miércoles, 11 de mayo de 2011

La segunda desamortización del monasterio de Fitero

La primera desamortización, decretada por José I Bonaparte el 18 de Agosto de 1809, conllevó la exclaustración de los monjes cistercienses del monasterio de Fitero pero no ocasionó cambios en la propiedad de sus incautados bienes. Su retorno al monasterio y, sobre todo, el regreso a España de Fernando VII de Borbón, en Marzo de 1814, devolvió la situación a un estadio similar al existente antes de la Guerra de la Independencia, poniendo fin al breve período constitucional subsiguiente y volviendo al sistema de gobierno absolutista del Antiguo Régimen.
El levantamiento militar que puso en marcha el Teniente Coronel Rafael del Riego acabó forzando el apoyo a la Constitución de 1812 por parte de Fernando VII, el 10 de Marzo de 1820. En Navarra la reacción fue desigual pues el Ayuntamiento de Pamplona se adhirió a la causa constitucional y propició la elección de un Jefe Político interino de la provincia, que se encargó de enviar circulares a los pueblos para que juraran la Constitución, mientras que la Diputación del Reino, fiel a sus principios forales, prefirió el destierro y la autodisolución. En cualquier caso, el triunfo del constitucionalismo en 1820 ocasionó una nueva desamortización civil y eclesiástica. El 26 de Agosto, como recogió José María Mutiloa Poza, circuló en Navarra la Real Orden que declaraba suspensa toda profesión religiosa, la venta de los bienes de la extinguida Inquisición y los de la Compañía de Jesús, incorporando sus respectivos bienes al Crédito Público  y, el 1 de Octubre de 1820, la ley por la que quedaron extinguidos los monasterios y suprimidos los regulares. Sin embargo, los monjes no abandonaron sus monasterios hasta que se presentaba la autoridad y les intimaba la orden de evacuar. Para ello, como señaló José María Mutiloa, el Secretario de Hacienda dispuso de 55 delegados, uno por cada provincia, cada uno de los cuales, a su vez, delegaron para cada uno de los monasterios en un subdelegado que, en presencia del abad o superior y la del delegado del comisionado del Crédito Público de la provincia, pusieron en práctica las órdenes recibidas, tras realizar escrupulosamente los cinco inventarios en cada monasterio: el primero comprende los títulos de pertenencia, censos, foros, diezmos, prestaciones de toda clase, juros, efectos de villas, etc. El segundo cataloga los bienes muebles y efectos "semovientes", vales reales, créditos contra el Estado y particulares. El tercero está formado por las fincas rústicas y urbanas con expresión de sus arriendos. Un cuarto inventario anota los cuadros, libros y efectos de biblioteca. En el quinto figuran los vasos sagrados, alhajas, ornamentos y demás pertenencias del culto.
Manuel García Sesma citó a Mutiloa, quien recogió la fecha del 4 de Noviembre de 1820 como la correspondiente a la supresión del Monasterio de Fitero, precisando que su abandono tuvo lugar el 22 de Febrero de 1821 y destacando que tampoco esta desamortización cambió sensiblemente la tenencia de la tierra aunque mejoró bastante la condición de los censatarios, al quedar suprimidos de hecho los diezmos y primicias, el luismo, la fadiga y demás pechas monacales, y copió los datos ofrecidos por éste acerca del arriendo realizado por el Crédito Nacional de ciertos bienes de Fitero: un horno, un trujal de aceite, 45 robadas de viña, varias dehesas, corralizas y yerbas, así como diversas huertas y la nevera de San Valentín. Sin citar que parte de las fincas quedaron incultas y sin arrendar, bien por deficiencias de la tierra misma o de su emplazamiento, o por falta de personal, aparte de los bienes incautados que fueron subastados en Tudela, como también expuso Mutiloa, entre los que se encontraban: la Casa de Baños, el Trujal, el Batán de paños, situado sobre el río Molinar, y 13 casas pertenecientes al monasterio de Fitero, siendo su importe total en el remate 922.960 reales de vellón, descontada la venta del Horno que se mandó suspender. Pedro Barrera de Tudela se hizo con la Casa de Baños por 738.000 reales de vellón, valuada la venta en 663.961, mientras el resto lo adquirió Bernardo Bayo, vecino de Fitero al mismo precio que el de venta, el 27 de diciembre de 1820.
Acabado el Trienio Liberal, como registró Mutiloa, por la ley de 11 de junio de 1823, todos los monasterios fueron repuestos y por la ley de 13 de agosto se ordena la devolución de bienes muebles e inmuebles y demás efectos a dichos regulares, lo que permitió a los cistercienses volver a su convento diez días después. Sin embargo, no acabaron aquí las penurias de los monjes fiteranos pues, tras la fallida Desamortización, la Santa Sede siempre hábil en resolver problemas tan complicados como los que surgieron en la España decimonónica, concede a Fernando VII como remedio a su erario exhausto, un subsidio de 10 millones anuales a cargo del clero regular y secular.

