miércoles, 9 de febrero de 2011

Los orígenes del apellido Bienzobas

En 1140 cruzó los Pirineos Raymond, al frente de una comunidad de doce monjes. Procedían del monasterio de Cabadur, que después fue conocido como l’Escaladieu, y se trataba de los primeros cistercienses que se instalaron en la península Ibérica. Concretamente, en la falda meridional del monte Yerga, en el valle de la riojana Fuente de los Cantares, esto es, en el lugar de Niencebas (despoblado de Alfaro).
Hacía poco que la villa de Niencebas se había quedado desierta, seguramente, como consecuencia del conflicto bélico resultante de la escisión de los reinos de Pamplona y Aragón. Desafortunadamente, no sobrevivió a las luchas fraticidas entre los que pugnaban por la herencia de Alfonso I el Batallador, rey aragonés que, en 1119, había reconquistado Niencebas, como había hecho con todo el resto del valle del Alhama, repoblándolo en 1126 con mozárabes que trajo consigo de su expedición a Granada. Así acabó la historia de una villa cuyo pasado se pierde en sus raíces romanas y prerromanas, como así lo indican su propio nombre y los importantes restos arqueológicos que en sus alrededores aún se pueden apreciar.
Tampoco duró mucho la estancia provisional de los monjes cistercienses instalados en Niencebas, pues en 1152 ya habían acabado de edificar el monasterio de Castellón-Fitero, en el límite de la vecina villa castellana de Tudején (predecesora de la actual villa navarra de Fitero). A partir de entonces, la explotación del priorato o granja cisterciense de Niencebas fue puesta en alquiler por el monasterio de Fitero y su abad Raymond (San Raimundo de Fitero). Su riqueza motivó la codicia de los vecinos castellanos de Alfaro, quienes a finales del siglo XV y al ver cómo se acababa de formar la villa de Fitero, en torno al monasterio que le dio su actual nombre, la asaltaron y reivindicaron para sí. Dando lugar a actos de violencia y a largos pleitos en cuya documentación se aprecia cómo, en un par de siglos, fue degenerando el nombre de Niencebas hasta convertirse en el definitivo de Bienzobas.
El monasterio de Fitero siguió manteniendo la granja de Bienzobas hasta que los monjes fueron exclaustrados como consecuencia de la desamortización de 1835. Por lo que es más que probable que los vecinos de la cercana ciudad de Corella que aún llevan este apellido toponímico sean descendientes de quienes allí habían vivido y trabajado como colonos de esta granja cisterciense.
Los términos que pertenecieron a la antigua villa de Niencebas están repartidos entre los que ahora pertenecen a las vecinas localidades de Alfaro, Corella, Cintruénigo y Fitero. Lamentablemente, en el fértil valle de la Fuente de los Cantares no se aprecian los restos del provisional asentamiento del monasterio de Fitero, ni de las dependencias correspondientes a la granja en que acabó transformándose Bienzobas. Tan sólo se ven los restos de la Venta del Pillo, en cuyos sus muros presenta grandes sillares que quizá sean de origen cisterciense o, con mayor probabilidad, de época romana. Pero estas dudas no serán despejadas hasta que los arqueólogos rescaten del olvido la Historia de los pueblos que pasaron por este estratégico y fronterizo lugar, situado en el camino natural entre la meseta del Duero y el valle del Ebro.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Fitero y la Ley de Símbolos

