sábado, 16 de abril de 2011

La casa del Soto

La casa del Soto es una de las construcciones más antiguas de la Villa pues data de mediados del siglo XVII, destacando por su aislada ubicación en medio del Soto, término del que tomó su nombre. Su misión inicial fue la de apoyo para los trabajos agrícolas que los cistercienses de Fitero realizaban en sus inmediaciones, así como la de servir como casa de descanso y salud ya que, junto a ella, manaban dos fuentes, una de agua normal y otra de aguas sulfurosas cuyas propiedades medicinales parece que no han sido analizadas todavía.
Su construcción la realizó el fiterano Pedro Angós Mañero, entre 1671 y 1673. Dándose la circunstancia de que los monjes de Fitero entablaron un pleito con él, a la hora de pagarle la obra que le habían encargado, siendo necesaria la intervención de tasadores que mediaran y arbitraran entre ambas partes para poder ajustar el pago de los costes correspondientes.
El edificio consta de dos plantas, la baja de sillares de piedra y las superiores de ladrillo, así como un ático, destacando en su interior su impresionante escalera que sólo se puede visitar si se habla con sus actuales propietarios particulares. Las últimas obras que éstos realizaron hace un lustro, poco más o menos, eliminaron las ruinas de los corrales y cobertizos que había en su parte posterior y reforzaron el sobremuro que rodea el piso inferior de la casa. También repararon los alrededores del nacedero de la fuente cuyas escaleras de piedra y acceso al acueducto-desagüe que, sorprendentemente, pasa por debajo de la misma casa, atravesándola de lado a lado para comunicarse, quizá, con el estanque o pesquera que había en medio de la finca hasta 1835, aún son los originales.
Como bien recogió Ricardo Fernández Gracia, Pedro Angós Mañero, nacido en Fitero en noviembre de 1625, fue el segundo miembro de una dinastía de artistas: albañiles, arquitectos y escultores que progresó en Fitero, desde la llegada del homónimo padre de éste a la villa navarra, procedente de la limítrofe ciudad aragonesa de Tarazona, poco tiempo antes, hasta mediados del siglo XIX. Siendo Juan de la Cruz Angós Aliaga, el último miembro de esta dinastía de artistas, a quien la Villa le dedicó la calle que aún lleva su primer apellido, como también señaló Manuel García Sesma. Quién, por cierto, publicó que en 1835 el Soto tenía 90 robos y estaba poblado de árboles, con un estanque en medio de la finca y cuya casa tenía derruida la parte del fondo.
Sería muy de agradecer que las autoridades municipales lo señalaran adecuadamente, documentando algunas noticias relacionadas con su historia, para mayor disfrute de quienes visiten nuestra Villa y paseen por sus agradables contornos, y que también lo declararan como Bien de Interés Cultural, al menos de carácter local, a esta magnífica construcción rural cuya impresionante presencia en mitad del Soto alegra la vista de los que disfrutamos al pasear por estos parajes. Sin duda, uno de los más bonitos de Fitero o, por lo menos, uno de mis preferidos.

viernes, 15 de abril de 2011

Crónica de un hundimiento anunciado

Esta semana ha movido algo el aire en Fitero y se han desprendido varias tejas del Humilladero de las que, por cierto, nadie se ha molestado aún en retirar sus cascotes de sus inmediaciones.
Dentro de lo que cabe, se puede decir que ha habido suerte pues no han causado daños materiales a ningún transeúnte ni tampoco a ninguno de los vehículos que, lamentablemente, suelen aparcar tan cerca de las columnas del propio monumento popular que, de haber estado ahí estos días, no hay duda de que le habrían ocasionado un mal trago a las respectivas compañías de seguros.
Miedo da pensar qué habría ocurrido si alguna de estas tejas le hubiera caído a algún niño o a algún anciano que, movido por la curiosidad, se hubiera acercado a ver el interesante Cristo del Humilladero.
Los desperfectos cada vez son mayores. Las grietas del arco se que sustenta el templete por la cara norte, la más cercana a la carretera que pasa junto a él, se han abierto un poco más. Así como también lo ha hecho el agujero del falso techo que hay en el interior del templete del Humilladero.
Es posible que, si mueve un poco más de Cierzo, no sólo se caigan algunas tejas más sino que acabe por desplomarse este monumento del siglo XVI y que sus escombros también se lleven por delante la escultura que hizo Fausto Palacios Martínez, en 1948.
Ya que estamos resignados a esperar el hundimiento de este templete, creo que, al menos, las autoridades, que parece que ni sienten, ni padecen por el devenir del patrimonio de los fiteranos, y, menos aún, por desarrollar su potencial, haciendo de Fitero una villa con rincones cada vez más atractivos, tanto para los que vivimos en ella como para los que nos visitan o podrían llegar a visitarnos, debieran poner algunas señales que advirtieran del peligro de hundimiento del Humilladero. De paso, quizá podrían también acordonar la zona para evitar posibles desgracias materiales o incluso personales pues cada vez parece más probable que estemos escribiendo la crónica de un hundimiento anunciado.
Ni qué decir tiene que mejor que todas estas medidas sería de agradecer la urgente y responsable intervención que evitara la pérdida de este monumento, que llevara a cabo su restauración, que acondicionara su entorno, dotándolo de una zona ajardinada, y que, para evitar futuros desperfectos y para asegurar su disfrute por generaciones venideras, fuera declarado Bien de Interés Cultural. Aunque sólo sea de carácter local, cosa para la que, por cierto, tiene potestad y competencias el propio Ayuntamiento de la Fitero.