domingo, 8 de mayo de 2011

Las atalayas de los Cascajos y de Olmiguete

Atalaya es una palabra de origen árabe con la que se designaba al vigía y, por extensión, a las torres desde la que se ejercía esta función que, en el pasado y hasta que fueron sustituidas por otros medios más tecnológicos, formaban parte de las actividades de la inteligencia militar. A diferencia de otras torres, en las atalayas no había espacio suficiente para posibilitar las funciones propias de u refugio, vivienda o  permanencia estable y, mucho menos aún, las de carácter defensivo. Aunque como éstas solían tener la entrada a media altura para que, una vez retirada la escala por la que se accedía a su interior, fuera difícil penetrar en ellas incluso para alguien montado a caballo. Otra de la diferencia entre las torres y las atalayas es la de que su planta solía ser circular pues se buscaba la optimización y el ahorro de los materiales de construcción que normalmente eran de mampostería, mientras que la planta de las torres solía ser cuadrada o rectangular. Dada la altura de las atalayas conservadas, como la de la imagen que está en Rello (Soria), se puede considerar que estaban formadas por planta baja, dos pisos y una terraza, separados por sus correspondientes suelos de madera.
La función de vigilancia de las atalayas requería que estuvieran ubicadas en lugares de amplia visibilidad, normalmente, en la cima de los montes y, sobre todo, cabe destacar que no eran elementos aislados sino que eran los nodos que formaban parte de una verdadera red de comunicaciones ópticas, bien fuera por medio de la transmisión de señales de humo, resultantes de la quema de leña almacenada para la ocasión, o de señales luminosas que se comunicaban por medio de espejos. Empleando el primer medio principalmente en las horas de oscuridad y el segundo durante el día.
En Fitero hubo dos atalayas, la de los Cascajos, ubicada cerca de la cima del monte de las Navillas, y la de Olmiguete, que aún da nombre al monte Atalaya, el segundo más alto del término municipal de la Villa y en el que hay una instalación de los guardas forestales pues no en vano es uno de los puntos con mayor visibilidad de toda Navarra, tal como publiqué hace más de una década. En ambos casos quedan restos de la planta circular que tuvieron estas atalayas si bien en la de los Cascajos han quedado cubiertos en buena medida por la Cruz de la Atalaya, mientras que los de la atalaya de Olmiguete se conservan junto con el montón que forma el buen número de piedras que debieron formar parte de ellas. Restos de los que también habló Pascual Madoz Ibañez, publicando que en la Atalaya, cabezo el mas avanzado hacia Navarra, desde donde se descubre un gran horizonte de este ant.  reino y el de Aragon, están todavía los cimientos de la torre que la formaban.
La primera noticia acerca de la atalaya de los Cascajos data de 1870, cuando Tomás Lletget y Caylá, siendo el director del actual balneario Virrey Palafox, de Baños de Fitero, al tratar acerca de las antigüedades e historia de los primitivos Baños de Fitero y de la villa en cuya jurisdicción radican publicó que de la época de la dominación árabe, además de la Atalaya, torre ruinosa situada en un monte no lejano del establecimiento, se conservan tres baños de construcción caprichosa y bella, aunque tosca. Por lo que se puede considerar que aún se conservaba buena parte del alzado de la atalaya de los Cascajos hasta que, el 3 de mayo de 1908 y con motivo del recuerdo que la sección local del Apostolado de la Oración quiso dejar de unas Misiones celebradas en la Villa durante el año anterior, sus restos fueron derruidos sin mayor miramiento para instalar sobre ellos la que fue la primera Cruz de la Atalaya, que fue obra del carpintero fiterano Patricio Alfaro, hecha con una tonelada de madera de los álamos de Hospinete. Cruz que las inclemencias del tiempo acabaron erosionando y destruyendo hasta que fue necesario reemplazarla, el 14 de septiembre de 1973, por la que ahora existe, obra del polifacético carpintero fiterano Carmelo Fernández Vergara, hecha de hormigón y sufragada por suscripción popular, y que es una reproducción a escala, diseñada por Román Magaña Morera, de la madrileña Cruz de los Caídos de San Lorenzo de El Escorial, como publicaron Manuel García Sesma, Ricardo Fernández Gracia y Jesús Bozal Alfaro.
Manteniéndose la tradición popular de acudir en romería, algunos andando y otros en coche, el primer domingo después del 3 de mayo, festividad de la Invención de la Santa Cruz, para poder celebrar una Misa a los pies de la Cruz de la Atalaya, como ha ocurrido hoy mismo, a las 18:00. Tradición a la que hay que añadir la costumbre que también profesan algunos vecinos de la Villa, que suelen acudir a este mismo lugar emblemático cada 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz.
En una prospección que realicé hace un par de veranos con mi buen amigo Salvador Remírez Vallejo, arqueólogo cirbonero, encontramos fragmentos de cerámica musulmana de los siglos VIII y IX, indicio que la atalaya de los Cascajos estuvo en uso en dicha época de dominio musulmán del valle del Alhama. Si bien pudo haberlo estado también con anterioridad, en caso de que hubieran existido antecedentes de una construcción más sencilla y quizá hecha de madera, de la que no tenemos constancia arqueológica, parece que, poco a poco, fue cayendo en desuso y que no debió tener la misma utilidad a partir de la reconquista del valle del Alhama, en los primeros meses de 1119, si es que todavía estaba activa. Seguramente, aunque aún no hemos tenido ocasión de realizar la proyectada prospección en los restos arqueológicos de la atalaya de Olmiguete, ésta debió formar parte de la misma red de atalayas que la atalaya de los Cascajos, enlazando ambas con las existentes en el somontano del Moncayo, la serranía de Yerga y la meseta soriana del Duero, además de servir de apoyo al estratégico castillo de Tudején (despoblado de Fitero) en su control del valle del Alhama como magnífico corredor que comunica el valle del Ebro con la meseta del Duero desde tiempos prehistóricos.
Ojalá algún día se puedan estudiar y poner en valor estos restos arqueológicos, haciendo de ambos lugares otros dos rincones de extraordinario interés turístico por su valor cultural y por las vistas que se pueden disfrutar desde cualquiera de ellos.

