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jueves, 11 de agosto de 2011

Pedro Tizón, caballero templario y benefactor de Fitero

Se desconoce su origen, tan sólo se sabe que entre 1124 y los primeros meses de 1134 fue uno de los principales caballeros en la corte de Alfonso Sánchez I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona, disfrutando de las tenencias navarras de Marañón, Estella y Aibar. Por estas fechas Pedro Tizón debió enemistarse con su rey y, aunque le había acompañado en buen número de batallas y hasta había participado en el infructuoso asedio de la plaza musulmana de Fraga (Huesca), parece que entonces fue uno de los nobles que se sublevaron quizá porque no estaban de acuerdo en que el reino lo fuesen a heredar las Órdenes Militares: Templarios, Hospitalarios y del Santo Sepulcro.
Desde que en 1128 el rey de Aragón y Pamplona decidiera reforzar sus posiciones en la Extremadura Soriana, ante un posible ataque de los vecinos de Castilla y León, Pedro Tizón también fue tenente de Cervera del Río Alhama y Monteagudo. Allí debieron llegarle las noticias de la inesperada muerte de Alfonso I, decidiendo entonces decantarse por el candidato a la Corona de Aragón y Pamplona, Ramiro Sánchez II el Monje, frente a la de García Ramíez IV el Restaurador, lo que ocasionó que aquél le beneficiara con la tenencia de Valtierra. Aunque la perdiera unos meses después, como consecuencia del Pacto de Vadoluengo (despoblado de Sangüesa), ratificado por ambos candidatos en los primeros días de Enero de 1135, cuando García IV pasó a ser el rey del recién restaurado reino de Pamplona bajo el dominio de Ramiro II de Aragón y Pamplona, y a pesar de que éste le compensó con la tenencia de Pedrola (Zaragoza), Pedro Tizón decidió pasar al servicio de García IV, a cuyo servicio estuvo durante el resto de su reinado y con quien también disfrutó de las tenencias de Cadreita y Caparroso. Tras la muerte de éste, Pedro Tizón, que ya era cofrade templario, profesó en Junio de 1154 como caballero templario en la encomienda que esta Órden Militar tenía en Novillas (Zaragoza), en la que después fue Maestro durante varios años, antes de acabar sus días como simple caballero templario poco después de Mayo de 1169.
Pedro Tizón se casó dos veces, una con Sancha, de la que parece que no tuvo descendencia, y otra con Toda, con la que al menos tuvo una hija y también a Jimeno Pérez, el que se casó con Eva de Finojosa y fue padre del arzobispo de Toledo y gran benefactor del Monasterio de Fitero: Rodrigo Ximénez de Rada. Por su parte, el propio Pedro Tizón junto a Toda también fueron benefactores de Fitero pues cuando la comunidad cisterciense dirigida por San Raimundo de Fitero aún estaba en su sede provisional de Niencebas (despoblado de Alfaro) y llevaba allí sólo unos cuantos meses, le donaron a éste una importante heredad que tenían en esta recién desierta villa, en 1141.
La tradición cisterciense de Fitero quiso vincular el sepulcro del siglo XIV que hay en el presbiterio de la Iglesia del antiguo monasterio con Rodrigo Ximénez de Rada, haciendo creer que éste quería haber sido enterrado allí en 1247,  pocos días antes de que se consagrase la iglesia del segundo monasterio cisterciense y hoy Parroquia de Fitero, en vez de en el Monasterio de Huerta (Soria), que es donde reposan sus restos, de acuerdo con su voluntad. Fracasado este intento de vincular el monasterio con sus benefactores, también propagaron los monjes la noticia de que en el interior de dicho sepulcro se encontraba una arqueta antigua con los restos del nieto de éste, Pedro Tizón, que, por cierto, no sabemos si fue así pero sí que no fue conde y que tampoco vivió en el Cortijo de Fitero.

