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sábado, 21 de enero de 2012

Guy de Boulogne y la incorporación de Fitero a Navarra

Tras la muerte sin descendencia del último rey de Pamplona y Aragón, Alfonso Sánchez I el Batallador, en Septiembre de 1134, sus dominios se dividieron entre los dos antiguos reinos que lo formaban, ampliándose los territorios de ambos al sur del Ebro con los territorios que éste había reconquistado a los musulmanes, desde Diciembre de 1118 y entre los que se encontraba el valle del Alhama. La restauración de los reinos de Pamplona y Aragón tuvo lugar bajo el vasallaje que sus nuevos gobernantes rindieron al que se convirtió en el emperador de España, Alfonso Raimúndez VII el Emperador, desde Mayo de 1135, y su frontera común se estableció en el valle del Alhama, estableciéndose el hito o mojón de los tres reinos en lo que hoy es Fitero y que entonces era un término de la villa castellana de Tudején (despoblado de Fitero) colindante con los de Cintruénigo, por parte pamplonesa, y con los de la ciudad aragonesa de Tarazona.
En 1140, Alfonso VII hizo venir a Raymond de Saint Gaudens desde el otro lado de los Pirineos para que fundara en dicho valle, en la ya entonces villa desierta de Niencebas (Bienzobas, despoblado que hubo entre los actuales términos corellanos de Morterete y los alfareños de la Fuente de los Cantares), el que acabaría siendo el primer monasterio cisterciense que se fundó en la península Ibérica.
En 1152, el primer abad de este monasterio trasladó su cenobio a su definitiva ubicación fiterana, en la castellana villa de Tudején, lo que le procuró el sobrenombre de San Raimundo de Fitero, por encontrarse el monasterio en la mismísima frontera o hito entre los tres reinos. Cinco años después, Alfonso VII le donó a San Raimundo el señorío de la villa de Tudején, aunque ésta acabó despoblándose a principios del siglo XIII y el monasterio de Fitero quedó sólo, vigilando esta frontera castellana desde su estratégico y famoso castillo de Tudején. Por lo que, desde principios del siglo XIV, el reino de Navarra intentó apropiarse del extenso territorio del monasterio castellano de Fitero, dando lugar a diversos conflictos, como el de la famosa batalla de Tudela, de 1335, que desembocaron en un largo pleito.
El 3 de Octubre de 1373, el cardenal y legado papal Guy de Boulogne, que en marzo había sido designado como árbitro para dirimir éste y otros conflictos entre los reinos de Castilla y Navarra, sentenció torticeramente que Fitero (cuya villa no vería la luz hasta 1482) pertenecía a este último. Los castellanos recurrieron la injusta sentencia hasta que, cinco meses después de la muerte de Guy de Boulogne y una vez admitida la Sentencia por ambos Reyes quiso D. Carlos [II el Malo] de Navarra tomar posesión de lo que era suyo y para ello otorgó un despacho o Cédula Real (su fecha: Olite a 28 de Abril de 1374) por la cual mandaba a Mosén Rodrigo [de Uriz], duque y señor de Luesia, D. Pedro Álvarez de Rada, alcalde de Tudela, que en su nombre tomasen posesión del Monasterio de Fitero y su Castillo de Tudején, y recibiesen juramento de vasallaje y homenaje del Abad y convento, de los moradores y habitantes en el monasterio, y si fuese necesario, del alcaide que era o sería del Castillo de Tudején.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Los judíos y la fundación de la Orden Militar de Calatrava

