viernes, 11 de marzo de 2011

El techo del Cristo del Humilladero de Fitero se está hundiendo

Hace tiempo que al tejado del templete cuadrangular que da cobijo a este Cristo del Humilladero le hace falta un buen retejado y algún que otro cuidado más. Especialmente, si las necesarias reparaciones se llevan a cabo con cierta urgencia y antes de que continúen ampliándose las peligrosas grietas de los arcos de ladrillo que soportan su moderna techumbre y de que continúe agrandándose el agujero que, desde principios de este año, hay en su falso techo. Esto es, antes de que la manifiesta desidia ponga en grave peligro al propio santuario.
Este Cristo del Humilladero, que debería estar catalogado como Bien de Interés Cultural de relevancia local, cuando menos, se encuentra en el lugar que fue conocido como el Paradero y que estaba ubicado en los extramuros de la villa hasta que, en 1845, fue derruido el cercano portal, junto con las ligeras y ruinosas fortificaciones de las que formaba parte esta entrada al cerrado recinto de Fitero, que dejaba a este monumental santuario fuera de lo que entonces era su casco urbano.
La construcción de este entrañable santuario data de poco antes del 28 de mayo de 1558 ya que en esta fecha hizo testamento el matrimonio formado por María Serrano y Juan Martínez de Azcoitia, que fue varias veces alcalde en la villa que, en 1482, habían fundado junto a su monasterio los cistercienses que llevaban instalados en este paraje desde 1152, y entre las voluntades expresadas por este matrimonio consta el mandato de que con los réditos de los 20 ducados que dejaban a tal efecto, se repararan tanto el Crucifijo como el Humilladero cuya construcción habían costeado. En el monumento ya no se conserva ese Crucifijo, aunque sí lo hace la columna que lo sustentaba, ni tampoco la primitiva techumbre del Humilladero. El primero fue reemplazado en 1948 por la escultura que para ello realizó Fausto Palacios Martínez (polifacético fiterano que también fue alcalde de la villa, entre 1955 y 1967) y que consiste en una cruz pétrea con un Cristo crucificado en su anverso y una imagen de la Virgen María con el niño Jesús en sus brazos, en el reverso, como publicó Ricardo Fernández Gracia. Fecha en la que también debió ser sustituida la segunda por la techumbre que ahora está en serias dificultades y que ya fue reparada en 1984 por el ayuntamiento, en una intervención que ocasionó la desgraciada rotura de uno de los brazos de la Cruz. Por lo que su alcalde, Carmelo Aliaga Hernández, ordenó entonces su inmediata reparación, cuyos nefastos efectos aún son visibles en la escultura. Así como, poco tiempo después, este primer alcalde constitucional también atendió la solicitud que le hicieron tres jóvenes fiteranos, preocupados por el Patrimonio Histórico de la villa, para que el Cristo del Humilladero no fuera desmantelado o trasladado a otro lugar fuera de contexto, debido a la presión inmobiliaria del momento.
Por lo que si ahora la autoridad municipal o foral que sea competente para ello se decidiera por fin a evitar que acabe hundiéndose el techo de este Humilladero y puede que con él lo haga también el resto del santuario, no vendría nada mal que también aprovechara estas obras de restauración para mejorar también su recinto, dotándolo de un pequeño jardín a su alrededor que hiciera aún más atractivo este pintoresco rincón del casco urbano de Fitero. A la vez que así se evitaría que los coches siguieran aparcando a tan sólo unos centímetros de las pilastras de sillería que sustentan el templete, haciendo más visible el santuario, y se facilitaría el acceso a los viandantes que quieran disfrutar de este insigne y recoleto monumento.
Finalmente, sería bueno que las autoridades se preocuparan por la conservación de este extraordinario monumento popular, de los pocos que aún se conservan en este estado en Navarra, para que no acabe hundiéndose y desapareciendo para siempre un elemento que merecería ser declarado Bien de Interés Cultural, al menos de carácter local.