lunes, 11 de abril de 2011

La elera o nevera de San Valentín o de los frailes

El nombre de elera es un navarrismo con el que se designa al castellano nevera, el cual significa: "sitio en que se guarda y conserva la nieve", formando capas de hielo que se separaban entre sí por medio de finas capas de paja. De la existencia de eleras en Fitero quedan el edificio de la elera de San Valentín o de los frailes, escondida entre los olivos, el camino de Fitero a Valverde (Cervera del Río Alhama) o camino de Las Eleras y el término de la Vega llamado Las Eleras, que está situado en la vega del arroyo Añamaza, justo en el límite con el de San Valentín o Tudején, pues ésta era la advocación de la iglesia de esta desaparecida villa cuyas ruinas, las de la iglesia y las de las casas de la villa, aún son visibles.
Las eleras se construían para recoger la nieve abundante en invierno y guardarla en ellas, en forma de hielo, para venderla en el verano. El hielo se empleaba con propiedades curativas además de usarlo para hacer helados y tomar bebidas frías, teniendo su uso como crioterapia en el Renacimiento. En la base de todas las teorías sobre el uso de la crioterapia está la concepción filosófico-médica procedente de la antigüedad, según la cual el hombre compuesto de los cuatro elementos (tierra, aire, agua y fuego = atrabilis, sangre, flema, bilis), está regulado en su equilibrio por las cuatro cualidades fundamentales, húmedo, seco, cálido y frío. Las enfermedades, según esta teoría, consisten en un desequilibrio entre los humores y toda la terapéutica de la medicina humoral consiste en volver a conseguir el equilibrio.
La primera noticia sobre la existencia de eleras en Fitero data de 1614, año en que se construyó la elera del Soto, de la que sólo queda noticia documental de las condiciones en las que el Monasterio de Fitero realizó s arriendo a un vecino de Alfaro, el arquitecto alfareño Juan de Irigoyen y Macaya. Pues su cúpula desapareció y su pozo rellenado y cubierto por el camino, poco antes de llegar a la famosa Cueva de la Mora, y cada vez resulta más difícil ver sus restos. Aunque también se suelen ver los trazados circulares de las cercanas pozas con las que se recogía el hielo para esta nevera, que estaban situados entre ella y la Casa del Soto, especialmente en verano y desde lo alto de Sancho Abarca.
En 1619 algunos vecinos de Fitero con licencia del monasterio abrieron cerca del Castillo de Tudején, en San Valentín; hasta once pozos para remojar el cáñamo, pero la villa intentó aprovecharse de la nueva industria y el comercio del hielo, convertirlos en eleras, de ahí el citado término de Las Eleras que aún recuerda este episodio. El monasterio se enteró y acudió a la Real Corte del Reino de Navarra y consiguió que los pozos se volviesen a usar para el cáñamo. Poco después, en 1621 los vecinos de Fitero hicieron unas eleras y pozas en Tudején, pero el monasterio acudió de nuevo a la Corte y, en 1624, consiguió que los vecinos que abrieron las eleras, volviesen a cerrarlas. En 1658, Juan Berrozpe, Diego Gómez Coronel, Sebastián de Vergara y Lucas Lafuente abrieron cuatro eleras, pero el monasterio consiguió que se cerrasen en 1660. Otro caso parecido sucedió también en 1667.
La elera de San Valentín es la única cuyo edificio se conserva en buena medida pues, aunque ha perdido la caseta anexa que existía en su vertiente meridional, se mantiene casi en perfecto estado su pozo cilíndrico de mampostería cubierto de una cúpula compuesta por una bóveda semiesférica de ladrillo superpuesta a un cimborrio de planta hexadecagonal en el que hay cuatro ventanas abiertas a ras de tierra y alineadas con sus dos ejes principales, manteniendo la ventana meridional la polea con la que se subía el hielo para su comercio. Aunque cada vez tiene menor profundidad ya que en su interior se han venido echando los sillares del poblado romano-medieval de Tudején, cuyos restos aún son visibles a su alrededor. La fecha de su construcción no se conoce con certeza, aunque es posterior a la elera del Soto, pero no mucho más ya que en 1655 se había cerrado. Al menos temporalmente ya que consta que fue vendida como consecuencia de la desamortización de 1820 y que, al producirse la desamortización definitiva de 1835, también figura entre los bienes inventariados al Monasterio de Fitero, deduciéndose que estaba en uso ya que de ella se dice que se conservaba con su caseta, puerta y llave.
Sería bueno que las autoridades se preocuparan por la conservación de este extraordinario edificio, de los pocos que aún se conservan en este estado en Navarra, para que no acabe hundiéndose y desapareciendo para siempre un elemento que merecería ser declarado Bien de Interés Cultural, al menos de carácter local. También sería de agradecer su correcta señalización, así como la adecuación de un paso que facilite su acceso desde el camino para que los visitantes puedan disfrutar de este magnífico rincón de Fitero.

