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lunes, 2 de enero de 2012

Fitero I y Fitero II, dos pelotaris de remonte

Carmelo Luis Díaz, pelotari navarro, nacido en Fitero el 13 de Julio de 1907, hijo del músico y prolífico compositor fiterano Lorenzo Luis Yanguas y de Rosario Díaz Latorre. Carmelo Luis, más conocido como Fitero I, jugó en la modalidad de remonte y en 1928 fue campeón de Guizpúcoa amateur. Su actividad profesional se desarrolló entre 1929 y 1936, en las canchas de Euskal Jai de Pamplona, Urumea de San Sebastián y Jai Alai de Madrid. También actuó ocasionalmente en el Euskalduna de Bilbao y falleció con 85 años.
Su hermano Cesáreo Luis Díaz, también nacido en Fitero, el 2 de noviembre de 1912, igualmente fue jugador profesional de remonte, siendo conocido como Fitero II, destacando sus actuaciones en el Euskal Jai de Pamplona así como en algunas jornadas en los frontones Moderno y Urumea de San Sebastián; falleció con 65 años. Aunque puede que quizá ahora sea más recordado por haber fundado en Pamplona, junto a su esposa: la pamplonesa Elvira Beorlegui Lacunza, el conocido Bar Fitero de la Calle Estafeta, el 6 de julio de 1956. Según me ha comentado su hermana Angelita Luis Díaz, también nacida en nuestra Villa y muy fiterana aunque residente en San Sebastián desde hace muchos años.