En el monumento al Patrón de la villa, San Raimundo de Fitero, obra del polifacético fiterano Fausto Palacios Martínez, figuran dos escudos de armas: el de Navarra y el de Fitero. Al primero, siguiendo una interpretación libre de la Ley de Símbolos, de abril de 2003, o quizá, mejor dicho, una variante “coloquial”, se le retiró la “laureada”. Esto es, el Ayuntamiento de Fitero llevó a cabo, ese mismo año, la eliminación de la corona de laurel perteneciente a la condecoración de la Cruz de San Fernando (distinción al mérito militar que fue instituida, en 1811, por las Cortes de Cádiz), pero sin llegar a eliminar la citada cruz, que aún sigue acolada al escudo de Navarra. Curiosamente, esta circunstancia no se dio en las otras dos representaciones del escudo de Navarra con la Cruz laureada de San Fernando que hasta entonces había en Fitero (en sendos carteles realizados en cerámica que están ubicados en los extremos de la calle mayor-carretera local NA-160), ya que no fueron eliminados sino que fueron cubiertos con un plástico en el que figuraba ya impreso el nuevo escudo de Navarra, acompañando al letrero con el nombre de la Villa.
No queda claro si la citada interpretación “coloquial” acerca de cómo debía eliminarse la “laureada” de este insigne monumento se debió a una inspiración excéntrica de quién llevó a cabo la orden foral en Fitero o si, con mayor probabilidad, fue fruto de la ignorancia y el desconocimiento de cuáles eran los componentes de la cruz laureada en cuestión. El caso es que este escudo de Navarra aún sigue ostentando la Cruz de San Fernando, compuesta por las cuatro espadas en forma de cruz y cuyas puntas sobresalen por debajo del escudo. De modo que no corresponde a la representación vigente del emblema navarro sino a una versión “degradada” del que allí se puso en 1946.
Por cierto, si en Fitero se deciden a cumplir la ley de símbolos, solventando la chapuza perpetrada en el escudo de Navarra, que, por favor, aprovechen para reemplazar la versión libre del escudo de la Villa, que también figura allí, por una acorde a la oficial y que también está en el Palacio de la Diputación Foral de Navarra, desde 1861.

viernes, 28 de enero de 2011

La Peña del Saco no está en Fitero sino en La Rioja

El pasado miércoles 19, el Diario de Navarra publicó una crónica, firmada por el cirbonero Francisco Romera, acerca de la primera de las "jornadas históricas" de Fitero (sic, jornadas que hacen Historia, aunque creo que se deben referir a jornadas acerca de la Historia de Fitero, que no es lo mismo, claro) que está patrocinando su Ayuntamiento. En ella se recoge que el ponente “enumeró los diferentes yacimientos prehistóricos en torno a la localidad, como los de Montecastillo, Ormiñén, La Morería, Tudején, Sancho Abarca y la Peña del Saco. Calificó a esta última, de entre los siglos VI y V antes de Cristo, como quizás el más importante “porque allí residieron los primeros fiteranos"."
No queda claro si el cronista malinterpretó lo expuesto en esa charla o si recogió fielmente lo que en ella se expuso, en este caso, dejando constancia de tan palmario error. El caso es que, en definitiva, la crónica transmitió una información incorrecta y perniciosa para el conocimiento de la Historia de Fitero ya que, por definición, se supone que los primeros fiteranos debieron habitar en el solar que hoy pertenece al término municipal de esta villa y da la casualidad de que, de todos los citados, el yacimiento de la Peña del Saco, como todo este monte que, aunque está enfrente de Baños de Fitero, es el único que no está en Fitero y que ni siquiera está en Navarra, sino en la vecina localidad riojana de Cervera del Río Alhama.
Si se quiere hablar con propiedad, habría que decir que los primeros fiteranos fueron los celtas que hubo en el cabezo de Pañetero o Peña de Fitero. Cuyo yacimiento arqueológico, por cierto, fue objeto de varias campañas financiadas por el Ayuntamiento de Fitero, con el apoyo del Consorcio EDER, hace menos de un lustro. Por lo que aún resulta más llamativo que desde el Ayuntamiento no se cuide la correcta promoción de este insigne yacimiento que, curiosamente, es el único fiterano no citado entre todos los enumerados en dicha crónica, y que tampoco se reaccione como debiera ante una información errónea como la que desafortunadamente publicó el Diario de Navarra.