Para enero de 1158, Sancho III el Deseado completó las negociaciones que le permitieron resolver los asuntos pendientes con su vasallo pamplonés. Por eso, no es de extrañar que Sancho VI el Sabio estuviese presente en Almazán y que figure confirmando la donación de la villa de Calatrava que hizo aquel rey de Castilla a Dios, la virgen María y la orden de Císter, y a San Raimundo de Fitero y a todos los monjes cistercienses, presentes y futuros, del Monasterio de Fitero, para que, con la ayuda de Sancho III la defendiesen de los enemigos de Cristo. Esta donación significó un gran avance en la evolución de las tareas políticas y militares asumidas por San Raimundo y su Monasterio cisterciense en la frontera castellana, hasta entonces con los reinos de Pamplona y Aragón y, a partir de este momento, con los almohades de al-Andalus que amenazaban el antiguo reino de Toledo.
A Sancho III ya sólo le quedaba resolver los asuntos pendientes con Aragón, por lo que pocas semanas después se reunió con su tío Raymond Berenguer IV el Santo, para poder dedicarse con total libertad a fortalecer la frontera de Toledo e intentar recuperar el terreno perdido en al-Andalus desde poco antes de la reciente muerte de su padre, Alfonso VII el Emperador. Por eso, una vez que Sancho III hubo resuelto los asuntos pendientes con ambos vasallos, es posible que se uniese temporalmente a las huestes que procedentes del Monasterio de Fitero iban camino de la estratégica villa de Calatrava, atravesando la antigua Extremadura Soriana. En cualquier caso, hay constancia de que en febrero llegó a Segovia y allí el rey de Castilla se interesó por afianzar el futuro de los defensores de Calatrava, ya que a éstos les donó la aldea toledana de Ciruelos, situada al sur del Tajo, en la retaguardia de Calatrava y en el camino entre ésta y el onasterio de Fitero. Esta donación se hizo únicamente a los monjes y a los cofrades de Calatrava, lo que muestra la rápida consolidación de las dos instituciones dispuestas para la defensa de Calatrava bajo el único mando de San Raimundo, esto es, los monjes cistercienses que desde su Monasterio de Fitero se desplazaron con él a Calatrava y la cofradía militar creada con el propósito de la defensa de esta estratégica villa. Es notable que en este documento no se cite para nada al Monasterio de Fitero ni a la orden de Císter, y que los monjes y los cofrades de Calatrava ya fuesen reconocidos por la cancillería del rey de Castilla como las entidades receptoras de esta donación. Por otra parte, como esta donación influía en las responsabilidades de quienes estaban a cargo de la Extremadura Castellana, no es de extrañar que Sancho III se desplazase hasta Ávila, donde estuvo a primeros de marzo y donde compensó al almojarife Bon Juda –que podría tratarse de Jehudá ha-Narí–, por la pérdida de la mitad de la aldea de Ciruelos, y es muy probable que fuese entonces cuando se completara la estrategia defensiva de Calatrava a cargo de San Raimundo, que habría comenzado a fraguarse poco antes de enero de 1158.
Jehudá ha-Narí era hijo del magnate granadino Josef ha-Narí Ibn Ezra y perteneciente a una poderosa familia judía asentada en Castilla. Jehudá ha-Narí, desde su posición en el importante enclave económico de Calatrava, como Gobernador de Calatrava, de todos los ejércitos del rey, según se recoge en el epílogo de la crónica del filósofo e historiador toledano Abraham ha-Levi Ibn Daud, ofreció asilo y ayudó a que los judíos expulsados de Granada, tras haber pasado ésta a manos de los almohades, en 1154, pudiesen buscar refugio en los dominios de Alfonso VII el Emperador. Acabada esta misión, éste lo mandó llamar a su presencia y le nombró su Mayordomo, prosperando en su curia y llegando a ser uno de sus consejeros e importante miembro de su gobierno. No hay documentos que aporten más información y que clarifiquen lo ocurrido en Calatrava entre los meses de enero de 1147, tras su reconquista, y de 1158, cuando fue donada a San Raimundo. Excepto que, antes de finalizar el año 1147, el emperador Alfonso VII le otorgó fuero propio a Calatrava y que, en 1148, su tenencia ya estaba en manos del conde de Urgell, Armengol o Ermengaud VI el Castellano. Aunque es probable que en algún momento de este período, seguramente después de 1154, su gobierno y la responsabilidad de su repoblación y defensa pasase a los Templarios, con la aquiescencia del arzobispo de Toledo y la supuesta compensación que debió recibir el rabí Jehudá, pero no se conocen documentos coetáneos que así lo acrediten. Como tampoco los hay de su abandono por parte de los Templarios, exceptuando la obra literaria de Rodrigo Ximénez de Rada, que podría no ser un fiel reflejo de la realidad histórica.

