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lunes, 15 de agosto de 2011

La leyenda del nombre de la Virgen de la Barda

Manuel García Sesma también publicó, cuestionando la falta de rigor histórico de su autor, el presbítero Bonifacio García Morales, la leyenda acerca de que el título de Virgen de la Barda proviene de que, habiendo sido puesta la imagen en un lugar secreto, con motivo de las guerras que se hicieron mutuamente, en el segundo tercio del siglo XIV, los Reyes de Castilla, Navarra y Aragón, andando los años, una barda, de la que empezó a salir una luz fosfórica, vino a señalar milagrosamente el sitio en donde estaba oculta. Yo no conocí esta versión sino una variante que cambiaba el motivo de las guerras fronterizas que asolaron el monasterio cisterciense de Fitero, desde mediados del siglo XII hasta 1512, incluyendo su incorporación y la de su castillo de Tudején al reino de Navarra, en 1374, por la de que, en un momento indeterminado pero no mucho después de que San Raimundo hubiera traído de Toledo la supuesta imagen de la Virgen de los Remedios, corrió el rumor de que los moros iban a regresar por aquí y que la iban a  destruir. Así se unía ésta con la otra leyenda acerca de  cómo llegó la imagen a Fitero, añadiendo que para evitar este desastre los monjes decidieron esconderla en el campo. Pasó el tiempo y como aquellos sarracenos no habían venido y los que ayudaron a esconder la imagen ya no se acordaban de dónde la habían enterrado, no hubo manera de encontrarla. Hasta que, por fin, alguien se percató de que había un bardal que daba moras y que no tenía espinas, de modo que cavando allí la encontraron y después repusieron a la Virgen de la Barda, ya así renombrada, en su altar así como conservaron el bardal en el Huerto de los Curas, actual Plaza de los Ábsides, para memoria de tan milagroso hallazgo y regocijo de los fiteranos.
Ya a finales del siglo XIX, el fiterano Saturnino Sagasti Urriza, que había sido Secretario del Ayuntamiento de Fitero durante poco más de medio siglo, recogió estas leyendas y acerca de la del nombre de la Virgen de la Barda escribió que en el 1416 perdió Nuestra Señora el primitivo nombre a causa de que el pueblo principió a llamarla Nuestra Señora de la Barda, de resultas de haberse introducido una zarza del Olivar por una de las vidrieras de su altar, y como vulgarmente a la zarza se le llama barda, se ha quedado esta Divina Señora con el nombre de la Virgen de la Barda y se ha olvidado el de Nuestra Señora de los Remedios que era como los señores Reyes de Castilla, Navarra y demás personas la llamaban. Supongo que lo hizo con la intención de arrojar algo de luz para aquellos fiteranos con algo de criterio e interesados por conocer su Historia pero basándose en hechos y sin necesidad de que los aderezaran con este tipo de contribuciones legendarias, como se había hecho hacía poco años, en el fantástico y conmovedor sermón que, el 10 de septiembre de 1882 y de buena fe, dictó el presbítero Bonifacio García, que según Ricardo Fernández Gracia, podría tratarse del que entonces era capellán del Hospital Militar de Pamplona, y que fue el que consolidó en la tradición popular estas míticas leyendas fiteranas.
Aunque la explicación de Saturnino Sagasti parece más razonable y menos fantasiosa que la de la citada leyenda, tampoco parece tener base alguna pues en 1416 no existía pueblo alguno en Fitero, donde sólo vivían los monjes cistercienses, y aunque éstos albergaban en su Cortijo algunos seglares, cuesta creer que éstos tuvieran acceso al interior del templo y mucho menos a la capilla central de la girola, donde se supone que entonces estaba expuesta la imagen de la Virgen. Quizá, si la propuesta de Saturnino Sagasti fue el origen del nombre de la actual Patrona de la Villa, cabría pensar que el bardal entró por la vidriera de la que fue la primera iglesia parroquial de Fitero, la actual capilla del Cristo de la Columna, donde antes que éste estuvo ubicada la imagen de la Virgen, desde principios del siglo XVII, y siendo esta capilla a la única que hasta la desamortización de 1835 tuvo acceso el pueblo de Fitero. Tal como recordaba Manuel García, citando los versos del cantar popular que databa de finales del siglo XIX y que dijo que le enseñó Juana Jiménez de Alfaro: En la iglesia de Fitero, / entrando, a mano derecha, / hay un altar muy bonito, / con una hermosa Princesa.
De hecho, por la ventana de esa capilla, que da al barrio del Cortijo, todavía puede colarse con facilidad en el interior del templo no sólo un bardal con espinas o sin ellas, con lo que esto último pudo impresionar entonces a los vecinos de Fitero, sino una persona y cuesta creer que ni la Parroquia, ni el Ayuntamiento de Fitero o la institución Príncipe de Viana se hayan decidido aún a tapar el tremendo hueco causado por la falta de varios sillares de su base. Ojalá pronto reparen este desperfecto que, además, afecta a la seguridad de una de los templos clasificados como una de las 10 Maravillas de Navarra. Por cierto, tampoco estaría mal que si se explican estas leyendas a los turistas que la visitan, se haga correctamente, esto es, poniéndolas en su contexto histórico y, sobre todo, de una en una y no mezclándolas todas en un batiburrillo como ahora parece estar de moda entre los funcionarios municipales que a ello le dedican parte de su tiempo.

