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sábado, 9 de abril de 2011

El origen del nombre de Fitero

La palabra Fitero significa hito o mojón y su etimología procede del latín vulgar fictu que, a su vez, tiene su origen en la palabra latina fixum, que quiere decir fijo o fijado y que es precisamente la función que tienen los mojones como elementos delimitadores de una frontera o término. Sin embargo, no es esta función la que dio el nombre a la villa navarra de Fitero ya que ésta, al ser fundada por el abad cisterciense fray Martín de Peralta, en 1482, lo heredó del sobrenombre que varios siglos antes había adoptado el monasterio cisterciense que fundó San Raimundo en la margen izquierda del río Alhama. Así que para conocer los orígenes del nombre de la villa de Fitero hay que remontarse a los del nombre del monasterio de Fitero.
En 1140, fray Raymond, al frente de la comunidad monástica con la que vino de allende los Pirineos, se instaló provisionalmente cerca de las ruinas de la villa castellana de Niencebas (despoblado de Alfaro, limítrofe con Fitero), que se había quedado desierta recientemente. Poco después, Raymond empezó a adquirir terrenos en la limítrofe villa castellana de Tudején (despoblado de Fitero), en el lugar denominado entonces como Castellón (Barrio Bajo de la actual villa de Fitero) y al que su comunidad se trasladó en 1152. Así Raymond comenzó a dejar de ser citado como abad de Niencebas, para empezar a ser conocido como abad del Monasterio de Castellón.
En octubre de 1146, Alfonso VII el Emperador vino a su castro de Tudején para entrevistarse con su yerno, García Ramírez IV el Restaurador del reino de Pamplona, con objeto de convencerle de que cesara la guerra que éste mantenía con el conde Barcelona, Raymond Berenguer IV el Santo, que era cuñado del rey castellano, por la herencia del reino de Aragón y Pamplona, que ambos se disputaban desde la muerte de Alfonso I el Batallador, acaecida en 1134. El emperador además de buscar la paz entre sus vasallos y vecinos, buscaba el apoyo de ambos parientes para emprender la reconquista de Almería, cosa que efectivamente hizo en 1147. Seguramente, fue entonces, en aquél mes de octubre de 1146, cuando Alfonso VII fijó el mojón de Castilla con Pamplona y Aragón en el actual cabezo fiterano de Pañetero o Peña de Fitero, donde se juntaban los términos de Tudején, Cintruénigo y Tarazona. Lo que concuerda conque sea precisamente el año 1147, en el que por primera vez consta la adquisición, por parte del abad Raymond, de un terreno ubicado en el término de Fitero.
Este Fitero, trifinium o Mojón de los Tres Reyes fue trasladado en 1168 a su actual ubicación, señalada en el hito con forma de prisma triangular que hay en el arcén de la carretera nacional N-113, donde ahora se juntan las Comunidades Autónomas de La Rioja, Navarra y Aragón (aunque todavía constan las provincias de Logroño, Navarra y Zaragoza), con motivo de la dotación del coto redondo que hizo el rey de Castilla, Alfonso VIII el Bueno, a su Monasterio de Fitero a partir de los términos de las villas de Tudején y de Niencebas, verdadero antecedente del actual término municipal de Fitero. Confirmándose, también ese mismo año de 1168, el nuevo y definitivo nombre que había venido adquiriendo el monasterio fundado por Raymond como el Monasterio de Fitero o de la frontera. Nombre con el que, poco a poco, había comenzado a ser denominado, en detrimento de sus apelativos previos de Monasterio de Castellón y de Niencebas, que acabaron siendo olvidados.
Por cierto, el nombre de la villa navarra de Fitero nada tiene que ver con el de la homónima villa que existía a orillas del río Pisuerga, desde el siglo X, que fue hito o mojón entre los reinos de León y Castilla, y que acabó dando lugar a las localidades fronterizas de Itero de la Vega (Palencia) e Itero del Castillo (Burgos), que están unidas por el famoso y simbólico Puente Fitero del Camino de Santiago. Siendo a aquella villa de Fitero del Río Pisuerga, que ya existía mucho antes de que Raymond y sus compañeros cistercienses acabaran asentándose en la también villa castellana de Tudején, cuando aún no se había fijado el Fitero de Castilla con Pamplona y Aragón, a la que se hace referencia en el famoso cantar castellano: Harto era Castilla / menguado rincón / cuando Amaya era corte / y Fitero el mojón.
No estaría nada mal que las autoridades de los tres ayuntamientos limítrofes, en colaboración con las de las tres autonomías a las que pertenece cada uno de ellos, se decidieran a recuperar este espacio, dotándolo de una infraestructura en la que podría haber una zona de descanso y de recreo, además de un panel informativo. De modo que pueda volver a convertirse en un rincón de interés turístico y cultural, como lo fue en el pasado, antes de que fuera asfaltada la actual carretera N-113, cuando junto al hito había un monumento que distinguía su ubicación. Ya que ahora, dada su inalcanzable situación para los transeuntes y las dificultades existentes para poder aparcar en sus inmediaciones, hace que difícilmente lleguen a fijarse en el extraordinario Mojón de los Tres Reyes los conductores que pasan junto a él, en sus vehículos, y menos aún a darse cuenta de su significado.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Calatrava y las señas de identidad de Fitero