sábado, 12 de marzo de 2011

Los Gigantes de la Cueva de la Mora

Con motivo de las fiestas patronales de San Raimundo de Fitero y en presencia de diversas autoridades, entre las que destacaba la del presidente del Gobierno Foral de Navarra, Miguel Sanz, la villa de Fitero ha estrenado esta mañana medio lluviosa de sábado los dos nuevos gigantes de la Cueva de la Mora, que representan a los protagonistas de una de las dos leyendas románticas que ideó el escritor sevillano Gustavo Adolfo Bécquer durante su estancia en Baños de Fitero, poco después de casarse en 1861 con Casta Esteban, natural de la no muy lejana localidad soriana de Noviercas.
Los nuevos gigantes corresponden al caballero cristiano, señor o tenente del fronterizo castillo pamplonés de Caparroso, y a la doncella mora, hija del alcaide del castillo zaragozano de Tudején (despoblado de Fitero). Plazas fuertes que, en 1073, recoge la Historia que participaron en un acontecimiento que vinculó a estas dos poblaciones mucho antes de que, desde 1374, ambas pasaran a pertenecer al reino de Navarra. En el siglo XI ambos castillos eran dos de las fortalezas más importantes existentes en la frontera de los reinos de Pamplona y Zaragoza, dándose la circunstancia de que los pamploneses conquistaron el castillo musulmán de Tudején poco antes de que, en represalia, los musulmanes que salieron de la zaragozana Tudela conquistaran el de Caparroso y provocaran la firma de las nuevas paces entre ambos reinos, cuya inmediata consecuencia fue la devolución de ambos castillos fronterizos a sus centenarios propietarios. Marco histórico en el que Bécquer situó la inviable historia de amor entre el caballero cristiano y su amada mora. A la que, poco antes de morir y aprovechando sus últimas fuerzas, intentó bautizar pero que parece que no lo consiguió y que, debido a ello, el ánima de ella todavía more en las proximidades de las ruinas del fiterano castillo de Tudején, saliendo todas las noches de la famosa Cueva en busca del agua del cercano río Alhama, con la que saciar la sed de su amado herido de muerte.
Sólo me queda añadir que, desde hoy, también es un gran motivo de satisfacción ver como estos gigantes de la Cueva de la Mora, cuyas vestimentas se han inspirado completamente en las que diseñamos y utilizamos en las representaciones teatrales de esta leyenda, en los meses de agosto de 2005, 2006, 2009 y 2010, hayan pasado a formar parte de la comparsa de gigantes y cabezudos que acompaña a los fiteranos en las grandes celebraciones. Por lo que tenemos otro motivo más para seguir agradeciendo a Bécquer que su obra y su fama sigan ayudando a promocionar la Villa y los Baños de Fitero.

sábado, 5 de marzo de 2011

Adaptación Teatral de la leyenda fiterana de Gustavo Adolfo Bécquer: La Cueva de la Mora

En la primavera de 2005 le propuse al alcalde de Fitero, Pachi Yanguas, organizar una representación teatral de la leyenda fiterana de Gustavo Adolfo Bécquer: La Cueva de la Mora. Contando con su apoyo, preparé una adaptación teatral de la leyenda con objeto de ser representada por un grupo de algo más de 40 magníficos actores voluntarios, de diversas edades, que tuve el honor de dirigir; así como de otras 20 personas más que estábamos entre bambalinas para asegurarnos de que todo salía como esperábamos. Mención especial requiere la inestimable y desinteresada colaboración del gran poeta y amigo Luis Alberto de Cuenca, que se avino a ponerle voz a la narración de Bécquer. La representación multimedia, pues además de las personas que actuaban en los escenarios en los que se podían identificar los castillos de Tudején y Caparroso, el río Alhama, la propia Cueva de la Mora y unas viñas cercanas a Baños de Fitero, en las que Bécquer ubicó su leyenda, también estaban las imágenes y el sonido que con tanto acierto montó Jesús Latorre, fue todo un éxito y hubo más de 600 personas que vieron la primera representación nocturna que hicimos en la Plaza de los Ábsides, reconvertida en magnífico teatro al aire libre para la ocasión (con una anfiteatro formado por las gradas portátiles que nos prestó el Ayuntamiento de Tudela). Tanto es así que al día siguiente tuvimos que volver a repetir la actuación, obteniendo otro aforo completo y, por tanto, un gran éxito de público en el que más de 1200 personas de Fitero y de muchos otros lugares cercanos y no tan próximos a Fitero disfrutaron de esta experiencia multisensorial, a mediados de agosto de 2005, que nos trasladó a mediados del siglo XIX y también a los del XI.
En enero de 2006, el Ayuntamiento nos distinguió a todos los que habíamos contribuido a recuperar esta obra de Bécquer para fomentar el turismo cultural en Fitero con el honroso premio de Fiterano del Año y, a mediados de agosto de ese mismo año, volvimos a representar la obra en el mismo lugar, contando con el apoyo y la organización del Ayuntamiento. Tras un par de años en los que parecía que esta movilización popular se había desintegrado, los participantes en la obra decidimos organizamos y constituirnos en una Asociación Cultural: Bécquer en Fitero; estando formada su Junta Directiva por Jesús Yanguas (Presidente), Jesús Rupérez (Vicepresidente), Serafín Olcoz (Secretario), Barda Melero (Tesorera), Pedro Luis Calleja (vocal) y Estela Yanguas (vocal), con objeto de que no se perdiera esta representación popular y que incluso pudiera convertirse en una Fiesta de Interés Turístico, contando, claro, con la colaboración del Ayuntamiento y con el apoyo de más de un centenar de socios. En esta ocasión, readapté la escenografía para poder representarla en la centenaria Plaza de Toros y, nuevamente, a mediados de agosto de 2009, tuvimos otro éxito espectacular ya que acudieron más de 700 personas, muchas de ellas procedentes incluso de fuera de Navarra y que vinieron ex profeso para ver la obra. Lo que nos animó a volver a hacer un nuevo esfuerzo en 2010, dedicando la primera quincena de agosto a los ensayos y al montaje de los escenarios en la Plaza de Toros, para volver a ser recompensados con otro éxito notable: más de 500 personas, a mediados de agosto.
Vaya desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a todos los que, desinteresadamente y con gran esfuerzo e interés, contribuyeron y contribuyen a promocionar Fitero por medio de actividades culturales como, por ejemplo, la de esta representación de la leyenda de la Cueva de la Mora que, gracias a Bécquer, ya lleva más de siglo y medio poniendo a nuestra villa y su Historia en un lugar destacado y reconocido por todo el mundo.