sábado, 9 de abril de 2011

El origen del nombre de Fitero

La palabra Fitero significa hito o mojón y su etimología procede del latín vulgar fictu que, a su vez, tiene su origen en la palabra latina fixum, que quiere decir fijo o fijado y que es precisamente la función que tienen los mojones como elementos delimitadores de una frontera o término. Sin embargo, no es esta función la que dio el nombre a la villa navarra de Fitero ya que ésta, al ser fundada por el abad cisterciense fray Martín de Peralta, en 1482, lo heredó del sobrenombre que varios siglos antes había adoptado el monasterio cisterciense que fundó San Raimundo en la margen izquierda del río Alhama. Así que para conocer los orígenes del nombre de la villa de Fitero hay que remontarse a los del nombre del monasterio de Fitero.
En 1140, fray Raymond, al frente de la comunidad monástica con la que vino de allende los Pirineos, se instaló provisionalmente cerca de las ruinas de la villa castellana de Niencebas (despoblado de Alfaro, limítrofe con Fitero), que se había quedado desierta recientemente. Poco después, Raymond empezó a adquirir terrenos en la limítrofe villa castellana de Tudején (despoblado de Fitero), en el lugar denominado entonces como Castellón (Barrio Bajo de la actual villa de Fitero) y al que su comunidad se trasladó en 1152. Así Raymond comenzó a dejar de ser citado como abad de Niencebas, para empezar a ser conocido como abad del Monasterio de Castellón.
En octubre de 1146, Alfonso VII el Emperador vino a su castro de Tudején para entrevistarse con su yerno, García Ramírez IV el Restaurador del reino de Pamplona, con objeto de convencerle de que cesara la guerra que éste mantenía con el conde Barcelona, Raymond Berenguer IV el Santo, que era cuñado del rey castellano, por la herencia del reino de Aragón y Pamplona, que ambos se disputaban desde la muerte de Alfonso I el Batallador, acaecida en 1134. El emperador además de buscar la paz entre sus vasallos y vecinos, buscaba el apoyo de ambos parientes para emprender la reconquista de Almería, cosa que efectivamente hizo en 1147. Seguramente, fue entonces, en aquél mes de octubre de 1146, cuando Alfonso VII fijó el mojón de Castilla con Pamplona y Aragón en el actual cabezo fiterano de Pañetero o Peña de Fitero, donde se juntaban los términos de Tudején, Cintruénigo y Tarazona. Lo que concuerda conque sea precisamente el año 1147, en el que por primera vez consta la adquisición, por parte del abad Raymond, de un terreno ubicado en el término de Fitero.
Este Fitero, trifinium o Mojón de los Tres Reyes fue trasladado en 1168 a su actual ubicación, señalada en el hito con forma de prisma triangular que hay en el arcén de la carretera nacional N-113, donde ahora se juntan las Comunidades Autónomas de La Rioja, Navarra y Aragón (aunque todavía constan las provincias de Logroño, Navarra y Zaragoza), con motivo de la dotación del coto redondo que hizo el rey de Castilla, Alfonso VIII el Bueno, a su Monasterio de Fitero a partir de los términos de las villas de Tudején y de Niencebas, verdadero antecedente del actual término municipal de Fitero. Confirmándose, también ese mismo año de 1168, el nuevo y definitivo nombre que había venido adquiriendo el monasterio fundado por Raymond como el Monasterio de Fitero o de la frontera. Nombre con el que, poco a poco, había comenzado a ser denominado, en detrimento de sus apelativos previos de Monasterio de Castellón y de Niencebas, que acabaron siendo olvidados.
Por cierto, el nombre de la villa navarra de Fitero nada tiene que ver con el de la homónima villa que existía a orillas del río Pisuerga, desde el siglo X, que fue hito o mojón entre los reinos de León y Castilla, y que acabó dando lugar a las localidades fronterizas de Itero de la Vega (Palencia) e Itero del Castillo (Burgos), que están unidas por el famoso y simbólico Puente Fitero del Camino de Santiago. Siendo a aquella villa de Fitero del Río Pisuerga, que ya existía mucho antes de que Raymond y sus compañeros cistercienses acabaran asentándose en la también villa castellana de Tudején, cuando aún no se había fijado el Fitero de Castilla con Pamplona y Aragón, a la que se hace referencia en el famoso cantar castellano: Harto era Castilla / menguado rincón / cuando Amaya era corte / y Fitero el mojón.
No estaría nada mal que las autoridades de los tres ayuntamientos limítrofes, en colaboración con las de las tres autonomías a las que pertenece cada uno de ellos, se decidieran a recuperar este espacio, dotándolo de una infraestructura en la que podría haber una zona de descanso y de recreo, además de un panel informativo. De modo que pueda volver a convertirse en un rincón de interés turístico y cultural, como lo fue en el pasado, antes de que fuera asfaltada la actual carretera N-113, cuando junto al hito había un monumento que distinguía su ubicación. Ya que ahora, dada su inalcanzable situación para los transeuntes y las dificultades existentes para poder aparcar en sus inmediaciones, hace que difícilmente lleguen a fijarse en el extraordinario Mojón de los Tres Reyes los conductores que pasan junto a él, en sus vehículos, y menos aún a darse cuenta de su significado.

