sábado, 12 de marzo de 2011

Los Gigantes de la Cueva de la Mora

Con motivo de las fiestas patronales de San Raimundo de Fitero y en presencia de diversas autoridades, entre las que destacaba la del presidente del Gobierno Foral de Navarra, Miguel Sanz, la villa de Fitero ha estrenado esta mañana medio lluviosa de sábado los dos nuevos gigantes de la Cueva de la Mora, que representan a los protagonistas de una de las dos leyendas románticas que ideó el escritor sevillano Gustavo Adolfo Bécquer durante su estancia en Baños de Fitero, poco después de casarse en 1861 con Casta Esteban, natural de la no muy lejana localidad soriana de Noviercas.
Los nuevos gigantes corresponden al caballero cristiano, señor o tenente del fronterizo castillo pamplonés de Caparroso, y a la doncella mora, hija del alcaide del castillo zaragozano de Tudején (despoblado de Fitero). Plazas fuertes que, en 1073, recoge la Historia que participaron en un acontecimiento que vinculó a estas dos poblaciones mucho antes de que, desde 1374, ambas pasaran a pertenecer al reino de Navarra. En el siglo XI ambos castillos eran dos de las fortalezas más importantes existentes en la frontera de los reinos de Pamplona y Zaragoza, dándose la circunstancia de que los pamploneses conquistaron el castillo musulmán de Tudején poco antes de que, en represalia, los musulmanes que salieron de la zaragozana Tudela conquistaran el de Caparroso y provocaran la firma de las nuevas paces entre ambos reinos, cuya inmediata consecuencia fue la devolución de ambos castillos fronterizos a sus centenarios propietarios. Marco histórico en el que Bécquer situó la inviable historia de amor entre el caballero cristiano y su amada mora. A la que, poco antes de morir y aprovechando sus últimas fuerzas, intentó bautizar pero que parece que no lo consiguió y que, debido a ello, el ánima de ella todavía more en las proximidades de las ruinas del fiterano castillo de Tudején, saliendo todas las noches de la famosa Cueva en busca del agua del cercano río Alhama, con la que saciar la sed de su amado herido de muerte.
Sólo me queda añadir que, desde hoy, también es un gran motivo de satisfacción ver como estos gigantes de la Cueva de la Mora, cuyas vestimentas se han inspirado completamente en las que diseñamos y utilizamos en las representaciones teatrales de esta leyenda, en los meses de agosto de 2005, 2006, 2009 y 2010, hayan pasado a formar parte de la comparsa de gigantes y cabezudos que acompaña a los fiteranos en las grandes celebraciones. Por lo que tenemos otro motivo más para seguir agradeciendo a Bécquer que su obra y su fama sigan ayudando a promocionar la Villa y los Baños de Fitero.

El Humilladero de Grávalos, el más cercano a Fitero

Existen muchos Humilladeros en la geografía Ibérica, se trata de construcciones sencillas en las que hay una columna de piedra, sobre la que suele haber un Crucifijo, una Virgen o, como suele ser más habitual y es también el caso de Fitero, ambas figuras en una misma escultura popular ante la que los fieles se arrodillaban o humillaban, de ahí su nombre. Dada su ubicación como hito o mojón que estaba junto al camino más transitado de los que conducían a la entradas y salidas que había en las afueras del casco urbano de las villas o ciudades, como muestra de piedad entres sus vecinos y para fomentarla entre los viajeros que se acercaban a ellos, también se suele denominar a los Humilladeros o Cruceros como Cruz de Término.
A veces, como es el caso de Fitero, el Cristo del Humilladero está cubierto por un templete o incluso se puede haber convertido en una construcción más compleja, con su capilla y lugar de oración, siendo entonces considerados como ermitas, como en el municipio riojano de Grávalos, cuya ermita del Humilladero (posiblemente del siglo XVIII y de estilo barroco, aunque completamente reconstruida en el siglo XX) alberga la imagen de su co-patrona: la Virgen del Humilladero (La Piedad: Virgen con el cadáver de Cristo en brazos). Lugar que esta mañana invernal he visitado junto con mi amigo igeano Miguel Álvarez.
Otra característica de los Humilladeros es que están cerca de una fuente o pozo en el que los viandantes saciaban su sed. En Fitero tenemos que recordar que junto al Humilladero discurre el trazado de la primera acequia de piedra (hoy en día bajo tierra), que conducía el agua del río Alhama hasta el molino que los cistercienses construyeron junto al edificio del primer monasterio que tuvieron en Fitero desde 1152, antes de que se trasladaran al segundo y definitivo Monasterio de Fitero, cuya iglesia fue consagrada en 1247. Pero, sobre todo, que no lejos de allí, subiendo por la cuesta de la Mejorada, en la carretera que conduce a Baños de Fitero y a Grávalos, se encuentra la Fuente del Obispo. Al igual que, en Grávalos, a una distancia similar de la ermita gravaleña del Humilladero se encuentra también a las afueras de la población, en la carretera que conduce a Baños de Fitero y a Alfaro, la fuente Fon-Podrida, llamada así por el olor que exhalan sus saludables aguas sulfurosas que, desde 1843, son explotadas por el balneario de Grávalos que, con este fin, fue construido sobre ella y que recientemente ha sido reconstruido y ampliado con modernas y atractivas instalaciones que entrarán en funcionamiento el mes que viene.
En los alrededores de Fitero, el Humilladero de Grávalos es el único que todavía queda en pié. Por lo que podemos considerarlo como un elemento común que, junto con la existencia de balnearios en ambas localidades, debería contribuir a que fiteranos y gravaleños compartiéramos más cosas, a pesar de pertenecer a Comunidades Autónomas limítrofes.