domingo, 9 de octubre de 2011

El final de Tudején y su renacimiento como Fitero

En 1152 se produjo el traslado definitivo del Monasterio de Niencebas (despoblado de Alfaro) al que empezó siendo conocido como Monasterio de Castellón y acabó siéndolo como de Fitero, en la castellana villa de Tudején (despoblado de Fitero). El primer abad de este monasterio fue San Raimundo de Fitero, antes conocido como Raymond de Saint Gaudens, quien en 1157 obtuvo la tenencia del castro de Tudején de manos del rey de Castilla, Sancho III el Deseado, contando con el permiso de su padre, Alfonso VII el Emperador. De este modo el término tudejenero de Fitero, limítrofe con Cintruénigo y Tarzona, pasó a ser la sede administrativa de la Villa, bajo el gobierno del abad San Raimundo.
Tras fundar la milicia de Calatrava, germen de la Órden Militar de Calatrava, en 1158, San Raimundo perdió su Monasterio de Fitero, cuando los monjes que había dejado en él fueron expulsados por la turba de turiasonenses enviados por el obispo de Tarazona, interesado en aumentar su diócesis a costa de los dominios de la de Calahorra. Aunque intentó recuperarlo no lo logró y falleció en su exilio toledano de Ciruelos, en 1163. Para entonces ya llevaba más de dos años instalada otra comunidad cisterciense venida igualmente de allende los Pirineos (l'Escaladieu) y cuyo abad era Guillaume. A partir de entonces el monasterio de Fitero prosiguió su evolución como la mayoría de los monasterios cistercienses, logrando completar la adquisición de su Coto Redondo o término en el que su abad ostentaba su jurisdicción, en 1168, a costa de los términos de las villas de Niencebas y de Tudején, así como de otros limítrofes a éstos que habían adquirido de sus vecinos de Cervera del Río Alhama, Tarazona y Cintruénigo.
Mientras finalizaban las obras del segundo Monasterio de Fitero, cuya iglesia es la actual iglesia parroquial de la villa de Fitero, Tudején se fue despoblando y ya debía haberlo hecho completamente antes de 1222 pues, el mes de agosto de ese año, el abad de Fitero logró la autorización del rey de Castilla, Fernando III el Santo, para repoblarla con 12 moros casados.
En 1247 fue consagrada la iglesia del nuevo Monasterio de Fitero y su villa de Tudején seguía despoblada. Por lo que, en marzo de 1266, Alfonso X el Sabio le concedió un nuevo privilegio al abad de Fitero para que volviera a intentar su repoblación. Tampoco tuvo éxito en esta ocasión, de ahí que los monjes fiteranos volvieran a intentarlo otra vez en 1305 y en 1315, gracias a la concesiones hechas por Fernando IV el Emplazado y por Alfonso XI el Justiciero, respectivamente, con iguales resultados, conformándose a vivir en compañía de los conversos y de los pocos moradores que habitaban en El Cortijo del Monasterio de Fitero, cuando éste aún formaba parte integral de las dependencias de este cenobio cisterciense.
Tras diversas vicisitudes, en 1482, el abad Miguel de Peralta acabó repoblando Tudején junto a los edificios de su monasterio en lugar de hacerlo donde había estado antes, al oeste del monte Castillo y cambiando su nombre secular por el de su actual señor, esto es, dejando de ser la villa de Tudején para pasar a ser la de villa del Monasterio de Fitero o, simplemente, la villa de Fitero.

martes, 19 de julio de 2011

La Oliva y Veruela, filiales del monasterio de Fitero

En mayo de 1145 seguían las disputas por definir la nueva frontera entre los recién escindidos reinos de Pamplona y Aragón, así como la de ambos con el imperio leonés, cuya posición oriental más avanzada se encontraba entonces en Tudején (despoblado de Fitero). En este contexto se enmarcan las negociaciones que entonces reemprendió el futuro rey de Castilla, Sancho III el Deseado, hijo de Alfonso VII el Emperador, para poder retomar sus campañas de reconquista en al-Andalus, con su tío Raymond Berenguer IV el Santo, conde de Barcelona y regente en Aragón, a quien también le interesaba emprender su propia campaña contra los musulmanes, una vez asegurada su frontera occidental con Pamplona.
Así se fraguó una nueva y efímera tregua entre los reinos de Pamplona y Aragón, en cuya gestión desempeñó un papel importante San Raimundo de Fitero y su fronterizo y estratégico monasterio cisterciense de Niencebas (despoblado de Alfaro), ya que, el 27 de mayo de 1145, pocos días después de que se firmasen estas paces, es cuando el futuro abad fiterano recibió en agradecimiento la donación de los fronterizos y estratégicos lugares en los que fundó las granjas cistercienses de La Oliva (Carcastillo) y de Veruela (Vera de Moncayo), en ambas márgenes del río Ebro.
Las granjas de La Oliva y Veruela continuaron su desarrollo hasta que, en septiembre de 1150, San Raimundo obtuvo la necesaria aprobación del Capítulo General de la Orden de Cister, en Borgoña, para que ambas se pudieran independizar y transformar en sendos monasterios afiliados a esta orden monástica a través del monasterio de Niencebas, por medio de los cuales se articulaba la frontera de los reinos de Castilla, Pamplona y Aragón bajo la supervisión arbitral de los cistercienses.
La Oliva y Veruela siguieron siendo monasterios dependientes de San Raimundo mientras éste también estuvo al frente del primer monasterio de Fitero, esto es hasta que su aventura en Calatrava, para cuya defensa organizó una milicia cisterciense que acabó dando lugar a la Orden Militar de Calatrava, propició la invasión turiasonense del monasterio de Fitero, la expulsión de sus monjes y la llegada de una segunda comunidad monástica, que como la primera también procedía del monasterio cisterciense de l'Escaladieu (Bonnemazon, Hautes-Pyrénées), a cuyo frente estuvo el que fue el segundo abad fiterano, Guillaume, desde 1160. Año en el que Capítulo General de esta orden debió aprobar la refundación cisterciense del monasterio de Fitero, que ahora se encontraba en la diócesis de Tarazona, mientas San Raimundo y el obispo de Calahorra reclamaban sus derechos ante el Papa. Con la salvedad de que las antiguas filiales de La Oliva y Veruela pasaban a depender directamente de la casa madre de Fitero: l'Escaladieu, en vez de seguir haciéndolo a través del monasterio que había fundado San Raimundo en el valle del Alhama.