viernes, 8 de abril de 2011

La conexión de Fitero y Borgoña: el Cister

En 1098, el monje benedictino Robert abandonó el Monasterio cluniacense de Molesmes (Borgoña) que había fundado en 1075, en compañía de otros 21 monjes, entre los que destacaban el prior Alberic y Etienne Harding, para fundar un nuevo monasterio en el que vivir de una forma más pura o con una estricta observancia de lo estipulado en la Regla de San Benito de Nursia. Así se fundó el Monasterio de Cîteaux o de Cister (Saint Nicolas les Cîteaux, Cöte dOr, Francia), en el ducado de Borgoña.
San Roberto de Molesmes regresó a éste monasterio en 1099 y San Alberico le sucedió al frente de Cister, consiguiendo la dependencia del Papa. Tras la muerte de Alberic, en 1108, fue reemplazado al frente de la comunidad monástica por Etienne Harding, posteriormente conocido como San Esteban, y durante su abadiazgo estuvieron a punto de abandonar este proyecto religioso y desaparecer. Así parece que habría sido de no ser porque, en 1113, ingresó Bernard de Fontaine con varios familiares y amigos de la nobleza borgoñona que ayudaron a la revitalización de Cister. Ese mismo año comenzó la expansión por el ducado de Borgoña con la fundación del Monasterio de La Ferté en Grosne (St. Ambreuil, Saône et Loire) y, en 1114, la del Monasterio de Pontigny (Yonne). En 1115 los cistercienses cruzaron la frontera del vecino condado de Champagne, donde fundaron el Monasterio de Morimond (Fresnoy en Bassigny, Haute-Marne) y también el de Clairvaux (Ville-sous-Laferté, Aube) o de Claraval, que es también el sobrenombre por el que se conoce a su fundador y primer abad, el citado santo Bernardo de Claraval. A su vez, cada uno de estos cuatro monasterios se convirtió en una Casa Madre y junto con la de todos ellos, Cister, comenzaron a fundar sus propias filiales por toda Europa.
Uno de los casi 30 monasterios filiales que Morimond fundó a lo largo de su historia, fue el que estos cistercienses consagraron en 1131, en la vertiente francesa de los Pirineos. Concretamente en Cabadur (Gripp, Hautes-Pyrénées), en el condado de Bigorra. Aunque, en 1148, esta comunidad se trasladó a su ubicación definitiva, renombrando su monasterio como l’Escaladieu (Bonnemazon, Hautes-Pyrénées), estando ambos lugares muy cerca de Saint Gaudens (Haute-Garonne), de donde era natural Raymond. El cual, tras haber profesado como monje en Cabadur, cruzó los Pirineos al frente de otros doce cistercienses para fundar el monasterio de Niencebas (despoblado de Alfaro), en 1140, que acabó trasladándose a su ubicación definitiva de Fitero, en 1152. Dando así este sobrenombre tanto al primer monasterio cisterciense de la Península Ibérica, como a su primer abad y fundador: San Raimundo de Fitero, que también fue el fundador de la Orden Militar de Calatrava.
Largo trayecto el que recorrieron estos monjes para llegar desde el antiguo ducado de Borgoña hasta Fitero, a mediados del siglo XII. Recorrido que entusiasmó a mi amigo José María Yanguas Garraleta, más conocido como "Chema", con el que disfruté muy buenos ratos y, especialmente, cuando le ayudé a preparar la excursión que realizó con su moto, en 2004, por éstas y otras rutas cistercienses, pocos meses antes de fallecer de manera absolutamente inesperada. Aún recuerdo su emocionante llamada telefónica de aquella tarde del sábado 22 de mayo, cuando yo iba conduciendo, camino de Logroño, para disfrutar en el teatro Bretón del magnífico concierto que entonces ofreció María Bayo, justo después de que acabara de caer una tremenda pedregada entre Alfaro y Rincón de Soto. Chema me llamó desde Morimond, a dónde acababa de llegar, y fue lo primero que hizo, para decirme: “Está atardeciendo y la puesta de Sol aquí es preciosa. No sabes lo feliz que me siento a las puertas de este monasterio, tan importante para los fiteranos. Aunque ya no quedan restos de la época de San Raimundo, da igual. Pues me parece sentir la presencia de los abades que se reunieron aquí, en Capítulo General, en 1158, y decidieron defenestrar a nuestro Patrón, expulsando del Cister al Monasterio de Fitero y a la Orden de Calatrava”. Qué buena persona era Chema y ¡qué buen fiterano! Aún recuerdo su sonrisa perenne y su continua intención de agradar y de hacer el bien a todo el mundo. Ojalá sirvan estas líneas como un humilde homenaje en recuerdo de Chema.