viernes, 11 de marzo de 2011

El techo del Cristo del Humilladero de Fitero se está hundiendo

Hace tiempo que al tejado del templete cuadrangular que da cobijo a este Cristo del Humilladero le hace falta un buen retejado y algún que otro cuidado más. Especialmente, si las necesarias reparaciones se llevan a cabo con cierta urgencia y antes de que continúen ampliándose las peligrosas grietas de los arcos de ladrillo que soportan su moderna techumbre y de que continúe agrandándose el agujero que, desde principios de este año, hay en su falso techo. Esto es, antes de que la manifiesta desidia ponga en grave peligro al propio santuario.
Este Cristo del Humilladero, que debería estar catalogado como Bien de Interés Cultural de relevancia local, cuando menos, se encuentra en el lugar que fue conocido como el Paradero y que estaba ubicado en los extramuros de la villa hasta que, en 1845, fue derruido el cercano portal, junto con las ligeras y ruinosas fortificaciones de las que formaba parte esta entrada al cerrado recinto de Fitero, que dejaba a este monumental santuario fuera de lo que entonces era su casco urbano.
La construcción de este entrañable santuario data de poco antes del 28 de mayo de 1558 ya que en esta fecha hizo testamento el matrimonio formado por María Serrano y Juan Martínez de Azcoitia, que fue varias veces alcalde en la villa que, en 1482, habían fundado junto a su monasterio los cistercienses que llevaban instalados en este paraje desde 1152, y entre las voluntades expresadas por este matrimonio consta el mandato de que con los réditos de los 20 ducados que dejaban a tal efecto, se repararan tanto el Crucifijo como el Humilladero cuya construcción habían costeado. En el monumento ya no se conserva ese Crucifijo, aunque sí lo hace la columna que lo sustentaba, ni tampoco la primitiva techumbre del Humilladero. El primero fue reemplazado en 1948 por la escultura que para ello realizó Fausto Palacios Martínez (polifacético fiterano que también fue alcalde de la villa, entre 1955 y 1967) y que consiste en una cruz pétrea con un Cristo crucificado en su anverso y una imagen de la Virgen María con el niño Jesús en sus brazos, en el reverso, como publicó Ricardo Fernández Gracia. Fecha en la que también debió ser sustituida la segunda por la techumbre que ahora está en serias dificultades y que ya fue reparada en 1984 por el ayuntamiento, en una intervención que ocasionó la desgraciada rotura de uno de los brazos de la Cruz. Por lo que su alcalde, Carmelo Aliaga Hernández, ordenó entonces su inmediata reparación, cuyos nefastos efectos aún son visibles en la escultura. Así como, poco tiempo después, este primer alcalde constitucional también atendió la solicitud que le hicieron tres jóvenes fiteranos, preocupados por el Patrimonio Histórico de la villa, para que el Cristo del Humilladero no fuera desmantelado o trasladado a otro lugar fuera de contexto, debido a la presión inmobiliaria del momento.
Por lo que si ahora la autoridad municipal o foral que sea competente para ello se decidiera por fin a evitar que acabe hundiéndose el techo de este Humilladero y puede que con él lo haga también el resto del santuario, no vendría nada mal que también aprovechara estas obras de restauración para mejorar también su recinto, dotándolo de un pequeño jardín a su alrededor que hiciera aún más atractivo este pintoresco rincón del casco urbano de Fitero. A la vez que así se evitaría que los coches siguieran aparcando a tan sólo unos centímetros de las pilastras de sillería que sustentan el templete, haciendo más visible el santuario, y se facilitaría el acceso a los viandantes que quieran disfrutar de este insigne y recoleto monumento.
Finalmente, sería bueno que las autoridades se preocuparan por la conservación de este extraordinario monumento popular, de los pocos que aún se conservan en este estado en Navarra, para que no acabe hundiéndose y desapareciendo para siempre un elemento que merecería ser declarado Bien de Interés Cultural, al menos de carácter local.