domingo, 10 de julio de 2011

El Códice Calixtino y sus posibles orígenes

Manuel Cecilio Díaz Díaz señaló que el Liber Sancti Iacobi (LSI) o Libro de Santiago, cuya versión más completa se conoce como Códice Calixtino, una obra maestra de las más originales y difundidas de la Edad Media, parece ser el resultado de un proyecto acaso concebido por Diego Gelmírez desde antes de 1120, cuando pasó a ser el primer arzobispo de la sede gallega de Santiago de Compostela. Año en el que el Papa Calixto II (Guy de Borgoña, tío paterno del futuro Alfonso Raimúndez VII el Emperador) le concedió esta dignidad a su diócesis, siendo encargada su confección, con gran probabilidad, a algún canónigo francés, acaso de formación monástica, que estuvo relacionado de alguna forma con Santiago de Compostela. También parece indiscutible que la acumulación de materiales para su confección debió iniciarse hacia 1130 y que no fue rematada, con toda seguridad, antes de 1145, año en el que falleció el patriarca Guillermo I de Malinas, en Jerusalén, destinatario junto con el propio Gelmírez (fallecido en 1140) de la Epístola introductoria, atribuida a Calixto II. Siendo probable que la composición final del recién robado Códice Calixtino fuera realizada en Santiago de Compostela y que date de la década de 1140 o, con mayor probabilidad, de la de 1150. Época que coincide con la de la llegada de los cistercienses, Orden monástica de origen borgoñón, a la Península Ibérica, concretamente a Fitero (Niencebas-Castellón).
La colección de textos jacobeos recogidos en el LSI está distribuida en cinco libros independientes en su temática pero conectados a través de su intención jacobea. El Libro I, que es con mucho el más extenso pues ocupa bastante más de la mitad de la obra, contiene todo lo relacionado con el culto de Santiago en su Catedral. El Libro II es el que contiene una recopilación de 22 Milagros del santo apóstol, atribuidos a diversos autores y localizados en todas partes de la ecúmene. El Libro III recoge dos textos que tratan acerca de la Traslación del cuerpo del Apóstol Santiago, desde Jerusalén a España, algunas celebraciones litúrgicas y otros asuntos menores. El Libro IV relata la fantasiosa Historia de Turpín, arzobispo de Reims, y, por último, el Libro V comprende la descripción pormenorizada de la ruta de peregrinación conocida como el Camino Francés, con una visión muy particular y en muchos casos despectiva de los pueblos ibéricos que atravesaba el camino, reflejada en gran cantidad de detalles anecdóticos, descripciones de pueblos, avisos de peligros, etc.; con una segunda parte dedicada a la catedral de Santiago. Todo el contenido de este magnífico códice es de gran importancia porque proporciona gran información sobre los distintos aspectos que trata, destacando la trascendencia que para la Cristiandad atribuye al descubrimiento de la tumba del santo apóstol y dando a conocer la universalidad de la peregrinación y sus costumbres, a la vez que describe a Compostela como gran centro de milagros europeo. Siendo considerado este códice, además, como la primera guía turística de la historia de Europa. Por ello no es de extrañar que, aunque la villa de Fitero no figure en la ruta del camino francés de Santiago, sus destacados antecedentes históricos sí que estén relacionados con la vía compostelana desde el siglo XII, por ser Tudején (despoblado de Fitero) la única referencia de toda España que, junto con otras dos localidades de Francia, al parecer, habría seleccionado y citado el Papa Calixto II en su sermón acerca de cómo debía respetarse y celebrarse dignamente la festividad del apóstol Santiago. Tal y como figura en el primer libro del Códice Calixtino, concretamente, en su capítulo II, donde se dice explícitamente:
“He aquí prodigios memorables que acontecieron en otros tiempos a los que no celebraron las fiestas de Santiago, por obra de la venganza divina. En España, en Tudeliono (Tudején), cierto labrador estuvo majando trigo en la era todo el día de Santiago. Al atardecer se metió en un baño que está junto al Castillo y es sabido que es una antigua y admirable obra de moros. Y al sentarse en él, en seguida la piel de la espalda, desde los hombros a las piernas, se le pegó a las paredes del baño [Baños de Fitero] y a la vista de todos exhaló su espíritu, por haber transgredido festividad tan grande. Esto fue realizado por el Señor y es admirable a nuestro ver”.
José María Anguita Jaen dijo que del análisis de los datos que crean el contexto en que se realiza este milagro, nos quedamos con la verosimilitud de los mismos: la existencia de un castillo y de unos baños, que seguramente eran de fábrica arábiga. Da la impresión de que nuestro autor  [el del LSI, se entiende] conoció Tudején de primera mano, o al menos de fuentes bien informadas. El “como es bien sabido” nos remite a alguien que conoció la zona, o que estaba al tanto de las andanzas de Alfonso el Emperador, añadiendo que este ejemplo no le venía del todo bien para su estudio sobre la presencia navarra en el LSI ya que, en aquella época, el castillo de Tudején no era navarro, de ahí que el autor del LSI lo situara apud yspanos, lo que demostraría que el autor conocía la sujeción del castillo por parte del rey de León, y que fuera escrito después de la muerte del rey aragonés Alfonso Sánchez I el Batallador. A este dato se puede añadir el que se deduce de que se cite un “balneum, quod iusta castrum idem miro opera Sarracenico antiquo constat ese factum” pues esto sería consistente con que el autor del LSI hubiera estado en la biblioteca del monasterio de Fitero y hubiera visto, entre sus documentos más antiguos, el del famoso acuerdo de 1073, entre los reyes de Pamplona y Zaragoza, acerca del fronterizo castillo cristiano de Caparroso y el musulmán de Tudején, respectivamente, que también dio lugar a la leyenda fiterana de La Cueva de La Mora, que escribió Gustavo Adolfo Bécquer en Baños de Fitero.
Quizá el conocimiento del autor de este relato del LSI acerca de Tudején y de sus termas de orígen romano, no sólo se deba a su glorioso pasado sino que esté relacionado con la vinculación de los cistercienses que fundaron el monasterio de Fitero con la casa de Borgoña, con la que estaban emparentados tanto Alfonso VII como el Papa Calixto II, y con el lugar escogido por aquellos para fundar su primer cenobio en la Península Ibérica, controlando el paso del valle del Ebro a la meseta del Duero que, por su valor estratégico había sido donado por Alfonso I al obispo Gelmírez de Santiago de Compostela. Por lo que es posible que todos estos datos inconexos junto con otros que se puedan aportar más adelante, arrojen luz no sólo sobre quién, dónde y por qué fue escrito el Códice Calixtino, sino también por qué San Raimundo de Fitero, bajo el patrocinio de Alfonso VII, fundó su monasterio precisamente en Fitero y de cuáles fueron las conexiones que pudieron existir entre un espíritu que dio lugar a la fundación de la Orden Militar de Calatrava, para defender a la Cristiandad, con el hecho de que el monasterio del que surgió esta milicia estuviera en un lugar vinculado con Santiago y con la espiritualidad cristiana de la Europa que caminaba por el Camino de Santiago.