lunes, 4 de abril de 2011

Término Abatores, Los Lavatores

Abatores, como bien señaló Manuel García Sesma, es la aféresis de Lavatores, plural del sustantivo latino lavator: lavador, lavadores. La pista etimológica de este topónimo fiterano la encontró en el Catálogo Documental de la Ciudad de Corella, publicado por Florencio Idoate. Concretamente, en una referencia al lugar de las afueras de Fitero conocido como Los Lavatores, que se citaba en el extracto de un documento acerca de un pleito sostenido ante la Chancillería de Valladolid, en 1751, por Corella y el Monasterio de Fitero, a propósito de un regadío en dicho término, en el que se invocaban sentencias de 1530 y posteriores. Si bien añadió que ignoramos el motivo específico por el que se le dio este nombre, aunque indudablemente estuvo relacionado con el agua.
Lo más probable es que el topónimo Abatores haga referencia a Lavatores Lanae, que es la denominación latina de la primera operación o proceso de transformación que sufre la lana, tras el esquilado a tijera de las ovejas en el Guache, para acabar transformándose en un paño. En la Edad Media, la industria pañera realizaba esta transformación por medio de una cadena de operaciones que se realizaban en diversos talleres altamente especializados, estando la mayoría de ellos ubicados en las afueras de las poblaciones, por motivos de salubridad, a modo de lo que hoy se consideraría una especie de polígonos industriales. Primero se realizaba una serie de labores preparatorias que comenzaban por el lavado de la lana, incluyendo su secado al sol, así como su estibado en sacas, tras haberla pesado y marcado. A continuación se realizaban el apartado, cardado, peinado e hilado de la lana; para pasar a las operaciones que concluían con su verdadera transformación y acabado por medio del tejido, tintado, abatanado, cardado (oficio de los pelaires), tundido y apuntado del paño, por citar las más importantes.
Por lo que, de confirmarse esta hipótesis, el topónimo Abatores haría referencia al lugar en el que se encontraban las instalaciones del taller del lavado o lavadero de la lana procedente de la abundante ganadería ovina trashumante que poseyó el Monasterio de Fitero y cuya explotación y comercio le supuso una importante fuente de ingresos, especialmente a partir del siglo XV. Por lo que el hecho de que estos lavaderos no se mencionen en el inventario de los bienes desamortizados al Monasterio de Fitero en 1835, sería un indicador de que habrían caido en desuso bastante tiempo antes y de que el término Abatores sería así uno de los pocos recuerdos que nos han quedado de la existencia en Fitero de unos artesanos, una industria y un modo de vida que desaparecieron hace ya mucho tiempo.
El agua usada en los Lavatores Lanae debía proceder del pozo de la Jacinta, transformado en la década de los años 70, del pasado siglo, en el actual pantano del Olmillo.

viernes, 1 de abril de 2011