jueves, 10 de marzo de 2011

La esperada mejora del puente de Fitero

Pascual Madoz Ibáñez, al tratar acerca de la voz Fitero en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, editado en 1847, recogió algunas noticias acerca del puente de piedra de sillería cuya última reconstrucción databa de 1591, tras habérselo llevado una crecida en 1588 y haber sido reemplazado por uno provisional, de madera, como publicó Ricardo Fernández Gracia, diciendo que: “Baña este terreno [de Fitero] el río Alhama que atraviesa el término en dirección SO hasta confluir con el Ebro cerca de Alfaro: en el puente que había sobre el mismo, a las inmediaciones de la villa, y que constaba de dos arcos semicirculares, se arruinó el uno la noche del 16 de septiembre de 1827 y amenazando el otro hacer lo mismo, se resolvió derribarlo y volverlo a construir, lo que se verificó en 1843, haciendo sus arcos más rebajados con los arranques de la hermosa Peña del Baño hasta encima de las aguas altas, y lo demás de ladrillo, resultando una obra sólida y elegante. Con este motivo, se ha hecho a su bajada opuesta, un hermoso paseo [del Barranco] de 4 hileras de árboles y 400 pasos de largo que progresa extraordinariamente y que hace la delicia de la población que lo frecuenta. Otro paseo poco menor se está formando un poco más lejos, en el sitio llamado Las Minas, que es más a propósito para el invierno, por el abrigo en que está.”.
En 1984 este puente sufrió una ampliación que no tuvo en cuenta su estética ni su función para los viandantes. El resultado fue horrendo: se le mutiló un tajamar y el gracioso balcón que había sobre él, en el que existía un banco corrido que fue testigo de agradables veladas veraniegas a la luz de la luna, y quedó casi intransitable para los peatones. Mientras que los dos estrechos carriles con los que se dotó a su piso, gracias a las feas planchas de cemento añadidas, sólo facilitaron el paso de dos vehículos pequeños ya que, al carecer de arcenes, si uno de ellos es un autobús, no hay forma de evitar que éste invada parte del otro carril, con el peligro que ésto conlleva.
Por fin, en septiembre de 2010, el Gobierno de Navarra destinó un máximo de 100.000 € para la realización de un estudio de mejora del acceso a Fitero desde la carretera nacional N-113 por la local NA-6900, contemplando el ensanche del puente sobre el río Alhama. Por lo que esperemos que su resultado sea bello a la vez que funcional y seguro, tanto para las personas como para los vehículos; y que esta obra sea el preludio de las también esperadas mejoras que se necesitan en el otro acceso desde la N-113, que igualmente confluye en el puente por la carretera local NA-6991, y cuyo estado hace muchos años que es bastante lamentable.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Calatrava y las señas de identidad de Fitero