jueves, 10 de marzo de 2011

La esperada mejora del puente de Fitero

Pascual Madoz Ibáñez, al tratar acerca de la voz Fitero en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, editado en 1847, recogió algunas noticias acerca del puente de piedra de sillería cuya última reconstrucción databa de 1591, tras habérselo llevado una crecida en 1588 y haber sido reemplazado por uno provisional, de madera, como publicó Ricardo Fernández Gracia, diciendo que: “Baña este terreno [de Fitero] el río Alhama que atraviesa el término en dirección SO hasta confluir con el Ebro cerca de Alfaro: en el puente que había sobre el mismo, a las inmediaciones de la villa, y que constaba de dos arcos semicirculares, se arruinó el uno la noche del 16 de septiembre de 1827 y amenazando el otro hacer lo mismo, se resolvió derribarlo y volverlo a construir, lo que se verificó en 1843, haciendo sus arcos más rebajados con los arranques de la hermosa Peña del Baño hasta encima de las aguas altas, y lo demás de ladrillo, resultando una obra sólida y elegante. Con este motivo, se ha hecho a su bajada opuesta, un hermoso paseo [del Barranco] de 4 hileras de árboles y 400 pasos de largo que progresa extraordinariamente y que hace la delicia de la población que lo frecuenta. Otro paseo poco menor se está formando un poco más lejos, en el sitio llamado Las Minas, que es más a propósito para el invierno, por el abrigo en que está.”.
En 1984 este puente sufrió una ampliación que no tuvo en cuenta su estética ni su función para los viandantes. El resultado fue horrendo: se le mutiló un tajamar y el gracioso balcón que había sobre él, en el que existía un banco corrido que fue testigo de agradables veladas veraniegas a la luz de la luna, y quedó casi intransitable para los peatones. Mientras que los dos estrechos carriles con los que se dotó a su piso, gracias a las feas planchas de cemento añadidas, sólo facilitaron el paso de dos vehículos pequeños ya que, al carecer de arcenes, si uno de ellos es un autobús, no hay forma de evitar que éste invada parte del otro carril, con el peligro que ésto conlleva.
Por fin, en septiembre de 2010, el Gobierno de Navarra destinó un máximo de 100.000 € para la realización de un estudio de mejora del acceso a Fitero desde la carretera nacional N-113 por la local NA-6900, contemplando el ensanche del puente sobre el río Alhama. Por lo que esperemos que su resultado sea bello a la vez que funcional y seguro, tanto para las personas como para los vehículos; y que esta obra sea el preludio de las también esperadas mejoras que se necesitan en el otro acceso desde la N-113, que igualmente confluye en el puente por la carretera local NA-6991, y cuyo estado hace muchos años que es bastante lamentable.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Calatrava y las señas de identidad de Fitero

Fue en un mes de enero, sólo que del año 1158, cuando los destinos de Fitero y Calatrava quedaron entrelazados para siempre. Entonces, la corte itinerante del rey de Castilla, Sancho III el Deseado, se encontraba en Almazán (Soria). Allí fue donde el ultra-pirenaico Raymond, primer abad del primer monasterio cisterciense que esta Orden fundó en la Península Ibérica, recibió la villa de Calatrava (Carrión de Calatrava, Ciudad Real), con objeto de que, junto a sus compañeros cistercienses, ayudara al rey de Castilla a defenderla de “los paganos enemigos de Cristo”.
No es de extrañar la confianza que depositó este rey en aquellas cogullas blancas pues los cistercienses, como si de Cascos Azules se tratara, ya habían demostrado durante casi dos décadas su valía como mediadores de la Paz en el Fitero, frontera o mojón en el que, desde 1134, Castilla lindaba con los nuevos reinos de Pamplona y Aragón.
De hecho, el 15 de abril de 1157, estando la corte del susodicho rey en Toledo y contando éste con el consentimiento de su padre, el emperador Alfonso VII, ya había recompensado a Raymond y a su monasterio con el señorío del castro castellano de Tudején (antecesor de la moderna villa navarra de Fitero), por la labor diplomática y pacificadora llevada a cabo entre los más importantes reinos cristianos. Trayectoria vital que contradice las míticas leyendas bélicas que aún distorsionan la hagiografía del Patrón de Fitero. Ya que, en vida de San Raimundo (fallecido hacia 1163 y enterrado en la villa toledana de Ciruelos, aunque sus restos descansan en la catedral de Toledo), no hay noticias de que la milicia cisterciense que él fundó (dirigiendo la multitud de seglares que le acompañaron desde Fitero a Calatrava) entablara ninguna batalla. Con el tiempo, esta milicia evolucionó hasta convertirse en la Orden Militar de Calatrava que, varios siglos después, adoptó como signo distintivo la cruz acolada que aún se conoce como Cruz de Calatrava y cuyo vivo color gules, desde mediados del siglo XX, adorna y forma parte del escudo y, por tanto, de las señas de identidad de Fitero. Por lo que aprovecho para felicitar al Ayuntamiento de Fitero porque siga manteniendo dicho símbolo a pesar de que recientemente se haya podido poner en cuestión.

