Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Mesa González. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Mesa González. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de agosto de 2011

La solera del Barranco

En 1979 y poco antes de las primeras elecciones municipales de la Democracia, fue cuando Miguel Mesa González, que todavía era alcalde de la Villa, tras un acuerdo con el alcalde de Fontellas, le pidió a Carmelo Fernández Vergara que trajera a Fitero las piedras del trujal que había sido reducido a escombros en aquella localidad navarra. Eran otros tiempos, ni siquiera se había promulgado la primera Ley de Patrimonio que hubo en España y que data de 1985, justo un año después de que se  fundara en Navarra el órgano consultivo y asesor de la Administración de la Comunidad Foral de Navarra en materia de cultura: el Consejo Navarro de Cultura. De ahí que entonces si algo era bonito y sus propietarios lo permitían no había nada más que decir, hoy en día, los restos de aquél trujal de Fontellas se considerarían parte del Patrimonio Arqueológico Industrial y, quizá, se le habría dado otro tratamiento en la propia villa de Fontellas.
Con las dos piedras que componían la Solera circular de aquel trujal de Fontellas, Carmelo Fernández hizo una mesa redonda que, desde entonces, ofrece esta función en el fiterano Paseo del Barranco de los Palomares. Sobre aquella solera rodaba la piedra Volandera, que trituraba las olivas antes de llevarlas a la prensa para obtener el aceite. Alguna de las cuales adorna desde entonces el jardín del chalet de unos vecinos de Fitero. También había otras piedras que formaban parte de la maquinaria de aquel trujal y que se encuentran o encontraban en el interior de la coqueta casa de campo que Nicolás Tena Tejero mandó construir tras las instalaciones de la fábrica textil de INITESA en 1965, también como parte de su decoración. Lástima que desde hace años este curiosa y pequeña casa de campo esté abandonada y que incluso se le haya hundido parte del techo. En su asador debieron cocinarse buenas comidas y cenas, y los comensales que se sentaron a su mesa también debieron hacer buenos negocios.