La lápida borrosa y solitaria de la carretera de Ágreda

El peligro del firme de la carretera local NA-6991, que conduce a Ágreda (Soria) a través de la nacional N-113, es tan grave que hasta han puesto un cartel, que destaca por su vivo color amarillo fosforescente, para que lo tengan en cuenta quienes se atrevan a circular por su casi único carril. Cosa que no está nada mal para aquellos que estén dispuestos a correr el riesgo de tener que salirse de la calzada, si se encuentran con otro vehículo en dirección contraria, o a dejarse los amortiguadores en cualquiera de sus innumerables y parcheados baches. Aunque aún sería mejor si, además de este cartel, pudiéramos ver muy pronto otros avisos que anuncien el comienzo de las obras de ampliación y mejora de esta carretera, cuya recuperación y reforma hace tiempo que debería haberse puesto en marcha. Especialmente cuando recordamos que en su trazado se ha recuperado el circuito de las antiguas pruebas automovilísticas de la que, en la década de los años ochenta del pasado siglo, llegó a ser la famosa Subida a Valdeza, y que han sido renombradas como Rally Villa de Fitero, celebrándose anual e ininterrumpidamente desde 2007. Pues también hay que destacar que estas competiciones de montaña, únicas en la Ribera de Navarra, son un interesante foco de atracción turístico-deportivo que se debería aprovechar para que los amantes de este deporte visiten Fitero y descubran los tesoros que ofrece nuestra villa.
Al margen de cual sea el estado presente y futuro de esta carretera local, cabe llamar la atención sobre un objeto curioso que hay en ella o, mejor dicho, junto a ella. Concretamente, en el talud que hay junto a su arcén derecho, tras dejar atrás el casco urbano y subir la cuesta que permite salir de la hoya del Puente y poco antes de llegar al camino que lleva hasta Roscas. Allí se encuentra una lápida borrosa y solitaria cuya inscripción hace mucho tiempo que es completamente indescifrable pero que, gracias a la obra del historiador fiterano Manuel García Sesma, aún podemos saber a qué funesto suceso hace referencia y saciar así la curiosidad de quienes pasan junto a ella al pasear por tan agradable paraje: Es el hito funerario de Celestino Córdoba: un vecino de Olvega [Soria], que murió trágicamente en este sitio, el 12-XII-1921, a los 48 años. Venía a Fitero a comprar vino, con un carro. Se desbocó la mula y al tirarse Celestino imprudentemente por delante del carro para sujetarla, le pasó una rueda por encima y lo reventó. Iba en compañía de un hijo suyo y fue enterrado en Fitero. En la lápida se lee aún dificultosamente: "Recuerdo de su esposa e hijo".
Quizá, en un futuro y con motivo de las necesitadas obras de reforma de esta carretera, podría adecuarse el entorno de esta solitaria y borrosa lápida para que este lugar se pudiera convertir en un rincón interesante para quienes se sigan animando a pasear por sus alrededores.