El primer Ayuntamiento Constitucional, 1813

Los fiteranos vivieron unos acontecimientos históricos en Septiembre de 1813. Todo comenzó el sábado 11, cuando los vecinos de la Villa juraron la Constitución de Cádiz. Cinco días más tarde habilitaron a los dos electores que representaron a la única circunscripción electoral o Parroquia de Fitero en las primeras elecciones constitucionales para las Cortes Generales españolas que hubo en el reino de Navarra y se dispusieron para llevar a cabo las elecciones municipales para el primer Ayuntamiento Constitucional que hubo en la Villa. Poco más de una semana después, el domingo 19, los fiteranos escogieron a los 9 electores que podrían habilitar o designar a los miembros de dicha corporación municipal. Electores a los que se les notificó su selección para que pudieran cumplir la elección conforme al Espíritu de la Constitución, tal como lo registró al día siguiente, el que entonces era el Secretario del Ayuntamiento y Escribano Real, Antonio Celestino Huarte, y como recientemente lo extractó Jesús Soria Magaña. Que fue quien, hace poco más de un lustro, resumió muy sucintamente tanto estas noticias como la de que, en la villa de Fitero, a veinte y uno de septiembre de mil ochocientos y trece. Juntos y congregados en la Sala de la Casa Consistorial de la misma Joaquín Val, D. Juan Antonio Medrano, D. Tiburcio Asiain, Manuel Aliaga, Vicente Rupérez, Emeterio Aliaga, Vicente Jiménez y D. Juan Aliaga, vecinos de esta villa, Electores nombrados para la habilitación de Alcalde, cuatro Regidores y Procurador Síndico General según aparece de las diligencias antecedentes con intervención del infrascrito Secretario, también Elector, para efecto de proceder a la Elección. Habiendo tratado y conferenciado esta materia con la debida circunspección y madurez, de común acuerdo y conformidad unánime eligen y nombran por Individuos de Ayuntamiento de esta Villa como es para el cargo de Alcalde a el Licenciado D. Tiburcio Asiain, Abogado de los Tribunales Nacionales, por Regidores Cabos a Joaquín Val y D. Juan Aliaga, y por Segundos Regidores a Pablo Yanguas y Manuel Jiménez Latorre, personas en quienes, según el concepto de los Electores, concurren las cualidades y circunstancias que se requieren y así bien a Vicente Jiménez Ibero por Procurador Síndico personero, en el que también concurren las mismas, y acuerdan se traslade a su noticia para que desde luego entren a tomar posesión de sus Cargos. Y de ello se hizo este auto que lo firmaron con mí, el Secretario, los nueve Electores citados anteriormente.
Así mismo, Jesús Soria también extractó el relato oficial de cómo fue el proceso de la toma de posesión de los nuevos cargos municipales, que tuvo lugar el 22 de septiembre de 1813, cuando los Sres. Joaquín Val, D. Juan Antonio Medrano, Joaquín Alfaro, Manuel Andrés y Joaquín Muro, Alcalde y Regidores de esta Villa, que han sido el presente año hasta el día ante los cuales comparecieron D. Tiburcio Asiain, D. Juan Aliaga, Pablo Yanguas y Manuel Jiménez