Fue en un mes de enero, sólo que del año 1158, cuando los destinos de Fitero y Calatrava quedaron entrelazados para siempre. Entonces, la corte itinerante del rey de Castilla, Sancho III el Deseado, se encontraba en Almazán (Soria). Allí fue donde el ultra-pirenaico Raymond, primer abad del primer monasterio cisterciense que esta Orden fundó en la Península Ibérica, recibió la villa de Calatrava (Carrión de Calatrava, Ciudad Real), con objeto de que, junto a sus compañeros cistercienses, ayudara al rey de Castilla a defenderla de “los paganos enemigos de Cristo”.
No es de extrañar la confianza que depositó este rey en aquellas cogullas blancas pues los cistercienses, como si de Cascos Azules se tratara, ya habían demostrado durante casi dos décadas su valía como mediadores de la Paz en el Fitero, frontera o mojón en el que, desde 1134, Castilla lindaba con los nuevos reinos de Pamplona y Aragón.
De hecho, el 15 de abril de 1157, estando la corte del susodicho rey en Toledo y contando éste con el consentimiento de su padre, el emperador Alfonso VII, ya había recompensado a Raymond y a su monasterio con el señorío del castro castellano de Tudején (antecesor de la moderna villa navarra de Fitero), por la labor diplomática y pacificadora llevada a cabo entre los más importantes reinos cristianos. Trayectoria vital que contradice las míticas leyendas bélicas que aún distorsionan la hagiografía del Patrón de Fitero. Ya que, en vida de San Raimundo (fallecido hacia 1163 y enterrado en la villa toledana de Ciruelos, aunque sus restos descansan en la catedral de Toledo), no hay noticias de que la milicia cisterciense que él fundó (dirigiendo la multitud de seglares que le acompañaron desde Fitero a Calatrava) entablara ninguna batalla. Con el tiempo, esta milicia evolucionó hasta convertirse en la Orden Militar de Calatrava que, varios siglos después, adoptó como signo distintivo la cruz acolada que aún se conoce como Cruz de Calatrava y cuyo vivo color gules, desde mediados del siglo XX, adorna y forma parte del escudo y, por tanto, de las señas de identidad de Fitero. Por lo que aprovecho para felicitar al Ayuntamiento de Fitero porque siga manteniendo dicho símbolo a pesar de que recientemente se haya podido poner en cuestión.

sábado, 5 de marzo de 2011

Adaptación Teatral de la leyenda fiterana de Gustavo Adolfo Bécquer: La Cueva de la Mora

En la primavera de 2005 le propuse al alcalde de Fitero, Pachi Yanguas, organizar una representación teatral de la leyenda fiterana de Gustavo Adolfo Bécquer: La Cueva de la Mora. Contando con su apoyo, preparé una adaptación teatral de la leyenda con objeto de ser representada por un grupo de algo más de 40 magníficos actores voluntarios, de diversas edades, que tuve el honor de dirigir; así como de otras 20 personas más que estábamos entre bambalinas para asegurarnos de que todo salía como esperábamos. Mención especial requiere la inestimable y desinteresada colaboración del gran poeta y amigo Luis Alberto de Cuenca, que se avino a ponerle voz a la narración de Bécquer. La representación multimedia, pues además de las personas que actuaban en los escenarios en los que se podían identificar los castillos de Tudején y Caparroso, el río Alhama, la propia Cueva de la Mora y unas viñas cercanas a Baños de Fitero, en las que Bécquer ubicó su leyenda, también estaban las imágenes y el sonido que con tanto acierto montó Jesús Latorre, fue todo un éxito y hubo más de 600 personas que vieron la primera representación nocturna que hicimos en la Plaza de los Ábsides, reconvertida en magnífico teatro al aire libre para la ocasión (con una anfiteatro formado por las gradas portátiles que nos prestó el Ayuntamiento de Tudela). Tanto es así que al día siguiente tuvimos que volver a repetir la actuación, obteniendo otro aforo completo y, por tanto, un gran éxito de público en el que más de 1200 personas de Fitero y de muchos otros lugares cercanos y no tan próximos a Fitero disfrutaron de esta experiencia multisensorial, a mediados de agosto de 2005, que nos trasladó a mediados del siglo XIX y también a los del XI.
En enero de 2006, el Ayuntamiento nos distinguió a todos los que habíamos contribuido a recuperar esta obra de Bécquer para fomentar el turismo cultural en Fitero con el honroso premio de Fiterano del Año y, a mediados de agosto de ese mismo año, volvimos a representar la obra en el mismo lugar, contando con el apoyo y la organización del Ayuntamiento. Tras un par de años en los que parecía que esta movilización popular se había desintegrado, los participantes en la obra decidimos organizamos y constituirnos en una Asociación Cultural: Bécquer en Fitero; estando formada su Junta Directiva por Jesús Yanguas (Presidente), Jesús Rupérez (Vicepresidente), Serafín Olcoz (Secretario), Barda Melero (Tesorera), Pedro Luis Calleja (vocal) y Estela Yanguas (vocal), con objeto de que no se perdiera esta representación popular y que incluso pudiera convertirse en una Fiesta de Interés Turístico, contando, claro, con la colaboración del Ayuntamiento y con el apoyo de más de un centenar de socios. En esta ocasión, readapté la escenografía para poder representarla en la centenaria Plaza de Toros y, nuevamente, a mediados de agosto de 2009, tuvimos otro éxito espectacular ya que acudieron más de 700 personas, muchas de ellas procedentes incluso de fuera de Navarra y que vinieron ex profeso para ver la obra. Lo que nos animó a volver a hacer un nuevo esfuerzo en 2010, dedicando la primera quincena de agosto a los ensayos y al montaje de los escenarios en la Plaza de Toros, para volver a ser recompensados con otro éxito notable: más de 500 personas, a mediados de agosto.
Vaya desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a todos los que, desinteresadamente y con gran esfuerzo e interés, contribuyeron y contribuyen a promocionar Fitero por medio de actividades culturales como, por ejemplo, la de esta representación de la leyenda de la Cueva de la Mora que, gracias a Bécquer, ya lleva más de siglo y medio poniendo a nuestra villa y su Historia en un lugar destacado y reconocido por todo el mundo.