domingo, 29 de mayo de 2011

La llegada de Tena a Fitero

La firma comercial Tena comenzó su actividad en el sector de la confección textil en 1870, a cargo del empresario zaragozano José Tena Trallero, llegando a destacar entre los sastres del país. En 1911 tomó el relevo al frente del negocio su hijo Nicolás Tena Díaz, también buen conocedor de la profesión, pues durante algunos años había estado trabajando como cortador en una importante firma de Bilbao, y también fue quien expandió la actividad de la firma por toda España. Tras el fallecimiento de éste, en 1930, fue sustituido por sus hijos: José y Nicolás Tena Tejero, que fueron los que dieron paso a la confección industrial, en una escala insospechada hasta entonces. Aunque la muerte de José Tena Tejero y las dificultades por las que atravesó el país durante la Guerra Civil Española y los primeros años de la postguerra condujeron a una paralización de la progresiva expansión industrial de la casa Tena. La recuperación de la normalidad vino de la mano de la incorporación de un miembro la cuarta generación familiar, Nicolás Tena Monzón, como director comercial, abriéndose al mercado internacional tras participar en los grandes certámenes de moda masculina de Paris, en 1960 y 1961. En las que sus magníficas gabardinas de Tena-Record lograron un clamoroso éxito que no pudo ser aprovechado comercialmente ya que toda la producción fue absorbida por la demanda nacional.
Hacia 1959 o 1960, Nicolás Tena montó un taller de confección en Cervera del Río Alhama, con la intención de ampliar el negocio y acabar construyendo una fábrica textil con la que dar soporte a la creciente demanda nacional e internacional pero el proyecto no se llevó a término. Por entonces, este licenciado en derecho y empresario zaragozano también suministraba paños a varios comercios fiteranos, entre los que se encontraba la sastrería de Emilio Mesa, a cuyo cargo estaba su hijo y heredero, Miguel Mesa González. Éste entabló muy buenas relaciones con el empresario zaragozano y le convenció para que abriera un taller en Fitero. De tal modo que, en 1963, Miguel Mesa cerró su empresa y pasó a trabajar como encargado de los negocios de Nicolás Tena en la Villa, abriendo un taller en la Calle Mayor, en el edificio del antiguo Centro Obrero. Las tres primeras fiteranas que empezaron a trabajar en las máquinas instaladas en dicho taller y por un sueldo de 25 pesetas diarias, la tarde del 20 de mayo de 1963, como pioneras de esta nueva etapa de la industria textil en Fitero, fueron: Remedios Alfaro Berdonces, Teresa Pérez Falces y Alicia Martínez Barea, sumándoseles buen número de fiteranas y fiteranos durante los días y semanas siguientes, hasta superar las dos docenas. Para ello contaron con el apoyo y la formación que les dio Azucena, la encargada que a tal efecto se desplazó desde Zaragoza, así como del ingeniero belga Willy Van Haeren que, desde un principio, asumió la dirección técnica del proyecto fiterano.
Las primeras prendas que se confeccionaron en este taller fiterano, auxiliar de la fábrica y comercio zaragozano de Tena-Recordfueron gabanes que, como después pasó con otras prendas: gabardinas, chaquetas, etc., cuya confección también se completó en Fitero, venían ya cortadas desde las instalaciones de Zaragoza. El material de cada prenda se encontraba en su correspondiente caja junto con el ticket que la identificaba, de modo que los operarios, que trabajaban a destajo durante toda la semana, a veces sábados y domingos incluidos, podían justificar el trabajo realizado presentando dichos tickets. Para incrementar la productividad, aquellos trabajadores que presentaran más tickets que los convenidos inicialmente tenían derecho a cobrar una prima. Aunque esta forma de trabajar no siempre fue satisfactoria y, en una ocasión, en 1964, propició un conflicto laboral por el que varios trabajadores de este taller prefirieron abandonar su puesto de trabajo, entonces no se podía hacer una huelga, que seguir aceptándolas. Si bien algunos de ellos no tuvieron otro remedio que volver a su puesto al cabo de pocos días, otros se fueron a otras fábricas o, en cualquier caso, nunca regresaron.
En otoño ya no cabían más operarios en el taller por lo que Mª. Jesús Pina Muro fue contratada en septiembre y su primera tarea fue la de formarse, durante el mes siguiente en Zaragoza, con objeto de regresar a Fitero como encargada del segundo taller o taller de apoyo al primero que Nicolás Tena abrió en Fitero. Este segundo taller estuvo operativo antes de final de año. El nuevo centro de trabajo también se encontraba en la Calle Mayor, concretamente en el bajo izquierda de la casi vecina Casa de los Maestros y su especialidad fue la de la confección de pantalones, llegando a trabajar en el también más de 20 personas.
Dado que siguió aumentando la carga de trabajo asignada a los talleres fiteranos, Nicolás Tena no tuvo más remedio que llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento para poder abrir un tercer taller, a mediados de febrero de 1964, en los bajos de la antigua Hospedería del monasterio cisterciense de Fitero, donde entonces estaban ubicadas las escuelas y ahora se encuentra el Centro de Salud. Su especialidad fue la de la confección de impermeables, llegando a trabajar en él otras 20 personas o más y siendo su encargada Natividad Fernández Calleja. Aunque este taller fue temporal y se desmanteló a los pocos meses, reubicándose esta sección con sus operarios en las dependencias del segundo.
Poco tiempo después Nicolás Tena abrió un cuarto taller en la Calle Angós, dedicando la bajera de la cochera, que era propiedad de Ángel Jiménez, a la plancha de vapor, a cuyo cargo estaban Calixto Fernández Yanguas y otro operario, mientras que en el granero se realizaban las labores de acabado, embolsado y control de calidad, bajo la responsabilidad de Monserrat Sabaté Calleja, con el apoyo de una o dos operarias. Finalmente, Nicolás Tena aún tuvo que abrir un quinto taller, en la Calle Mayor, estando separado del primer taller por la carpintería que entonces tenía allí Carmelo Fernández, quién también hacía labores de mantenimiento para estos talleres, al igual que Sixto Pérez Barea, bajo la supervisión de Inocencio Berrozpide. Este quinto taller incorporó tecnología de corte industrial que hasta entonces no había habido en Fitero y en él que trabajaron Joaquín González Alfaro, Pablo Bermejo Rupérez  y Luis Miguel Yanguas Yanguas.
Finalmente, hay que añadir a Marcos Artal Maculet, encargado de medir los tiempos y de hacer los pagos, tanto en los talleres fiteranos como en el de Cervera del Río Alhama, así como de transportar material con una antigua furgoneta que llevaba publicidad de la firma Manufacturas Fabregat, que era un establecimiento de confección barcelonés que había sido adquirido por Nicolás Tena.
La creciente actividad de estos talleres condujo a la construcción de la fábrica INITESA, inaugurada el 19 de septiembre de 1965, coincidiendo con el segundo domingo de las fiestas patronales en honor de la Virgen de la Barda, en cuyo programa el alcalde, Fausto Palacios Martínez, exponía en su saludo que está a punto de inaugurarse una Gran Factoría Textil destinada a la confección de prendas de caballero, de cuya Razón Social "INITESA", es promotor Don Nicolás Tena Tejero. En la citada factoría, han sido invertidos más de 30 millones de pesetas; ocupando 26.000 metros cuadrados de terreno y creando 400 nuevos puestos de trabajo de ambos sexos. Dicha factoría tendrá una producción de 2.000 prendas diarias, todas ellas ropa exterior de caballero, gran parte de ella exportada a otros países. Concluyendo su mensaje con estas esperanzadoras palabras: El porvenir, como véis, es brillante y todos nosotros para que lo sea más, debemos poner a contribución nuestro esfuerzo y deseo de triunfo. Aunque, como es natural, la puesta en funcionamiento de INITESA acarreó el cierre paulatino de los talleres auxiliares, incluido el de Cervera del Río Alhama, dando fin a esta primera fase de la segunda etapa de la industria textil en Fitero.