Latorre, quienes pidieron que, como elegidos y nombrados por los Electores habilitados para el efecto, según la Constitución de la Monarquía Española, para Alcalde y Regidores de la misma, en concurso del citado Joaquín Val, para el presente año y el que viene de mil ochocientos catorce, se les de la posesión de sus Cargos y conformándose en ello dicho D. Joaquín Val, levantándose de su puesto y trabando de la mano derecha a dicho D. Tiburcio lo sentó en su lugar, en siguiente, D. Juan Antonio Medrano hizo igual con el referido D. Joaquín Val y luego practicaron igual diligencia Joaquín Alfaro, Manuel Andrés y Joaquín Muro con D. Juan Aliaga, Pablo Yanguas y Manuel Jiménez Latorre y, sentados así, yo, el infrascrito Secretario, di fe. Les recibí juramento sobre la Señal de la Cruz y palabras de los Santos cuatro Evangelios, en forma dispuesta, por derecho de que bien y fielmente usarán y ejercerán sus empleos cumpliendo con todas las obligaciones de su instituto en todo el año para el que han sido nombrados y enterados, absolviendo dicho juramento ofrecieron hacerlo así. En siguiente, dichos Cargos hicieron entrega de las llaves del archivo y de las demás que están en su custodia. Y habiendo comparecido igualmente para el mismo efecto Vicente Jiménez, nombrado Procurador Síndico personero, yo el dicho Escribano y Secretario doy fe, le recibí juramento así bien en forma dispuesta por derecho de que bien y fielmente usará y ejercerá dicho Empleo, arreglándose a la Constitución y demás leyes y ordenanzas establecidas, y absolviendo dicho juramento ofreció hacerlo así. En cuya forma quedaron en presencia de sus Cargos sin oposición ni reclamación de persona alguna, de todo lo cual se hizo este auto que lo firmaron y, en fe de ello, yo el Secretario, lo firmó al igual que los recién elegidos para ocupar los cargos del primer Ayuntamiento Constitucional que hubo en Fitero.
Sin embargo, esta corporación no cumplió con las expectativas generadas pues, en diciembre de ese mismo año 1813, fue elegida una nueva corporación, a cuyo frente estuvo José Atienza, el mismo que ocupaba el cargo de Alcalde de Fitero en 1808. Seguramente, el cambio fue un anticipo al próximo retorno de las instituciones propias del Antiguo Régimen que tuvo lugar como consecuencia del Real Decreto del 4 de mayo de 1814, por el que fue abolida la Constitución gaditana y todo lo legislado por las Cortes hasta entones. Retorno al sistema de gobierno previo a la invasión francesa y a la Guerra de la Independencia que, en Navarra, se completó tras la publicación del Real Decreto  del 28 de mayo, por el que se repuso en sus funciones a la Diputación del Reino y se restablecieron los fueros.
La proximidad de la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812 debería ser un acicate para que la nueva Corporación Municipal de Fitero, que saldrá como resultado de las elecciones constitucionales del 22 de mayo, se adhiera al buen número de actos que, sin duda, se llevarán a cabo en Navarra, España e Hispanoamérica, en 2012.

