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sábado, 1 de octubre de 2011

Los orígenes del escudo de Fitero

En 1482, el antiguo monasterio de Fitero decidió fundar una villa a su alrededor, basándose en los derechos que tenía sobre la despoblada Tudején, desde 1157. Año en el que San Raimundo de Fitero recibió el señorío de este castro castellano. Durante más de un siglo, la nueva villa de Fitero careció de escudo heráldico y, aunque pertenecía al abad del monasterio, el escudo de este cenobio no representaba a los fiteranos o lo hacía en tanto que eran súbditos de aquél.
Las tensiones entre el Monasterio y su Villa surgieron muy pronto, enzarzándose en multitud de pleitos hasta que los monjes acabaron siendo obligados a abandonar Fitero como consecuencia de la Desamortización de 1835. Uno de estos pleitos dio lugar a que los fiteranos desarrollaran sus señas de identidad, identificándose con la única propiedad que desde 1643 se le reconocía a la Villa: el término de Ormiñén. Tal como Ricardo Fernández Gracia y un servidor publicamos en el Programa de Fiestas de Fitero, de 1983, al tratar acerca de la Bandera de Fitero, el origen del Escudo de Fitero se remonta a 1653, año en que los fiteranos, como prueba de identidad, utilizaron un escudo de seis cuarteles con romeros y parras que fue impugnado por el Monasterio por ser el señor de la villa de su señorío, entablándose así un largo pleito ganado por el pueblo en primera sentencia, a la que recurrió el cenobio. El sello escogido entonces por los fiteranos lo incluimos en el comic sobre el Motín de 1675, que publicamos Manuel Rández Garbayo y un servidor, en la revista municipal Fitero-1984, observándose en la leyenda que lo bordea la presencia del texto: Ormiñén propio de la Villa de Fitero, así como que todo el escudo se encuentra bajo el timbre de una Corona Real, representando su malogrado anhelo por dejar de ser una villa abacial para pasar a serlo de Patronato Real.
Sin embargo, parece ser que en la Villa no se utilizó escudo hasta después de la exclaustración de los cistercienses con motivo de la Desamortización de 1835. Entonces los fiteranos tuvieron que escoger sus nuevas señas de identidad al margen de las que había tenido el Monasterio de Fitero y para ello, como ya intuyera Ignacio Baleztena Azcárte, simplifcaron el jeroglífico de tosca factura que simboliza el dicho término [de Ormiñén], con sus romerales, viñas y otros arbustos para quedar reducidos al romero y viña que aparecen en el escudo cortado de Fitero. Añadiendo el interesante dato acerca de la respuesta enviada el 30 de junio de 1861 por el alcalde de la Villa, Nicolás Octavio de Toledo, como respuesta a la solicitud hecha tres días antes por la Diputación Foral de Navarra, a todos los ayuntamientos para que describieran sus escudo de armas a fin de decorar con ellos el Salón del Trono del Palacio de la Diputación Foral de Navarra, declarando que sobre el Escudo de Armas que usa esta Corporación, debo manifestarle que de inmemorial tiempo viene usando en los sellos un "Romero y una Parra", ignorándose su origen y añadiendo que los colores de estas dos plantas son verdes, acompañando al escrito una reproducción del sello. De ahí que en vista de él se pintó en el Salón del Trono el escudo de Fitero, de plata y un Romero de sinople (verde) en la parte superior y una Parra de lo mismo en la inferior, tal como señalara Ignacio Baleztena.
En 1945, el Ayuntamiento encargó la confección de una copia de la vieja y maltrecha Bandera de Fitero, que databa de 1881, malinterpretando el Romero por un Olivo, en las representaciones del Escudo de Fitero que portaba dicho estandarte. Al año siguiente, se instaló en el Paseo de San Raimundo el monumento al Patrón de la Villa realizado por el polifacético artista fiterno Fausto Palacios, quién también rediseñó entonces el escudo de Fitero, dejando de ser un escudo ovalado para pasar a ser de estilo español semicircular, cambiando su fondo de plata por uno de oro, a la vez que la Parra dejó su esmalte de sinople para colorearse de forma natural y se perpetuó la sustitución del Romero de sinople por un Olivo igualmente coloreado; todo ello bajo el timbre de un añadido Yelmo emplumado y orientado a la izquierda, así como una nueva Cruz de Calatrava en gules (rojo) que entonces se acoló al escudo, a imagen y semejanza de como esta Cruz figuraba en el escudo del antiguo monasterio de Fitero. Siendo éste el escudo oficial de Fitero desde entonces hasta mediados de la década de los 80, del pasado siglo. Período en que, poco a poco, el escudo de la Villa acabó siendo sustituido por una variante del que haba rediseñado Ignacio Baleztena, con motivo de su inclusión entre las 155 vidrieras que reprodujeron otros tantos escudos navarros y que se colocaron en 1952, con motivo de la reforma de la planta noble del Palacio de la Diputación Foral de Navarra.
De modo que el actual escudo de la Villa es una versión híbrida del recogido en 1861, dándole color y añadiéndole una Cruz de Calatrava acolada y colocándolo bajo el timbre de una curiosa CoronaEs posible que, como me suele decir mi amigo Francisco Alfaro Pérez, al escudo de la villa de Fitero no le corresponda usar la Cruz de Calatrava, tal como lo hace, y quizá tampoco la añadida Corona Real de su timbre. Pero creo que pocos lugares del reino de España pueden exponer entre los méritos que avalan sus señas de identidad el haber sido cuna de la Orden Militar de Calatrava y, dado que la Comunidad Foral de Navarra también presenta una Corona Real en el timbre de su escudo, me pregunto: ¿Por qué plantearse si habría que seguir manteniendo o no ambos símbolos en el Escudo de Fitero? ¿No se puede indultar al actual escudo municipal, aunque con ello se incumpla parcialmente la vigente Ley de Símbolos en la Villa?