domingo, 29 de mayo de 2011

La llegada de Tena a Fitero

La firma comercial Tena comenzó su actividad en el sector de la confección textil en 1870, a cargo del empresario zaragozano José Tena Trallero, llegando a destacar entre los sastres del país. En 1911 tomó el relevo al frente del negocio su hijo Nicolás Tena Díaz, también buen conocedor de la profesión, pues durante algunos años había estado trabajando como cortador en una importante firma de Bilbao, y también fue quien expandió la actividad de la firma por toda España. Tras el fallecimiento de éste, en 1930, fue sustituido por sus hijos: José y Nicolás Tena Tejero, que fueron los que dieron paso a la confección industrial, en una escala insospechada hasta entonces. Aunque la muerte de José Tena Tejero y las dificultades por las que atravesó el país durante la Guerra Civil Española y los primeros años de la postguerra condujeron a una paralización de la progresiva expansión industrial de la casa Tena. La recuperación de la normalidad vino de la mano de la incorporación de un miembro la cuarta generación familiar, Nicolás Tena Monzón, como director comercial, abriéndose al mercado internacional tras participar en los grandes certámenes de moda masculina de Paris, en 1960 y 1961. En las que sus magníficas gabardinas de Tena-Record lograron un clamoroso éxito que no pudo ser aprovechado comercialmente ya que toda la producción fue absorbida por la demanda nacional.
Hacia 1959 o 1960, Nicolás Tena montó un taller de confección en Cervera del Río Alhama, con la intención de ampliar el negocio y acabar construyendo una fábrica textil con la que dar soporte a la creciente demanda nacional e internacional pero el proyecto no se llevó a término. Por entonces, este licenciado en derecho y empresario zaragozano también suministraba paños a varios comercios fiteranos, entre los que se encontraba la sastrería de Emilio Mesa, a cuyo cargo estaba su hijo y heredero, Miguel Mesa González. Éste entabló muy buenas relaciones con el empresario zaragozano y le convenció para que abriera un taller en Fitero. De tal modo que, en 1963, Miguel Mesa cerró su empresa y pasó a trabajar como encargado de los negocios de Nicolás Tena en la Villa, abriendo un taller en la Calle Mayor, en el edificio del antiguo Centro Obrero. Las tres primeras fiteranas que empezaron a trabajar en las máquinas instaladas en dicho taller y por un sueldo de 25 pesetas diarias, la tarde del 20 de mayo de 1963, como pioneras de esta nueva etapa de la industria textil en Fitero, fueron: Remedios Alfaro Berdonces, Teresa Pérez Falces y Alicia Martínez Barea, sumándoseles buen número de fiteranas y fiteranos durante los días y semanas siguientes, hasta superar las dos docenas. Para ello contaron con el apoyo y la formación que les dio Azucena, la encargada que a tal efecto se desplazó desde Zaragoza, así como del ingeniero belga Willy Van Haeren que, desde un principio, asumió la dirección técnica del proyecto fiterano.
Las primeras prendas que se confeccionaron en este taller fiterano, auxiliar de la fábrica y comercio zaragozano de Tena-Recordfueron gabanes que, como después pasó con otras prendas: gabardinas, chaquetas, etc., cuya confección también se completó en Fitero, venían ya cortadas desde las instalaciones de Zaragoza. El material de cada prenda se encontraba en su correspondiente caja junto con el ticket que la identificaba, de modo que los operarios, que trabajaban a destajo durante toda la semana, a veces sábados y domingos incluidos, podían justificar el trabajo realizado presentando dichos tickets. Para incrementar la productividad, aquellos trabajadores que presentaran más tickets que los convenidos inicialmente tenían derecho a cobrar una prima. Aunque esta forma de trabajar no siempre fue satisfactoria y, en una ocasión, en 1964, propició un conflicto laboral por el que varios trabajadores de este taller prefirieron abandonar su puesto de trabajo, entonces no se podía hacer una huelga, que seguir aceptándolas. Si bien algunos de ellos no tuvieron otro remedio que volver a su puesto al cabo de pocos días, otros se fueron a otras fábricas o, en cualquier caso, nunca regresaron.
En otoño ya no cabían más operarios en el taller por lo que Mª. Jesús Pina Muro fue contratada en septiembre y su primera tarea fue la de formarse, durante el mes siguiente en Zaragoza, con objeto de regresar a Fitero como encargada del segundo taller o taller de apoyo al primero que Nicolás Tena abrió en Fitero. Este segundo taller estuvo operativo antes de final de año. El nuevo centro de trabajo también se encontraba en la Calle Mayor, concretamente en el bajo izquierda de la casi vecina Casa de los Maestros y su especialidad fue la de la confección de pantalones, llegando a trabajar en el también más de 20 personas.
Dado que siguió aumentando la carga de trabajo asignada a los talleres fiteranos, Nicolás Tena no tuvo más remedio que llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento para poder abrir un tercer taller, a mediados de febrero de 1964, en los bajos de la antigua Hospedería del monasterio cisterciense de Fitero, donde entonces estaban ubicadas las escuelas y ahora se encuentra el Centro de Salud. Su especialidad fue la de la confección de impermeables, llegando a trabajar en él otras 20 personas o más y siendo su encargada Natividad Fernández Calleja. Aunque este taller fue temporal y se desmanteló a los pocos meses, reubicándose esta sección con sus operarios en las dependencias del segundo.
Poco tiempo después Nicolás Tena abrió un cuarto taller en la Calle Angós, dedicando la bajera de la cochera, que era propiedad de Ángel Jiménez, a la plancha de vapor, a cuyo cargo estaban Calixto Fernández Yanguas y otro operario, mientras que en el granero se realizaban las labores de acabado, embolsado y control de calidad, bajo la responsabilidad de Monserrat Sabaté Calleja, con el apoyo de una o dos operarias. Finalmente, Nicolás Tena aún tuvo que abrir un quinto taller, en la Calle Mayor, estando separado del primer taller por la carpintería que entonces tenía allí Carmelo Fernández, quién también hacía labores de mantenimiento para estos talleres, al igual que Sixto Pérez Barea, bajo la supervisión de Inocencio Berrozpide. Este quinto taller incorporó tecnología de corte industrial que hasta entonces no había habido en Fitero y en él que trabajaron Joaquín González Alfaro, Pablo Bermejo Rupérez  y Luis Miguel Yanguas Yanguas.
Finalmente, hay que añadir a Marcos Artal Maculet, encargado de medir los tiempos y de hacer los pagos, tanto en los talleres fiteranos como en el de Cervera del Río Alhama, así como de transportar material con una antigua furgoneta que llevaba publicidad de la firma Manufacturas Fabregat, que era un establecimiento de confección barcelonés que había sido adquirido por Nicolás Tena.
La creciente actividad de estos talleres condujo a la construcción de la fábrica INITESA, inaugurada el 19 de septiembre de 1965, coincidiendo con el segundo domingo de las fiestas patronales en honor de la Virgen de la Barda, en cuyo programa el alcalde, Fausto Palacios Martínez, exponía en su saludo que está a punto de inaugurarse una Gran Factoría Textil destinada a la confección de prendas de caballero, de cuya Razón Social "INITESA", es promotor Don Nicolás Tena Tejero. En la citada factoría, han sido invertidos más de 30 millones de pesetas; ocupando 26.000 metros cuadrados de terreno y creando 400 nuevos puestos de trabajo de ambos sexos. Dicha factoría tendrá una producción de 2.000 prendas diarias, todas ellas ropa exterior de caballero, gran parte de ella exportada a otros países. Concluyendo su mensaje con estas esperanzadoras palabras: El porvenir, como véis, es brillante y todos nosotros para que lo sea más, debemos poner a contribución nuestro esfuerzo y deseo de triunfo. Aunque, como es natural, la puesta en funcionamiento de INITESA acarreó el cierre paulatino de los talleres auxiliares, incluido el de Cervera del Río Alhama, dando fin a esta primera fase de la segunda etapa de la industria textil en Fitero.

