Mostrando entradas con la etiqueta Bécquer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bécquer. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de marzo de 2011

Adaptación Teatral de la leyenda fiterana de Gustavo Adolfo Bécquer: La Cueva de la Mora

En la primavera de 2005 le propuse al alcalde de Fitero, Pachi Yanguas, organizar una representación teatral de la leyenda fiterana de Gustavo Adolfo Bécquer: La Cueva de la Mora. Contando con su apoyo, preparé una adaptación teatral de la leyenda con objeto de ser representada por un grupo de algo más de 40 magníficos actores voluntarios, de diversas edades, que tuve el honor de dirigir; así como de otras 20 personas más que estábamos entre bambalinas para asegurarnos de que todo salía como esperábamos. Mención especial requiere la inestimable y desinteresada colaboración del gran poeta y amigo Luis Alberto de Cuenca, que se avino a ponerle voz a la narración de Bécquer. La representación multimedia, pues además de las personas que actuaban en los escenarios en los que se podían identificar los castillos de Tudején y Caparroso, el río Alhama, la propia Cueva de la Mora y unas viñas cercanas a Baños de Fitero, en las que Bécquer ubicó su leyenda, también estaban las imágenes y el sonido que con tanto acierto montó Jesús Latorre, fue todo un éxito y hubo más de 600 personas que vieron la primera representación nocturna que hicimos en la Plaza de los Ábsides, reconvertida en magnífico teatro al aire libre para la ocasión (con una anfiteatro formado por las gradas portátiles que nos prestó el Ayuntamiento de Tudela). Tanto es así que al día siguiente tuvimos que volver a repetir la actuación, obteniendo otro aforo completo y, por tanto, un gran éxito de público en el que más de 1200 personas de Fitero y de muchos otros lugares cercanos y no tan próximos a Fitero disfrutaron de esta experiencia multisensorial, a mediados de agosto de 2005, que nos trasladó a mediados del siglo XIX y también a los del XI.
En enero de 2006, el Ayuntamiento nos distinguió a todos los que habíamos contribuido a recuperar esta obra de Bécquer para fomentar el turismo cultural en Fitero con el honroso premio de Fiterano del Año y, a mediados de agosto de ese mismo año, volvimos a representar la obra en el mismo lugar, contando con el apoyo y la organización del Ayuntamiento. Tras un par de años en los que parecía que esta movilización popular se había desintegrado, los participantes en la obra decidimos organizamos y constituirnos en una Asociación Cultural: Bécquer en Fitero; estando formada su Junta Directiva por Jesús Yanguas (Presidente), Jesús Rupérez (Vicepresidente), Serafín Olcoz (Secretario), Barda Melero (Tesorera), Pedro Luis Calleja (vocal) y Estela Yanguas (vocal), con objeto de que no se perdiera esta representación popular y que incluso pudiera convertirse en una Fiesta de Interés Turístico, contando, claro, con la colaboración del Ayuntamiento y con el apoyo de más de un centenar de socios. En esta ocasión, readapté la escenografía para poder representarla en la centenaria Plaza de Toros y, nuevamente, a mediados de agosto de 2009, tuvimos otro éxito espectacular ya que acudieron más de 700 personas, muchas de ellas procedentes incluso de fuera de Navarra y que vinieron ex profeso para ver la obra. Lo que nos animó a volver a hacer un nuevo esfuerzo en 2010, dedicando la primera quincena de agosto a los ensayos y al montaje de los escenarios en la Plaza de Toros, para volver a ser recompensados con otro éxito notable: más de 500 personas, a mediados de agosto.
Vaya desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a todos los que, desinteresadamente y con gran esfuerzo e interés, contribuyeron y contribuyen a promocionar Fitero por medio de actividades culturales como, por ejemplo, la de esta representación de la leyenda de la Cueva de la Mora que, gracias a Bécquer, ya lleva más de siglo y medio poniendo a nuestra villa y su Historia en un lugar destacado y reconocido por todo el mundo.