sábado, 18 de junio de 2011

El monasterio de Niencebas bajo el obispado calagurritano de Sancho de Funes

El obispo calagurritano Sancho de Funes fue uno de los tres principales fundadores del Monasterio de Fitero, en su ubicación provisional de Niencebas (despoblado de Alfaro). Este funesino fue obispo de la diócesis de Calahorra, entre 1117 y 1146, año en que falleció, y como tal acompañó al rey de Aragón y Pamplona, Alfonso I el Batallador, en importantes episodios para la Historia de este reino, como fue la reconquista de la ciudad de Zaragoza, el 18 de Diciembre de 1118, primera que se reconquistó al sur del Ebro desde que los pamploneses recuperaran definitivamente Calahorra en 1045. Siendo muy probable que también asistiera a la reconquista de Tudela, el 23 de Febrero de 1119, tras la cual fue reconquistado todo el valle del Alhama y, después, el del Queiles, trasladando la frontera más allá de Calatayud, en 1120. Tras la muerte del monarca aragonés, acaecida en Septiembre de 1134, el obispo de Calahorra pasó a formar parte de la corte castellana de Alfonso VII el Emperador y los límites orientales de este obispado pasaron a ser muy parecidos a los de la nueva frontera de Castilla con los recién escindidos reinos de Pamplona y Aragón.
En el cartulario del Monasterio de Fitero Sancho de Funes sólo figura en dos diplomas: el manipulado de Octubre de 1140, que hace referencia a la fundación del Monasterio de Niencebas, en esta villa desierta, por el abad cisterciense Raymond y bajo el patrocinio de Alfonso VII, así como en otro documento de Octubre de 1146, cuando este monarca visitó el monasterio provisional de San Raimundo de Fitero y se encontró en el castro castellano de Tudején (despoblado de Fitero) con su yerno, el rey de Pamplona, García Ramírez el Restaurador, y ambos acordaron que éste cesara su guerra con el conde de Barcelona y cuñado del emperador, Raymond Berenguer IV el Santo, por la herencia del rey de Aragón y Pamplona, para que ambos le acompañaran a reconquistar Calatrava y Almería, como así hicieron en 1147. Durante estas negociaciones previas debió ser cuando también pasó Cervera del Río Alhama de manos aragonesas a las castellanas.
En estos primeros años del Monasterio de Fitero, la prosperidad y relevancia de éste en la frontera de los tres reinos cristianos fue muy importante, especialmente tras la adquisición de los estratégicos lugares en los que fundó sendas granjas cistercienses que acabaron dando lugar a sus monasterios filiales de La Oliva y de Veruela. Además, desde 1144, al menos, su abad ya había comenzado la edificación del que sería el primer Monasterio de Fitero, conocido inicialmente como el Monasterio de Castellón.
La muerte de este obispo forzó su sustitución en la sede calagurritana por Rodrigo I de Cascante, que fue quien, en 1152, autorizó el traslado de la comunidad monástica de Niencebas a Fitero, que entonces era un término despoblado de la villa castellana de Tudején, limítrofe con los términos de Cintruénigo (Pamplona) y con Tarazona (Aragón).

domingo, 12 de junio de 2011

Los fundadores del monasterio de Fitero

La fundación de un monasterio medieval requería la participación de tres partes principales: los monjes que iban a formar la nueva comunidad que se regiría por una determinada Regla o forma de vida, el obispo de la diócesis en la que se fundaba el monasterio y el patrocinador que promovía y que, en buena medida, sufragaba los gastos de esta fundación.
Hasta hace no muchos años venían prevaleciendo las leyendas sobre los datos aportados por la documentación que se conserva acerca de los primeros años de vida del monasterio de Fitero, lo que dificultaba enormemente su estudio. Afortunadamente, poco a poco se ha venido arrojando luz acerca de este oscuro proceso y ya no cabe duda de que la sede provisional del primer monasterio cisterciense de la península Ibérica estuvo ubicado en la ya entonces despoblada villa castellana de Niencebas (despoblado de Alfaro limítrofe con Corella, ubicado en el valle por el que discurre el arroyo de la Fuente de los Cantares, en las cercanías de las ruinas de la Venta del Pillo, entre aquella y el cabezo de Morterete), en la falda meridional del monte Yerga, en Octubre de 1140.
El fundador y también su primer abad fue Raymond, natural de Saint Gaudens (Haute-Garonne, Midi-Pyrénées) y que acabó siendo conocido como San Raimundo de Fitero, patrón de esta villa navarra, quien cruzó los Pirineos al frente de una comunidad procedente del monasterio cisterciense de l’Escaladieu o Scalæ Dei (Bonnemazon, Hautes-Pyrénées), que entonces se encontraba en su sede original de Cabadur (Gripp, Campan, Hautes-Pyrénées). El promotor y patrocinador fue el rey de Castilla y León, Alfonso Raimúndez, más conocido como Alfonso VII el Emperador, con el objeto de que esta comunidad cisterciense desempeñara una labor similar a la que en nuestros días realizan los Cascos Azules de la organización internacional de las Naciones Unidas, en lo que entonces era la incipiente frontera de Castilla con los recién escindidos reinos de Pamplona y Aragón. Finalmente, añadir que la diócesis en la que se instaló este primer monasterio cisterciense ibérico fue en la de la sede episcopal de Calahorra, bajo la mitra del obispo Sancho de Funes.
La localización inicial del Monasterio de Fitero, tanto desde el punto de vista político como religioso, nada tiene que ver con su ubicación actual: Comunidad Foral de Navarra y Arzobispado de Pamplona y Tudela o con la previa del reino de Navarra y Tarazona. Lo que quizá ayuda a explicar el por qué los orígenes del Monasterio de Fitero ahora no ineteresan casi nada a los navarros, por hallarse en La Rioja, ni tampoco a los riojanos, por tratarse de un monasterio que, en 1374, pasó a depender del rey de Navarra y tampoco lo sienten como algo suyo. Como se suele decir: Unos por otros, la casa sin barrer.