sábado, 19 de marzo de 2011

Calle Alberto Pelairea


Alberto Pelairea Garbayo (1878-1939) nació en Bilbao, donde su padre, el roncalés Calixto Pelairea, trabajaba como profesor de dibujo en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza, aunque cuando cumplió los dos años de edad ya vivía en Tudela, de donde era natural su madre, Rita Garbayo. Tras cursar diversos estudios, sin llegar a finalizar ninguna carrera universitaria, y después de probar varios trabajos, por fin, en 1908, obtuvo la administración o dirección del Balneario Nuevo de Baños de Fitero, conocido desde 1973 como Gustavo Adolfo Bécquer, y, a partir de entonces, vivió en la villa de Fitero el resto de su vida.
Su pasión era la poesía y, en los Juegos Florales de Pamplona de 1918, celebrados en conmemoración del centenario del escritor navarro Francisco Navarro Villoslada (1818-1895), obtuvo el galardón de la Flor Natural por su poema Navarra. Premio al que siguió el que le otorgó de la Diputación Foral, con ocasión de la celebración del tercer centenario de la canonización del copatrón de Navarra, por su Himno a San Francisco Javier, en 1922. El mismo año en el que también Fitero lo nombró hijo Adoptivo de la Villa, el 14 de Septiembre. Reconocimiento al que se sumó el gran homenaje oficial que le hizo la ciudad de Tudela, en 1924, reconociéndole así su prestigio como poeta, en un acto en el que Alberto Pelairea recordó su infancia y juventud tudelana, y leyó su poema Mi gratitud. Completándose la terna de grandes galardones con el recibido el año siguiente, en Zaragoza y en presencia del rey Alfonso XIII de Borbón, por su poema El Pilar.
En 1931 falleció su esposa, la tudelana Cecilia Alba, pérdida que le abatió mucho pero que no le impidió seguir trabajando en su obra literaria hasta casi la fecha de su muerte. Nefasto acontecimiento que acaeció en Tudela, el 17 de Abril de 1939, como consecuencia del cáncer de garganta que deterioró su salud los dos últimos años de su vida. Aunque siguiendo sus deseos, fue enterrado en el cementerio de su querido Fitero, en la misma tumba en la que descansan los restos de su madre y de su esposa.
A excepción de la Antología Poética de Alberto Pelairea, que recogió y publicó el escritor tudelano Luis Gil Gómez (1915-1983), en 1973, la mayoría de sus trabajos literarios fueron publicados en la prensa regional de Navarra e incluso de Aragón. Por lo que, lamentablemente, no existe un compendio de todas sus obras, ni siquiera de toda su poesía y, menos aún, de las obras de teatro, escritas tanto en prosa como en verso, y que tanto éxito popular obtuvieron las representaciones de su época. Obras que, en buena medida, estaban dedicados a temas o asuntos relacionados con Fitero, sus costumbres y sus gentes.
En Octubre de 1965, el Ayuntamiento de Tudela honró su memoria dedicándole una calle y, en 1971, el de Fitero también hizo lo propio. Por lo que ahora sería loable que, en esta última, se despejara el lugar que ocupa la placa dedicada a este prolífico escritor ya que las dos señales de tráfico que hay junto a ella casi impiden su lectura. Del mismo modo que, pensando en la conveniencia de ir embelleciendo las calles para que la Villa tenga más encanto y un mayor atractivo para los turistas que la visiten, sería bueno ir haciendo canalizaciones subterráneas por las que derivar los antiestéticos tendidos de cable aéreo que recorren las fachadas de las casas y cruzan las calles de la Villa. Es algo que habría que considerar cuando se vuelvan a reparar sus calzadas, claro.