jueves, 24 de febrero de 2011

Excursión de Corella a Yerga, donde está el monasterio que nunca existió

El pasado domingo nos hizo un día precioso, muy soleado y con un cielo azul intenso. La organización de la excursión por parte del Ayuntamiento de Corella, con el apoyo del Grupo de Montaña Seioa, no pudo ser mejor ni estar más atenta con los participantes. Fuimos algo más de 330 personas, de todas las edades, las que nos reunimos en el polideportivo a eso de las 8 de la mañana para recoger nuestro dorsal e, inmediatamente después, comenzar la marcha. No todos éramos de Corella o de los pueblos vecinos como Cintruénigo o Fitero, sino que hubo mucha gente que había venido de diversas partes de toda Navarra, La Rioja, Aragón y también del País Vasco.
El primer avituallamiento tuvo lugar ya en La Rioja y poco después de pasar junto a la balsa de Portillo de Lobos. Después continuamos por el camino de Valdearañón hasta subir a la mitad de la falda de Yerga y aquí tuvo lugar la segunda parada y la división en dos grupos: los que siguieron por el camino que bordea el monte en dirección a Grávalos (esto es, los que desde el Portillo de Lobos siguieron parte de la muga del coto redondo del monasterio de Fitero, que hasta esta región llegaba por el noreste) y los que seguimos subiendo por el camino hasta llegar a la cima de Yerga para disfrutar de una preciosa vista, con el Moncayo nevado al fondo.
Tras dejar atrás el punto geodésico más alto de los alrededores del curso medio-bajo del Alhama, antes de su desembocadura en el Ebro, en Alfaro, empezamos a bajar por la cara norte de Yerga hasta llegar al merendero que hay junto a la fuente de Santa María y las ruinas de la ermita que los cistercienses de Fitero tuvieron allí. Por cierto que, aunque los vecinos de Autol representen con mucha ilusión y buen hacer la leyenda que Gustavo Adolfo Bécquer escribió durante su estancia en el balneario de Fitero, que hoy lleva su nombre, y en la que el poeta sevillano inmortalizó el mito de que el primer monasterio cisterciense de la península Ibérica tuvo su primera sede en dicha ermita (El Miserere, 1862); no nos queda más remedio que recordar que eso es una leyenda cuya base mítica también embaucó a Bécquer. Pues, en 1200, cuando los monjes de Fitero fundaron en Yerga la pequeña granja cisterciense, que les perteneció hasta la desamortización de Mendizábal, ya llevaban instalados en el valle del Alhama más de medio siglo, primero en el territorio alfareño donde estuvo la villa de Niencebas o Bienzobas (1140-1152) y después en Fitero, que entonces pertenecía a la también desaparecida villa de Tudején.
Este tercer y último avituallamiento nos dio fuerzas para continuar bajando por el camino que conduce hasta Grávalos, donde estaba previsto el final de la excursión (25,9 Kms). En el parking que hay junto a su recién reconstruido balneario –magnífica obra e instalaciones, que recomiendo visitar, por cierto- nos esperaba el autobús que nos llevó de regreso a Corella y así, a eso de las 2 de la tarde, concluyó una magnífica jornada en la que disfrutamos de las maravillas que la Naturaleza nos ofrece tan cerca de casa, aunque a veces nos parezca que están tan lejos y por eso, quizá, no las apreciemos como merecen.

martes, 22 de julio de 2008

Las dos leyendas fiteranas de Gustavo Adolfo Bécquer


Todavía hay quien cree que, además de El Miserere y de La Cueva de la Mora, el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) -en realidad: Gustavo Adolfo Domínguez Bastida- escribió alguna otra leyenda más, inspirada en su estancia en los Baños Nuevos de Fitero, balneario que lleva su nombre desde 1973. Ambas leyendas fiteranas fueron publicadas en el diario madrileño El Contemporáneo, concretamente, El Miserere vio la luz en el número 402, del 17 de abril de 1862 y, por su parte, La Cueva de la Mora lo hizo en el número 626, del 16 de enero de 1863. Sin duda, la visita y estancia de Gustavo Adolfo Bécquer en los Baños Nuevos de Fitero se produjo después de haberse casado, en 1861, con la hija del médico que le trataba su enfermedad en Madrid, Casta Esteban Navarro, natural de Noviercas.
Sin embargo, es oportuno añadir que, desde 1970, se sabe que la supuesta tercera leyenda fiterana, titulada La Fe Salva, en realidad no es una obra de Gustavo Adolfo Bécquer sino de Fernando Iglesias, que fue quien la sacó a la luz por primera vez, en 1923, como si hubiese sido recopilada de una supuesta publicación de Bécquer en el Almanaque de El Café Suizo, revista literaria madrileña que había en 1865.
Sería deseable que en la Oficina de Turismo de Fitero dejasen de vender panfletos desinformativos o que, si no pueden evitar semejante despropósito, aclarasen a los que estuviesen interesados en las leyendas fiteranas de Bécquer que sólo lo son las dos citadas y ninguna otra más.