domingo, 17 de abril de 2011

La Serna del Emperador o de Cervera del Río Alhama

La etimología de la palabra Serna delata su origen prerromano, concretamente celta, y hace referencia a un campo que se labraba aparte. Parece ser que así se designaba a un espacio agrario situado en el extremo o a las afueras de la población y cuyo uso original debió ser comunal. Lo que explica su amplia extensión, en oposición a la de los pequeños minifundios de carácter particular, y que, durante la Reconquista, su propiedad acabara estando destinada al señor principal a cargo de la correspondiente campaña militar que logró revertir este territorio bajo el dominio cristiano. A lo que hay que añadir que sus amplios límites no suelen estar referidos a otras sernas o a las propiedades de otros particulares sino que las sernas están delimitadas por accidentes naturales, como montes o ríos, o por el trazado de construcciones como las de los caminos o acequias.
Nos ha quedado constancia de la serna que, en la Edad Media y tras la reconquista del valle del Alhama por parte del rey de Aragón y Pamplona, Alfonso I el Batallador, en 1119, hubo en Cervera del Río Alhama, aunque no se sabe si existía con anterioridad a éste. Este serna estuvo ubicada en la margen izquierda de este río, entre su arenal y las faldas de los monte, aguas arriba del barranco al que desaguan las aguas termales de los Baños de Fitero, entonces conocidos como baños de Tudején (despoblado de Fitero), y aguas abajo de la desembocadura del río Linares en el Alhama. Esto es, la parte de terreno que entonces era cultivable en dicha región en la que ahora, por cierto, también se encuentra el barrio cerverano de la Venta del Baño al que pertenece el término que aún se conoce como la Serna, entre la carretera local LR-285 y la orilla izquierda del Alhama, tal como consta en un mapa de principios del siglo XVII en el que se describen los términos del Monasterio de Fitero.
Tras la muerte del citado rey aragonés, Cervera y Tudején se mantuvieron en manos aragonesas, pasando después ambas a las del rey de Castilla, Alfonso VII el Emperador, siendo éste quien, en 1146, en compañía de su esposa Berenguela, se reunió en su castro de Tudején con su yerno, García Ramírez IV el Restaurador del reino de Pamplona, para que éste hicieran las paces con el cuñado del emperador, el conde de Barcelona, Raymond Berenguer IV el Santo, y que así los dos parientes le ayudaran a reconquistar Calatrava y Almería al año siguiente. Entonces, concretamente el 15 de octubre de 1146, fue cuando también Alfonso VII se acercó al monasterio cisterciense de Niencebas (despoblado de Alfaro) y allí le donó la serna que poseía en Cervera, población que ya había pasado a estar en los dominios de Castilla, a su abad Raymond, que pocos años después acabó siendo conocido como San Raimundo de Fitero.
En 1374 y tras un largo litigio, el rey de Navarra tomó posesión del Monasterio de Fitero y así los términos del coto redondo de este cenobio pasaron a estar divididos entre los que permanecieron en el reino de Castilla, entre los que quedó la Serna del Emperador, y los que a partir de entonces pasaron a formar parte de Navarra y que acabaron dando lugar al actual término municipal de Fitero. Tras la desamortización de 1835 y la consecuente exclaustración definitiva de los cistercienses de Fitero, la Serna del Emperador siguió perteneciendo a Cervera del Río Alhama, concretamente al actual barrio cerverano de la Venta del Baño. Constando en el inventario de esta desamortización que, desde el 21 de marzo de 1815, el Monasterio de Fitero había dado a los vecinos de Cervera, José Zapatero y Manuel Moreno, a censo enfitéutico mancomunadamente las tierras de la Serna y que éstos no habían hecho ninguno de los pagos pendientes desde entonces.