sábado, 28 de mayo de 2011

La leyenda de los orígenes de la Virgen de la Barda

En el Poemario Fiterano, Manuel García Sesma identificó, en 1969, la primera fuente escrita en la que, a finales del siglo XIX, había cristalizado la leyenda acerca de los orígenes de la Virgen de la Barda. A él se la hizo llegar un gran amigo fiterano, el P. Santos Bermejo, Provincial que fue dos veces de los PP. Agustinos Recoletos de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, quien le regaló, cuando vivía en México, una docena de cuartillas manuscritas, relativas a Fitero (en su mayor parte, apuntes sacados de [José] Moret y de [Pascual] Madoz), entre las que se hallaba una pretendida historia de la Virgen de la Barda, tomada de un sermón, pronunciado en nuestras Fiestas, por el Presbítero. Bonifacio García Morales -al parecer no fiterano-, el 10 de septiembre de 1882.
Pues bien, añadió Manuel García, en la tal historia -que es más bien un tejido de fantasías pueriles y de anacronismos-, se habla de una presunta escritura testimonial, extendida por un escribano, llamado Martín Muñoz, en la que daba fe de la donación de una imagen de la Virgen de los Remedios a San Raimundo y de la traída procesional de ella desde Toledo hasta Almazán, acompañada de varios magnates de la Corte y de los Obispos de Salamanca, Oviedo, León y Astorga. Según la misma historia, en Almazán se hicieron, a su vez, cargo de la imagen los monjes de Fitero, quienes la condujeron a su Abadía, acompañados por los cabildos de Tudela, Tarazona y Agreda, que habían venido hasta Almazán, con tal objeto. Relato que, bajo el título de Historia de nuestra querida Patrona María Santísima de la Barda, también recogió el secretario del Ayuntamiento de Fitero, Saturnino Sagasti Urriza, en su libro manuscrito de 1887, tras haber ocupado este cargo en su villa natal durante 40 años, cuya transcripción literal publicó recientemente Ricardo Fernández Gracia, señalando que dada la coincidencia de datos citados, debió estar inspirada en el citado sermón: En la primitiva Iglesia de Toledo, en una de sus capillas, estaba y veneraba una imagen denominada de Nuestra Señora de los Remedios, a la cual tenía particular devoción fray Raimundo, visitándola diariamente durante su estancia en la Corte.
Antes de partir con su pequeño ejército a la defensa de Calatrava, fue a dicha capilla con su Estado Mayor, se postró ante la Virgen y con la mayor devoción le suplicó en sus oraciones, le prestase apoyo para tan ardua tarea.
Cuando se levantó y salió de la capilla se halló tan aliviado, tan robustecido y tan valeroso, que no dudó del resultado de su empresa.
Concluida ésta, tan a satisfacción, lo primero que hizo fue al entrar en Toledo, ir a darle las gracias más expresivas por el buen resultado debido indudablemente a su intercesión, postrándose ante ella con la satisfacción del vencedor.
No contento con esto, y deseando tenerla siempre consigo, en la primera entrevista que tuvo con el rey, solicitó la concesión de esa sagrada imagen para su monasterio y casa parroquial de Fitero que indudablemente le fue concedida.
Al poco tiempo murió el señor rey don Sancho III de Castilla y fray Raimundo con su compañero P. Diego Velázquez, luego que se coronó el rey el señor don Alonso el Bueno pasaron a hacer su homenaje al nuevo rey y presentárosle la donación de Calatrava y de la Nuestra Señora de los Remedios, que recientemente había hecho su antecesor y las confirmó el mismo señor don Alonso el Bueno, dándole palabra que remitiría a su monasterio la mencionada imagen.
En el año 1159, cumpliendo su ofrecimiento se sirvió enviar a este monasterio el expresado rey a Nuestra Señora de los Remedios, viniendo con ella hasta la villa de Almazán los Ilustrísimos Señores don Juan de Toledo, el de Salamanca, León, Oviedo y Astorga.
De este monasterio salieron a recibirla doce monjes don Pedro Tizón, caballero de mucha distinción y algunos eclesiásticos de Tudela y Tarazona, dando testimonio de la entrega Martín Muñoz, padre del sacerdote cuyo santo fue monje y abad del real monasterio de Huerta y después obispo de Sigüenza.
No vino fray Raimundo con la santa imagen, por hallarse muy ocupado en la fundación de la orden de Calatrava, pero dio los avisos correspondientes al monasterio para que salieran a recibirla hasta Almazán y la venerasen con perpetuas alabanzas.
A pesar de la carencia de base histórica de esta leyenda que relacionaba en un mismo contexto a los dos patronos de la Villa: la Virgen de la Barda y San Raimundo de Fitero, pues la fábrica de la imagen de aquella data de alrededor de un siglo después de la muerte de éste, como ya señalara el P. Jacinto Clavería Arangua, en 1944, su romántico y místico relato arraigó entre las tradiciones populares de los fiteranos. El nulo valor histórico de esta leyenda de los orígenes de la Virgen de la Barda se mantuvo vigente hasta pocos años antes, como lo muestra la ilustración que de ella realizó en sendos cuadros pintados al óleo, en 1920, el corellano Marcelino García para la Parroquia de Fitero y que ésta cedió en préstamo al Ayuntamiento de la Villa cuando éste se trasladó a su actual emplazamiento, en 1985, donde ahora pueden verse. De hecho, cuando yo era niño, todavía se contaba a los turistas esta leyenda y la del origen del nombre de la Virgen de la Barda como si ambas fueran parte de la Historia de Fitero y muchos fiteranos las seguían teniendo como tal.