente Jiménez y D. Juan Aliaga, vecinos de esta villa, Electores nombrados para la habilitación de Alcalde, cuatro Regidores y Procurador Síndico General según aparece de las diligencias antecedentes con intervención del infrascrito Secretario, también Elector, para efecto de proceder a la Elección. Habiendo tratado y conferenciado esta materia con la debida circunspección y madurez, de común acuerdo y conformidad unánime eligen y nombran por Individuos de Ayuntamiento de esta Villa como es para el cargo de Alcalde a el Licenciado D. Tiburcio Asiain, Abogado de los Tribunales Nacionales, por Regidores Cabos a Joaquín Val y D. Juan Aliaga, y por Segundos Regidores a Pablo Yanguas y Manuel Jiménez Latorre, personas en quienes, según el concepto de los Electores, concurren las cualidades y circunstancias que se requieren y así bien a Vicente Jiménez Ibero por Procurador Síndico personero, en el que también concurren las mismas, y acuerdan se traslade a su noticia para que desde luego entren a tomar posesión de sus Cargos. Y de ello se hizo este auto que lo firmaron con mí, el Secretario, los nueve Electores citados anteriormente.
Así mismo, Jesús Soria también extractó el relato oficial de cómo fue el proceso de la toma de posesión de los nuevos cargos municipales, que tuvo lugar el 22 de septiembre de 1813, cuando los Sres. Joaquín Val, D. Juan Antonio Medrano, Joaquín Alfaro, Manuel Andrés y Joaquín Muro, Alcalde y Regidores de esta Villa, que han sido el presente año hasta el día ante los cuales comparecieron D. Tiburcio Asiain, D. Juan Aliaga, Pablo Yanguas y Manuel Jiménez Latorre, quienes pidieron que, como elegidos y nombrados por los Electores habilitados para el efecto, según la Constitución de la Monarquía Española, para Alcalde y Regidores de la misma, en concurso del citado Joaquín Val, para el presente año y el que viene de mil ochocientos catorce, se les de la posesión de sus Cargos y conformándose en ello dicho D. Joaquín Val, levantándose de su puesto y trabando de la mano derecha a dicho D. Tiburcio lo sentó en su lugar, en siguiente, D. Juan Antonio Medrano hizo igual con el referido D. Joaquín Val y luego practicaron igual diligencia Joaquín Alfaro, Manuel Andrés y Joaquín Muro con D. Juan Aliaga, Pablo Yanguas y Manuel Jiménez Latorre y, sentados así, yo, el infrascrito Secretario, di fe. Les recibí juramento sobre la Señal de la Cruz y palabras de los Santos cuatro Evangelios, en forma dispuesta, por derecho de que bien y fielmente usarán y ejercerán sus empleos cumpliendo con todas las obligaciones de su instituto en todo el año para el que han sido nombrados y enterados, absolviendo dicho juramento ofrecieron hacerlo así. En siguiente, dichos Cargos hicieron entrega de las llaves del archivo y de las demás que están en su custodia. Y habiendo comparecido igualmente para el mismo efecto Vicente Jiménez, nombrado Procurador Síndico personero, yo el dicho Escribano y Secretario doy fe, le recibí juramento así bien en forma dispuesta por derecho de que bien y fielmente usará y ejercerá dicho Empleo, arreglándose a la Constitución y demás leyes y ordenanzas establecidas, y absolviendo dicho juramento ofreció hacerlo así. En cuya forma quedaron en presencia de sus Cargos sin oposición ni reclamación de persona alguna, de todo lo cual se hizo este auto que lo firmaron y, en fe de ello, yo el Secretario, lo firmó al igual que los recién elegidos para ocupar los cargos del primer Ayuntamiento Constitucional que hubo en Fitero.
Sin embargo, esta corporación no cumplió con las expectativas generadas pues, en diciembre de ese mismo año 1813, fue elegida una nueva corporación, a cuyo frente estuvo José Atienza, el mismo que ocupaba el cargo de Alcalde de Fitero en 1808. Seguramente, el cambio fue un anticipo al próximo retorno de las instituciones propias del Antiguo Régimen que tuvo lugar como consecuencia del Real Decreto del 4 de mayo de 1814, por el que fue abolida la Constitución gaditana y todo lo legislado por las Cortes hasta entones. Retorno al sistema de gobierno previo a la invasión francesa y a la Guerra de la Independencia que, en Navarra, se completó tras la publicación del Real Decreto  del 28 de mayo, por el que se repuso en sus funciones a la Diputación del Reino y se restablecieron los fueros.
La proximidad de la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812 debería ser un acicate para que la nueva Corporación Municipal de Fitero, que saldrá como resultado de las elecciones constitucionales del 22 de mayo, se adhiera al buen número de actos que, sin duda, se llevarán a cabo en Navarra, España e Hispanoamérica, en 2012.