sábado, 7 de mayo de 2011

El lamentable estado de la ermita de San Sebastián

En el Tercer Congreso de Historia General de Navarra, celebrado en Pamplona, en septiembre de 1994, el cirbonero recién galardonado con el premio Príncipe de Viana de la Cultura de 2011, Faustino Menéndez-Pidal de Navascués, publicó un trabajo muy interesante y que, desgraciadamente, sigue vigente: La destrucción de la memoria colectiva. Un ejemplo navarro, cuyo objeto era el de reclamar la atención hacia un gravísimo problema: La destrucción acelerada de las muestras visibles del pasado, hechos que algunos lamentan, a otros deja indiferentes y casi nadie evita eficazmente. En esta comunicación, el citado académico de la Historia ponía de manifiesto el valor de los testimonios materiales como hitos de referencia para la memoria histórica de los pueblos, que se ha venido transmitiendo de generación en generación. Así como que, una vez desaparecidos estos testimonios, el recuerdo de la memoria colectiva se pierde y, en el mejor de los casos, se convierte en materia científica de interés puramente académico para el reducido ámbito de los eruditos interesados en su estudio. Como ejemplo, citaba el caso de su pueblo, exponiendo un inventario de las pérdidas que había presenciado, sufridas en el último medio siglo por el patrimonio de un pueblo concreto de Navarra: Cintruénigo. Aclarando que la causa última de todas estas pérdidas es el desamor, la desestima, el olvido de la propia historia, uno de los valores hoy en baja. Se ha imbuido a la gente que el dinero -el dinero por sí mismo, como fin, no como medio- es lo único deseable, lo único que merece un esfuerzo. Aunque se quieran justificar con variados pretextos, las destrucciones del patrimonio son siempre impulsadas por quienes de una u otra manera obtienen así un beneficio económico inmediato. Y toleradas por la ignorancia de unos y la pasividad de otros. Nada importa el despojo, el perjuicio al pueblo como comunidad actual y futura, porque ante el lucro cede hoy cualquier consideración, según estamos viendo en tantos casos.
En el largo inventario de bienes civiles y religiosos desmantelados, demolidos, desaparecidos o expoliados que detalló Faustino Menéndez-Pidal se encontraba la ermita de San Sebastián y de Santa Ana, fundada en el siglo XV y reformada en el XVIII (subsiste el edificio, convertido en corral de ganado). Sin embargo, ahora en este corral ya ni siquiera se cobijan las cabras debido a que se encuentra abandonado y en tan evidente estado de ruina que amenaza con su próxima desaparición. Esta ermita de San Sebastián se encuentra en lo alto de un montículo ubicado en la margen derecha del Alhama, entre su curso y el del río Llano, junto al límite con el término municipal de la villa de Fitero, concretamente, junto a Ormiñén aunque separada de éste por la Cañada de la  Eruela. Como así figura en un mapa de mediados del siglo XVII, en el que se describen los términos del antiguo monasterio cisterciense de Fitero y se señala la ermita de San Sebastián. Algo que no es de extrañar ya que, entre 1168 y 1835, en las proximidades del lugar en el que se encuentran las ruinas de esta ermita cirbonera se encontraba uno de los hitos del amojonamiento del coto redondo del monasterio de Fitero.