sábado, 5 de marzo de 2011

Adaptación Teatral de la leyenda fiterana de Gustavo Adolfo Bécquer: La Cueva de la Mora

En la primavera de 2005 le propuse al alcalde de Fitero, Pachi Yanguas, organizar una representación teatral de la leyenda fiterana de Gustavo Adolfo Bécquer: La Cueva de la Mora. Contando con su apoyo, preparé una adaptación teatral de la leyenda con objeto de ser representada por un grupo de algo más de 40 magníficos actores voluntarios, de diversas edades, que tuve el honor de dirigir; así como de otras 20 personas más que estábamos entre bambalinas para asegurarnos de que todo salía como esperábamos. Mención especial requiere la inestimable y desinteresada colaboración del gran poeta y amigo Luis Alberto de Cuenca, que se avino a ponerle voz a la narración de Bécquer. La representación multimedia, pues además de las personas que actuaban en los escenarios en los que se podían identificar los castillos de Tudején y Caparroso, el río Alhama, la propia Cueva de la Mora y unas viñas cercanas a Baños de Fitero, en las que Bécquer ubicó su leyenda, también estaban las imágenes y el sonido que con tanto acierto montó Jesús Latorre, fue todo un éxito y hubo más de 600 personas que vieron la primera representación nocturna que hicimos en la Plaza de los Ábsides, reconvertida en magnífico teatro al aire libre para la ocasión (con una anfiteatro formado por las gradas portátiles que nos prestó el Ayuntamiento de Tudela). Tanto es así que al día siguiente tuvimos que volver a repetir la actuación, obteniendo otro aforo completo y, por tanto, un gran éxito de público en el que más de 1200 personas de Fitero y de muchos otros lugares cercanos y no tan próximos a Fitero disfrutaron de esta experiencia multisensorial, a mediados de agosto de 2005, que nos trasladó a mediados del siglo XIX y también a los del XI.
En enero de 2006, el Ayuntamiento nos distinguió a todos los que habíamos contribuido a recuperar esta obra de Bécquer para fomentar el turismo cultural en Fitero con el honroso premio de Fiterano del Año y, a mediados de agosto de ese mismo año, volvimos a representar la obra en el mismo lugar, contando con el apoyo y la organización del Ayuntamiento. Tras un par de años en los que parecía que esta movilización popular se había desintegrado, los participantes en la obra decidimos organizamos y constituirnos en una Asociación Cultural: Bécquer en Fitero; estando formada su Junta Directiva por Jesús Yanguas (Presidente), Jesús Rupérez (Vicepresidente), Serafín Olcoz (Secretario), Barda Melero (Tesorera), Pedro Luis Calleja (vocal) y Estela Yanguas (vocal), con objeto de que no se perdiera esta representación popular y que incluso pudiera convertirse en una Fiesta de Interés Turístico, contando, claro, con la colaboración del Ayuntamiento y con el apoyo de más de un centenar de socios. En esta ocasión, readapté la escenografía para poder representarla en la centenaria Plaza de Toros y, nuevamente, a mediados de agosto de 2009, tuvimos otro éxito espectacular ya que acudieron más de 700 personas, muchas de ellas procedentes incluso de fuera de Navarra y que vinieron ex profeso para ver la obra. Lo que nos animó a volver a hacer un nuevo esfuerzo en 2010, dedicando la primera quincena de agosto a los ensayos y al montaje de los escenarios en la Plaza de Toros, para volver a ser recompensados con otro éxito notable: más de 500 personas, a mediados de agosto.
Vaya desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a todos los que, desinteresadamente y con gran esfuerzo e interés, contribuyeron y contribuyen a promocionar Fitero por medio de actividades culturales como, por ejemplo, la de esta representación de la leyenda de la Cueva de la Mora que, gracias a Bécquer, ya lleva más de siglo y medio poniendo a nuestra villa y su Historia en un lugar destacado y reconocido por todo el mundo.