sábado, 7 de mayo de 2011

El lamentable estado de la ermita de San Sebastián

En el Tercer Congreso de Historia General de Navarra, celebrado en Pamplona, en septiembre de 1994, el cirbonero recién galardonado con el premio Príncipe de Viana de la Cultura de 2011, Faustino Menéndez-Pidal de Navascués, publicó un trabajo muy interesante y que, desgraciadamente, sigue vigente: La destrucción de la memoria colectiva. Un ejemplo navarro, cuyo objeto era el de reclamar la atención hacia un gravísimo problema: La destrucción acelerada de las muestras visibles del pasado, hechos que algunos lamentan, a otros deja indiferentes y casi nadie evita eficazmente. En esta comunicación, el citado académico de la Historia ponía de manifiesto el valor de los testimonios materiales como hitos de referencia para la memoria histórica de los pueblos, que se ha venido transmitiendo de generación en generación. Así como que, una vez desaparecidos estos testimonios, el recuerdo de la memoria colectiva se pierde y, en el mejor de los casos, se convierte en materia científica de interés puramente académico para el reducido ámbito de los eruditos interesados en su estudio. Como ejemplo, citaba el caso de su pueblo, exponiendo un inventario de las pérdidas que había presenciado, sufridas en el último medio siglo por el patrimonio de un pueblo concreto de Navarra: Cintruénigo. Aclarando que la causa última de todas estas pérdidas es el desamor, la desestima, el olvido de la propia historia, uno de los valores hoy en baja. Se ha imbuido a la gente que el dinero -el dinero por sí mismo, como fin, no como medio- es lo único deseable, lo único que merece un esfuerzo. Aunque se quieran justificar con variados pretextos, las destrucciones del patrimonio son siempre impulsadas por quienes de una u otra manera obtienen así un beneficio económico inmediato. Y toleradas por la ignorancia de unos y la pasividad de otros. Nada importa el despojo, el perjuicio al pueblo como comunidad actual y futura, porque ante el lucro cede hoy cualquier consideración, según estamos viendo en tantos casos.
En el largo inventario de bienes civiles y religiosos desmantelados, demolidos, desaparecidos o expoliados que detalló Faustino Menéndez-Pidal se encontraba la ermita de San Sebastián y de Santa Ana, fundada en el siglo XV y reformada en el XVIII (subsiste el edificio, convertido en corral de ganado). Sin embargo, ahora en este corral ya ni siquiera se cobijan las cabras debido a que se encuentra abandonado y en tan evidente estado de ruina que amenaza con su próxima desaparición. Esta ermita de San Sebastián se encuentra en lo alto de un montículo ubicado en la margen derecha del Alhama, entre su curso y el del río Llano, junto al límite con el término municipal de la villa de Fitero, concretamente, junto a Ormiñén aunque separada de éste por la Cañada de la  Eruela. Como así figura en un mapa de mediados del siglo XVII, en el que se describen los términos del antiguo monasterio cisterciense de Fitero y se señala la ermita de San Sebastián. Algo que no es de extrañar ya que, entre 1168 y 1835, en las proximidades del lugar en el que se encuentran las ruinas de esta ermita cirbonera se encontraba uno de los hitos del amojonamiento del coto redondo del monasterio de Fitero.
Francisco José Alfaro Pérez, en su libro sobre la Historia de la villa de Cintruénigo, recogía las fotografías que se conservan como único testimonio del retablo tardo-gótico, de finales del siglo XV, que hubo en esta ermita, estudiado por Alberto Jesús Aceldegui Apesteguía, en su tesis doctoral. Añadiendo el detalle de que el retablo fue vendido legalmente, a mediados del siglo XX, ante la pasividad de los vecinos, perdiéndose su pista en Barcelona, y que esta actitud de los cirboneros contrastaba con el comportamiento de los vecinos de mediados del siglo XVII, cuando algunos de ellos pretendieron trasladarlo a la iglesia parroquial, la mayor parte del pueblo impidió por la fuerza que saliera de la ermita. Así como que todos los años, hacia el 20 de enero, se le hacía una procesión "con cruz levantada" que partiendo de la villa llegaba hasta la ermita donde se celebraba una misa. Otra fecha señalada era la fiesta de Santa Ana, honrada la víspera con una salve.
Ojalá que las autoridades municipales y forales sean sensibles a la conservación de los escasos testimonios del Patrimonio Histórico de Cintruénigo y no sólo eviten que se pierdan los restos de la ermita de San Sebastián, sino que además los limpien y consoliden. A la vez que promuevan su estudio y que acondicionen el lugar para que pueda convertirse en un agradable rincón de interés turístico para quienes se acerquen a disfrutar de la rica oferta cultural que podrían encontrar en Cintruénigo, Fitero y sus alrededores si todos nos movilizáramos para que así sea.