Francisco José Alfaro Pérez, en su libro sobre la Historia de la villa de Cintruénigo, recogía las fotografías que se conservan como único testimonio del retablo tardo-gótico, de finales del siglo XV, que hubo en esta ermita, estudiado por Alberto Jesús Aceldegui Apesteguía, en su tesis doctoral. Añadiendo el detalle de que el retablo fue vendido legalmente, a mediados del siglo XX, ante la pasividad de los vecinos, perdiéndose su pista en Barcelona, y que esta actitud de los cirboneros contrastaba con el comportamiento de los vecinos de mediados del siglo XVII, cuando algunos de ellos pretendieron trasladarlo a la iglesia parroquial, la mayor parte del pueblo impidió por la fuerza que saliera de la ermita. Así como que todos los años, hacia el 20 de enero, se le hacía una procesión "con cruz levantada" que partiendo de la villa llegaba hasta la ermita donde se celebraba una misa. Otra fecha señalada era la fiesta de Santa Ana, honrada la víspera con una salve.
Ojalá que las autoridades municipales y forales sean sensibles a la conservación de los escasos testimonios del Patrimonio Histórico de Cintruénigo y no sólo eviten que se pierdan los restos de la ermita de San Sebastián, sino que además los limpien y consoliden. A la vez que promuevan su estudio y que acondicionen el lugar para que pueda convertirse en un agradable rincón de interés turístico para quienes se acerquen a disfrutar de la rica oferta cultural que podrían encontrar en Cintruénigo, Fitero y sus alrededores si todos nos movilizáramos para que así sea.

jueves, 5 de mayo de 2011

El Espinaz de Can

El territorio que, entre 1168 y 1835, correspondió al coto redondo o término del antiguo monasterio cisterciense de Fitero, daba comienzo y ponía fin a su amojonamiento en la gravaleña cima de La Torrecilla, que hoy sirve de mojón entre las localidades riojanas de Grávalos y Cervera del Río Alhama.
El siguiente hito fiterano era el Espinaz de Can, llamado así porque la forma de las puntiagudas rocas que hay en la cima de su monte hacían que éste pareciera un can o perro dormido cuyo espinazo o columna vertebral lo marcaran dichas rocas, como aún puede observarse, especialmente si se hace desde el barranco en el que nace la alfareña Fuente de los Cantares. Aunque el topónimo ya no se conserva como Espinaz de Can, se sigue denominando como Peñas del Can en la toponimia correspondiente al término municipal de Cervera del Río Alhama, en un lugar que esta muy cerca del que ahora es también su límite nororiental con Grávalos, que discurre paralelo al barranco y arroyo de Valdeladrones así como a la carretera local LR-385, y también cerca del fronterizo monte de La Torrecilla y que, como la cima de éste, en las estribaciones suroccidentales del monte Yerga, hace que la suya también sea una cumbre fácilmente reconocible desde la distancia. A partir de aquí, el amojonamiento cisterciense giraba en dirección sureste y se dirigía hasta el desagüe de los baños de Tudején (despoblado de Fitero), que ahora forman parte del balneario Virrey Palafox, de Baños de Fitero, en el fronterizo barranco de la Cañueca o del Agua Caliente por el que desemboca en la margen izquierda del río Alhama.
Las vistas existentes desde el curioso Espinaz de Can hacen que valga la pena subir a la cima de las Peñas del Can, pues desde ella se divisa tanto un paisaje parecido al que se veía desde La Torrecilla, aunque, debido a su posición, se amplia la vista hacia oriente, tanto hacia el alfareño barranco de la Fuente de los Cantares, en el que se encuentran la Venta del Pillo así como el lugar en el que estuvo la primera sede del monasterio de Fitero: Niencebas (despoblado de Alfaro) y las ruinas romanas y prerromanas de sus alrededores, como hacia Baños de Fitero y el propio valle del Alhama.