viernes, 4 de marzo de 2011

Cueva Ladrones, un hito que unía Fitero y Grávalos

Hace un par de fines de semana acompañé a mi amigo José Antonio Frías a visitar las renovadas instalaciones del balneario riojano de Grávalos, que celebraba unas jornadas de puertas abiertas en las que el propio alcalde, Jorge Abad, hacía de cicerone de lujo. La verdad es que vale la pena verlo, tanto para los que no conocían las antiguas instalaciones como para los que tuvimos la suerte de recorrer las que casi podríamos considerar como sus abandonadas ruinas decimonónicas. Tras la interesante visita, aprovechamos el camino de regreso a Fitero por la carretera que va a Alfaro y a los Baños de Fitero (LR-385), para hacer una parada poco después de pasar la curva más angosta que hay en ella, a poco más de 3 kms del nuevo balneario gravaleño.
Una vez aparcado el coche, volvimos sobre nuestros pasos por el arcén más cercano a la falda de la sierra de Yerga, cuyo somontano habíamos venido bordeando, y bajamos al fondo del barranco del Sotillo, por el que surca el riachuelo que pasa por debajo de esta carretera, justo en el citado congosto, donde también cambia su nombre por el de barranco de Valdeladrones.
Allí, al sur de la carretera y enfrente de Rabiñuelas (apócope de Larrate Viñuelas), en el término de la Raícilla, le mostré a mi amigo la sorprendente ubicación de la gran cueva que hay junto al poderoso pilar del puente: Cueva Ladrones, y aproveché para contarle que, antiguamente, este lugar era el último de los mojones que circundaban el coto redondo del monasterio de Fitero, limítrofe entonces con los términos de Grávalos. Nos habíamos remontado nada menos que hasta 1168, que es la fecha en la que el rey de Castilla, Alfonso VIII el Bueno, le otorgó a su monasterio de la frontera con los reinos de Aragón y de Pamplona los términos que constituyeron su territorio o coto redondo. También le comenté que allí hubo hasta un molino y otras construcciones de interés, hoy desaparecidas. Así como que hace no demasiados años, tan idílico y oculto paraje era el escogido por las parejas de recién casados para hacerse el reportaje fotográfico de la boda recién celebrada en Grávalos. Quizá un día no muy lejano, los vecinos de Grávalos se decidan a recuperar Cueva Ladrones, enlazando su romántico enclave con una senda que permita llegar a él desde el mismo balneario, añadiendo así un motivo más para visitar esta localidad y su balneario.
Lástima que por ahora la verja que cierra el paso al jardín que hay delante de la vivienda particular, edificada en la propia cueva, no nos permitió visitar su interior. No obstante, captamos la fuerza telúrica que emana de ella y aprovechamos para disfrutar de las cristalinas aguas del riachuelo que discurre a la vera de la cueva, tan transparentes como sólo las recordábamos haber visto en los ibones del lejano Pirineo aragonés. Y así completamos nuestra breve visita a Grávalos, no sin que antes mi amigo José Antonio anotara en su agenda que tenía que comentar esta excursión con su amiga Clara Fraile y que pensaba regresar pronto a Cueva Ladrones.