lunes, 24 de enero de 2011

El monasterio de Fitero necesita un Plan Director

No faltan muchos años para que se cumpla el segundo centenario de la Desamortización definitiva del monasterio de Fitero. En realidad, sólo queda un cuarto de siglo para conmemorar la solución que encontró Mendizábal para recaudar fondos con los que suplir el déficit del Estado, vendiendo las propiedades que habían pertenecido a las órdenes religiosas, entre las que se encontraba la de Cister y su monasterio de Fitero. Tras la cual, su templo, sacristía incluida, así como su claustro permanecieron en manos de la parroquia. Mientras que los otros edificios acabaron en manos particulares. Aunque algunos pertenecen ahora al ayuntamiento de la villa (sin ir más lejos, la sede municipal se alberga en la antigua hospedería del monasterio).
No es poco el dinero que lleva invertido el Gobierno de Navarra en la restauración del magnífico templo cisterciense y éste ha servido, además de para que se mantenga el culto, para acoger diversas actividades culturales como exposiciones y conciertos, entre los que destacan los ofrecidos por la maravillosa soprano María Bayo. Y cuando finalice el Plan Navarra 2012, con el que ya se ha restaurado el piso inferior de la crujía oriental, se espera que se haya intervenido también en las otras tres pandas, habiéndose reconstruido la esquina que se hundió en enero de 1893 y que se hayan restaurado completamente este claustro plateresco y su neoclásico sobreclaustro.
No obstante, ya ha pasado más de una década desde que se reconstruyera el edificio hundido en 1997, adjunto al claustro y que albergó el refectorio medieval y la moderna biblioteca monacal, y como casi todo este tiempo ha estado cerrado, convendría enmendar este proceder, planificando los usos a los que se van a destinar dicho edificio y el claustro. No importa que el Gobierno de Navarra mantenga la propiedad de la biblioteca, que obtuviera durante su reconstrucción en 2000, o que ésta vuelva a ser municipal, ni que el claustro sea de la Iglesia. Lo importante es que quien tenga competencias para ello ponga en marcha un Plan Director y le saque provecho a esta inversión, en beneficio de todos. A la vez que aumente el número de quienes visitan Fitero, promoviendo así su anhelado desarrollo socioeconómico y cultural.

viernes, 7 de enero de 2011

El claustro de Fitero espera su reconstrucción

El 10 de enero de 1893, Joaquín Aliaga, a la sazón, exfraile y entonces párroco de Fitero, remitió una instancia al Ministerio de Fomento solicitando que se declarasen como Monumento Nacional la iglesia y el claustro del desamortizado monasterio cisterciense de Fitero. Mientras esperaba la respuesta que nunca llegó, tuvo la desgracia de observar como, seis días después, se hundía irremediablemente la esquina suroeste y todo el techo de la panda oeste del claustro de Fitero. Lo que le llevó a insistir, por vía de urgencia, en julio de 1894 y como esta nueva solicitud tampoco dio ningún resultado, a pedir el apoyo de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra, quejándose del inminente estado de ruina del ábside y del claustro. El nuevo intento del párroco volvió a naufragar en medio de este duelo de titanes pues, en esta ocasión, la Iglesia había topado con la Administración Pública y la respuesta que le llegó fue la de que le faltaba aportar el preceptivo informe de la Real Academia de San Fernando.
Tras diversas y dilatadas gestiones, finalmente, el 3 de junio de 1931 el monasterio de Fitero fue incluido en la larga lista de edificios que el Gobierno Provisional de la II República de España fueron declarados como Monumentos Nacionales. Recalificándose como Bien de Interés Cultural, tras la aprobación de la ley de Patrimonio Histórico Español, de 1985. Aún así, las sucesivas gestiones que se habían venido realizando para que se restaurara el hundido claustro, siguieron siendo infructuosas hasta que la restauración del claustro de Fitero fue incluida como uno de los proyectos del Plan Navarra 2012.
Afortunadamente, ya se ha intervenido en una de las 4 pandas o crujías del claustro, la oriental, en la que se encuentra la monumental sala capitular, verdadera joya del románico allá donde las haya. Y esperamos que, para cuando finalice el citado plan, se haya intervenido también en las otras tres y podamos decir que, tras 120 años de espera y gracias al Gobierno de Navarra, por fin se ha reconstruido el claustro de Fitero que nunca debió haberse dejado hundir.