Fue en un mes de enero, sólo que del año 1158, cuando los destinos de Fitero y Calatrava quedaron entrelazados para siempre. Entonces, la corte itinerante del rey de Castilla, Sancho III el Deseado, se encontraba en Almazán (Soria). Allí fue donde el ultra-pirenaico Raymond, primer abad del primer monasterio cisterciense que esta Orden fundó en la Península Ibérica, recibió la villa de Calatrava (Carrión de Calatrava, Ciudad Real), con objeto de que, junto a sus compañeros cistercienses, ayudara al rey de Castilla a defenderla de “los paganos enemigos de Cristo”.
No es de extrañar la confianza que depositó este rey en aquellas cogullas blancas pues los cistercienses, como si de Cascos Azules se tratara, ya habían demostrado durante casi dos décadas su valía como mediadores de la Paz en el Fitero, frontera o mojón en el que, desde 1134, Castilla lindaba con los nuevos reinos de Pamplona y Aragón.
De hecho, el 15 de abril de 1157, estando la corte del susodicho rey en Toledo y contando éste con el consentimiento de su padre, el emperador Alfonso VII, ya había recompensado a Raymond y a su monasterio con el señorío del castro castellano de Tudején (antecesor de la moderna villa navarra de Fitero), por la labor diplomática y pacificadora llevada a cabo entre los más importantes reinos cristianos. Trayectoria vital que contradice las míticas leyendas bélicas que aún distorsionan la hagiografía del Patrón de Fitero. Ya que, en vida de San Raimundo (fallecido hacia 1163 y enterrado en la villa toledana de Ciruelos, aunque sus restos descansan en la catedral de Toledo), no hay noticias de que la milicia cisterciense que él fundó (dirigiendo la multitud de seglares que le acompañaron desde Fitero a Calatrava) entablara ninguna batalla. Con el tiempo, esta milicia evolucionó hasta convertirse en la Orden Militar de Calatrava que, varios siglos después, adoptó como signo distintivo la cruz acolada que aún se conoce como Cruz de Calatrava y cuyo vivo color gules, desde mediados del siglo XX, adorna y forma parte del escudo y, por tanto, de las señas de identidad de Fitero. Por lo que aprovecho para felicitar al Ayuntamiento de Fitero porque siga manteniendo dicho símbolo a pesar de que recientemente se haya podido poner en cuestión.

miércoles, 16 de febrero de 2011

La mezquita medieval de Cintruénigo

En 1167 y en el monasterio cisterciense de Fitero firmaron las paces los reyes de Castilla y de Navarra, Alfonso VIII el Bueno y Sancho VI el Sabio, respectivamente. Al año siguiente, el castellano le otorgó a su recién recuperado monasterio el dominio sobre el territorio que, desde entonces, configuró su coto redondo (antecedente del actual término municipal de Fitero), delimitando los mojones que marcaban su frontera con los términos de las localidades vecinas de su reino y de los de las poblaciones fronterizas de Navarra y Aragón. Buena parte de estos mojones correspondían a accidentes geográficos fácilmente identificables todavía o a la ubicación de destacadas construcciones, como por ejemplo la mezquita que hubo a la vera de la estanca de Cintruénigo. Embalse que está próximo al actual límite entre los términos municipales de Fitero y Cintruénigo, conociéndose aún la parte fiterana como La Morería, y quedando también muy cerca el término cirbonero de las Medinas, ambos de indudable reminiscencia musulmana. Siendo muy probable que estos dos vocablos pertenecieran anteriormente a otra localidad que hubo allí y cuyo nombre, Lorcenec o Lorcénigo, todavía se conservaba a mediados del siglo XII.
La falta de documentación impide saber si quienes edificaron e hicieron uso de esta mezquita medieval fueron los habitantes musulmanes del desaparecido Lorcénigo o si pudieron ser algunos de los que habitaron en Cintruénigo hasta principios de 1119. Fecha en la que el rey de Aragón y Pamplona, Alfonso I el Batallador, reconquistó el valle del Alhama o valle de las aguas termales, e impuso a la población musulmana que no quiso exilarse, la condición de tener que trasladarse a vivir extramuros. Siguiendo la misma suerte que los musulmanes de la recién reconquistada Tudela y que, poco antes, también habían corrido los de Zaragoza, donde estuvo la capital del homónimo reino musulmán al que, hasta entonces, había pertenecido el valle del Alhama.
En cualquier caso, esta mezquita se encontraba junto a la acequia o canal del Rey que aún pasa al oriente de la estanca cirbonera y su referencia siguió siendo utilizada como mojón del coto redondo del monasterio de Fitero hasta bien entrada la Edad Moderna. Pues, en 1655, se añadió el detalle de que la mezquita se encontraba junto al pretil o muro de sillares de piedra que todavía se puede ver, junto con sus contrafuertes, cerca del lugar por donde desagua esta estanca. Por lo que quizá una prospección arqueológica permitiría datar mejor el pretil y localizar posibles restos de esta mezquita medieval.