sábado, 9 de abril de 2011

El origen del nombre de Fitero

La palabra Fitero significa hito o mojón y su etimología procede del latín vulgar fictu que, a su vez, tiene su origen en la palabra latina fixum, que quiere decir fijo o fijado y que es precisamente la función que tienen los mojones como elementos delimitadores de una frontera o término. Sin embargo, no es esta función la que dio el nombre a la villa navarra de Fitero ya que ésta, al ser fundada por el abad cisterciense fray Martín de Peralta, en 1482, lo heredó del sobrenombre que varios siglos antes había adoptado el monasterio cisterciense que fundó San Raimundo en la margen izquierda del río Alhama. Así que para conocer los orígenes del nombre de la villa de Fitero hay que remontarse a los del nombre del monasterio de Fitero.
En 1140, fray Raymond, al frente de la comunidad monástica con la que vino de allende los Pirineos, se instaló provisionalmente cerca de las ruinas de la villa castellana de Niencebas (despoblado de Alfaro, limítrofe con Fitero), que se había quedado desierta recientemente. Poco después, Raymond empezó a adquirir terrenos en la limítrofe villa castellana de Tudején (despoblado de Fitero), en el lugar denominado entonces como Castellón (Barrio Bajo de la actual villa de Fitero) y al que su comunidad se trasladó en 1152. Así Raymond comenzó a dejar de ser citado como abad de Niencebas, para empezar a ser conocido como abad del Monasterio de Castellón.
En octubre de 1146, Alfonso VII el Emperador vino a su castro de Tudején para entrevistarse con su yerno, García Ramírez IV el Restaurador del reino de Pamplona, con objeto de convencerle de que cesara la guerra que éste mantenía con el conde Barcelona, Raymond Berenguer IV el Santo, que era cuñado del rey castellano, por la herencia del reino de Aragón y Pamplona, que ambos se disputaban desde la muerte de Alfonso I el Batallador, acaecida en 1134. El emperador además de buscar la paz entre sus vasallos y vecinos, buscaba el apoyo de ambos parientes para emprender la reconquista de Almería, cosa que efectivamente hizo en 1147. Seguramente, fue entonces, en aquél mes de octubre de 1146, cuando Alfonso VII fijó el mojón de Castilla con Pamplona y Aragón en el actual cabezo fiterano de Pañetero o Peña de Fitero, donde se juntaban los términos de Tudején, Cintruénigo y Tarazona. Lo que concuerda conque sea precisamente el año 1147, en el que por primera vez consta la adquisición, por parte del abad Raymond, de un terreno ubicado en el término de Fitero.
Este Fitero, trifinium o Mojón de los Tres Reyes fue trasladado en 1168 a su actual ubicación, señalada en el hito con forma de prisma triangular que hay en el arcén de la carretera nacional N-113, donde ahora se juntan las Comunidades Autónomas de La Rioja, Navarra y Aragón (aunque todavía constan las provincias de Logroño, Navarra y Zaragoza), con motivo de la dotación del coto redondo que hizo el rey de Castilla, Alfonso VIII el Bueno, a su Monasterio de Fitero a partir de los términos de las villas de Tudején y de Niencebas, verdadero antecedente del actual término municipal de Fitero. Confirmándose, también ese mismo año de 1168, el nuevo y definitivo nombre que había venido adquiriendo el monasterio fundado por Raymond como el Monasterio de Fitero o de la frontera. Nombre con el que, poco a poco, había comenzado a ser denominado, en detrimento de sus apelativos previos de Monasterio de Castellón y de Niencebas, que acabaron siendo olvidados.
Por cierto, el nombre de la villa navarra de Fitero nada tiene que ver con el de la homónima villa que existía a orillas del río Pisuerga, desde el siglo X, que fue hito o mojón entre los reinos de León y Castilla, y que acabó dando lugar a las localidades fronterizas de Itero de la Vega (Palencia) e Itero del Castillo (Burgos), que están unidas por el famoso y simbólico Puente Fitero del Camino de Santiago. Siendo a aquella villa de Fitero del Río Pisuerga, que ya existía mucho antes de que Raymond y sus compañeros cistercienses acabaran asentándose en la también villa castellana de Tudején, cuando aún no se había fijado el Fitero de Castilla con Pamplona y Aragón, a la que se hace referencia en el famoso cantar castellano: Harto era Castilla / menguado rincón / cuando Amaya era corte / y Fitero el mojón.
No estaría nada mal que las autoridades de los tres ayuntamientos limítrofes, en colaboración con las de las tres autonomías a las que pertenece cada uno de ellos, se decidieran a recuperar este espacio, dotándolo de una infraestructura en la que podría haber una zona de descanso y de recreo, además de un panel informativo. De modo que pueda volver a convertirse en un rincón de interés turístico y cultural, como lo fue en el pasado, antes de que fuera asfaltada la actual carretera N-113, cuando junto al hito había un monumento que distinguía su ubicación. Ya que ahora, dada su inalcanzable situación para los transeuntes y las dificultades existentes para poder aparcar en sus inmediaciones, hace que difícilmente lleguen a fijarse en el extraordinario Mojón de los Tres Reyes los conductores que pasan junto a él, en sus vehículos, y menos aún a darse cuenta de su significado.