martes, 3 de mayo de 2011

Las primeras elecciones municipales constitucionales, Septiembre de 1813

El 11 de Septiembre de 1813, los fiteranos juraron la Constitución de Cádiz. Cinco días más tarde, habilitaron a los 2 Electores que representaron a la única Parroquia de Fitero en las primeras elecciones para las Cortes Generales, bajo dicha Constitución, que hubo en Navarra y después procedieron los vecinos de la Villa a escoger los 9 Electores que podrían habilitar o designar a los miembros del que habría de ser el primer Ayuntamiento constitucional de la Historia de Fitero. Tal como citara Jesús Soria Magaña y como en su momento, el domingo 19 de Septiembre de 1813, registró el Secretario del Ayuntamiento: En la villa de Fitero y Sala de Ayuntamiento de la misma, a diez y nueve de septiembre, de mil ochocientos trece: Se juntaron el Sr. Joaquín Val, Alcalde, y otros muchos vecinos de esta Villa, que por excusar prolijidad no se nombran, a virtud de aviso a son de Caja y voz de Pregonero, verificado el miércoles quince del corriente, repetido posteriormente el día de ayer y nuevamente en esta mañana, con expresión del fin que se dirige para efecto de proceder en conformidad de lo prescrito por la Constitución política de la Monarquía Española y en consecuencia a órdenes que se han recibido al nombramiento de nueve Electores para que éstos, a pluralidad de éstos, elijan Ayuntamiento, que deberá contenderse, compuesto de un Alcalde, cuatro Regidores y un Procurador Síndico, todo con arreglo a los soberanos decretos de las Cortes generales extraordinarias de veinte y tres de mayo, diez de julio y veinte y uno de septiembre de mil ochocientos doce, en consideración a tener la única Parroquia de esta Población pasados los cuatrocientos vecinos y no llegar al de quinientos, precediendo los requisitos y demás circunstancias que previene el artículo tres cientos nueve y siguientes de la Constitución, que trata de la formación de Ayuntamientos; en su consecuencia, habiéndose celebrado el jueves último la Misa solemne de Espíritu Santo con motivo de la habilitación de Electores para el nombramiento de Diputados de Cortes, motivo por el que se verificó en una misma Solemnidad para el nombramiento de Ayuntamiento, cuya Misa se celebró por el Vicario D. Francisco Navascués, que hizo en la misma un discurso dirigido a ambos objetos, se procedió, en primer lugar, al nombramiento de los Escrutadores, el cual recayó en las personas Manuel Aliaga y Vicente Jiménez, que se habilitaban en la Junta de Parroquia, y Secretario el infraescripto Escribano de Ayuntamiento. En seguida se preguntó por el Sr. Alcalde, como Presidente, cuanto previene el artículo cuarenta y nueve de la Constitución y no ocurrió duda ni dificultad, pasando enseguida al nombramiento de los nueve Electores que exige, practicando en la forma prescrita, por votación, y practicada esta operación y reconocidas las listas de los Votantes por el Presidente, Escrutadores y Secretario, se publicó en alta e inteligible voz haber sido los nombrados, los siguientes: D. Juan Antonio Medrano, D. Tiburcio Asiain, Emeterio Aliaga, Manuel Aliaga, D. [Antonio] Celestino Huarte, Juan Aliaga, D. Joaquín Val, Vicente Rupérez y Vicente Jiménez. Los cuales deben ser los Electores, a virtud de la pluralidad de votos que han tenido a sufragar para el nombramiento y a fin de que se lleve a cumplimiento y debido efecto, acordó el Sr. Alcalde, se les haga notorio este nombramiento para que lo pongan en ejecución. De todo lo cual se hizo este auto, que lo firmaron y en fe de ellos yo el Escribano, Joaquín Val, Vicente Jiménez, Manuel Aliaga. Ante mí, [Antonio] Celestino Huarte.
Notificación que este Escribano Real realizó al día siguiente, en la Casa Consistorial, donde había reunido a los nueve vecinos de Fitero nombrados como Electores para la habilitación de Alcalde, cuatro Regidores y un Procurador Síndico General, que tuvieron el honor de ser escogidos para ello en el proceso para las primeras elecciones municipales constitucionales que hubo en Fitero.