viernes, 4 de marzo de 2011

Cueva Ladrones, un hito que unía Fitero y Grávalos

Hace un par de fines de semana acompañé a mi amigo José Antonio Frías a visitar las renovadas instalaciones del balneario riojano de Grávalos, que celebraba unas jornadas de puertas abiertas en las que el propio alcalde, Jorge Abad, hacía de cicerone de lujo. La verdad es que vale la pena verlo, tanto para los que no conocían las antiguas instalaciones como para los que tuvimos la suerte de recorrer las que casi podríamos considerar como sus abandonadas ruinas decimonónicas. Tras la interesante visita, aprovechamos el camino de regreso a Fitero por la carretera que va a Alfaro y a los Baños de Fitero (LR-385), para hacer una parada poco después de pasar la curva más angosta que hay en ella, a poco más de 3 kms del nuevo balneario gravaleño.
Una vez aparcado el coche, volvimos sobre nuestros pasos por el arcén más cercano a la falda de la sierra de Yerga, cuyo somontano habíamos venido bordeando, y bajamos al fondo del barranco del Sotillo, por el que surca el riachuelo que pasa por debajo de esta carretera, justo en el citado congosto, donde también cambia su nombre por el de barranco de Valdeladrones.
Allí, al sur de la carretera y enfrente de Rabiñuelas (apócope de Larrate Viñuelas), en el término de la Raícilla, le mostré a mi amigo la sorprendente ubicación de la gran cueva que hay junto al poderoso pilar del puente: Cueva Ladrones, y aproveché para contarle que, antiguamente, este lugar era el último de los mojones que circundaban el coto redondo del monasterio de Fitero, limítrofe entonces con los términos de Grávalos. Nos habíamos remontado nada menos que hasta 1168, que es la fecha en la que el rey de Castilla, Alfonso VIII el Bueno, le otorgó a su monasterio de la frontera con los reinos de Aragón y de Pamplona los términos que constituyeron su territorio o coto redondo. También le comenté que allí hubo hasta un molino y otras construcciones de interés, hoy desaparecidas. Así como que hace no demasiados años, tan idílico y oculto paraje era el escogido por las parejas de recién casados para hacerse el reportaje fotográfico de la boda recién celebrada en Grávalos. Quizá un día no muy lejano, los vecinos de Grávalos se decidan a recuperar Cueva Ladrones, enlazando su romántico enclave con una senda que permita llegar a él desde el mismo balneario, añadiendo así un motivo más para visitar esta localidad y su balneario.
Lástima que por ahora la verja que cierra el paso al jardín que hay delante de la vivienda particular, edificada en la propia cueva, no nos permitió visitar su interior. No obstante, captamos la fuerza telúrica que emana de ella y aprovechamos para disfrutar de las cristalinas aguas del riachuelo que discurre a la vera de la cueva, tan transparentes como sólo las recordábamos haber visto en los ibones del lejano Pirineo aragonés. Y así completamos nuestra breve visita a Grávalos, no sin que antes mi amigo José Antonio anotara en su agenda que tenía que comentar esta excursión con su amiga Clara Fraile y que pensaba regresar pronto a Cueva Ladrones.