sábado, 28 de mayo de 2011

Los orígenes de la industria textil en Fitero

La industria textil o las manufacturas textiles comenzaron en la villa de Fitero a mediados del siglo XVI, como publicó Manuel García Sesma, recogiendo que entre sus pioneros se encontraban los Maestros Tejedores Sebastián y Juan Navarro, titulados en 1548; Miguel Navarro, en 1550; Pedro Gómara, en 1595, etc., así como los Maestros Pelaires Miguel Laín, titulado en 1583; Diego de Cuenca y Roque de Muro, en 1594; Miguel Gómez, Manuel Pérez y Pedro Gómez, en 1595, etc. En 1594, el Abad, Ignacio F. de Ibero dio licencia a Diego López para construir una tanería (curtiduría). Según una estadística de 1676, mandada hacer por el Virrey, Príncipe de Parma, a la sazón, había en Fitero "41 pelaires, 12 alpargateros, 10 tejedores de paño, 5 sastres, 4 carpinteros, 3 espadadores, 2 tuñidores, 2 yeseros, 2 zapateros, 1 soguero, 1 tejero, 1 molinero, 1 hornero, 1 albañil, 1 tapiador y un herrero. Así como que el siglo XVIII marca el apogeo de las manufacturas fiteranas, a cuya cabeza figuraban la de paños y la de la alpargata, las cuales rivalizaban con las mejores similares del país. También publicó que según el censo de 1797, registrado por el escribano, D. Joaquín Huarte, la industria pañera ocupaba entonces en la Villa a 65 pelaires puros (47 maestros, 9 mancebos y 9 aprendices), a 100 hilanderos de lana y a 17 tejedores (12 maestros, 1 mancebo y 4 aprendices); es decir a 182 operarios. Cinco años después, en 1802, el Diccionario de la Academia de la Historia escribía acerca de esta industria: "Aunque el gremio de pelaires empieza a decaer, por falta de oficiales, cuenta sin embargo, 20 maestros con 8 telares, y calderas para el tiente, que consumen anualmente unas 3.000 arrobas de lana (34.506 kilogramos) y mantienen 120 oficiales y 100 hilanderas. Los paños que se fabrican, sin llegar a la clase de finos, son de primera calidad entre los ordinarios. El número de piezas que cada año se trabajan, serán de 360 a 400 entre paños 18nos y 20nos, y de 6 a 8 bayetas". Medio siglo más tarde, corroboraba Pascual Madoz que los paños ordinarios que se elaboraban antes en Fitero, eran "de muy buena calidad y estaban bien acreditados", pero que ya habían desaparecido.
La desamortización definitiva del monasterio de Fitero, en 1835, y, sobre todo, los efectos de la Revolución Industrial acabaron con la industria manufacturera del sector textil fiterano. En palabras de Manuel García: La industria pañera fiterana se acabó hace siglo y medio, al introducirse en España las máquinas de hilados y tejidos, con las cuales no podía competir la manufacturera.
Desafortunadamente, este cambio tecnológico no llegó a Fitero hasta bastante más de un siglo después, cuando el industrial zaragozano Nicolás Tena Tejero construyó las instalaciones de la fábrica de confección textil INITESA o Industrias Nicolás Tena, S. A., conocida popularmente en Fitero como el Tena. El lugar escogido para este edificio fue el terreno que hasta pocos años antes había ocupado el campo de fútbol del Calatrava F. C., en el término de Los Abatores que está situado en el extremo oriental de la Villa, junto a la carretera local que conduce a Tudela, NA-160.
La fábrica INITESA fue inaugurada el 19 de septiembre de 1965, coincidiendo con el último domingo de las fiestas patronales en honor de la Virgen de la Barda, tras haber abierto previamente en Fitero varios talleres auxiliares de la empresa matriz zaragozana. El primero de éstos empezó su andadura el 20 de mayo de 1963 y se trató de un pequeño centro de trabajo o taller para el que se acondicionó el edificio del antiguo Centro Obrero, sito en la Calle Mayor y reconvertido actualmente en El Mesón de Nacho. En este taller auxiliar de Tena-Record comenzaron a trabajar, aquella misma tarde de primavera y por un salario de 25 pesetas diarias más primas, las tres primeras fiteranas que fueron las pioneras de esta nueva etapa de la industria textil en Fitero: Remedios Alfaro Berdonces, Teresa Pérez Falces y Alicia Martínez Barea, confeccionando los primeros gabanes que salieron de esta factoría fiterana, bajo la atenta mirada del sastre fiterano y encargado local, Miguel Mesa González, la encargada de la empresa zaragozana Tena-Record, responsable también de la formación de las nuevas operarias y recordada sólo por su nombre de pila, Azucena, así como la del belga Willy Van Haeren, director técnico del taller que dicha empresa tenía en Cervera del Río Alhama y, posteriormente, también de los talleres fiteranos y de INITESA.