jueves, 30 de diciembre de 2010

La primera vez que un rey pasó las navidades en Fitero

Corría el mes de diciembre de 1128 y Alfonso Sánchez I, conocido también por el sobrenombre del Batallador, regresaba al corazón de los dominios de su reino de Aragón y Pamplona. Venía de inspeccionar las guarniciones más avanzadas de su frontera meridional, de tierras de Guadalajara, concretamente de Molina de Aragón. Había pasado en la Extremadura Soriana los últimos seis meses y desde dicha plaza aragonesa se dirigió de nuevo a su querida y recién repoblada Almazán, localidad a la que en vano intentaron renombrar como Plasencia, en su camino de regreso hacia el valle del Ebro.
La villa de Fitero aún tardaría varios siglos en formarse, pues la fundaron los cistercienses en 1482. Su antecesora se llamaba Tudején y se encontraba situada al oeste del monte en el que aún se conservan las ruinas de su famoso castillo, en la margen derecha del río Alhama y enfrente del balneario Gustavo Adolfo Bécquer, de la empresa Baños de Fitero. Estando en Tudején, Alfonso I expidió un documento el 17 de diciembre de 1128, quizá pocos días después de haber llegado a este castro desde el que se controlaba el estratégico paso que comunicaba la meseta del Duero con el valle del Ebro. Es muy probable que aprovechara su estancia para bañarse en las antiguas termas romanas que, hasta 1973, se conocieron como los Baños de Tudején y que ahora forman parte del balneario Virrey Juan de Palafox (fiterano a quien, por cierto, beatificarán el próximo 5 de junio, en El Burgo de Osma), también propiedad de Baños de Fitero. Estas termas eran muy famosas desde tiempo inmemorial y, por esas fechas, es cuando debió recogerse la noticia acerca del milagro acaecido en ellas por no respetar la festividad de Santiago, tal como consta en el Liber Sancti Iacobi, en el que también se incluye la que se considera como la primera guía turística de Europa y que describe el Camino de Santiago. La estancia real en los actuales términos de Fitero debió ser placentera y debió permitirle a Alfonso I y a su itinerante corte disfrutar de un merecido y reparador descanso ya que en Tudején permanecieron hasta bien entrado el mes de enero, como consta en otro documento datado en dicho mes y lugar.
Desgraciadamente, el testamento de este monarca, que había reconquistado el valle del Alhama en 1119, no fue respetado y así la disposición de que Tudején junto con Cervera del Río Alhama y Calahorra, tras su muerte, acaecida en septiembre de 1134, pasaran a la iglesia de Santiago de Compostela no fue cumplida. A cambio de ello, Fitero pasó entonces a manos de Castilla y en ella permaneció hasta 1374. Año siguiente al que el cardenal Guy de Boulogne prevaricó, dictando una sentencia a favor de la pertenencia del monasterio de Fitero y su castillo de Tudején al reino de Navarra, pero esta ya es otra historia…

lunes, 11 de agosto de 2008

Fitero pierde parte de sus señas de identidad

En 1992, los vecinos de Autol decidieron relacionar la leyenda fiterna de Gustavo Adolfo Bécquer, El Miserere, con la falsa leyenda de que el monasterio de Fitero tuvo su primer asentamiento cerca de la cima del monte Yerga y, a partir de esta carambola sin base histórica alguna, desarrollaron la puesta en marcha anual de una representación teatral de esta leyenda en las ruinas de la ermita de Yerga. Bien es verdad que esta representación está muy bien realizada y que es de gran interés turístico.
Lo malo es que estos vecinos de Autol, para justificar lo injustificable, le han añadido a la leyenda de Bécquer un preámbulo que ayuda a justificar con retorcidos hechos históricos la localización del monasterio que dio lugar al Miserere de la Montaña con la ermita/granja de Yerga. Hasta aquí, para los fiteranos poco tendría que afectarnos a excepción de que esta tergiversación de la Historia contribuye a enturbiar la de los orígenes del monasterio de Fitero, perjudicando a los alfareños ya que el primer asentamiento cisterciense en el que, temporalmente, se instaló San Raimundo de Fitero, tras cruzar los Pirineos procedente del monasterio de l'Escaladieu, fue el de Niencebas (despoblado de Alfaro), en la falda meridional de Yerga.
Además, los vecinos de Autol han decidio apropiarse de una de las principales señas de identidad de la villa de Fitero, como es la de su Patrón: San Raimundo. En su tergiversación histórica se inventaron que el fundador de la Órden Militar de Calatrava fue abad de Yerga antes de trasladar su comunidad desde la cima de este monte a su falda, esto es, a Niencebas. No hay ningún documento que diga que, como pretenden estos falsarios de la Historia, acredite que San Raimundo fuese abad de Yerga, entre otras cosas porque en Yerga jamás hubo un monasterio y menos aún un abad.
Lo peor no es esto sino que con ello Fitero pierde sus señas de identidad pues, poco a poco, se diluye su Historia y se pierde la relación entre el primer abad y fundador del monasterio de Fitero, San Raimundo, y la villa que lo honra como su Patrón. Al que, por cierto, los autoleños no lo citan como San Raimundo de Fitero sino como San Raimundo, abad de Yerga, donde éste nunca llegó a estar en toda su vida.
Ahora bien, dado que al Ayuntamiento y a la Parroquia de Fitero no les preocupa deshacer este entuerto y reivindicar su gloriosa Historia sin que otros se la usurpen, ¿por qué debería importarle a los fiteranos que los de Autol hayan dicho y hecho lo que han hecho con El Miserere y con San Raimundo?