lunes, 2 de mayo de 2011

Río Añamaza y Término de La Vega

Antes de que desecaran la antigua laguna soriana de Añavieja, a mediados del siglo XIX -con la oposición de las poblaciones afectadas, como por ejemplo: San Felices, Cervera del Río Alhama, Fitero, Cintruénigo, Corella, Alfaro y Tarazona, por su influencia en el riego aunque, hoy en día, la oposición sería generalizada y basada en la defensa del Medio Ambiente-, se consideraba que ésta era el lugar en el que nacía el río Añamaza.
En realidad, como escribió el pamplonés Pascual Madoz, en 1845, se creía que el río Añamaza tenía su origen en la laguna de Añavieja, de la que se desprenden dos acequias o ramales; el uno que se dirige a Dévanos y toma este nombre; da movimiento a dos molinos harineros antes de llegar a dicho pueblo; en las inmediaciones de él impulsa las ruedas de otro y un batán, sigue su curso fertilizando varias labores; y pasando por los barrancos de los Cubos, sale del Partido de Ágreda y entra en el de Cervera [del Río Alhama], donde se le reúne al instante el riachuelo titulado de la Virgen del Butar, y el otro ramal de Añavieja, que con el nombre de Canal de San Salvador riega la vega de Valverde [pedanía de Cervera del Río Alhama] y sus ventas [derivándose también una acequia hacia los términos fiteranos del Tolco y de la Nava]; desde la confluencia de los repetidos ramales, [otra vez] toma el nombre de río Añamaza, riega la hermosa vega de este pueblo, de más de dos leguas de longitud, y siguiendo su curso en dirección Norte, va a desaguar en el río Alhama, a unos 400 pasos más abajo de los Baños de Fitero.
Sin embargo, tras desecar la laguna de Añavieja, se considera que es el río Manzano, que nace en la cercana villa de Trébago y que antiguamente desaguaba en ella, el origen del río Añamaza que sigue desembocando por la margen derecha del río Alhama delante de las ruinas de Tudején (despoblado de Fitero).
Todavía se conserva en Fitero el término de La Vega, esto es, La Vega del río Añamaza, que ya figuraba así en un mapa de principios del siglo XVII, mientras que el hidrónimo Añamaza figura en la documentación del cartulario del antiguo monasterio cisterciense de Fitero, desde 1153. Este término de La Vega hace referencia a la parte llana del valle del Añamaza, desde que entra en Fitero hasta que llega al paso o Vadillo, donde comienza a bordear el término de San Valentín de Tudején, antes de acabar entrando por Los Hortales en el propio valle del Alhama.