domingo, 17 de julio de 2011

El alumbrado público: Las farolas y los serenos

Tal como publicó Manuel García Sesmael alumbrado público en Fitero data de 1859, siendo Alcalde, D. Nicolás Octavio de Toledo. En la sesión del 6 de septiembre de dicho año, el Ayuntamiento acordó instalarlo, poniendo 12 farolas grandes y 6 pequeñas, con un sereno encargado de su cuidado y limpieza y de cantar las horas. Las farolas contenían en su fondo una lámpara de aceite de oliva y, cada año, el Ayuntamiento sacaba a subasta el suministro del mismo, hasta que en la sesión del 21-IV-1872, se acordó cambiar el aceite por el petróleo.
El primero y único sereno fue Juan Liñán, hasta que, en 1869, se nombró a un segundo vecino, llamado Lucas Pueyo, alternándose por semanas en la vigilancia del pueblo. En la sesión del 18 de marzo de dicho año, se acordó que se le pagaría 1 pta. diaria, en los seis meses de verano y 2 ptas., en los 6 de invierno. En la sesión del 6 de febrero de 1870, el Ayuntamiento nombró dos comisionados vigilantes, que fueron D. Sebastián Yanguas, del distrito 1º, y D. Romualdo Muro, del 2º, para que "los serenos cumplan con su deber y los faroles luzcan lo que corresponde a ese aceite que se le suministra". En 1887, se aumentó en I real diario el salario de los serenos, por haberles quitado la vivienda gratuita que tenían en los locales del Monasterio y se estableció que su horario de servicio sería desde las 10 de la noche hasta las 4 de la mañana, de junio a septiembre, y de 10 a 5 de la mañana en los demás meses.
A principios del siglo XX, los serenos continuaban siendo dos y ganaban 1,25 ptas. diarias. En invierno llevaban sendos capotes, y en todo tiempo, un farolillo con una lámpara encendida de aceite y una lanza. Salían de la Casa de la Villa, situada en la Placilla, a las 10 de la noche, diciendo en voz alta: "Ave María Purísima. Sin pecado concebida. Las 10 en punto. Sereno" (o Nublado o Lloviendo o Nevando, según el tiempo que hiciera). Cada uno estaba encargado de la vigilancia de las calles de uno de los dos distritos y de apagar los faroles del alumbrado público, a las II de la noche. Para ello utilizaban unas escaleras de madera, que estaban colgadas, durante el día, en el Parador de San Antonio. En el nº 42 de LA VOZ DE FITERO, del 19 de enero de 1913, se consignaba que, en la última sesión del Ayuntamiento, Eladio Calleja había presentado una cuenta de 69 ptas., por el aceite suministrado en el año 1912, para los faroles de los serenos y la lámpara de la Patrona.
El sereno que prestó más tiempo este servicio, en el siglo actual [XX], fue el Tío Parejo (Román Fernández Gómara), que lo fue durante 23 años seguidos (1900-1923). El último y único sereno fue Ricardo Hernández Carramiñana, empleado en funciones múltiples del Municipio, que desempeñó algún tiempo este servicio hasta 1982, en que quedó extinguido. Su sueldo anual de este año fue de 726.874 ptas.; o sea, 1990 más al día que el primitivo sereno Juan Liñán, en el año 1869.
Mucho ha llovido desde entonces y en gran medida ha aumentado el número de farolas con que se iluminan las calles de Fitero, así como su tecnología, gestión y horarios. Sin embargo, no parece que desde el Ayuntamiento se haya tenido en cuenta que su ubicación no debería impedir el paso de los peatones por las correspondientes aceras, ni que la distribución del tendido del cableado eléctrico y telefónico requiere un replanteamiento y, seguramente, un soterrado para así embellecer las fachadas de las casas de la Villa, liberándolas de tan fea decoración municipal. Si en Fitero queremos potenciar y fomentar el turismo, entre todos debemos cuidar todos los detalles que hacen de la Villa un lugar de interés y atracción turística y, hoy por hoy, su urbanismo deja mucho que desear.