jueves, 24 de febrero de 2011

Excursión de Corella a Yerga, donde está el monasterio que nunca existió

El pasado domingo nos hizo un día precioso, muy soleado y con un cielo azul intenso. La organización de la excursión por parte del Ayuntamiento de Corella, con el apoyo del Grupo de Montaña Seioa, no pudo ser mejor ni estar más atenta con los participantes. Fuimos algo más de 330 personas, de todas las edades, las que nos reunimos en el polideportivo a eso de las 8 de la mañana para recoger nuestro dorsal e, inmediatamente después, comenzar la marcha. No todos éramos de Corella o de los pueblos vecinos como Cintruénigo o Fitero, sino que hubo mucha gente que había venido de diversas partes de toda Navarra, La Rioja, Aragón y también del País Vasco.
El primer avituallamiento tuvo lugar ya en La Rioja y poco después de pasar junto a la balsa de Portillo de Lobos. Después continuamos por el camino de Valdearañón hasta subir a la mitad de la falda de Yerga y aquí tuvo lugar la segunda parada y la división en dos grupos: los que siguieron por el camino que bordea el monte en dirección a Grávalos (esto es, los que desde el Portillo de Lobos siguieron parte de la muga del coto redondo del monasterio de Fitero, que hasta esta región llegaba por el noreste) y los que seguimos subiendo por el camino hasta llegar a la cima de Yerga para disfrutar de una preciosa vista, con el Moncayo nevado al fondo.
Tras dejar atrás el punto geodésico más alto de los alrededores del curso medio-bajo del Alhama, antes de su desembocadura en el Ebro, en Alfaro, empezamos a bajar por la cara norte de Yerga hasta llegar al merendero que hay junto a la fuente de Santa María y las ruinas de la ermita que los cistercienses de Fitero tuvieron allí. Por cierto que, aunque los vecinos de Autol representen con mucha ilusión y buen hacer la leyenda que Gustavo Adolfo Bécquer escribió durante su estancia en el balneario de Fitero, que hoy lleva su nombre, y en la que el poeta sevillano inmortalizó el mito de que el primer monasterio cisterciense de la península Ibérica tuvo su primera sede en dicha ermita (El Miserere, 1862); no nos queda más remedio que recordar que eso es una leyenda cuya base mítica también embaucó a Bécquer. Pues, en 1200, cuando los monjes de Fitero fundaron en Yerga la pequeña granja cisterciense, que les perteneció hasta la desamortización de Mendizábal, ya llevaban instalados en el valle del Alhama más de medio siglo, primero en el territorio alfareño donde estuvo la villa de Niencebas o Bienzobas (1140-1152) y después en Fitero, que entonces pertenecía a la también desaparecida villa de Tudején.
Este tercer y último avituallamiento nos dio fuerzas para continuar bajando por el camino que conduce hasta Grávalos, donde estaba previsto el final de la excursión (25,9 Kms). En el parking que hay junto a su recién reconstruido balneario –magnífica obra e instalaciones, que recomiendo visitar, por cierto- nos esperaba el autobús que nos llevó de regreso a Corella y así, a eso de las 2 de la tarde, concluyó una magnífica jornada en la que disfrutamos de las maravillas que la Naturaleza nos ofrece tan cerca de casa, aunque a veces nos parezca que están tan lejos y por eso, quizá, no las apreciemos como merecen.

miércoles, 16 de febrero de 2011

La mezquita medieval de Cintruénigo

En 1167 y en el monasterio cisterciense de Fitero firmaron las paces los reyes de Castilla y de Navarra, Alfonso VIII el Bueno y Sancho VI el Sabio, respectivamente. Al año siguiente, el castellano le otorgó a su recién recuperado monasterio el dominio sobre el territorio que, desde entonces, configuró su coto redondo (antecedente del actual término municipal de Fitero), delimitando los mojones que marcaban su frontera con los términos de las localidades vecinas de su reino y de los de las poblaciones fronterizas de Navarra y Aragón. Buena parte de estos mojones correspondían a accidentes geográficos fácilmente identificables todavía o a la ubicación de destacadas construcciones, como por ejemplo la mezquita que hubo a la vera de la estanca de Cintruénigo. Embalse que está próximo al actual límite entre los términos municipales de Fitero y Cintruénigo, conociéndose aún la parte fiterana como La Morería, y quedando también muy cerca el término cirbonero de las Medinas, ambos de indudable reminiscencia musulmana. Siendo muy probable que estos dos vocablos pertenecieran anteriormente a otra localidad que hubo allí y cuyo nombre, Lorcenec o Lorcénigo, todavía se conservaba a mediados del siglo XII.
La falta de documentación impide saber si quienes edificaron e hicieron uso de esta mezquita medieval fueron los habitantes musulmanes del desaparecido Lorcénigo o si pudieron ser algunos de los que habitaron en Cintruénigo hasta principios de 1119. Fecha en la que el rey de Aragón y Pamplona, Alfonso I el Batallador, reconquistó el valle del Alhama o valle de las aguas termales, e impuso a la población musulmana que no quiso exilarse, la condición de tener que trasladarse a vivir extramuros. Siguiendo la misma suerte que los musulmanes de la recién reconquistada Tudela y que, poco antes, también habían corrido los de Zaragoza, donde estuvo la capital del homónimo reino musulmán al que, hasta entonces, había pertenecido el valle del Alhama.
En cualquier caso, esta mezquita se encontraba junto a la acequia o canal del Rey que aún pasa al oriente de la estanca cirbonera y su referencia siguió siendo utilizada como mojón del coto redondo del monasterio de Fitero hasta bien entrada la Edad Moderna. Pues, en 1655, se añadió el detalle de que la mezquita se encontraba junto al pretil o muro de sillares de piedra que todavía se puede ver, junto con sus contrafuertes, cerca del lugar por donde desagua esta estanca. Por lo que quizá una prospección arqueológica permitiría datar mejor el pretil y localizar posibles restos de esta mezquita medieval.